Europa empieza a dar asco

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Publicado en ctxt.es el 4 de diciembre de 2016

Los dirigentes europeos parecen empeñados en que no pase un día sin que las personas corrientes tengamos que sentir algo más que vergüenza de lo que hacen en materia económica (por no hablar de otras decisiones en temas incluso de mayor calado humano como el de los refugiados).

Se siente vergüenza cuando se empecinan en aplicar políticas que son un manifiesto fracaso pero se siente algo peor cuando se comprueba que no lo hacen por error sino como una farsa gigantesca para poder darle todavía más a los que ya lo tienen casi todo.

Se dijo por activa y pasiva que los recortes sociales y las ayudas multimillonarias a la banca eran la condición necesaria para recobrar la actividad y el empleo, para reducir la deuda y para asegurar definitivamente al sistema financiero. Pero lo cierto es que desde que empezaron a aplicarse en la Unión Europea al estallar la crisis hay unos siete millones menos de empleos a tiempo completo, seis millones más de parados, otros casi seis millones más de empleos no voluntarios a tiempo parcial (en la UE28), cinco millones más de personas en riesgo de pobreza y 35 puntos más sobre el PIB de deuda pública (en la Eurozona). Y los bancos se siguen encontrando en insolvencia y muchos de ellos a punto de estallar de nuevo en cualquier momento. Pero eso no es solo un fracaso o un error sino un engaño porque eran multitud los economistas que habían advertido que esto era justamente lo que iba a ocurrir cuando las autoridades decían a los ciudadanos que sus políticas frente a la crisis eran seguras, las adecuadas y plenamente infalibles. Sigue leyendo

Sobre la moneda de Barcelona: crítica a los hipercríticos

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Publicado en ctxt.es el 18 de noviembre de 2016

En España circulan más de 30 monedas diferentes al euro pero solo cuando se anunció que el Ayuntamiento de Barcelona gobernado por Ada Colau tenía previsto zmpulsar la creación de una en su territorio ha sido cuando se ha generado polémica al respecto.

Lamentablemente, esa polémica (deseable y enriquecedora cuando es rigurosa y franca) ha estado teñida por la animadversión que el fenómeno Podemos produce en muchos analistas y eso ha empobrecido el debate sobre monedas complementarias, que debería ser tan necesario como esclarecedor, entre los economistas más mediáticos.

El primero en atacar fue José Carlos Díez (cuando ni siquiera se sabía qué se pensaba hacer en Barcelona) con un artículo en El País titulado Ley de Gresham, en el que lamentablemente demostraba no saber ni siquiera lo que decía esa ley tan popular en economía. El conocido economista aseguraba que una moneda mala (como en su opinión iba a ser la de Barcelona) sería sin duda desplazada por el euro, porque “siempre la moneda buena es preferida a la mala”. Se equivocaba profundamente Díez en su juicio, primero, porque Gresham se refería a monedas de contenido metálico (lo que no es el caso del euro ni con toda seguridad de ninguna otra nueva moneda) y, segundo, porque lo que dijo en realidad el comerciante y financiero inglés fue lo contrario, es decir, que la moneda mala (por tener menos o peor contenido metálico) es la que circula y desplaza a la buena (que deja de circular para ser utilizada como metal). Además, al atacar al proyecto barcelonés no distinguía los efectos diferentes que tienen los distintos tipos de monedas locales que pueden existir (complementarias, locales, sociales… de crédito mutuo o respaldada por bienes, por ejemplo) y, ni siquiera, la diferente naturaleza de los distintos tipos de medios de pago que hoy día circulan o pueden circular en nuestras economías (dinero legal, dinero de curso forzoso, dinero bancario, criptomonedas, etc.). Y, lo que es peor, mentía Díez cuando decía que tanto Ada Colau en Barcelona como Joan Ribó en Valencia habían propuesto crear una moneda social “para pagar a sus funcionarios” o para “monetizar déficit público” algo que, como veremos enseguida, es imposible que ocurra. Sigue leyendo

Presentación en Madrid de Economía para no dejarse engañar por los economistas

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El 28 de noviembre presentamos por fin mi nuevo libro. Será en Madrid, en la Librería Central (calle del Postigo de San Martín 8). Estarán allí con ese motivo Joaquín Estefanía y Alberto Garzón, a quienes les agradezco desde aquí que hayan tenido la generosidad de acompañarme ese día. ¡Quedan invitados todos los lectores y lectoras de la web!

