Mucho pacto y poca pasta

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Publicado en ECCUS en octubre de 2009  

Muchas universidades españolas han suscrito los Principios del Pacto Mundial de la Organización de las Naciones Unidas que propuso el anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan. Una iniciativa de compromiso ético que se supone obliga a quienes la suscriben a respetar en su comportamiento diario los derechos humanos, laborales, el medio ambiente y lucha contra la corrupción.

 

Eso está bien, pero si cualquiera de nosotros desayuna en una cafetería universitaria a primera hora, se toma luego un aperitivo a media mañana, merienda allí por la tarde y si antes de irse a las nueve de la noche va de nuevo a tomarse una caña, lo más posible es que le haya atendido el mismo camarero o la misma camarera a todas horas. Y si un día se le cruzan los cables y aparece por la facultad a las seis o siete de la mañana quizá vea entrar a un batallón de mujeres que limpian nuestros centros a cambio de un sueldo miserable, alternando las épocas de empleo con las de paro y a veces sin saber hasta cuándo les va a durar el contrato. Y eso por no hablar de quienes atienden las copisterías y otros servicios que en los últimos años se han ido privatizando.

 

Salvo casos verdaderamente excepcionales y ejemplares de universidades que han aprovechado para encargar esos servicios a empresas (en algunos casos de inserción) respetuosas con la dignidad de sus empleados, lo habitual es que los lleven contratas en donde los trabajadores ganan una miseria y trabajan mucho más de lo que debería ser un horario apropiado con los principios de ese Pacto.

 

En las aulas se enseñan derechos humanos, ética y los principios constitucionales más maravillosos pero a la hora de la verdad en nuestras universidades hay docenas de personas que trabajan sin seguridad en el empleo y en condiciones que deberían darnos vergüenza.

 

¿Por qué el ahorro de recursos (que es algo positivo) se tiene que buscar siempre estableciendo condiciones laborales precarias a los trabajadores más indefensos y de menos cualificación?

 

Entre nosotros se encuentran aguerridos sindicalistas, algunos de los cuales ocupan puestos de la maxima responsabilidad como jefes de personal o incluso vicegerentes y yo me pregunto si todo eso casa bien: tantos liberados sindicales, tanta firma de pactos mundiales y luego tantas contratas con personal precario y a bajo coste.

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