Huawei y las bolsas de valores: Trump juega con fuego

Escuchar

En el capitalismo de nuestros días germinan crisis de muy diferente naturaleza que aparecen de forma recurrente. Unas son sistémicas porque cuando aparecen “contaminan” inevitablemente a todo el sistema. Así son las financieras porque afectan al dinero o crédito, sin el cual no puede funcionar la economía. Otras son estructurales, porque provienen de la naturaleza intrínseca del sistema capitalista. Por ejemplo, las que producen la desigualdad derivada de la mercantilización del trabajo (que periódicamente produce crisis de demanda por la caída de la masa salarial), o la ambiental, como consecuencia de mercantilizar también el uso de los recursos naturales, sometiendo la naturaleza al afán de lucro. Otras son de escala y características diferentes, producidas por una sola causa o por una conjunción de ellas, y pueden alcanzar una envergadura mayor o menor según que afecten a variables más o menos determinantes del funcionamiento o del equilibrio del sistema en su conjunto. Eso ocurrió con la de los años 70 del siglo pasado.

Como traté de demostrar en mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas, estos últimos, cuando se basan en el saber convencional, en la ortodoxia dominante, no suelen ser capaces de anticipar las crisis y de darles solución adecuada. Es así porque parten de premisas falsas y porque no utilizan métodos de análisis adecuados para poder entender lo que en realidad es la economía: un sistema complejo cuyo funcionamiento no se puede explicar con las herramientas simplistas de la teoría económica dominante .

En mi opinión, esta falta de acierto se está produciendo de nuevo en estos momentos: los economistas convencionales y las autoridades que se basan en sus opiniones intuyen que se aproxima una crisis importante pero están apuntando, otra vez, al lado equivocado. Creen que vendrá por la desaceleración de la actividad que se viene produciendo en los últimos meses o como resultado de otro zarpazo de volatilidad financiera, como el que provocó la de 2007-2008. Pero se equivocan.

Es cierto que la tendencia a la baja de la masa salarial y la extraordinaria concentración de la riqueza tiende a producir un deterioro progresivo de los mercados: ante una demanda debilitada se responde con reducción en la oferta y se genera así un círculo vicioso que antes o después estalla en forma de crisis. Y es cierto también que las grietas que provocaron la anterior crisis financiera no se han cerrado convenientemente, de modo que es seguro el sistema bancario mundial volverá a saltar antes o después. Pero yo creo que ninguno de estos peligros es inminente. Y otras crisis, como la ambiental o incluso la de la deuda, tampoco es probable que produzcan un efecto de colapso generalizado próximamente.

A mi juicio, donde se están concentrando todos los riesgos para producir una crisis global de grandes dimensiones a muy corto plazo es en las bolsas de valores y, por tanto, en el entramado empresarial que se extiende por todo el planeta.

Las bolsas se están convirtiendo en nuestro tiempo en una bomba de relojería por tres razones que expongo a continuación muy resumidamente.

La primera es de carácter más general. Las bolsas son mercados cuya función es la de proporcionar financiación a los operadores económicos. Cuando estos necesitan capital emiten títulos y los ahorradores o inversores los adquieren para obtener la rentabilidad que está asociada a ellos, bien como renta variable (cuando se trata de dividendos que reparten el beneficio de las empresas) o fija (cuando se trata de títulos que se emiten con un interés determinado a lo largo del tiempo). Esa función de capitalización es fundamental y hay que reconocer que es uno de los grandes logros del capitalismo pues permite acumular sumas de capital que generalmente sería imposible que pudieran obtener por sí mismos los propietarios originales o mayoritarios de las grandes empresas. Algo fundamental, por tanto, para acometer grandes negocios y la acumulación que necesita un sistema planetario como el nuestro.

Sin embargo, las bolsas han perdido desde hace años esa función y en lugar de servir para financiar a las empresas responden cada vez más a una lógica puramente especulativa que simplemente busca aprovecharse de los cambios de precios de los títulos y no de su rentabilidad intrínseca. En las bolsas actuales se compran o se venden títulos para volver a venderlos o comprarlos rápidamente, es decir, para especular con ellos con un criterio de cortísimo plazo muy distinto al que requiere la financiación empresarial y productiva.

Esto significa que la bolsas se han desnaturalizado, que funcionan para lo que no deben funcionar y eso es lo que explica que se produzcan crisis de reajuste tan a menudo.
Y yo creo que tenemos ante las puertas una nueva crisis de este tipo, pero de gran amplitud, porque este proceso de desnaturalización se ha agudizado extraordinaria e incluso excesivamente en los últimos tiempos.

La segunda razón que ha provocado que la desnaturalización de las bolsas se hayan exagerado hasta el punto de que están a paso de estallar es que las grandes empresas vienen utilizándolas para comprar sus propias acciones, unas veces utilizando sus grandes beneficios para ello y generalmente endeudándose gracias a los tipos de interés muy bajos. En los últimos cinco años, las 500 mayores empresas de Estados Unidos realizaron ese tipo de compras por valor de 2,9 billones de dólares, y en 2018 por 1 billón. Esas compras (técnicamente denominadas buy back) han sido las responsables de que las cotizaciones de esas acciones estén exageradamente elevadas y que el índice S&P500 (el de las 500 más grandes empresas que cotizan en bolsa) haya registrado una impresionante subida del 300% desde 2009 a finales de 2018. Más bien antes que después, más pronto que tarde, quizá ya mismo, esas compras dejarán de realizarse y las bolsas caerán estrepitosamente, arrastrando tras de sí a docenas de las más grandes empresas del globo.

La tercera razón que ha producido la exagerada desnaturalización de las bolsas es la generalización de las llamadas operaciones de alta frecuencia. Estas son las compras y ventas de títulos de todo tipo que no realizan los seres humanos sino algoritmos en ordenadores muy potentes que operan a velocidades que resulta muy difícil de asimilar. Este tipo de operaciones representan ya entre el 60% y el 80% de todas las que se realizan en las principales bolsas y mercados financieros del mundo. Y para que los lectores se hagan una idea de qué significa operar a la velocidad en que se compra y se vende hoy día  baste un simple cálculo: imagine que se compra una acción por 1.000 euros y que se vende a 1.001 euros pero que eso se hace 10.000 veces por cada segundo, que es la velocidad a la que pueden realizarse esas operaciones (hay quien dice que no son 10.000 veces sino incluso millones de veces…). Y para entender lo que esto lleva consigo y lo que puede suponer el actuar más rápido cada vez, téngase en cuenta que una conexión a la red que sea solo un milisegundo más rápida que la de la competencia podría aumentar las ganancias de una firma de alta velocidad en unos 100 millones de dólares al año.

Las consecuencias del predominio de este tipo de operaciones son muy variadas pero señalaré sólo dos. Una, que se alimentan burbujas continuadamente (préstamos estudiantiles, pensiones, la inmobiliaria que no cesa, o la más letal de la deuda…). Y otra que, aunque todos los algoritmos están preparados para ganar, es materialmente imposible que siempre ganen todos o que todos los mercados estén en alza permanentemente. Y ambas circunstancias nos llevan a lo mismo que dije antes: más bien antes que después… se producirá una caída generalizada en las bolsas. Dicen que los reguladores necesitarían entre diez y quince minutos para detener una instantánea pero yo no creo que eso esté siempre asegurado. Y, en todo caso, piensen en lo que sucedería si la caída se produce justo antes del cierre, o si se produce una detrás de otra.

¿Cuándo puede suceder algo así? ¿Cuándo se producirá el reajuste de unas bolsas mundiales desnaturalizadas? ¿Cuándo estallarán las burbujas? ¿cuándo provocará un caos la lógica insostenible de los algoritmos sin control?… No lo sabemos pero lo que sí es seguro es que el fuego se extiende cuando salta una chispa y que en los últimos meses se están encendiendo varias cada dos por tres. La última, el ataque de Trump a Huawei. Es un paso más en la guerra comercial y tecnológica y ya así tiene importancia. Pero yo lo contemplo ahora como un posible factor de desestabilización en bolsas que están ya de por sí muy altamente desestabilizadas, tal y como acabo de explicar.

