Para reactivar la economía, emplear a más mujeres

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Muchos economistas lo venimos diciendo desde hace mucho tiempo. Facilitar la incorporación de las mujeres al empleo no es solo una estrategia esencial para evitar la discriminación injusta entre mujeres y hombres y para que éstas últimas puedan elegir y realizarse como personas en las mismas condiciones y con la misma libertad que los hombres. Además de eso, que no es poco, favorecer el empleo de las mujeres es fundamental porque la evidencia empírica demuestra que cuando una mujer se incorpora al empleo remunerado el número total de empleos de la economía no aumenta solo en una persona sino en algo más. Eso es así porque el empleo femenino (dicho con palabras muy llanas) “tira” de otros puestos de trabajo remunerados adicionales y porque, además, aumenta la demanda total, lo que hace que sean necesarios más empleos para satisfacer el consumo adicional de las nuevas mujeres con ingresos propios.

Lina Gálvez y Ruth Rubio-Marín acaban de publicar un artículo muy interesante con propuestas para lograr ese objetivo (El mercado tiene sexo: ¡la desigualdad también!). Y, casualmente, acaba de publicarse una nota del Fondo Monetario Internacional que insiste en que para impulsar el crecimiento lo que conviene es emplear a más mujeres (To Boost Growth: Employ More Women).

Me alegra que una institucion tan conservadora, habitualmente reacia a hacer planteamientos que se salgan del pensamiento mayoritario y que tanto ha dificultado la incorporación de las mujeres al empleo remunerado, imponiendo políticas que reducen el gasto social y la provisión de servicios públicos, esté empezando a asumir que es fundamental cambiar de rumbo. Años atrás, algunos de sus economistas publicaron estudios que demostraban que, cuanto más empleo femenino hay, se generan mejores rendimientos macroeconómicos, y ahora menciona un caso exitoso como es del Canadá.

Según los análisis que se han realizado para este país, si desapareciera la brecha entre la tasa de actividad de la población masculina y la femenina (de 7 puntos porcentuales a favor de los hombres) el PIB de Canadá sería un 4,5% más elevado que el actual. Aunque ya sabemos que el PIB es un indicador bastante bruto, al menos sirve ahora para indicarnos que el efecto de esa mayor actividad femenina no es poca cosa.

Al leer esos datos he pensado los avances que se podrían producir en España si nuestros gobiernos adoptaran políticas efectivas para promover el empleo femenino como las que proponen Lina Gálvez y Ruth Rubio-Marín en su artículo mencionado o en otro trabajo anterior y más amplio titulado Por una política económica que incorpore la igualdad de género. Y si, además, entendieran que para crear empleo masculino o femenino (y, en general para generar ingresos dignos para toda la población) es fundamental modificar la distribución de los tiempos de trabajo y, sobre todo, asumir de manera efectiva como principio de actuación que el trabajo humano no es una mercancía. Un principio, por cierto, que muchísimos países (entre ellos España) han asumido al ratificar la Declaración de Filadelfia de la Organización Internacional del Trabajo que así lo señala expresamente.

En nuestro país, la diferencia entre la tasa de actividad de mujeres y hombres es aún mayor que la canadiense (11,3 puntos, según la EPA del segundo trimestre de 2016), lo que quiere decir que, posiblemente, podríamos lograr un impulso incluso aún mayor si la hiciésemos desaparecer. Pero, eso sí, siempre que esas políticas no se lleven a cabo de cualquier forma.

La brecha en las tasas de empleo de mujeres y hombres ha disminuido muchísimo en los últimos años en España (del 24,7 a 11,2, según Eurostat: aquíaquí). Sin embargo, esa disminución no se puede considerar como un fenómeno por sí solo positivo. Se ha producido a costa de una gran precarización del empleo y de un incremento muy grande de las mujeres empleadas, contra su voluntad, a tiempo parcial, lo que ha reforzado la división de trabajo tan sesgada que “especializa” a las mujeres en el trabajo doméstico, al que dedican cada vez más horas y muchas más que los hombres.

Si en España se pudiera conformar un gobierno de progreso apoyado en una amplia mayoría parlamentaria, una de sus tareas más importantes debería ser la de poner en marcha, en colaboración con todas las autonomías y administraciones locales, una estrategia estatal para la igualdad y la corresponsabilidad entre mujeres y hombres que facilitara de verdad el empleo femenino. El impulso económico que produciría sería extraordinario y el aumento del bienestar que llevaría consigo mucho más impresionante.

