La crisis, una cuestión de principios

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Publicado en Revista Solidarios, invierno de 2008 

Las cuestiones económicas están adquiriendo un protagonismo inusitado y es normal. La crisis que estamos viviendo quizá sea la más fuerte del último siglo. Solo en el mes de enero pasado se perdieron en España 200.000 empleos, han quebrado muchos de los bancos más grandes del mundo, las finanzas internacionales han saltado por los aires y los empresarios y los consumidores apenas sin disponen de crédito para que la economía funciones con mínima normalidad.
Todo el mundo habla de bancos, de macroeconomía, de planes de rescate, de billones de dólares, de cuentas corrientes, de especulación, de comercio que se viene abajo… y se extiende la idea de que estamos sufriendo efectivamente una debacle económica gigantesca.
Todos están pendientes de los ministros de economía y a los economistas nos llueven las invitaciones para que tratemos de explicar lo que está sucediendo.
Pero no estoy seguro de que sea solo de economía de lo que hay que hablar.
¿Acaso es solo una cuestión económica que en los años anteriores se haya dejado que los especuladores multimillonarios pudieran hacer lo que les viniera en gana, que las autoridades hicieran la vista gorda ante los engaños y las trampas contables de los grandes financieros?
¿Acaso es una mera cuestión económica que los banqueros sean prácticamente impunes, que no tengan que responder por sus comportamientos avariciosos?
¿Acaso la apuesta por un modelo económico basado en la especulación inmobiliaria y en el endeudamiento teledirigido, en el empleo precario de millones de personas y en la cuasi esclavitud de miles de inmigrantes es una decisión solamente económica?
¿Alguien cree de veras que el dedicar billones a apoyar a los bancos que han provocado la crisis y negarse a financiar la lucha contra el hambre que ellos mismos provocan  es un asunto simplemente económico?
Yo creo que no.  Lo que pienso es que la auténtica debacle tiene que ver con nuestros principios, con el inmoral orden de preferencias que hoy día prevalece en nuestras sociedades.
No es solamente a los mecanismos económicos a lo que hay que mirar sino a los principios éticos, a los impulsos que guían la actuación de los poderosos, de los gobernantes y del conjunto de los ciudadanos.
Los primeros se lo quieren llevar todo, los segundos los dejan hacer y una inmensa mayoría de la gente guarda silencio mientras tanto.
Esa es la crisis, la del robo, la de la complicidad y la de la sumisión y el silencio.

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