¿Está loco Trump y es un solo un mentiroso o hay algo más?

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Publicado en el diario.es el 16 de julio de 2018

El titulo de este artículo podría parecer ofensivo pero lo cierto es que en Estados Unidos hay un gran debate entre profesionales de la salud mental para tratar de probar que Donald Trump es un loco. Se han publicado muchos artículos e incluso varios libros para aportar las pruebas de esa supuesta incapacidad del presidente estadounidense. Por ejemplo este, escrito por 27 especialistas: The Dangerous Case of Donald Trump: 27 Psychiatrists and Mental Health Experts Assess a President. Pero es muy difícil pronunciarse con seriedad y rigor al respecto y mucho menos por quienes no tenemos nada que ver con la psiquiatría o psicología.

Más fácil es comprobar que Donald Trump sí es un embustero porque todas sus afirmaciones van siendo contrastadas por organizaciones y medios de comunicación. Gracias a ello sabemos que en sus primeros 497 días como presidente de Estados Unidos Trump hizo 3.251 afirmaciones completamente falsas o engañosas (The Washington Post las ha recopilado todas aquíy sus mentiras pueden seguirse al día en Fact Checker).

Sin embargo, a mí me parece que lo importante para valorar lo que está sucediendo en Estados Unidos bajo el mandato de Trump no es saber si está loco o que efectivamente es un mentiroso sino evaluar los efectos de las políticas que aplica y quiénes están beneficiando.

Si dejamos a un lado los temas que no son estrictamente económicos y los efectos de la guerra comercial a los que aludí en mi anterior artículose pueden tomar en consideración los efectos de dos grandes políticas de Trump: la desregulación y la rebaja de impuestos.

Una de las primeras órdenes que dio Trump al llegar a la presidencia fue que las oficinas gubernamentales debían eliminar al menos dos regulaciones (normas relativas al funcionamiento de la vida económica o social) por cada nueva que se estableciera. La Oficina de Información y Asuntos Regulatorios informó que en 2017 las agencias federales emitieron 3 acciones regulatorias, 67 acciones desregulatorias y que se retiraron o demoraron un total de 1.579 regulaciones. Sigue leyendo

Préstamos a estudiantes: una experiencia negativa e incluso peligrosa

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Publicado en ctxt.es el 10 de julio de 2018

Un grupo de economistas vinculados a FEDEA acaba de publicar una propuesta de financiación de la universidad basada en la concesión de créditos a estudiantes a semejanza de lo que ya ocurre en otros lugares del mundo.

FEDEA  es una fundación financiada principalmente por la banca y es lógico que los economistas que trabajan en su seno hagan propuestas como ésta, que está clara y casi exclusivamente orientada a aumentar el negocio bancario, es decir, la deuda. La banca no tira el dinero y es legítimo que financie a quien defiende sus intereses haciendo propuestas que aumentan su cuenta de resultados. Pero, precisamente por eso, es imprescindible que la ciudadanía sea consciente de que las “soluciones” que se lanzan como científicas y objetivas por fundaciones de apariencia neutral no lo son en realidad sino que forman parte del negocio de quien financia a sus autores. En este caso, de la banca, cuyo negocio es sencillamente el de crear deuda convirtiendo de cualquier manera a los individuos y a las empresas, a la economía en general, en consumidores compulsivos de crédito.

En 2015 escribí un documento sobre la naturaleza de los créditos a estudiantes sobre su funcionamiento y sus consecuencias reales en los países donde han funcionado (incluyendo España). Como la nueva propuesta de FEDEA pone de nuevo de actualidad el tema voy a resumir a continuación sus principales conclusiones. Quien desee leer el documento completo, con el análisis concreto de las experiencias y los datos de donde obtengo mis conclusiones puede hacerlo pinchando en el siguiente enlace: Los prestamos a estudiantes: una mala vía para financiar la universidad(en ese texto se encuentra también la bibliografía de los autores que cito en este resumen),

Es cierto que el sistema de préstamos a estudiantes para financiar a la universidad es complejo, que las diferentes experiencias son muy diversas y pronto para conocer con total seguridad cuáles son sus resultados finales. Pero si se analiza con un mínimo de rigor y objetividad la literatura científica disponible se pueden establecer algunas conclusiones básicas sobre sus resultados en los países en donde se ha aplicado desde hace tiempo. Sigue leyendo

No es proteccionismo contra libre cambio: es guerra comercial

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Publicado en el diario.es el 9 de julio de 2018

El establecimiento de aranceles y otras medidas de proteccionismo comercial en los Estados Unidos se están interpretando como una agresión liderada por su presidente con el fin de defender los intereses nacionales de su país a costa del libre comercio que hasta su llegada prevalecía en el planeta.

