A la espera de sí misma

Escuchar

La Opinión de Málaga, 28 de febrero de 2003 

¿Puede imaginar el lector lo que hubiera ocurrido en Cataluña de haber mantenido el gobiernocentral una actitud tan claramente contraria a los intereses de la comunidad autónoma como la que mantiene con Andalucía? ¿Puede imaginar lo que hubiera ocurrido allí si hubiera dado a una caja deahorros ubicada en Cataluña el trato legal que ha dado aquí a Cajasur?

 

Se me antoja muy difícil pensar que esas situaciones se hubieran podido producir en Cataluña, so pena de haberse ocasionado un auténtico levantamiento civil.

 

Aquí, las encuestas muestran un desafecto creciente hacia el Partido Popular que debe seruna especie de expresión pausada y con retranca del rechazo a esas medidas del gobierno central, que muy posiblemente no satisfagan ni siquiera al propio electorado popular.

 

Algunos entenderán que esto último es una suficiente muestra de afirmación andaluza, pero yome temo que la inexistencia de una respuesta contundente desde Andalucía a la actitud claramentepartidista y discriminatoria del gobierno de Madrid manifiesta una de nuestras más graves carencias: ladebilidad de nuestra sociedad civil, la ausencia de un auténtico ejercicio de la ciudadanía.

 

Andalucía aún está lejos de disponer de toda la fuerza de expresión propia que hoy día senecesita para encontrarse entre los espacios más avanzados del mundo. Aún tenemos sobre nosotros el lastre de una historia poblada de demasiadas dependencias, unas veces de los demás y otras denosotros mismos.

 

Aún perduran situaciones y procesos que necesariamente suponen grandes dificultades para
que Andalucía pueda autoafirmarse.

 

Me refiero, por ejemplo, a la cultura del subsidio que todavía continua estando demasiadogeneralizada, entre la población de a pie y entre el empresariado. O a la desvertebración que notermina de erradicarse y que impide que pueda configurarse definitivamente un espacio social ypolítico homogéneo en toda Andalucía.

 

También influyen muy negativamente las desigualdades que en nuestra tierra se siguen produciendo en mayor medida que en nuestro entorno y que implican muchas más dificultades paraque fragüe la identidad colectiva.

 

La carencia de algún grupo social de naturaleza claramente emprendedora y con capacidad
para el liderazgo, como aconteció con la burguesía o con las clases medias ilustradas en otros lugares,
ha dejado a nuestra tierra huérfana de grupos sociales referenciales y eso ha contribuido a que se
haya desdibujado su capacidad de definir un espectro bien visible de intereses propios, de deseos
colectivamente asumibles o incluso de representaciones sociales ampliamente integradoras.

 

Se trata de carencias que han sido importantes en todas las coyunturas históricas pero que
seguramente lo sean mucho más en la nuestra, cuando la competencia entre las naciones y los
espacios se resuelve vinculada mucho más estrechamente a recursos inmateriales, a la imagen y a las
representaciones.

 

Por eso creo que estar insatisfechos con nuestra tierra a la hora de enjuiciar su capacidad de ser ella, de representarse a sí misma, de manifestar con potencia su voluntad colectiva no debe considerarse como una crítica impertinente o extemporánea, como a menudo se nos dice a quienes lavemos así, sino que debería ser el punto de partida para forjar una expresión mucho más seductora delo andaluz y, sobre todo, para dar mucha más fuerza a su identificación como realidad colectiva.

 

El Estatuto de Autonomía nos permitió entrar en una nueva época, afrontar la entrada en la
modernidad que la dictadura se había empeñado en retrasar, con los mimbres necesarios para
empezar a reconstruir nuestra propia sociedad, nuestra cultura, nuestra necesaria dimensión
comunitaria.

 

Tuvimos que hacer muy tarde y muy deprisa los deberes para desatarnos para siempre loslazos agobiantes de la sociedad tradicional que debieran haber desaparecido con la ahora llamada
primera modernización a la que apenas si alcanzamos de lejos.

 

Ahora entramos en una nueva etapa que descubre también un nuevo mundo, aunque no todo
él está lleno, como quiere decirse desde un ingenuo neopapanatismo, de horizontes deseables. Es
verdad que entramos en una nueva modernización, pero con tantas zonas oscuras, con tantas
desigualdades, con tantas fuentes de ineficiencia, de insatisfacción y frustración que nos debiera llevar a renunciar a la modernidad inmoral que significa.

 

¿Qué ventaja nos da una globalización devoradora que disminuye sin cesar nuestros recursosendógenos, que nos impide calificar como auténticamente andaluces los productos que son el resultado de nuestro esfuerzo y nuestro trabajo? Y, al mismo tiempo, ¿cómo podríamos sobrevivirestando fuera de su propia lógica integradora?

 

Andalucía debe insertarse en este nuevo mundo que implica globalidad homogeneizadora y una dinámica de cambio vertiginoso pero no puede renunciar a engendrar un proyecto de sociedadpropio, no puede dejar de ser ella. No puede callar.

 

Estamos dejando demasiadas cosas en el camino, riqueza endógena, relaciones sociales, tejido social y productivo porque la lógica en la que nos integramos como piedra de salvación es, almismo tiempo, la lógica que nos ha venido debilitando y empobreciendo. Es la dramática paradoja denuestro tiempo.

 

Ni tan siquiera tenemos aquí con semejante fuerza las vanguardias contracorriente que oxigenan la vida social en otras zonas.

 

Por todo ello necesitamos hoy más que nunca una pulsión distinta, una nueva y decidida voluntad de hacernos dueños de nosotros mismos.

 

Andalucía está a las puertas de una nueva modernidad que genera al mismo tiempo un progreso inmenso y una hipoteca insalvable para muchos pueblos. Es una modernidad de controversiaen la que Andalucía ha de querer entrar con la voluntad decidida de hacerse valer ella misma y de nodejarse hacer ni decidir por nadie.

 

Para lograrlo nos hace falta más sociedad, más educación, más cultura y más política. Mássociedad, para encontrarnos, para vernos de frente unos a otros y para poder reconocernos todoscomo andaluces. Más educación, para saber más y para disponer del conocimiento que hoy día es lallave del bienestar y del progreso. Más cultura, para construir con elegancia nuestro nuevo mundo derepresentaciones, para elegir con acierto entre todos nuestro sueño colectivo. Y más política para que las preferencias de los andaluces no nos vengan dadas y seamos nosotros mismos quienes señalemos con decisión el camino por donde vayamos a transitar.

 Sólo entonces Andalucía será de veras ella misma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *