Sobre la moneda de Barcelona: crítica a los hipercríticos

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Publicado en ctxt.es el 18 de noviembre de 2016

En España circulan más de 30 monedas diferentes al euro pero solo cuando se anunció que el Ayuntamiento de Barcelona gobernado por Ada Colau tenía previsto zmpulsar la creación de una en su territorio ha sido cuando se ha generado polémica al respecto.

Lamentablemente, esa polémica (deseable y enriquecedora cuando es rigurosa y franca) ha estado teñida por la animadversión que el fenómeno Podemos produce en muchos analistas y eso ha empobrecido el debate sobre monedas complementarias, que debería ser tan necesario como esclarecedor, entre los economistas más mediáticos.

El primero en atacar fue José Carlos Díez (cuando ni siquiera se sabía qué se pensaba hacer en Barcelona) con un artículo en El País titulado Ley de Gresham, en el que lamentablemente demostraba no saber ni siquiera lo que decía esa ley tan popular en economía. El conocido economista aseguraba que una moneda mala (como en su opinión iba a ser la de Barcelona) sería sin duda desplazada por el euro, porque “siempre la moneda buena es preferida a la mala”. Se equivocaba profundamente Díez en su juicio, primero, porque Gresham se refería a monedas de contenido metálico (lo que no es el caso del euro ni con toda seguridad de ninguna otra nueva moneda) y, segundo, porque lo que dijo en realidad el comerciante y financiero inglés fue lo contrario, es decir, que la moneda mala (por tener menos o peor contenido metálico) es la que circula y desplaza a la buena (que deja de circular para ser utilizada como metal). Además, al atacar al proyecto barcelonés no distinguía los efectos diferentes que tienen los distintos tipos de monedas locales que pueden existir (complementarias, locales, sociales… de crédito mutuo o respaldada por bienes, por ejemplo) y, ni siquiera, la diferente naturaleza de los distintos tipos de medios de pago que hoy día circulan o pueden circular en nuestras economías (dinero legal, dinero de curso forzoso, dinero bancario, criptomonedas, etc.). Y, lo que es peor, mentía Díez cuando decía que tanto Ada Colau en Barcelona como Joan Ribó en Valencia habían propuesto crear una moneda social “para pagar a sus funcionarios” o para “monetizar déficit público” algo que, como veremos enseguida, es imposible que ocurra. Sigue leyendo

Presentación en Madrid de Economía para no dejarse engañar por los economistas

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El 28 de noviembre presentamos por fin mi nuevo libro. Será en Madrid, en la Librería Central (calle del Postigo de San Martín 8). Estarán allí con ese motivo Joaquín Estefanía y Alberto Garzón, a quienes les agradezco desde aquí que hayan tenido la generosidad de acompañarme ese día. ¡Quedan invitados todos los lectores y lectoras de la web!

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El pasado mañana de Estados Unidos

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Publicado en Ctxt.es el 7 de noviembre de 2016

Siempre que hay elecciones en Estados Unidos se genera interés e incertidumbre sobre el futuro de ese país y el de todo el planeta. Y es normal porque, por grande y decisiva que sea la influencia de los poderes fácticos, que lo es, un presidente de Estados Unidos tiene mucha influencia y capacidad suficiente para hacer que las cosas sean de una u otra manera.

Pero si eso ha sido siempre así, mucho más lo es ahora, cuando el voto se dirime entre lo que casi todo el mundo considera un mal menor (vista la trayectoria de Hillary Clinton como Secretaria de Estado, las grabaciones que se han conocido de sus opiniones, y los apoyos que ha recibido en su campaña) y una especie de mal absoluto en la figura del derechista Donald Trump.

En esta situación, es lógico que muchas personas se preguntan qué ha pasado en Estados Unidos para que la sociedad haya alcanzado este tipo de polarización, para que un candidato socialista como Bernie Sanders haya puesto en jaque a todo el Partido Demócrata y para que medio mundo tiemble ante la posibilidad de que un extremista y bocazas como Trump pueda llegar a ser presidente de la primera potencia mundial.

Desde luego no son pocos los factores que hay que tener en cuenta para poder entender algo de lo que allí está pasando. Entre ellos, el extraordinario y casi gigantesco incremento de la desigualdad que se ha producido desde los años setenta del siglo pasado y que se ha exacerbado durante los años de la Gran Recesión: el 1% de las familias más ricas se ha quedado con el 52% del nuevo ingreso generado en el periodo 1993-2015, pero entre 2009 y 2012 se quedó con el 91%, según los datos oficiales analizados por Emmanuel Saez (Striking it Richer: The Evolution of Top Incomes in the United States (Updated with 2015 preliminary estimates). Y una de las consecuencias de esa impresionante concentración de la riqueza no es solo la pobreza (11,3% de las familias) sino que en seis de cada diez familias pobres haya uno o más miembros trabajando. Hay casi planeo empleo (al menos estadísticamente) pero el trabajo asegura cada vez en menor medida un ingreso suficiente y un futuro digno.