Si es así, si provoca que empiecen a caer las cotizaciones, si se frena el buy back, si hace que estalle alguna burbuja… estaremos a las puertas de la próxima crisis, de naturaleza y efectos diferentes a la anterior. Su modo de difusión y sus consecuencias las comentaré en un próximo artículo. Pero, de momento y para que este artículo termine con una imprescindible visión esperanzadora, no se olvide que, como escribí hace unos días, también detrás de las crisis hay Una gran oportunidad.

Todo el crecimiento de la deuda pública en la UE desde 1995 corresponde a intereses

Escuchar

La oficina estadística europea, Eurostat, publicó el mes pasado los últimos datos oficiales sobre la deuda pública en la Unión Europea.

A finales de 2018, la deuda total acumulada por los gobiernos de los 28 país miembros sumaba 12,7 billones de euros y el de los países de la UE(19) 9,86 billones. En el primer caso, fueron 136.000 millones más que en 2017 y en el segundo 99.000 millones, es decir, que creció más o menos un 1% anual (datos aquí).

Por otro lado, la cantidad pagada por los gobiernos en concepto de intereses en 2018 fue de 293.983,2 millones de euros en la UE(28) y de 213.177,5 millones en la UE(19). datos aquí.

Pero lo más interesante es comparar el aumento de la deuda pública europea con la suma pagada por intereses a lo largo del tiempo.

Según los datos históricos de Eurostat, desde 1995 -año en que comienzan a proporcionarse datos para la UE(19)- hasta 2018, la deuda total aumentó en 5,79 billones de euros y durante esos años se pagaron 6,4 billones de euros en intereses. Es decir, el 110,6%. Lo que significa que no sólo la totalidad del crecimiento que ha tenido la deuda pública europea en los últimos 18 años, sino incluso un poco más, corresponde al pago de intereses. Sigue leyendo

Una gran oportunidad

Escuchar

La coyuntura internacional y la situación interna podrían proporcionar en los próximos cuatro años condiciones bastante favorables para que el nuevo gobierno de España pusiera las bases de un cambio histórico del modelo económico, social y político que nos ha convertido en un país destructor de empleo productivo y cada día más desigual, en lo económico, y sometido en lo político por el poder de los grupos oligárquicos que llevan decenios gobernando realmente en nuestro país.

No es fácil en nuestro tiempo que los gobiernos nacionales dispongan de suficiente capacidad de maniobra como para avanzar contra corriente, pero la coyuntura en la que nos encontramos quizá pueda ofrecernos una inusitada oportunidad para cambiar, siempre que no se hagan tonterías sino que se actúe con inteligencia, pensando en los intereses y prioridades de la inmensa mayoría de población y con un buen manejo de las formas y los tiempos, sin alardes ni palabras vacías.

En el exterior, me parece que hay dos circunstancias que abren una ventana de oportunidad quizá sin precedentes en los últimos 20 o 30 años.

Es cierto que se avecina una desaceleración económica muy fuerte y que lo más probable es que en poco tiempo se produzca una nueva crisis pero en esta ocasión, aunque pudiera ser de considerable envergadura o incluso espectacular por sus manifestaciones, no tendrá el carácter sistémico de la que estalló en 2007. Sigue leyendo

¿Quién quiere privatizar las pensiones públicas aunque diga lo contrario?

Escuchar

En las últimas horas se ha levantado revuelo en los medios de comunicación porque el presidente Pedro Sánchez ha acusado al Partido Popular de querer privatizar las pensiones. Enseguida, desde el Partido Popular lo han negado, concretamente a través de mi amigo Daniel Lacalle (la noticia aquí).

Como siempre, el debate (si a estos rifirrafes se le puede llamar debates) tiende a generar confusión por los términos en que se plantea.

Es cierto que en España, salvando a algún ultraliberal sin responsabilidades políticas, casi nadie aboga por la sustitución completa del actual sistema público de pensiones (basado en el reparto, es decir, en que los cotizantes actuales financien con sus salarios las pensiones actuales) por otro de capitalización (basado en que cada persona ahorre lo que pueda, que ese ahorro lo gestionen fondos de inversión y que el ahorrador “rescata” ese ahorro más los intereses como pensión).

