Crisis económica y alternativas

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 El pasado 20 de febrero Izquierda Unida organizó unas jornadas en el Congreso de los Diputados con el título CRISIS ECONÓMICA Y ALTERNATIVAS en la que me invitaron a participar. Me han enviado la transcripción taquigráfica de mi intervención y la publico aquí con algunas correcciones de estilo puesto que fue una intervención oral. 

 

 El señor MODERADOR: Gracias.
     A continuación tiene la palabra el señor don Juan Torres.
    
     El señor TORRES LÓPEZ (Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga): Buenos días.
     Voy a tratar de hacer una intervención muy rápida.
     En primer lugar, lamento diferir algo con algunos de los compañeros que han intervenido a lo largo de la mañana porque me parecería un error que la izquierda vuelva a hacer un discurso de esta coyuntura que lleve –por caricaturizar un poco el problema- a decir que el capitalismo es un desastre y que lo que hay que hacer es avanzar hacia el socialismo. ¡Cuántas veces se ha hecho ese tipo de razonamiento! Cualquier persona que conozca un poquito el capitalismo sabe que es intrínsecamente inestable y que las crisis se producen por doquier y con una gran diversidad de manifestaciones, pero creo que sería un problema de desenfoque peligrosísimo en esta coyuntura no entender que lo que hay sobre la mesa es una crisis financiera muy particular y no solo una manifestación genérica más del capitalismo. Y, por supuesto, que requiere respuestas sociales y políticas que no pueden consistir solamente en decir que lo que hay que hacer es cambiar el sistema.
     Estoy completamente de acuerdo con lo que ha dicho Cándido Méndez porque si no se entiende así, no se van a dar pasos acertados a la hora de plantear quién paga los platos rotos, quién hace frente a lo que se ha producido.
 Por otro lado, yo creo que sí que hay que hablar de avaricia, de mala gestión y de inmoralidad, precisamente porque la izquierda no puede renunciar a penalizar y a prohibir esos comportamientos que son éticamente censurables y que también han sido generadores de la crisis. Aunque es verdad que para haber provocado el desastre que estamos viviendo han debido estar acompañados de otros factores estructurales.
     La forma en que se han llevado las finanzas y la forma en que se siguen llevando por los grandes financieros y banqueros es también deleznable desde el punto de vista moral. Y, lo mismo que la izquierda combatió otras inmoralidades a lo largo de la historia y ha sido capaz de erradicarlas de los comportamientos sociales, ahora, en esta coyuntura, tampoco puede renunciar a esa lucha moral orientada a la asunción colectiva de una ética de generosidad y reparto muy diferente a la del lucro sin límite que nos gobierna a todos.
     A la hora de dar alternativas creo que es obvio que el asunto fundamental es hacer un diagnóstico de lo que está pasando.
 Y en ese sentido creo que lo que está ocurriendo se puede resumir en cinco ideas que me atrevo a decir que, con más o menos diferencias de matiz, ya están asumidas por personas y analistas de las diferentes corrientes ideológicas.
     En primer lugar, lo que ha ocurrido es que las políticas neoliberales de los últimos años han cometido un error flagrante, y es que han considerado el salario solamente como un coste con el objetivo de lograr que se incrementara el beneficio.
 Así han logrado efectivamente que aumenten la ganancia, pero lo han conseguido a base de debilitar la demanda, de la cual el salario es una componente fundamental. Y eso ha reducido inevitablemente la capacidad llamémosla potencial de crecimiento de la actividad económica.
 Y  ¿qué ha acarreado eso? Pues que esa masa ingente de beneficios que se han ido generando, no encontraban sitio suficientemente rentable en el propio mercado de bienes y servicios porque éste estaba debilitándose como consecuencia de esa pérdida de alcance potencial de las economías.
 En consecuencia, se han desplazado cada vez en mayor cantidad a los flujos monetarios en donde gracias a la innovación e ingeniería financiera se pueden hoy día obtener beneficios muy elevados y rápidos especulando con toda clase de productos financieros.
     En segundo lugar, se ha producido –y esto es un asunto clave- una desnaturalización del negocio bancario.
 Este era históricamente un negocio basado en tomar el dinero de los ahorradores y llevarlo a los inversores que creaban actividad económica y productiva. pero en los últimos años ha pasado, no en su totalidad pero sí en gran parte, a ser un sistema de intermediación entre el ahorro y el ámbito financiero especulativo.
  En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, se han asumido unos principios de gobierno de las finanzas basados en el dejar hacer, en un debilitamiento del control y en una gran desregulación, aunque más que eso era una auténtica “regulación tramposa” pues, como ha dicbo Paul Samuels el premio Nobel de Economia, los “chanchullos” de las administraciones, y a la cabeza la de Bush, han generado la crisis dejando a los grandes financieros hacer prácticamente lo que se querían en los mercados..
     En cuarto lugar, la consecuencia de ello es que los bancos y otros inversores han asumido un riesgo ingente, insoportable, y eso ha provocado la situación en la que estamos y  que nos es otra que la bancarrota de los bancos.
 Entiendo que eso puede parecer exagerado, pero no lo digo yo solo. Paul Volcker, el que fue presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, -no creo que sea sospechoso de izquierdista- lo dijo en septiembre del año pasado: «el sistema bancario de Estado Unidos y del Reino Unido están en quiebra».
 Lo que ha ocurrido, pues, es que el capitalismo ha perdido una pieza de su motor, una pieza esencial para que la economía pueda funcionar. Esa es la cuestión y no otra.
     Y finalmente, como no podía ser menos, esa pieza rota se ha traducido en un efecto sobre la economía real que es inevitable cuando la pieza del motor no funciona. ¿Díganme ustedes qué economía puede funcionar sin la fuente de financiación? Es imposible.
     ¿Qué han hecho frente a eso?
 La verdad es que han sido torpes.
 Primero pensaron que se trataba solamente de una pasajera crisis de liquidez.
 Pareciera que el gobernador de la Reserva Federal de Estados Unidos que pasa por ser el mayor experto en la crisis del año 1929, entendiera que esta crisis es igual que la de entonces y, por tanto que lo que hay que hacer es proporcionar más liquidez.
 Pero ante una crisis global y sistémica como esta, que produce que ya no solo se trate de que el motor carezca de carburante sino que aparecen fallos en las piezas más importantes, y que se pierde agua, aceite y de todo, entonces, la inyección adicional de liquidez no es suficiente para que l motor se ponga en marcha, tal y como estamos comprobando.
     En segundo lugar, los gobiernos pretenden rescatar a los bancos -como ha explicado esta mañana Juan Hernández Vigueras con toda claridad-.
 Pero se proponen rescatar los bancos sin gobernarlos, de tal manera que prácticamente la situación queda tal cual puesto que no modifican la dirección en la que se mueven los recursos que tienen los bancos y que tanto necesitan las empresas y los consumidores.
     Además de eso, lo único que se puede decir que ha sido una medida relativamente eficaz, aunque de una eficacia limitadísima, ha sido el tratar de paliar los efectos de la crisis financiera en la economía real dando barra libre para que el gasto se aumente en la medida de lo que cada Estado pueda convenir.
 Pero ni siquiera eso lo han hecho bien en Estados Unidos, que es donde más se está gastando, porque el afán negociador de Obama le ha hecho caer en la trampa de los republicanos que le han tergiversado realmente el plan y ésta al final es un plan que tiene muy poco  que ver con el que originalmente habían diseñado los demócratas.
 Y en España, y la verdad es que no lo quiero decir de una manera que pueda parecer hiriente, no logro comprender de dónde procede tanta torpeza a la hora de abordar la crisis.
 El Partido Socialista tenía en su programa instrumentos de desarrollo social y de modelos productivos alternativos que podía haber desarrollado. Tenía la ley de dependencia, tenía propuestas de escuelas infantiles, tenía propuestas de conciliación laboral, tenía leyes de igualdad y, en lugar de eso, lo que se está sacando de la manga son medidas, no ya criticables porque sean liberales, sino que es que ni siquiera van a ser capaces de poner en marcha la vida económica. Los planes de los ayuntamientos se están dirigiendo básicamente a recuperar empleo precario y masculino. Así lo comentaba con razón María Pazos el otro día en un artículo -que yo recomiendo leer-, cuando señalaba que iban dirigidos a los hombres y para cosas como arreglar la “tapia del cementerio”, cuando se podían haber hecho planes de inyección de gasto mucho más eficaces e igualitarios. E
 De esta forma es imposible que se pueda hacer frente con éxito a  esta crisis. Solo un milagro podría hacer que se alcanzara lo único que ellos parece que quieren lograr: que no se les hunda del todo el sistema financiero y que se recupere cuanto antes la construcción.
 He visto informes que manejan algunos gobiernos autonómicos que plantean que a lo mejor si se empiezan a vender las viviendas, que tal vez si se recupera la construcción, en el año 2010 se podría recuperar el crecimiento… Puede ser que ocurra pero, desde luego, sería un milagro porque la naturaleza de la pieza que se ha roto (la que proporciona financiación a toda la economía) es muy singular. Y, hasta el momento, no se ha tomado realmente ninguna medida que la repare ni mucho ni poco.
     ¿Qué habría que hacer? Es tan claro que hasta el propio presidente Sarkozy lo está diciendo: el capitalismo no puede funcionar con un sistema financiero que no funciona y que no funciona porque la economía se ha desviado fatalmente hacia la actividad financiera.
 Ni el capitalismo ni cualquier otro sistema puede funcionar en las condiciones en las que ahora estamos, esto es, sin fuentes de financiación porque el sistema bancario se ha descapitalizado a fuerza de especulación y de convertir la riqueza rreal en financiera cada vez más volátil, arriesgada y desestabilizante, por muy rentable que eso haya podido ser.
 El problema está claro y saben lo que habría que hacer. La cuestión estriba en que no es fácil que los financieros, los que están aprovechándose de la situación estructural que ha provocado esta situación van a estar en condiciones de aceptar los cambios necesarios y que fundamentalmente son los siguientes..
     En primer lugar, poner las cosas claras, como también lo señalaba Juan Vigueras hoy. Pero también es algo muy difícil políticamente porque esta crisis tiene tres características. La primera es que seguramente sea la crisis financiera más grande de la historia. La segunda, que es la ocasión en la que los ricos van a tratar de que carguen sobre los pobres la cantidad más grande jamás concebida y, en tercer lugar, porque se va a hacer el esfuerzo más grande de la historia para tapar y velar las soluciones que le van a dar a la crisis.
     Estamos asistiendo a una fenomenal ceremonia de la confusión. Nos están diciendo que los bancos españoles están bien y, sin embargo, hemos tenido ya una “corralito” financiero en España.
     Yo no sé si ustedes saben que en octubre del año 2008 la Unión Europea modificó una norma de información contable, -como le habían solicitado  los bancos- que permite que los activos se valoren a precio de adquisición y no de mercado. Para los que no tengan mucha familiaridad con estas cosas: imagínense que ustedes tienen un reloj de su abuelo que costó hace 90 años 9 pesetas. Pero si ustedes quieren reflejar rigurosamente el patrimonio que tienen actualmente no pueden decir que el valor de ese reloj es de 9 pesetas. No, eso fue lo que le costó a su abuelo comprarlo. El valor de hoy de ese reloj no puede ser ese, habrá que valorarlo a través de la cotización del mercado -que para eso sirven los mercados-.
 Bueno, pues la Unión Europea ha dicho que no, que los activos que tienen los bancos se valoren a precio de adquisición. Es decir, al que tenían en los momentos en que los valores estaban en alza y es por eso que los balances de los bancos españoles parece que están saneados. Pero no lo están. Es falso.
  El catedrático de contabilidad de la Universidad de Barcelona Oriol Amat dice en su libro  Euforia y pánico que “es una mentira piadosa”. Bueno, será piadosa, pero es una mentira.
 Los datos de los balances españoles están “falseados”, legalmente claro, eso no quiere decir que estén incumpliendo la ley ni muchísimo menos, sencillamente que no están reflejando la realidad de los mercados de hoy día.
     Por lo tanto, primero hay que poner las cosas claras. Están diciendo que las Cajas van bien, que los Bancos van bien, pero cuando Unicaja va a fusionarse con la Caja de Castilla-La Mancha le pide al Estado que ponga mil millones de euros para capitalizar la Caja (eso es lo que dicen unos medios; otros dicen que más). Eso a mí me parece una cosa que ni voy a calificar porque, sin duda, esta casa podría escandalizarse pero me parece un escándalo y, sobre todo, la expresión de una enorme mentira. Por lo tanto, hay que poner las cosas claras.