Es verdad que Trump emprende esta batalla afirmando a todo el mundo que “América es lo primero y sólo América la primera” pero yo creo que ésa es una interpretación simplista e incluso interesada que no refleja la realidad de lo que está sucediendo, ni de lo que ha sucedido antes, ni permite anticipar lo que muy posiblemente vaya a ocurrir en el futuro.

No es verdad que Trump esté combatiendo el libre comercio por la sencilla de que el libre comercio no ha existido nunca en nuestro planeta como régimen comercial mínimamente extendido. Lo reconocía hace unos meses alguien tan poco sospechoso como Pascal Lamy, ex director general de la Organización Mundial del Comercio: “El libre comercio no existe (…) Es un falso tema de controversia. Estas discusiones sobre el libre comercio son en gran medida fantasía. Lo que existe en la realidad es un movimiento de apertura comercial, que ha experimentado aceleraciones y desaceleraciones a lo largo de la historia” (Pascal Lamy: Libre-échange et discours protectionnistes).

Es verdad que en los últimos decenios se ha producido un incremento continuado del comercio internacional pero eso se ha producido en un doble contexto de protección comercial. Sigue leyendo

No basta con pactar salarios

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Publicado en eldiario.es el 2 de julio de 2018

La reciente firma por las organizaciones sindicales y la patronal del Acuerdo Estatal de Negociación Colectiva es una buena noticia. Lo es porque abre una etapa en la que parece que ya se comprende que la constante devaluación salarial, tal y como han indicado hasta los organismos internacionales más conservadores, es perjudicial para el conjunto de la economía española.

Basar el impulso económico y la competitividad en la moderación salarial sólo beneficia a un grupo muy reducido de empresas españolas, las que tienen clientela cautiva y la posibilidad de obtener, por esa vía, beneficios extraordinarios en el extranjero. Mientras que la gran mayoría de los negocios, como ponen de relieve las encuestas de opinión más rigurosas y el propio sentido común, sólo encuentran dificultades cuando la masa salarial se reduce y, con ella, el gasto en consumo y las ventas en el mercado interior.

El acuerdo es bueno, además, porque no sólo se limita a proponer subidas salariales (tan beneficiosas para la población asalariada como para las empresas de menor poder de mercado que viven de su consumo). También lo es, a mi juicio, porque abre la puerta a que se discutan cuestiones complementarias que son tanto o más importantes que la recuperación salarial: el impulso de los convenios, los problemas de la formación, la reducción de jornada como alternativa a los despidos, la situación de la economía sumergida que tanto daño hace, la desigualdad de género o los efectos perversos de la externalización, entre otros.

Sin embargo, y sin ánimo de despreciar lo conseguido, creo que hay que ser muy conscientes de que este pacto es completamente insuficiente no sólo para avanzar hacia el cambio productivo que sigue precisando con urgencia nuestra economía (y que requiere avances en reindustrialización, sostenibilidad o capacidad de maniobra que dejo de lado en este comentario) sino, incluso, para lograr el aumento de la masa salarial que se necesita. Sigue leyendo

Acabar con las pensiones públicas y, de paso, con la democracia

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Publicado en ctxt.es el 1 de julio de 2018

Hace unos días se publicó uno de esos artículos que tanto abundan en las últimas décadas en los que, para tratar de combatir al sistema de pensiones públicas, se recurre a trampas del pensamiento y al engaño.

Nadie puede poner en duda que es legítimo criticar que una sociedad se gaste buena parte de sus recursos en proporcionar ingresos a las personas que ya no pueden obtenerlos por sí mismas, pero creo que igualmente se puede acordar que no lo es tanto mentir para defender esa preferencia.

Esto último es lo que ocurre con el artículo reciente de César Molinas en El País (Los ‘baby boomers’ desestabilizan España), en el que se falsean argumentos para criticar al sistema público de pensiones y se quiere hacer creer que su supuesta insostenibilidad se debe al egoísmo de un grupo social compuesto por millones de personas acostumbradas, para colmo, a imponer sus preferencias a los demás mediante la violencia.

Los argumentos que utiliza Molinas son endebles y tramposos y voy a comentarlos rápidamente.