Desgraciadamente, los dirigentes de los partidos que podrían llevar a cabo un plan de este tipo prefieren seguir tirándose los trastos a la cabeza.

“Tiritando entre el vómito de los demás” (La nueva odisea)

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portada_la-nueva-odisea_patrick-kingsley_201604020238“Decenas de personas abarrotan esta patera de madera. Si alguien intenta moverse, un traficante le da una patada para que vuelva a su sitio. No quieren que vuelque la barca sobresaturada y se hundan.
Puede que sean las once de la noche, pero Hashem no está seguro. Ha perdido la noción del tiempo y del lugar. Antes, por la tarde, en una playa del extremo norte de Egipto, a él y a sus compañeros los condujeron como ganado hasta esta barquita. Ahora vete a saber dónde se encuentra la embarcación, meciéndose en la oscuridad total, dando bandazos entre las olas, en algún lugar del sudeste del Mediterráneo. Y sus pasajeros están gritando. Algunos en árabe, otros, no. Hay personas de toda África, otras proceden de Oriente Próximo. Hay palestinos, sudaneses y somalíes. Y sirios, como Hashem. Quieren llegar al norte de Europa: a Suecia, Alemania o algún lugar que les ofrezca un futuro mejor que el de sus hundidas tierras natales. Por esa lejana esperanza se arriesgan a viajar hasta la costa italiana en barca. Si todo va bien, deberían llegar a Italia dentro de cinco o seis días. Pero de momento, Hashem no sabe si él sobrevivirá a esta noche. Ni si lo hará nadie más.
Transcurre una hora. Alcanzan una segunda embarcación, una más grande, y después, una tercera, todavía más grande. Los traficantes los lanzan a ellas como si fueran sacos de patatas. Ahora tienen un poco más de espacio, pero están empapados. Han tenido que sortear las olas para llegar hasta la primera patera, y la segunda barca estaba llena de agua. Están calados hasta los huesos, tiritan. Y tienen arcadas. La persona estrujada a la izquierda de Hashem le vomita encima. Después, él devuelve el favor vomitando encima de quien tiene a la derecha. Levanta la vista y se da cuenta de que todo el mundo está igual, con la ropa cubierta del vómito de los demás. Cada uno ha pagado más de 2000 dólares por devolver encima de sus compañeros refugiados. «Es una fiesta del vómito», piensa” (…)
Tiritando entre el vómito de los demás (…) Piensa en sus hijos —Osama, Mohamed y Milad—, lejos, en Egipto (…) Piensa sobre todo en Osama, el mayor. Hoy 15 de abril de 2015 es su cumpleaños. Esta mañana, temprano, empezaba sus catorce años con su padre llorando, disculpándose por su partida inminente y después yéndose sabiendo que quizá no volverán a hablar nunca más”.

Así empieza el libro el libro de Patrick Kingsley, periodista de The Guardian y nombrado periodista internacional del año en los Premios Británicos de Periodismo de 2015. Se titula La nueva odisea. La historia de la crisis europea de refugiados y es una crónica en primera persona del horror que se desenvuelve justo ahí, a nuestro lado, sin que, al parecer, sea todavía lo suficientemente horroroso como para que nuestros dirigentes hagan algo o, no nos engañemos, para que lo hagamos nosotros mismos, para que nuestra alma ya casi insensible a todo, nos empuje a decirles que ya está bien de tanto daño y sufrimiento inútil. Al menos, léanlo, sepan lo que pasa, busquen las razones y empezaremos a hacer algo para evitar que todo eso siga sucediendo.

Mi opinión sobre Cataluña

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Mi opinión sobre todo lo que está pasando en Cataluña se podría resumir en unas cuantas preguntas bastante simples (aunque quizá esa simplicidad sea todo lo contrario de lo que requiere algo que es de por sí complejo):

a) Si el 100% de los catalanes deseara independizarse de España ¿nos podríamos negar el resto de españoles a que se independizaran?

b) Si el 99% de los catalanes no quisiera independizarse de España ¿tendría derecho el 1% a declarar unilateralmente la independencia de España?

c) Parece evidente que no estamos en esos dos extremos. Pero si parece evidente que un buen número de catalanes desea independizarse de España, que otro buen número no quiere y desea que todo siga igual, y que otra buena parte de los catalanes desean modificar el tipo de relación que tienen con el resto de los españoles ¿no es lo lógico que se negociara una consulta para que los propios catalanes y los españoles en conjunto pudiéramos saber con cierta y democrática exactitud qué desean, y así poder actuar después en consecuencia, no solo los catalanes sino el resto de los españoles?