Las razones de por qué no se defiende abiertamente la privatización de las pensiones públicas son tres. La primera, que la inmensa mayoría de los votantes de todos los partidos prefiere y defiende que se mantengan como tales. La segunda, que es muy difícil de vender lo que la experiencia de los fondos de pensiones de capitalización privada han demostrado: que son muy inseguros, poco rentables y que terminan por dejar tirados a los ahorradores si no son rescatados con dinero público, bien a través de ayudas fiscales o directas del gobierno. Y la tercera, porque es muy comprometido decirle a los votantes que lo que en realidad se está proponiendo es un sistema que sólo va a proporcionar pensiones de jubilación a quienes a lo largo de la vida laboral hayan podido ahorrar, algo que con los salarios actuales no puede hacer todo el mundo.

Es por esas tres razones por lo que ni los propios liberales ni los bancos y demás entidades financieras que son quienes más están interesados en que haya un sistema de capitalización que les permitiría manejar una suma inmensa de ahorro, defienden un cambio radical. Y es por eso que desde hace años han optado por plantear una estrategia más sutil para llegar a la privatización: dejar que el sistema de pensiones públicas se vaya debilitando sin que se note mucho (básicamente reduciendo la pensión por diferentes métodos), al mismo tiempo que fomentan que la gente vaya recurriendo cada vez más al ahorro privado mediante incentivos, publicidad, ayudas fiscales y, sobre todo, con un discurso catastrofista y machacón orientado a convencer a la gente de que en el futuro no será posible que haya pensiones públicas (sobre todo, por un argumento falso pero muy convincente de crecimiento demográfico).

Pero es evidente que quien propone que una parte de las pensiones se financie a través de un sistema de capitalización está defendiendo que se privaticen las pensiones públicas, en todo o en parte. Y es evidente también que, en un sistema de vasos comunicantes, es decir, de recursos limitados, más recursos en el lado privado supone menos en el público y, por tanto, su muerte a cámara lenta. Sigue leyendo

Las mentiras y burradas económicas de Pablo Casado son incompatibles con la democracia

Escuchar

En un artículo anterior mencioné algunas de las mentiras recientes del secretario general del Partido Popular y, en concreto, las que tenían que ver con su propuesta de bajar o eliminar impuestos (aquí). Y otros economistas han hecho más o menos lo mismo.

Pero no sirve de nada. Casado es un mentiroso compulsivo, alguien a quien no le importa inventarse datos para tratar de descalificar a sus adversarios, a veces, llegando a decir auténticas burradas, como la que voy a comentar enseguida.

Hace unos días, hizo en Vitoria una serie de afirmaciones (tal y como puede verse en un video pinchando aquí) que son completamente falsas, sin relación alguna con la realidad.

– Dijo Casado: “La inversión ha caído un tercio en España, 13.000 millones menos de inversión internacional”. Y Casado miente:

Esos 13.000 millones son la diferencia entre el segundo y el tercer trimestre de este año pero esa cifra se debe a que en el segundo trimestre de 2018 se registró una entrada extraordinaria de inversión extranjera de más de 20.000 millones de euros, pues una sola empresa recibió más de 14.000 millones ella sola.

La verdad de la inversión extranjera es otra. Según los datos del Banco de España, su nivel ahora es el más alto desde 2008: la inversión extranjera directa aumentó desde los 6.700 millones registrados en 2017 hasta los 38.20 millones en 2018. La inversión extranjera de cartera ha caído desde los 60.400 millones hasta los 36.800 millones en ese periodo pero este tipo de inversión es la puramente financiera y más volátil. Datos del Banco de España aquí.

– Dijo Casado: “El índice de producción industrial se ha desplomado un 10 por ciento”. Y Casado miente:

En enero de 2019 (último mes del que hay datos) el índice de producción industrial había aumentado un 2,4 puntos porcentuales respecto al año anterior.El índice general era del 105,313 en enero de 2018 y en enero de 2019 el 107,166. Los datos del Instituto Nacional de Estadística aquí y aquí.

– Dijo Casado: “El consumo de los hogares se ha desplomado un 37 por ciento”. Y Casado miente y además dice una auténtica burrada:

El consumo de los hogares en el cuarto trimestre de 2017 fue de 170.097 millones, y en el último trimestre de 2018 (últimos datos de la Contabilidad Nacional) 176.590 millones. Datos del Instituto Nacional de Estadística aquí.

