Invertir en cemento

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Publicado en La Opinión de Málaga. 29-02-2004 

Se publicaron esta semana los datos de precios de la vivienda durante 2003 y Málaga vuelve a registrar un incremento record.

 

Mientras que en el conjunto nacional se elevaron un 18,5% a lo largo del año, en nuestra provincia se alcanzó una espectacular subida del 24%. Una subida, además, que seguramente seguirá siendo más elevada durante 2004 en Málaga puesto que el precio del metro cuadrado (1625 euros) aquí aún está lejos de la media española (1438 €).

 

El número de viviendas sin ocupar y su demanda aumentan al mismo tiempo que se construyen, lo que indica claramente que la subida de precios se debe a que el mercado de la vivienda ha mutado completamente su naturaleza. El conservadurismo de los inversores y la ancestral aversión del capital nacional a la inversión productiva más arriesgada movilizan los recursos hacia un producto seguro en lugar de destinarse a otros quizá más rentables pero mucho más arriesgados. De esa forma, resulta que el mercado inmobiliario ha dejado de estar destinado a satisfacer la demanda de viviendas para uso residencial o de servicios para convertirse en un mercado especulativo más, que es rentable justamente porque en él se producen grandes variaciones en los precios.

 

Las consecuencias son positivas para quienes están ganado muchísimo dinero o ampliando día a día su patrimonio pero muy negativas a la larga para el conjunto de la economía. Por un lado, dificulta extraordinariamente el acceso a la vivienda a buen número de personas, como es lógico que ocurra si se tiene en cuenta que desde 1998 a 2003 su precio ha subido un 91,6% y la renta familiar disponible un 27,6%. Además de ello, se está produciendo una sobrecapitalización que deteriora un entorno turístico que Málaga tendría que haber conservado como oro en paño en lugar de atiborrarlo de cemento y que se traducirá sin duda en un exceso de oferta en los próximos años que sólo podrá rentabilizarse con más aumentos de precios. Y lo que es peor, el mercado especulativo de la construcción está absorbiendo sin descanso el ahorro que sería necesario derivar hacia la inversión productiva que es sobre la única que pueden sobrevivir a largo plazo las empresas y la actividad económica. Mientras que en nuestro entorno se dedican a dinamizar la producción más innovadora y a apostar por la calidad, aquí parece que nos contentamos con el negocio fácil. Mal asunto.

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