¿Alcaldes o reyes del mambo?

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Artículo cuya publicación fue rechazada en prensa diaria 

Con honrosas excepciones, las primeras sesiones de los nuevos ayuntamientos están sirviendo para que los alcaldes se concedan a sí mismos verdaderos sueldos de ensueño.
Y es una triste paradoja, como comentaré enseguida, que entre los más elevados de toda España destaquen los que se han fijado los munícipes de la Costa del Sol y, por encima de todos ellos, el del alcalde de Mijas.
Este último, que dice defender el ideario socialista, se ha fijado un sueldo de más de 125.000 euros, el más alto de los alcaldes españoles, bastante más que el del Presidente del Gobierno (89.303 euros) o del que recibe el alcalde de Barcelona (110.000 euros) que tiene 26 veces más habitantes que Mijas.
No sé lo que pensarán los lectores pero a mí me parece que ese sueldo es desmesurado en sí mismo, con independencia de cualquier otra consideración. Me resulta de todo punto incomprensible que un alcalde de pueblo gane más que el Presidente del Gobierno y prácticamente lo mismo que los magistrados del Tribunal Supremo o del Constitucional.
Me parece que ese sueldo de alcalde es una exageración vergonzosa que produce desincentivos sociales y referentes perversos, injustificada desde cualquier punto de vista y socialmente provocadora.  Yo creo que es una desmesura inmoral que no debería estar consentida por la inequidad que expresa y porque un sueldo tan elevado de ninguna manera es el resultado de  un valor social o material objetivo, sino simplemente del poder discrecional, por no decir arbitrario, que tiene el que se lo proporciona a sí mismo.
Y, por supuesto, se trata de un sueldo que, desde mi modesto punto de vista, es radicalmente incompatible con la ideología socialista que dice defender el alcalde de Mijas.
¿Cómo no le da vergüenza a ese hombre autofijarse ese sueldo cuando en su propio pueblo hay miles de personas recibiendo unos pocos cientos de euros por pasarse el día trabajando con gran precariedad? ¿Cómo se puede conjugar ese sueldo cinco veces mayor que el sueldo medio español con la igualdad y la justicia a la que su partido dice aspirar? ¿Qué sensibilidad social o humana tiene quien usa el dinero de sus vecinos para concederse a sí mismo un privilegio tan exagerado y desproporcionado? 
Desde luego, es asunto de los vecinos votar o no a personajes como éste porque ellos son los dueños de su propio destino pero lo que resulta verdaderamente extraño  es que el partido socialista se quede tan tranquilo y no le haya llamado la atención o haya manifestado su desacuerdo.
Permitiendo este tipo de decisiones los dirigentes del partido socialista malagueño muestran que han perdido el norte de los ideales, que en materia de moral e ideología les da igual ocho que ochenta y, en definitiva, que comparten con alcaldes como el de Mijas su sentido aprovechado y pervertido de la política.
Ahora bien, lo verdaderamente significativo del sueldo del alcalde de Mijas y de otros ayuntamientos de la costa malagueña como Torremolinos (94.820 euros), Estepona (82.852 euros) o Fuengirola (81.000) no es su intrínseca desmesura, como he señalado, sino que sean los más elevados de España justo cuando se trata de los municipios que objetivamente pueden considerarse como los peor gobernados de todo el territorio nacional en aspectos muy importantes.
La organización ecologista Greenpeace publica un informe sobre el estado del litoral español (con el significativo título de “Destrucción a toda costa”) que permite comprobar lo inaceptable que debiera resultar que los alcaldes malagueños se fijen sueldos tan elevados.
Como se deduce del informe de Greenpeace, en la costa donde gobiernan los alcaldes con los sueldos más altos de España prolifera el mayor desorden urbanístico, las bandas de mafiosos, la inversión procedente de paraísos fiscales, el mayor número de viviendas o urbanizaciones ilegales de España y multitud de playas con vertidos o residuos contaminantes. Allí es donde se ha construido con menor cuidado y en donde la franja litoral está más dañada.
El municipio de Mijas es precisamente el que tiene el mayor porcentaje (85%) de suelo urbanizado en la primera franja de 500 metros junto a la playa, frente al 22,2% de media andaluza y al 59% de toda la provincia de Málaga.
Y estos políticos que a tenor de sus sueldos podrían considerarse como cerebros privilegiados y los dirigentes más preclaros de la política nacional resulta que son los que realizan las previsiones más bárbaras, increíbles y descabelladas.
¿Cómo es posible que esos alcaldes que muestran un juicio tan sobresaliente y una inteligencia tan rápida para fijarse sueldos millonarios no sean capaces de entender que los incrementos de habitabilidad que planean en sus municipios son literalmente imposibles de sostener, que es de todo punto imposible que el territorio soporte incrementos del 300, del 400 o del 500% en la población? ¿Cómo es posible que el alcalde de Mijas, con ese sueldo tan espectacular, crea, por ejemplo, que es factible que su municipio pase de 61.000 habitantes a 475.000 sin que eso provoque un auténtico desastre, si es que de verdad llegara a ocurrir, en su propio pueblo y en todo su alrededor?  
Es también verdaderamente significativo comprobar que sean precisamente los alcaldes mejor pagados los que con más lamentable ahínco han puesto en marcha un modelo de crecimiento depredador y que, se quiera o no, provocará a medio y largo plazo el empobrecimiento de sus pueblos si no se pone pronto remedio a la barbarie urbanística, ambiental y poblacional que lleva consigo. Y especialmente descorazonador que sean precisamente estos alcaldes, como los de Mijas y Estepona del propio partido socialista, los que impugnan el plan del gobierno andaluz orientado a poner un poco de orden en el territorio.
Y para colmo, basta con conocer un poco esos municipios para comprobar cómo son también los que viven en una democracia municipal más debilitada. Unas veces, porque se margina a la oposición y se persigue a quien disiente; otras, porque existen auténticos gobiernos en la sombra que dirigen el urbanismo; casi siempre, porque se compran constantemente voluntades políticas con dinero público; y en todos, porque las radios y televisiones locales se utilizan con desvergüenza caciquil como auténticos instrumentos de manipulación y propaganda política al servicio de los alcaldes, asomados en ellos a todas horas más que como servidores públicos como lo que parecen ser en realidad: los reyes del mambo.

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