Lo que ha dicho Casado sobre la caída del consumo de los hogares no es sólo una mentira sino una auténtica burrada porque tendría que darse una guerra o algo peor para que se diera una caída de esa magnitud.

– Dijo Casado: “El sector de la construcción ha caído un 25 por ciento”. Y Casado miente:

El valor añadido bruto de este sector en el último trimestre de 2017 fue de 16.804 millones, en el segundo trimestre de 2018 de 17.604 millones y en el último de 2018 (últimos datos disponibles) de 18.390 millones. Datos del Instituto Nacional de Estadística aquí.

– Dijo Casado: “El consumo de bienes de equipo cayó un 2 por ciento”. Y Casado miente:

Sin saber a qué concepto se refiere exactamente no se puede verificar lo que dice, pero ese porcentaje del 2% sólo podría referirse (por aproximación) a la variación en la inversión en bienes intermedios (no exactamente bienes de equipo en su totalidad). La inversión en la totalidad de bienes de equipo ha caído un 1,7% en el último trimestre de 2018 pero ha aumentado un 4,8% en todo el año. Datos del Instituto Nacional de Estadística aquí o aquí.

– Dijo Casado: “Cuando llegaba al gobierno el Partido Socialista se creaban en España 7900 empleos diarios y ahora se destruyen en España 6.800 empleos al día”. Y miente Casado porque manipula las cifras:

Como ha demostrado Daniel Fuentes (aquí) esos datos de Casado resultan de comparar los empleos que se crearon en un mes (mayo) que siempre es de mayor creación de empleo con la de otro mes (enero) que siempre es muy malo y tiene un día más.

Si se acude a la Encuesta de Población Activa se comprueba que en el IV trimestre de 2017 había 18,998 millones de personas ocupadas, en el segundo trimestre de 2018 19,344 millones y en el último de 2018 19,546 millones, es decir, 548.000 empleos más que hace un año (Datos del Instituto Nacional de Estadística aquí).

– Dijo Casado refiriéndose a sus propias declaraciones: “Aquí no hay trampa ni cartón”.

Y Casado miente hasta en la retórica: Sí que hay trampa en sus palabras, en sus datos y en sus afirmaciones.

Pablo Casado es un mentiroso y un tramposo que se inventa las cifras para engañar a los españoles.

Me pregunto si una sociedad democrática y avanzada puede serlo realmente si permite que sus líderes actúen así. No estoy hablando de la opinión de Casado, que puede ser cualquiera y cuya expresión debe estar siempre garantizada, sea cual sea. No. Estoy hablando de mentiras, de un hecho objetivo consistente en dar como cierto lo que es manifiestamente falso con el evidente propósito de tergiversar así la conciencia y la opinión de millones de personas.

Yo creo que la democracia debe basarse en la deliberación y que ésta requiere la confianza, la información transparente y no manipulada para que no se altere la percepción real de las cosas, y la rendición de cuentas. Por eso creo que la mentira como sistema que practica Casado es incompatible con la democracia, que atenta contra ella y que habría que garantizar que la población conozca la falsedad que hay detrás de sus palabras. Pero no sólo en el momento electoral, cuando se supone que la ciudadanía «sanciona» o premia con su voto a los políticos, porque lo que precisamente persigue la mentira como estrategia es que a ese momento se llegue con un sesgo brutal del conocimiento que condicione el voto a favor de quien miente. Una sociedad avanzada como la nuestra en la que la información se transmite de modo tan decisivo y es tan determinante de todas las decisiones necesita garantizar el derecho a disponer de información veraz. Los juristas nos podrán decir cómo, pero me parece que la cuestión es ineludible y cada día más inaplazable.

¿Quién debería pedir perdón a quién y por qué?

Escuchar

Yo soy una persona con muchos defectos como saben bien las personas que me conocen. Pero hay uno que no tengo: pido perdón sin ninguna dificultad e incluso lo he hecho muchas veces en mi vida siendo consciente de que no había muchas razones para hacerlo, pero convencido de que así reconfortaba a otra persona o la dejaba más tranquila.