En primer lugar, afirma que la idea extendida de que las pensiones en España son bajas “es una opinión desinformada, equivocada e interesada”. Podríamos entrar a comparar la cuantía de las nuestras con las de otros países y veríamos que esa afirmación es efectivamente discutible porque depende de con quién nos comparemos y, sobre todo, porque hay un abanico tan amplio de casos que los niveles medios no son del todo homologables. Pero lo curioso es que el propio Molinas pone en cuestión su afirmación cuando unas líneas más abajo dice que “si son más bajas que en otros países, es porque los salarios en España son más bajos que en otros países”. ¿En qué quedamos? Molinas asegura primero que decir que las pensiones españolas son más bajas que en otros países es una opinión desinformada, equivocada e interesada pero luego proporciona la razón de por qué aquí son más bajas. Sigue leyendo

Para llegar lejos, las mujeres no deben ser muy brillantes sino simpáticas

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Las movilizaciones y la huelga del pasado 8 de marzo han mostrado el gran avance que se viene produciendo en la toma de conciencia general, no solo de las mujeres, sobre la discriminación tan injusta y de todo tipo que sufre, no solo en España, la mitad de la humanidad por el simple hecho de no ser de sexo masculino.

Se ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, en la batalla contra la discriminación y en la aplicación de medidas para fomentar la corresponsabilidad y el reparto del poder de decisión entre mujeres y hombres. Es cierto. Pero también lo es que aún persisten muchas manifestaciones de desigualdad y de discriminación. Algunas son muy evidentes e indiscutibles, como el reparto muy asimétrico del tiempo dedicado al trabajo doméstico, la brecha salarial o el acceso desigual a los puestos donde se deciden las cuestiones más importantes de nuestra sociedad. Y precisamente porque son tan manifiestas quizá resultan las más fácilmente superables, a diferencia de otras formas de discriminación, tan sutiles y difíciles de detectar y de combatir, que apenas si se tiene conciencia de ellas, al menos, entre quienes no se dedican a estudiar con detalle estos temas.

Un artículo de la socióloga estadounidense Natasha Quadlin (The Mark of a Woman’s Record: Gender and Academic Performance in Hiring) publicado la semana pasada en la prestigiosa revista American Sociological Review muestra algunas manifestaciones de este tipo de discriminación sutil pero que hace mucho daño a la promoción de las mujeres en su carrera laboral y profesional.

Quadlin envió 2.106 solicitudes de empleo en las que sólo se cambiaba el sexo, las notas promedio y las carreras realizadas y se ofrecían iguales méritos extracurriculares y las mismas cartas de recomendación, analizó las respuestas en función de estas variables y obtuvo datos realmente significativos.

Descubrió que las solicitudes de mujeres tenían menos posibilidades de empleo a medida que presentaban mejores calificaciones promedio y cualificación. Es decir, que sus demandas de empleo resultan penalizadas justo por ser “demasiado” brillantes, por su elevada cualificación o por sus calificaciones muy altas. Algo que no ocurre con los hombres, los cuales mejoraban sus posibilidades de empleo a medida que presentaban notas más brillantes y carreras más cualificadas.

Concretamente, la investigación de Quadlin muestra que los hombres con las notas promedio más altas obtuvieron un 50 por ciento más de probabilidades de obtener respuesta de un empleador potencial que las mujeres con esas mismas calificaciones. Y esta discriminación es aún mayor cuando el alto rendimiento se había dado estudiando matemáticas, pues los hombres con altos rendimientos académicos en esta titulación fueron convocados para entrevistas de empleo tres veces más a menudo que sus contrapartes femeninas con la misma nota y cualificación.

Los efectos de esta discriminación son muy importantes y los subraya Quadlin en la discusión de sus datos. Las mujeres están logrando acceder cada vez más a estudios que antes no alcanzaban y logran hacerlo con resultados especialmente brillantes. Algo que siempre se había creído que era un potente motor para combatir la discriminación que venían sufriendo, Pero esta investigación de Natasha Quadlin demuestra que existe un grave peligro en esta lucha de las mujeres por situarse en igualdad de condiciones profesionales con los hombres: si tienen mayor éxito y brillantez que ellos, o incluso si simplemente los igualan en expediente académico y cualificación, lo que les ocurre es que se verán penalizadas a la hora de encontrar empleos y sus colegas masculinos disfrutarán de ventaja.

Otro efecto paradójico que señala Quadlin a la luz de su investigación es que las mujeres de mayor brillantez académica han de competir no solo con los hombres de su mismo nivel sino con las mujeres menos brillantes (las que en el experimento tenían calificaciones más bajas) puesto que éstas son preferidas a la hora de ser contratadas frente a las mujeres de más altas calificaciones. La razón es que los empleadores tienden a consideran que si una mujer es especialmente brillante (si su rendimiento académico y cualificación son elevados) lo será porque desarrolla habilidades que no se corresponden con las “propias” de su sexo y, por tanto, a costa de no desarrollar las más auténticamente femeninas. Esa fue la tesis que defendió el conocido economista Larry Summers cuando era rector de la Universidad de Harvard y dijo en un discurso que las mujeres no desarrollan carreras brillantes en el campo de las ciencias más duras porque su “habilidades innatas” no son las apropiadas para ello.