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El pasado mañana de Estados Unidos

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Publicado en Ctxt.es el 7 de noviembre de 2016

Siempre que hay elecciones en Estados Unidos se genera interés e incertidumbre sobre el futuro de ese país y el de todo el planeta. Y es normal porque, por grande y decisiva que sea la influencia de los poderes fácticos, que lo es, un presidente de Estados Unidos tiene mucha influencia y capacidad suficiente para hacer que las cosas sean de una u otra manera.

Pero si eso ha sido siempre así, mucho más lo es ahora, cuando el voto se dirime entre lo que casi todo el mundo considera un mal menor (vista la trayectoria de Hillary Clinton como Secretaria de Estado, las grabaciones que se han conocido de sus opiniones, y los apoyos que ha recibido en su campaña) y una especie de mal absoluto en la figura del derechista Donald Trump.

En esta situación, es lógico que muchas personas se preguntan qué ha pasado en Estados Unidos para que la sociedad haya alcanzado este tipo de polarización, para que un candidato socialista como Bernie Sanders haya puesto en jaque a todo el Partido Demócrata y para que medio mundo tiemble ante la posibilidad de que un extremista y bocazas como Trump pueda llegar a ser presidente de la primera potencia mundial.

Desde luego no son pocos los factores que hay que tener en cuenta para poder entender algo de lo que allí está pasando. Entre ellos, el extraordinario y casi gigantesco incremento de la desigualdad que se ha producido desde los años setenta del siglo pasado y que se ha exacerbado durante los años de la Gran Recesión: el 1% de las familias más ricas se ha quedado con el 52% del nuevo ingreso generado en el periodo 1993-2015, pero entre 2009 y 2012 se quedó con el 91%, según los datos oficiales analizados por Emmanuel Saez (Striking it Richer: The Evolution of Top Incomes in the United States (Updated with 2015 preliminary estimates). Y una de las consecuencias de esa impresionante concentración de la riqueza no es solo la pobreza (11,3% de las familias) sino que en seis de cada diez familias pobres haya uno o más miembros trabajando. Hay casi planeo empleo (al menos estadísticamente) pero el trabajo asegura cada vez en menor medida un ingreso suficiente y un futuro digno.

La desigualdad que se ha venido generando explica sin duda lo que ha pasado años atrás y lo que está ocurriendo hoy día en Estados Unidos pero seguramente no sea todo lo que haya que tener en cuenta. Por eso quiero referirme ahora a otros datos que me parece que sirven no solo para explicar el presente, y más concretamente lo que se pueda votar el 8 de noviembre, sino lo que puede ocurrir un poco más adelante, en el pasado mañana.

Me refiero a los resultados de un estudio realizado por la consultora Ernst & Young sobre la generación del milenio, es decir, la que nació a partir de 1980 y ha crecido bajo la estela de las políticas neoliberales (The Millennial Economy). Me limitaré a transcribir algunos de los resultados más interesantes porque creo que hablan por sí solos y no precisan de más comentarios.

– El 74% está preocupado por no tener dinero suficiente para pagar el cuidado médico si enferman.

– El 79% está preocupado por no tener dinero suficiente para vivir cuando se jubilen.

– El 52% tiene o va a tener deuda de préstamos estudiantiles y el 59% teme no poder pagarla.

– El 63% tendría dificultades para hacer frente a un gasto inesperado de 500 dólares.

– El 30% no recibe ingresos suficientes para hacer frente a sus gastos y solo el 30% ahorra un poco (24%) o bastante (6%). El resto ingresa lo justo para pagar los gastos.

– Solo el 36% de los hombres blancos y el 27% de las mujeres blancas cree que su nivel de vida será mejor que el de sus padres. Sin embargo, eso lo creen el 52% de los hispanos varones y el 54% mujeres de raza negra.

– El 62% ha considerado iniciar su propio negocio aunque sólo el 22% cree que el espíritu empresarial es la mejor manera de avanzar en su carrera.

– El 42% afirma no poder iniciar un negocio porque no dispone de medios llevarlo a cabo (53 por ciento para las mujeres negras y el 59 por ciento de las mujeres hispanas).

– El 59% cree que el gobierno hace que sea difícil que las personas tengan éxito iniciando su propio negocio.

– El 51% cree que la clase media paga demasiado en impuestos y el 70% que los ricos pagan muy poco en impuestos.

– El 84% está orgullosos de ser estadounidense (91% en el caso de los hispanos).

– El 57% de los hombres y el 68% las mujeres creen que las cosas no van en dirección correcta en Estados Unidos.

– El porcentaje de jóvenes de la generación del milenio que tiene mucha o bastante confianza en las instituciones es el siguiente: corporaciones (Corporate America): 20%; gobernadores: 21%; medios de comunicación: 21%; gobierno federal: 22%; religiones: 25%; Alcaldes: 26%; Sistema judicial: 27%; bancos: 29%; sindicatos: 31%; Universidades y Colleges: 51%; ejército: 55%.