Por eso no me siento ofendido ni molesto cuando el presidente mexicano López Obrador nos ha reclamado a los españoles que pidamos perdón ahora a su pueblo «por los agravios» de la conquista.

No me parece mal que se pida perdón a quienes sufrieron los inconvenientes y el daño de todo tipo que pudiera haberse producido a lo largo del tiempo como consecuencia de la conquista por los españoles de aquellos territorios. Una conquista, por cierto, que no culminó en colonización, como ocurrió con las de otras potencias en otros lugares y momentos de la historia, sino con la consideración como españoles de quienes allí vivían por entonces.

Pero me pregunto si, al igual que habría que pedir perdón por el agravio y los daños de la conquista, también habría que dar las gracias por el progreso que proporcionó la presencia en aquellas tierras de miles de personas más cultas y preparadas que ayudaron a crear los hospitales o los centros educativos más avanzados de entonces allí donde antes de su llegada no había más que retraso y en muchas ocasiones barbarie y sufrimiento. Sigue leyendo

Las grandes empresas no son lo que nos dicen

Escuchar

Uno de los errores más habituales en cuestiones economicas (inducido por la literatura mayoritaria) consiste en creer que las grandes empresas son las más avanzadas, las que gestionan mejor, las más productivas, las que se encuentran en la vanguardia de la innovación, las que más empleo crean y las que mejor resuelven los problemas de las personas, de las demás empresas y de la economía general. De ahí a que sus intereses se confundan con los de la sociedad en su conjunto, o a que su marca se identifique con la nacional (Marca España), no hay nada más que un paso

La realidad es otra.

Aunque los defensores del capitalismo achacan sus virtudes a que promueve la competencia y el buen funcionamiento de los mercados, lo cierto es justamente todo lo contrario. La historia de la economía capitalista es la de la lucha de las empresas para acabar con la competencia, aumentando su poder de mercado y concentrando cada vez más el capital.

Los datos no dejan lugar a dudas.

Según informe reciente (aquí), el 65% de las ganancias mundiales antes de impuestos corresponde a las empresas que ganan más de 1.000 millones de dólares. Y el 10% que más gana de ellas, captura el 80 % de todos los beneficios que generan.

En Estados Unidos, cinco bancos controlan el 80% de los activos, cuatro compañías todo el tráfico aéreo, dos grandes empresas el 90% de toda la cerveza que se bebe allí, un solo proveedor el acceso a internet del 75% de los hogares. Y esa concentración no ha parado de crecer: hace 30 años, por ejemplo, el 90% de la industria de los medios de comunicación de Estados Unidos se concentraba en 50 empresas, hoy día en sólo 6; y en los últimos 20 años, 4 grandes bancos han pasado a ocupar el lugar que antes correspondía a 37.

Una investigación publicada en 2011 (aquí) reveló que el 80% del valor de las 43.000 compañías multinacionales más grandes del planeta estaba controlado por 737 accionistas y el 40% por sólo 146. Hoy día, la situación sería peor porque se ha demostrado que en las últimas dos décadas, el 75% de las empresas estadounidenses han aumentado sus niveles de concentración de capital (aquí).

Pues bien, a diferencia de lo que se quiere hacer creer (normalmente por parte de las propias grandes empresas que contratan a economistas, políticos o periodistas y compran medios de comunicación o centros académicos para ello) esta concentración orientada a incrementar el poder de mercado de las empresas no las hace más productivas e innovadoras, sino justamente lo contrario.

Hace unos días se publicó una investigación de Germán Gutiérrez y Thomas Philippon (aquí) que demuestra que en los últimos 60 años las grandes empresas han disminuido en un 40% su contribución al aumento de la productividad en la economía de Estados Unidos y que hoy día su contribución es cero. Tampoco ahora emplean a más trabajadores, a pesar de su mayor tamaño y presencia en el mercado, ni es mayor el porcentaje de sus ventas sobre el PIB.

Esos mismos autores han demostrado que la razón de la cada vez más baja contribución de las grandes empresas a tirar del carro de la economía se debe a que la concentración y el creciente poder de mercado es un desincentivo para la inversión, entre otras cosas, porque ahora obtienen más beneficios que las de hace 60 años simplemente porque pagan muchos menos impuestos.