El origen de esta discriminación (el estereotipo que genera diferencias entre mujeres y hombres donde en realidad no las hay ni tiene por qué haberlas) también queda claro en la investigación de Natasha Quadlin. A partir de los resultados de una encuesta experimental llevada a cabo entre 261 empleadores se deduce que éstos adoptan un criterio muy discriminatorio a la hora de valorar las solicitudes de empleo, según que sean de hombres o mujeres: valoran la competencia y el compromiso cuando son hombres quienes solicitan los empleos mientras que las mujeres candidatas que resultan mejor valoradas con las que se perciben como simpáticas y agradables.

Los planteamientos y resultados de esta investigación deben desarrollarse, tal y como advierte su propia autora, pero, en cualquier caso, se corresponden con evidencias empíricas que ya se han podido comprobar en otros trabajos científicos anteriores.

Como dice la también socióloga Marianne Cooper, de la Universidad de Stanford, las mujeres de alto rendimiento experimentan una reacción social negativa porque su éxito viola las expectativas dominantes sobre el comportamiento que se supone deben tener las mujeres (For Women Leaders, Likability and Success Hardly Go Hand-in-Hand). De éstas se espera, dice Cooper, que sean agradables, cálidas, amistosas y afectuosas, de modo que si una mujer actúa asertiva o competitivamente, si empuja a su equipo a actuar, si exhibe un liderazgo decisivo y contundente, se está desviando del estereotipo que dicta cómo debe “comportarse” y por eso nos sentimos profundamente incómodos con las mujeres poderosas.

En definitiva, tenemos una evidencia científica más que confirma que los hombres y las mujeres que hacen lo mismo son evaluados de manera diferente y mientras esto siga ocurriendo será imposible acabar con las injustas discriminaciones que sufren las mujeres.

Para evitarlo es fundamental, como dice Marianne Cooper, que los niños y las niñas estén informados desde pequeños de que existen esos estereotipos y de que es un modo de pensar sesgado lo que impide que mujeres y hombres podamos realizar nuestros sueños y ambiciones personales.

Vertebrar España

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Publicado en ctxt.es el 19 de marzo de 2018. En colaboración con Roberto Viciano Pastor, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia

I

No hace falta decir que la situación que se está viviendo en Cataluña desde hace tiempo y que se ha agravado en los últimos meses sigue siendo realmente grave y peligrosa para la convivencia pacífica, no sólo entre la población catalana sino para el conjunto de los españoles. A corto plazo no hay salidas claras y nos parece muy ingenuo creer que el conflicto se puede resolver imponiéndose una parte (aunque fuera mayoritaria o tenga la legitimidad que tiene el Estado de derecho) sobre la otra (por muy minoritaria que fuera, que ni lo es ni lo va a ser).

Ahora bien, que en Cataluña se haya podido extender en tan gran medida la convicción de que una parte de la población, ni siquiera mayoritaria, puede imponer a la otra nada más y nada menos que la independencia, es decir, que haya brotado (y en tan poco tiempo) una dinámica tan totalitaria y excluyente no puede ser el simple resultado de procesos internos, sino que también han debido influir los modos en que se ha planteado la relación y la convivencia de Cataluña y los catalanes en el resto de los españoles y con el conjunto de España. Sigue leyendo

Mentir para poder decir que Podemos engaña (en este caso, a los pensionistas)

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Vaya por delante que no escribo este texto rápido para defender a Podemos. Sus economistas podrán hacerlo mejor que yo, y ya he manifestado en bastantes ocasiones que no me siento identificado con la mayoría de las posiciones que adoptan sus máximos dirigentes. Lo hago para denunciar de nuevo las mentiras y falacias con las que se quiere combatir al sistema público de pensiones. En este caso, por parte de Juan Ramón Rallo, para quien el fin de combatir a quienes no piensan como él justifica cualquier medio de conseguirlo. Eso es lo que yo creo que hace en su artículo Echemos cuentas: cómo Podemos está engañando a los pensionistas, publicado el 19 de marzo pasado en El Confidencial, en el que miente en varias ocasiones para poder combatir a Podemos.