     En segundo lugar, hay que terminar con las políticas deflacionistas pero incluso para que las empresas ganen dinero. Por lo tanto, y aunque parezca una paradoja, lo que hay que hacer ahora es aumentar los salarios. Es verdad que si ahora esa estrategia se diera como un incremento directo del salario en pequeñas y medianas empresas, se provocaría seguramente un caos, pero no estamos hablando necesariamente de eso. Los secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras lo decían con hace un rato con inteligencia.
 Estamos hablando del salario directo pero también del salario indirecto y del salario social y ahí es donde podrían tener precisamente políticas, sobre todo, de igualdad y de desarrollo social que este Gobierno inicialmente había previsto y que, lamentablemente, no ha llevado a cabo.
     En tercer lugar, les guste o no a los bancos, me atrevo a predecir y de hecho ya hace tiempo vengo prediciendo y está ocurriendo lo que muchos economistas venimos diciendo -ahí están los papeles-, que este es el inicio del fin del sistema bancario que hemos conocido. No se puede mantener la economía con un sistema bancario como el actual. Es imposible, punto. No es posible que eso se sostenga y, por lo tanto, va a cambiar y ahí es donde la izquierda tiene que entrar.
 Es verdad que también la crisis nos ha enseñado que no basta decir: la alternativas es lo público. Ahí tenemos las cajas de ahorros, instituciones públicas pero que se han dedicado a clonar el sistema privado y así están ahora como están.
  Su experiencia nos debe enseñar a la izquierda a pensar un poquito con cabeza y no linealmente. La alternativa a lo privado quizá no es exactamente lo público, sino un espacio financiero de nuevo tipo, en el cual haya control social y un compromiso de la financiación con la actividad productiva. Creo que es el momento de pensarlo y quién mejor que los sindicatos y los partidos de izquierda para lanzar ese debate a la sociedad.
      Naturalmente, también hacen falta reformas en el marco financiero. Son tan imprescindibles que hasta el propio primer ministro Gordon y los presidentes Obama y Sarkozy están hablando de que hasta a los “paraísos fiscales” les tienen que “meter mano”.
 Y es así porque los “paraísos fiscales” ya son un peligro para la propia estabilidad del sistema capitalista y ahí también es donde hay que formular alternativas progresistas de regulación.
 Esta mañana veíamos esas cifras inmensas que día a día circulan en el mundo, en torno a operaciones financieras de derivados, etcétera, que no están sujetas ni a un mínimo impuesto. Pensar en imponer tasas sobre esos movimientos es fundamental. Evidentemente, eso no transforma la sociedad capitalista, ni hace que cambie el mundo pero, incluso en manifestaciones muy reducidas, permitirían, entre otras cosas, solucionar problemas fundamentales como la pobreza, el desempleo o el hambre que afectan a tantos millones de personas.
     Eso es lo que la izquierda tiene que plantear y además, lejos de ser una propuesta que aleje a la izquierda del resto de la sociedad, puede hacer que ésta se presente ante la sociedad como el polo de referencia que da soluciones a unos problemas que están en el horizonte previsible y que son de una extraordinaria gravedad.
 La duda que yo tengo es si, realmente, estas cuestiones que son tan necesarias, insisto, que hasta el propio presidente Sarkozy y líderes conservadores están planteando, van a poder ser asumidas por los poderes financieros del mundo. Y, como también se apuntaba esta mañana, el problema que podemos tener ante nosotros es que esta debacle financiera se traduzca en una debacle social continuada, es decir, que nos tengamos que acostumbrar a una economía, a una sociedad, a un capitalismo en estado de perturbación sistémica permanente. Ese es el problema que tiene el mundo delante y, por eso, creo que la izquierda es más necesaria que nunca y, no solamente para la gente de izquierdas, sino para toda la sociedad porque estas medidas que son elementales, no las van a aportar finalmente las derechas porque rompen un principio moral que las inspira, que es el principio de la ganancia y el principio del egoísmo.
  Por eso y para terminar, retomo lo que comentaba al principio. Hay que hablar de moral, de valores humanos y de ética. Combatir la crisis es combatir esas maneras de actuar que han llevado al mundo  donde está. No renunciemos a esa bandera porque, además, para qué nos vamos a engañar, esa bandera de la moralidad, de la generosidad, de la satisfacción humana integral es lo que nos distingue como personas de izquierdas y eso es fundamental que siempre lo mantengamos.
     Gracias.  

 

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