Ya lo saben. Cuando les pongan como ejemplo a empresas como Amazon, Facebook, Google, Apple… o en España a Telefónica, Repsol, Endesa… y otras de ese tipo, cuando les quieran convencer de que hay que satisfacer sus intereses porque ellas son las que tiran de la productividad y, en general, de todas nuestras economías, no hagan caso. El inmenso poder de esas grandes empresas es directamente proporcional a su ineficiencia. Más vale controlarlas y someterlas que dejarlas hacer porque son ellas las que destruyen la competencia y los mercados y las que traen consigo las crisis y las pérdidas de empleo y bienestar.

No es ideología, es trabajo por cuenta ajena

Escuchar

La derecha, incluso la extrema que lo hace de forma mucho más exagerada, presenta siempre su proyecto político como la expresión de una lucha por los valores, por la sensatez y las buenas ideas.

Hablan de los demás como si fueran los defensores de intereses oscuros, contrarios a los de la mayoría “natural” y sensata que es la que se supone que suscriben quienes apoyan a la derecha. Con más o menos disimulo, califican a los contrarios de “anti-España” y los señalan como al servicio del comunismo internacional, de la masonería (eso, es verdad, cada vez menos), como enemigos de lo bueno que es lo que la derecha defiende.

La derecha habla siempre de sí misma como la que trabaja para las personas o los españoles “de bien” y se autorrepresenta bajo la imagen de la sensatez, del conocimiento, del rigor y del buen hacer. Afirma que es la única que sabe cómo arreglar los problemas económicos, quien dispone del saber suficiente para aplicar “la técnica” (porque desprecia la política como un asunto “del pueblo”) y de la formula que realmente puede resolver los problemas sociales. Los demás, la izquierda, está siempre equivocada, es enemiga de los intereses generales, sirve a intereses foráneos, no tiene conocimientos, carece de rigor técnico, lo politiza siempre todo , atenta contra la vida y, en fin, es la responsable de todas las catástrofes que puedan producirse. Sigue leyendo

¡Tila!, ¡traed tila, traed tila!

Escuchar

Me levanto, leo la prensa nacional y estas son algunas de las noticias que me encuentro, ¡en un mismo día! Sólo me queda gritar como Groucho pero para pedir tila en cantidades industriales. ¡Qué pena de país!

Catalá inauguró como ministro de Justicia la sede del bufete que le ha fichado

La Audiencia Nacional imputa al dirigente del PP elegido por Casado para combatir la corrupción

Casado, sobre violencia de género: «¿Qué hacemos: las escoltamos por la calle?»

Vox pide que «los españoles de bien» puedan llevar armas

Iglesias ya defendió antes que Abascal el «derecho democrático» a portar armas

El nuevo fichaje de Vox: «El bombardeo de Gernika se lo inventaron los ingleses”

El primer mapa que muestra cómo los humanos destruyen la biodiversidad

El Ejército expulsa por trastorno psíquico a una cabo víctima de violencia de género y acoso laboral

La justicia condenó al fichaje estrella de Ciudadanos Marcos de Quinto por intentar saltarse un contrato de compra de un chalé

Aznar: «Algunos quieren ganar 80 años después guerras que los españoles ya no libran»

España lidera la contrarreforma ultraconservadora en el sexto aniversario del papado de Francisco

Las becas de los ERE a políticos son ilegales

Fatal error: Uncaught Error: Call to undefined function wp_pagenavi() in /customers/7/d/3/juantorreslopez.com/httpd.www/wp-content/themes/juantorreslopez/home.php:85 Stack trace: #0 /customers/7/d/3/juantorreslopez.com/httpd.www/wp-includes/template-loader.php(78): include() #1 /customers/7/d/3/juantorreslopez.com/httpd.www/wp-blog-header.php(19): require_once('/customers/7/d/...') #2 /customers/7/d/3/juantorreslopez.com/httpd.www/index.php(17): require('/customers/7/d/...') #3 {main} thrown in /customers/7/d/3/juantorreslopez.com/httpd.www/wp-content/themes/juantorreslopez/home.php on line 85