d) ¿No se dan cuenta los dirigentes políticos que se niegan a que se revele la preferencia real de los catalanes que lo único que consiguen es que aparezca como netamente mayoritaria la posición independentista que en realidad no es tan claramente mayoritaria?

e) Si no estoy mal informado, en 2003, el porcentaje de catalanes que defendían la independencia era del 30% (y en las primeras encuestas al respecto creo que no llegaban al 20%) mientras que ahora ya superan el 50%. ¿No se una evidencia que a medida que se impide que los catalanes revelen su verdadera preferencia lo único que se está consiguiendo es que se radicalice el proceso y que cada vez más catalanes se orienten hacia posiciones extremas o independentistas que antes no defendían?

¿Para qué pensar si se puede embestir?

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“Cuando los sabios quieren ser valorados por otros, primero valoran a los demás; cuando quieren ser respetados por otros, primero los respetan. Cuando quieren superar a otras personas, primero se superan a sí mismos” (Lao Tsé)

Lo reconozco. Soy un apasionado de los cachivaches electrónicos. Me gusta descubrirlos y utilizarlos aunque no gasto mucho dinero en ellos, por una cuestión de principios y porque no tengo el que haría falta tener para satisfacer mi afición y curiosidad.

Leo bastante, eso sí, sobre innovación y suelo estar al tanto de las novedades que salen al mercado, aunque solo sea, como digo, para satisfacer esa curiosidad. Era, pues, inevitable que me informara de la aparición de nuevo modelo de teléfono de Apple, el Iphone 7.

Cuando leí las “novedades” que traía consigo sentí una sensación que no es nueva para mí, sobre la que he escrito en otras ocasiones y que me lleva a pensar que el mundo en el que vivimos ha perdido la cabeza. Este teléfono, que en algunas de sus versiones costará más de 1.000 euros, se presenta supuestamente como el último grito pero ¿qué añade? Además de que se puede mojar, unos auriculares sin cables (que justifican vender una pieza nueva para quienes vengan usando los antiguos de modelos anteriores y que por sí solos valen creo que algo más 150 euros) la innovación que contiene es de un rendimiento impresionante y el disponer de una cámara de fotos que parece que será capaz de hacer no sé cuántas versiones de la toma cada en milisegundos, o algo así, para que el resultado sea perfecto. Tan perfecto que, según he leído, en el evento público de presentación no se pudo demostrar que efectivamente lo es, porque la gran pantalla del salón no tenía definición suficiente. Lo mismo que seguramente pasará cuando se tenga en la mano porque díganme ustedes si el ojo humano es capaz de distinguir entre unos niveles tan extraordinarios de perfección como los que proporcionará este nuevo aparato. Y todo ello, en medio de las noticias de esta última semana sobre las prácticas fiscales de Apple. Sigue leyendo

Presentación en Sevilla del libro Las crisis de la deuda soberana en España [1500-2015], de Francisco Comín

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El martes día 6 se presenta en Sevilla el libro Las crisis de la deuda soberana en España [1500-2015], de Francisco Comín Comín, Catedrático de Historia e Instituciones Económicas y Premio Nacional de Historia.

El acto tendrá lugar a las 20:00 horas en La Casa de la Provincia de Sevilla (Plaza del Triunfo) y en él vamos a intervenir Lina Gálvez, catedrática de Historia Económica e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, el autor y yo.

Allí esperamos a quienes puedan y quieran venir.
comin

Europa se equivoca (y Alemania más). Pero España tampoco lo hace bien

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Publicado en ctxt.es el 20 de julio de 2016

Como se estaba esperando, la Unión Europea anuncia no sólo una sanción a España sino la exigencia de un recorte de gasto de 10.000 millones de euros por haber incumplido su compromiso de déficit, o quizá esto último a cambio de lo primero. Sea cual sea su final, el anuncio pone una vez más sobre la mesa la impresionante insensatez de las autoridades europeas.

No voy a entrar en el hecho de que Europa se ponga dura cuando incumplen los débiles y que no lo hiciera cuando se trató de Francia o Alemania. La transigencia de ayer no excusa la de ahora pero eso es una cosa y otra no ser conscientes de que ese doble rasero no puede sino minar aún más la de por sí frágil confianza de la ciudadanía en las instituciones europeas. Y más aún, en un momento tan delicado como el actual, tras el Brexit, los atentados terroristas y la crisis que no acaba de los refugiados, el extraño golpe de Turquía, la vergonzosa puerta giratoria de Durao Barroso….  En los últimos sondeos, el porcentaje de la población española que cree que la Unión Europea va en la dirección incorrecta para salir de la crisis y hacer frente a los desafíos mundiales ha pasado del 30% al 46% y cabe preguntarse a cuánto subirá en los próximos eurobarómetros, a medida que la gente comience a tomar nota de todas estas cosas.

