¿Estamos saliendo de la crisis?

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Publicado en Triana Crónica nº 10, noviembre de 2011

Hace unos meses los gobiernos y los diferentes políticos europeos nos decían que en la economía aparecían ya “brotes verdes” y que el final de la crisis estaba cerca, aunque para que eso era necesario que se tomaron una serie de medidas bastante costosas socialmente: reformas del mercado de trabajo, de las pensiones, disminución de salarios, recortes de derechos sociales y disminución del gasto público dedicado al bienestar social, como el de dependencia… La gente más o menos las aceptó porque pensaba que al fin y al cabo valía la pena llevarlas a cabo si con eso salíamos por fin del túnel en el que estábamos.

 

Mientras imponían esos costes a los sectores sociales más débiles, seguían dando a los bancos todo el dinero que pedían con la excusa de que eso era imprescindible para que los bancos volvieran a dar el crédito a las empresas y a los consumidores.

 

Muchos economistas críticos decíamos entonces que esas medidas no iban a tener el efecto tan positivo que nos querían hacer creer que tenían. Decíamos que en realidad lo único que conseguían era darle más poder y más privilegios a los bancos y a las grandes empresas (los que no crean empleo sino que lo destruyen) pero que no resolvían los problemas reales de las pequeñas y medianas empresas que son las crean más del 80% del empleo.

 

Lo que provocaban esas medidas era reducir la capacidad de compra de las personas, de las familias y eso solo se iba a notar en que las empresas tendrían menos clientela, menos demanda y por tanto, más dificultades para mantener el empleo.

 

Y decíamos también que, sin cambiar las normas y leyes financieras, darle a los bancos todo el dinero que querían tampoco arreglaría las cosas porque lo que harían sería utilizarlo para seguir especulando y no para prestar a las empresas y consumidores.

 

Para colmo, la caída del empleo y de la actividad y el empeoramiento de la situación por culpa de las políticas equivocadas que se llevan a cabo, hizo que el Estado recibiera menos ingresos por impuestos, mientras que seguía gastando dándole ayudas a los bancos e intentando que la economía no se hundiera del todo por culpa de estos últimos. Y eso hizo que la deuda pública se disparase.

 

En Estados Unidos y otros países también sucedió lo mismo pero allí el banco central financió a bajo interés al estado. En Europa, sin embargo, los bancos privados hace tiempo que impusieron el criterio de que el Banco Central Europeo no financie a los estados sino que éstos tienen que acudir a los bancos privados para obtener el dinero que necesiten. Y así se ha producido en Europa una fenómeno realmente increíble: el Banco Central, en lugar de financiar a los estados, le da el dinero barato, al 1% o al 1,25% a los bancos privados para que éstos financian a los estados al 5, al 6, al 7% o incluso a más. Un negocio redondo con dinero público que encarece extraordinariamente la deuda pues cualquier persona que haya pedido alguna vez un crédito sabe la gran diferencia que existe entre financiarlo al 1% o al 7%.

 

Los economistas que somos críticos con estas medidas afirmamos que así es imposible acabar con la crisis. Los pequeños y empresarios, como los de este barrio de Triana, saben perfectamente que lo que necesitarían para salir adelante creando más puestos de trabajo es financiación (o que las administraciones no le retrasen lo que le deben, lo que es imposible mientras no se salga de la crisis) y clientes. Lo demás es música celestial que solo beneficia a empresas como Repsol, Telefónica o a los grandes bancos, que tienen negocios en medio mundo y, sobre todo, mucha liquidez propia. Y que, por cierto, la usan para expandir el negocio destruyendo empleo.

 

Por eso podemos afirmar que no podemos salir de la crisis con las políticas actuales. Es necesario cambiarlas, ante todo, para asegurar la financiación y reactivar el crédito, lo que solo se puede conseguir imponiendo otras normas de funcionamiento en el sector financiero y disponiendo de bancos públicos. Y es imprescindible también que se asegure el gasto necesario en las economías, para lo cual lo que no se puede hacer es recortar salarios y gastos sociales sino todo lo contrario. Claro que para que eso se produzca es preciso también que el estado disponga de más ingresos. Y ahí surge otro problema de nuestra economía que nos impide salir de la crisis: no puede ser es que, como consecuencia de las reformas fiscales realizadas por los gobiernos del PP y del PSOE, las grandes empresas, las grandes fortunas y los más ricos apenas paguen impuestos. Es una barbaridad, por ejemplo, que en España las grandes empresas paguen menos impuesto de sociedades que las pequeñas y medianas o que nuestro nivel de fraude fiscal sea gigantesco. Simplemente acabando con él dejaríamos de tener problemas de deficit y deuda pública.

 

Por eso podemos decir que, mientras no se adopten medidas como estas, en lugar de salir profundizaremos en la crisis. Que nadie se engañe ni se deje engañar.

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