Juan Ramón Rallo miente en su artículo cuando dice que Podemos estaba en la vanguardia de las recientes manifestaciones llevadas a cabo para blindar en la Constitución las pensiones públicas. Esas manifestaciones han estado convocadas por la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP), formada por docenas de organizaciones de todo tipo, muchas de ellas (por no decir que la mayoría y lo mismo que muchas de las personas que apoyaron la convocatoria a título personal) en las antípodas ideológicas de Podemos.

Juan Ramón Rallo miente cuando afirma que “En caso de eliminar las dos últimas reformas de las pensiones, el gasto anual de la Seguridad Social aumentará una media de 5,3 puntos del PIB hasta 2057”. Miente Juan Ramón Rallo porque es imposible saber lo que aumentaría el gasto anual de la Seguridad Social de aquí a 2057 si se eliminaran las dos últimas reformas. Para no mentir, Rallo debería decir que esa cifra no es una verdad ni un hecho objetivo sino el resultado de una estimación hecha a partir de determinadas hipótesis de comportamiento. Si se establecieran otras hipótesis, la cifra de gasto total a la que se llegaría sería diferente. Rallo utiliza como si fuera un hecho cierto la estimación forzada que más le conviene para poder criticar a Podemos.

Juan Ramón Rallo miente cuando afirma que las cuentas de Podemos no dan para financiar el agujero de la Seguridad Social. Las cuentas de Podemos están hechas para financiar el agujero calculado según sus propias estimaciones y no por las que da por buenas Rallo. Si hiciera un planteamiento honesto para criticar las cuentas de Podemos lo que tendría que hacer Rallo sería:

a) analizar qué estimación del “agujero” es más realista, si la que él toma por buena o la de Podemos.

b) Solo entonces, valorar si la propuesta de Podemos tapa el “agujero” o no.

Pero Rallo no puede criticar a Podemos porque Podemos no se proponga tapar el “agujero” que a Rallo le parezca que es el que hay que tapar, sin haber demostrado previamente que su estimación del “agujero” es más realista que la realizada por los economistas de Podemos.

Juan Ramón Rallo miente cuando afirma que Podemos propone una subida generalizada de impuestos para financiar las pensiones. Podemos propone textualmente “seguir ampliando, mediante impuestos, la financiación de las pensiones con los Presupuestos Generales del Estado” (por cierto, lo mismo que proponen otros partidos incluso de derechas) que no es ni tiene por qué ser lo mismo que “aumentar generalizadamente los impuestos”, como le achaca Rallo. De hecho, lo que propone Podemos para obtener más recursos que financien las pensiones es disminuir la brecha de recaudación que España tiene respecto a Europa, lo que se puede conseguir incluso reduciendo impuestos, si se consigue combatir el fraude fiscal y la economía sumergida, es decir, no aumentando los impuestos sino la eficacia y la equidad fiscal.

Juan Ramón Rallo miente en el título del artículo de su artículo porque él no ha echado cuentas para poder acusar a Podemos de engañar a los pensionistas. Cualquier persona puede comprobar fácilmente que Juan Ramón Rallo no ha puesto en cuestión con números ni una sola de las estimaciones que Podemos hace para realizar su propuesta sobre las pensiones (aquí).

Sobre los juicios de intenciones con los que Juan Ramón Rallo termina su artículo no voy a comentar nada. Es bien sabido que suelen ser los instrumentos a los que han recurrido siempre los enemigos de la libertad para acabar con sus adversarios cuando no tienen otros argumentos sólidos contra ellos.

Demostrado: La economía irá bien si suben los salarios y mal si siguen bajando

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Publicado en elindependiente.com el 17 de marzo de 2018

El McKinsey Global Institute, considerado como el think tank de interés privado más importante del mundo, acaba de publicar un informe sobre lo que denomina el “puzzle de la productividad” que contradice los presupuestos en que se basan las políticas económicas que se viene aplicando en los últimos años.

La opinión mayoritaria que se suele tomar como fundamento científico de estas políticas es que, para que las economías vayan bien, es decir, para que crezcan y generan ingresos y empleo, es necesario aumentar la productividad y que eso se consigue actuando fundamental sobre el lado de la oferta. En concreto, se defiende que lo que hay que hacer es bajar impuestos; flexibilizar el mercado de trabajo (eliminando convenios, facilitando el despido, reduciendo derechos laborales o limitando el papel de los sindicatos); mejorar la formación de los trabajadores y hacer más competitivas a las empresas en los mercados globales por la vía de reducir los costes salariales.

Sin embargo, el informe del McKinsey Global Institute demuestra que esa no es la vía por la que aumenta la productividad y mejora la economía. Sino que, por el contrario, lo que ocurre cuando se toman esas medidas es que la economía va peor, crece menos y disminuye la productividad. Sigue leyendo