La desigualdad que se ha venido generando explica sin duda lo que ha pasado años atrás y lo que está ocurriendo hoy día en Estados Unidos pero seguramente no sea todo lo que haya que tener en cuenta. Por eso quiero referirme ahora a otros datos que me parece que sirven no solo para explicar el presente, y más concretamente lo que se pueda votar el 8 de noviembre, sino lo que puede ocurrir un poco más adelante, en el pasado mañana.

Me refiero a los resultados de un estudio realizado por la consultora Ernst & Young sobre la generación del milenio, es decir, la que nació a partir de 1980 y ha crecido bajo la estela de las políticas neoliberales (The Millennial Economy). Me limitaré a transcribir algunos de los resultados más interesantes porque creo que hablan por sí solos y no precisan de más comentarios.

– El 74% está preocupado por no tener dinero suficiente para pagar el cuidado médico si enferman.

– El 79% está preocupado por no tener dinero suficiente para vivir cuando se jubilen.

– El 52% tiene o va a tener deuda de préstamos estudiantiles y el 59% teme no poder pagarla.

– El 63% tendría dificultades para hacer frente a un gasto inesperado de 500 dólares.

– El 30% no recibe ingresos suficientes para hacer frente a sus gastos y solo el 30% ahorra un poco (24%) o bastante (6%). El resto ingresa lo justo para pagar los gastos.

– Solo el 36% de los hombres blancos y el 27% de las mujeres blancas cree que su nivel de vida será mejor que el de sus padres. Sin embargo, eso lo creen el 52% de los hispanos varones y el 54% mujeres de raza negra.

– El 62% ha considerado iniciar su propio negocio aunque sólo el 22% cree que el espíritu empresarial es la mejor manera de avanzar en su carrera.

– El 42% afirma no poder iniciar un negocio porque no dispone de medios llevarlo a cabo (53 por ciento para las mujeres negras y el 59 por ciento de las mujeres hispanas).

– El 59% cree que el gobierno hace que sea difícil que las personas tengan éxito iniciando su propio negocio.

– El 51% cree que la clase media paga demasiado en impuestos y el 70% que los ricos pagan muy poco en impuestos.

– El 84% está orgullosos de ser estadounidense (91% en el caso de los hispanos).

– El 57% de los hombres y el 68% las mujeres creen que las cosas no van en dirección correcta en Estados Unidos.

– El porcentaje de jóvenes de la generación del milenio que tiene mucha o bastante confianza en las instituciones es el siguiente: corporaciones (Corporate America): 20%; gobernadores: 21%; medios de comunicación: 21%; gobierno federal: 22%; religiones: 25%; Alcaldes: 26%; Sistema judicial: 27%; bancos: 29%; sindicatos: 31%; Universidades y Colleges: 51%; ejército: 55%.

Hasta aquí los datos que me han parecido más relevantes. Las dos preguntas que me sugieren creo que son obvias: ¿Realmente es raro que el voto se polarice cuando la generación que se supone debe empujar a la sociedad vive así el presente y tiene esa visión de su futuro?; ¿puede ser estable y sostenible una nación que pretende liderar el mundo con una generación tan temerosa de su futuro y que tiene tan pocos asideros en el presente?

Libertad para el capital, crisis, desigualdad y pobreza para el resto

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Publicado en ctxt.es el 4 de noviembre de 2016

Un estudio publicado el pasado mes de octubre por dos economistas del Fondo Monetario Internacional, (Davide Furceri y Prakash Loungani, The Distributional Effects of Capital Account Liberalization), ha demostrado que cuanto mayor es la libertad de movimientos del capital más elevada es la desigualdad.

Los autores reconocen en su trabajo algo que es muy típico de la economía ortodoxa: se da por hecho que la liberalización de los movimientos de capital es muy positiva porque genera crecimiento a largo plazo y mayor bienestar pero no se comprueba si eso es realmente así para toda la gente. Como dicen estos economistas, si esos efectos benéficos afectan por igual a todos los grupos de población “no ha sido objeto de mucho estudio”.

La conclusión a la que llegan en esta investigación es muy importante por venir de dos economistas nada sospechosos de radicalismo izquierdista y, sobre todo, porque se deriva de un estudio realizado para muchos países (149) y para un periodo de tiempo muy largo (1970-2010).

Los autores estudian tres vías por las que la mayor libertad de los movimientos de capital suele aumentar generalmente la desigualdad, tal y como ellos confirman en su investigación. En primer lugar, porque está asociada a sistemas financieros menos inclusivos que aumentan las tasas de pobreza. En segundo, porque esa mayor libertad suele anticipar crisis financieras que generalmente terminan con efectos muy asimétricos sobre la población y, finalmente, porque limita el poder de negociación de los trabajadores y eso hace que caiga la participación de los salarios en la renta nacional.