Con independencia de ello, creo que los dirigentes europeos se equivocan también por otra serie de circunstancias.

–Está siendo cada vez más claro que juegan con la amenaza de sanción y de recortes para influir y tratar de corregir la dirección que pueda tomar la política española. Si hay un hecho objetivo por delante, Europa debe decidir y actuar y no estar mareando la perdiz de una forma tan indisimulada. Es tan evidente que la medida que tome será diferente si finalmente gobierna el PP o cualquier otro partido o coalición, que la estrategia comunitaria comienza a producir algo peor que desagradable rechazo. Los dirigentes europeos no pueden jugar a premiar o castigar en función de la mayor o menor connivencia o simpatía que tengan con los gobiernos porque no puede hablarse de democracia cuando se resuelve de un modo u otro según sean los resultados electorales. Ni siquiera puede parecerlo. La buena gestión e incluso la confianza y la estabilidad social dependen de que haya reglas y certidumbre sobre las consecuencias de nuestros comportamientos y la arbitrariedad de las autoridades europeas solo contribuye a debilitarlas.

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El precio de los coches, de la asistencia médica y de las matrículas universitarias en Estados Unidos

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Acabo de ver la gráfica de más abajo y me parece interesante traerla aquí. Se entiende bien: la línea más baja muestra cómo ha ido variando el precio de un coche nuevo en Estados Unidos (un 95% desde 1977), la que se encuentra en medio refleja la subida del precio de la asistencia médica (613%) y la más alta es la que muestra la subida de las matrículas universitarias (1140%). No creo que sean necesarios más comentarios.

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Artículo del alcalde Cádiz: “Señores del PP: sí, soy un perdedor”

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Por su interés y porque comparto lo que para el alcalde de Cádiz, José María González Santos de Podemos, significa ser ganador o perdedor en la vida, reproduzco su artículo publicado en Diario de Cádiz el pasado día 3.

“Señores del PP: sí, soy un perdedor”. Por José María González Santos

EL pasado miércoles eran portada de Diario de Cádiz unas declaraciones de Antonio Sanz, delegado del Gobierno en Andalucía y presidente del PP en Cádiz, en las que eufórico por los resultados electorales decía “Kichi, eres un perdedor”. Ni siquiera me incomodó. Recordé reflexiones cercanas de un compañero que me contaba que en los Estados Unidos el dogma del individualismo había conseguido que a los pobres se les llamara losers (perdedores). Que te echan del trabajo, eres un loser; que te echan de tu casa, eres un loser; que tienes que cerrar tu negocio, eres un loser. De esta forma si no se ha cumplido tu ‘sueño americano’, al alcance de cualquiera, no es por tu contexto familiar o social, por el devenir de la economía o de tu economía, por la falta de políticas redistributivas y de apoyo a los pequeños o por la dictadura de los mercados, que tiende a ser hereditaria, sino por una especie de incapacidad personal, por ser por naturaleza o por torpeza un “perdedor”. Yo me reconozco en esa palabra. No soy pobre pero me tocó nacer en Rotterdam porque mi padre tuvo que irse allí a trabajar de soldador, porque aquí no había faena, y luego a Cantabria, Sudáfrica y hasta al Golfo Pérsico. A donde fuera para buscar el pan que yo comía. Nosotros fuimos de los “perdedores” de la reconversión industrial. Me reconozco en esa palabra porque mi madre trabajaba como tantas mujeres en esta ciudad como empleada doméstica sin contrato, sin horario, sin convenio, sin desempleo, sin derechos. Nosotras fuimos “perdedoras” de la precariedad impuesta al servicio doméstico hasta nuestros días, y digo “perdedoras” porque la feminización de la precariedad es una norma, especialmente la que tiene que ver con el servicio doméstico siempre interesadamente desregulado y carente de los derechos propios de otras profesiones.

