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 Para mí que los obispos españoles no están pendientes de las cosas más importantes. Creo yo.
 Los obispos españoles afirman en un comunicado que «insinuar que Dios probablemente sea una invención de los creyentes y afirmar además que no les deja vivir en paz ni disfrutar de la vida, es objetivamente una blasfemia y una ofensa a los que creen».
 Me sobrecoge esto que dicen los obispos españoles. ¿Una blasfemia? Según el diccionario una blasfemia es una palabra gravemente injuriosa contra alguien o contra Dios, la Virgen o los santos.
 ¿Y si de verdad Dios, la Virgen y los Santos existen se van a sentir injuriados porque alguien sencillamente no crea que existan y lo proclame? Y existan o no, ¿por qué no van a tener derecho las personas que no crean en su existencia a decirlo y proclamarlo?

 ¿De verdad alguien cree que un católico sincero y convencido va a sentirse ofendido por eso, o que su fe se va a ver afectada porque haya otras personas que la pongan en duda, incluso aunque sea de esta forma tan ostentosa?
 Yo creo que las creencias religiosas deberían pertenecer al ámbito personal e íntimo de las personas, precisamente, porque no todas tenemos las mismas creencias. Por eso no me gustan las expresiones públicas de religiosidad, ni de antireligiosidad. Me parece que creyentes y no creyentes deben vivir su creencia o no creencia en su ámbito personal y, por el contrario, tratar de proyectar y expresar en el ámbito público los valores y principios éticos que se derivan de ellas y que son comunes a todos los seres humanos precisamente porque no son exclusivos de la diferentes creencias: el amor, la solidaridad, la entrega, el respeto… 
 Entiendo que a los católicos no les guste ver por la calle autobuses que van proclamando que su Dios no existe. Lo entiendo perfectamente. Pero también hay que tener en cuenta que a los no creyentes le puede igualmente disgustar que los católicos proclamen o impongan a los demás sus crencias y ritos en las mismas calles y más o menos por los mismos medios. Y me parece bastante evidente que más bien suelen ser los católicos (y en general los creyentes) quienes en mayor medida no suelen tener en cuenta esta preferencia o sensibilidad de los no creyentes. 
 Por lo demás, el comunicado de los obispos vuelve a la misma ambivalencia de siempre. Por un lado, gusta oirles decir que «los católicos respetarán el derecho de todos a expresarse». Pero, por otro, da miedo leer que están dispuestos a actuar «con fortaleza y valentía en el amor y la defensa de la verdad». No me gusta porque yo soy de los que piensa como Machado: «¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Y da miedo, sobre todo, porque la historia nos ha enseñado ya en muchas ocasiones cómo se expresa y dónde lleva la fuerza de algunos prelados a la hora de defender su verdad sobre la de los demás. 
 El comunicado termina diciendo, que «Dios es amor». Pero, mientras tanto, en su nombre o contra él se producen los enfrentamientos más inhumanos, las guerras más crueles y la violencia más terrible. 
 Yo lo que creo es que si existe debe estar bien avergonzado de unos y de otros. 

 

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