Hasta aquí los datos que me han parecido más relevantes. Las dos preguntas que me sugieren creo que son obvias: ¿Realmente es raro que el voto se polarice cuando la generación que se supone debe empujar a la sociedad vive así el presente y tiene esa visión de su futuro?; ¿puede ser estable y sostenible una nación que pretende liderar el mundo con una generación tan temerosa de su futuro y que tiene tan pocos asideros en el presente?

Libertad para el capital, crisis, desigualdad y pobreza para el resto

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Publicado en ctxt.es el 4 de noviembre de 2016

Un estudio publicado el pasado mes de octubre por dos economistas del Fondo Monetario Internacional, (Davide Furceri y Prakash Loungani, The Distributional Effects of Capital Account Liberalization), ha demostrado que cuanto mayor es la libertad de movimientos del capital más elevada es la desigualdad.

Los autores reconocen en su trabajo algo que es muy típico de la economía ortodoxa: se da por hecho que la liberalización de los movimientos de capital es muy positiva porque genera crecimiento a largo plazo y mayor bienestar pero no se comprueba si eso es realmente así para toda la gente. Como dicen estos economistas, si esos efectos benéficos afectan por igual a todos los grupos de población “no ha sido objeto de mucho estudio”.

La conclusión a la que llegan en esta investigación es muy importante por venir de dos economistas nada sospechosos de radicalismo izquierdista y, sobre todo, porque se deriva de un estudio realizado para muchos países (149) y para un periodo de tiempo muy largo (1970-2010).

Los autores estudian tres vías por las que la mayor libertad de los movimientos de capital suele aumentar generalmente la desigualdad, tal y como ellos confirman en su investigación. En primer lugar, porque está asociada a sistemas financieros menos inclusivos que aumentan las tasas de pobreza. En segundo, porque esa mayor libertad suele anticipar crisis financieras que generalmente terminan con efectos muy asimétricos sobre la población y, finalmente, porque limita el poder de negociación de los trabajadores y eso hace que caiga la participación de los salarios en la renta nacional.

En resumidas cuentas, los datos demuestran que la liberalización concentra aún más las rentas y genera mayor desigualdad.

Pero no solo eso. Además, sabemos desde hace tiempo que la mayor libertad para los movimientos de capital está asociada a más inestabilidad y a mayor número de crisis financieras.

Para que se vea de la forma más sencilla posible esa coincidencia, pongo a continuación dos gráficos en los que se comprueba (a la izquierda) cómo el mayor grado de liberalización del capital se corresponde claramente con un mayor número de países con crisis financieras y (a la derecha) que hay una clara correspondencia a lo largo de mucho tiempo entre la evolución de ambos fenómenos (más países con crisis y liberalización de capital) con la desigualdad. Como puede comprobarse, las dos gráficas suben o bajan en los mismos periodos de tiempo, lo que significa que los fenómenos que reflejan coinciden). Es fácil comprobar que hay un periodo (1945-1970) en el que prácticamente no hay ningún país que sufra crisis financieras, que tiene bastante menos desigualdad (reflejada como una menor participación del 10% más rico en el total de la renta) y muy poca libertad de movimientos para el capital. Y al revés, también se comprueba fácilmente que cuando hay más desigualdad y más crisis es justamente cuando hay mayor libertad de movimientos del capital.

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Nuevo libro: ECONOMÍA PARA NO DEJARSE ENGAÑAR POR LOS ECONOMISTAS

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A finales de noviembre economiajtlestará en librerías mi nuevo libro Economía para no dejarse engañar por los economistas, editado por DEUSTO. Un título con el que quiero hacer honor a la gran economista británica Joan Robinson quien decía que “el estudio de la economía no tiene por objeto la adquisición de un conjunto de recetas preparadas para los problemas económicos, sino aprender a no dejarse engañar por los economistas”.

En el libro respondo de la manera más clara posible a 50 preguntas básicas para demostrar que la economía no es lo que que nos quieren hacer creer cuando nos afirman que no hay alternativa a las propuestas que hacen los líderes políticos y los economistas que van de su mano. Es, en realidad, una ciencia social cuyas propuestas dependen de las hipótesis de quien las formula y de quiénes sean las personas o grupos sociales a quien se desea favorecer con ellas.

El libro ya se puede ir encargando en librerías y aquí. Y quien esté interesado en hacer actos de presentación y difusión puede escribir y solicitarlo a libros@juantorreslopez.com. Será un placer para mí tratar de atender a todas las peticiones.