Fuimos también “perdedores” cuando mi hermana tuvo que volver a coger las maletas para irse a Castellón a trabajar de lo que fuera con mi cuñado. Me perdí años de disfrutar a mi padre y me perdí años de disfrutar de mi hermana porque una broma macabra había decidido que Cádiz tenía que parir manos para la riqueza, el talento, el trabajo y los abrazos en tierras extrañas. Esas fueron dos grandes pérdidas. He sido un gran “perdedor” de cosas importantes toda mi vida.

Me reconozco en esa palabra, porque mientras usted, señor Sanz, lleva 22 años bajando de coches oficiales, porque usted es sin duda un “ganador”, yo empecé a trabajar con 18 años de hamaquero en la playa, luego descargando cajas de pescado congelado por tres euros la hora, de camarero sin contrato en bares, de profesor interino cinco años dando vueltas por Andalucía (desde Albox a Algeciras pasando por Luque o Motril) y luego con plaza en propiedad desde hace ocho años cogiendo de nuevo la maleta para ir a trabajar entre otros lugares a Tabernas (Almería). Por cierto, y pese a lo que interesadamente se cuchichea, nunca me he tenido que pedir ninguna baja por depresión, afortunadamente. Sí he sido delegado sindical de Ustea elegido por mis compañeros y compañeras docentes, dos años, y muy orgulloso por haberlo hecho en un sindicato como Ustea en el que se limitan temporalmente las liberaciones como hacemos en Podemos con los cargos públicos. Orgulloso también por lo que conseguimos en aquellos dos años de trabajo en defensa de la Educación y del empleo público.

Mi padre perdió su salud por culpa de la precariedad. He perdido a mi familia a tiempo parcial por culpa del paro y también pude haber perdido mis sueños. Un día que no se me olvidará, el día que me hice adulto, mi padre me pidió que eligiera entre el mono de Astilleros y la capacha o seguir estudiando. Pero decidí perseguir mi sueño de ser historiador, de ser profesor. Y no lo conseguí solamente por méritos propios, porque lo del sueño americano es un camelo. Lo conseguí porque tenemos un sistema de Educación pública que su partido, señor Sanz, no ha parado de recortar. Lo conseguí gracias a las becas para las personas que nacieron como yo en un entorno “perdedor” y que su partido no ha parado de limitar. Lo conseguí gracias a la existencia de una Universidad pública que sigue en pie de milagro asfixiada económicamente, encarecida para el estudiantado y mercantilizada a pasos agigantados como resultado de sus políticas, señores del Partido Popular.
No me duele que ustedes brinden con champán por recuperarse mínimamente de la caída más dura de la historia de su partido. Sigo siendo el alcalde de esta ciudad y eso no es una victoria personal sino el resultado de un proceso irremediablemente de cambio, pese a que no lo vean en su borrachera de poder. Un proceso que hizo que un “perdedor” como yo tuviera el honor y la enorme responsabilidad de representar a sus vecinos y vecinas no 22 años como usted, señor Sanz, sino ocho como máximo por decisión propia, sin mudarme de barrio, con mi sueldo de profesor, sin un coche oficial aparcado en la puerta de mi casa y habiendo pedido a los tres escoltas que me acompañaron el día de la investidura que volvieran a su puesto. Lo que “gane” en estos ocho años no será para mí. A diferencia de usted, esto para mí es un periodo excepcional en mi vida, un periodo de sacrificio, de “perder” en lo personal. Lo que “gane” no será para mí sino para tratar de contribuir a que la siguiente generación de gaditanas y gaditanos no tengan que ser siempre “perdedores”. Señor Sanz, que le sea leve la resaca.

26J: El fin de la burbuja Podemos

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Publicado en CTXT el 1 de julio de 2016

Que Podemos haya logrado cinco millones de votos con solo dos años y medio de vida como partido político y en las condiciones tan adversas en que se ha desarrollado es una proeza innegable. Una proeza que a mi juicio ha sido posible gracias a tres tipos de circunstancias. Unas, relativas al entorno en el que ha actuado Podemos desde su fundación y que le han sido siempre favorables:

– La pérdida de apoyo social al PP y al PSOE y el descrédito institucional que su comportamiento político ha provocado.

– La consolidación del “precariado” como un nuevo grupo social activo y con una actitud de rechazo al status quo muy primitiva (del estilo del “que se vayan todos porque todos son igual de chorizos”) pero firmemente asumida y bastante homogénea,

– La incapacidad de IU y de los sindicatos para erigirse en referentes y canalizadores de la indignación tras los recortes y la del 15M para actuar como sujeto político de una movilización ciudadana cuya transversalidad va mucho más allá de los esquemas ideológicos tradicionales. Sigue leyendo