En resumidas cuentas, los datos demuestran que la liberalización concentra aún más las rentas y genera mayor desigualdad.

Pero no solo eso. Además, sabemos desde hace tiempo que la mayor libertad para los movimientos de capital está asociada a más inestabilidad y a mayor número de crisis financieras.

Para que se vea de la forma más sencilla posible esa coincidencia, pongo a continuación dos gráficos en los que se comprueba (a la izquierda) cómo el mayor grado de liberalización del capital se corresponde claramente con un mayor número de países con crisis financieras y (a la derecha) que hay una clara correspondencia a lo largo de mucho tiempo entre la evolución de ambos fenómenos (más países con crisis y liberalización de capital) con la desigualdad. Como puede comprobarse, las dos gráficas suben o bajan en los mismos periodos de tiempo, lo que significa que los fenómenos que reflejan coinciden). Es fácil comprobar que hay un periodo (1945-1970) en el que prácticamente no hay ningún país que sufra crisis financieras, que tiene bastante menos desigualdad (reflejada como una menor participación del 10% más rico en el total de la renta) y muy poca libertad de movimientos para el capital. Y al revés, también se comprueba fácilmente que cuando hay más desigualdad y más crisis es justamente cuando hay mayor libertad de movimientos del capital.

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Nuevo libro: ECONOMÍA PARA NO DEJARSE ENGAÑAR POR LOS ECONOMISTAS

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A finales de noviembre economiajtlestará en librerías mi nuevo libro Economía para no dejarse engañar por los economistas, editado por DEUSTO. Un título con el que quiero hacer honor a la gran economista británica Joan Robinson quien decía que “el estudio de la economía no tiene por objeto la adquisición de un conjunto de recetas preparadas para los problemas económicos, sino aprender a no dejarse engañar por los economistas”.

En el libro respondo de la manera más clara posible a 50 preguntas básicas para demostrar que la economía no es lo que que nos quieren hacer creer cuando nos afirman que no hay alternativa a las propuestas que hacen los líderes políticos y los economistas que van de su mano. Es, en realidad, una ciencia social cuyas propuestas dependen de las hipótesis de quien las formula y de quiénes sean las personas o grupos sociales a quien se desea favorecer con ellas.

El libro ya se puede ir encargando en librerías y aquí. Y quien esté interesado en hacer actos de presentación y difusión puede escribir y solicitarlo a libros@juantorreslopez.com. Será un placer para mí tratar de atender a todas las peticiones.

Tipos de interés negativos o finanzas que andan de cabeza

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Versión ampliada del artículo con el mismo título publicado en Noticias Obreras, número 1.588 de octubre de 2016

Desde hace tiempo, algunos bancos centrales vienen aplicando tipos de interés negativos a los depósitos que en ellos realizan los bancos privados. Y eso mismo ha ocurrido con títulos de deuda pública que diversos países (entre ellos España) han emitido últimamente. Incluso algunos bancos comienzan a cobrar a sus clientes en lugar de retribuirles por sus depósitos, hasta el punto de que muchas personas que tienen grandes sumas de dinero en países como Japón o Alemania han empezado a comprar masivamente cajas de caudales para mantener sus fortunas en metálico.

El significado de los tipos de interés negativos es bastante claro: los prestamistas, en lugar de recibir una retribución por prestar a alguien, han de pagar por hacerlo. Y los depositantes, en lugar de ganar dinero cuando dejan sus fondos en una entidad, deben pagar también por mantener su dinero depositado en el banco. El mundo financiero al revés de lo que siempre habíamos conocido.

Se trata sin duda de una anomalía y puede parecer un sin sentido pero, en realidad, es hasta cierto punto normal que algo así ocurra cuando las economías y las finanzas se encuentran desde hace tiempo en una situación tan irregular, y casi al límite, como la actual.

La primera razón que explica que el precio del dinero sea negativo es su abundancia, la impresionante expansión de los medios de pago y de los depósitos bancarios que se ha producido en los últimos años.

Para hacerse una idea del incremento reciente de la masa monetaria puede bastar un solo ejemplo. En Estados Unidos, la llamada base monetaria (el efectivo en manos del público más los depósitos de los bancos en la Reserva Federal) aumentó en 821.585 millones de dólares en los 63 años que fueron de 1945 a 2008. Sin embargo, de principios de este último año a finales de 2015 aumentó en 3,1 billones de dólares. Es decir, que en 7 años creció unas 3,7 veces más que en 63. Cuesta trabajo hacerse una idea, ni siquiera aproximada, de lo que verdaderamente representa para la economía un crecimiento tan grande y generado en tan poco tiempo como el de estos últimos años (en solo los seis primeros meses de 2008 en Estados Unidos se creó más base monetaria -950.000 millones de dólares- que en los 50 años anteriores -840.000 millones). Sigue leyendo