Ojo con China, ojo con Estados Unidos

Escuchar

Publicado en Sistema Digital el 1o de diciembre de 2008 

La economía china viene dando claras y significativas muestras de debilidad que merecen atención. La última es una enorme reducción del comercio exterior producida por la mayor caída de las exportaciones desde 1999 y de las importaciones desde 1993. En los últimos meses las autoridades chinas ya habían adoptado medidas muy expansivas como la reducción de los tipos de interés, la depreciación de la moneda y la puesta en marcha de un gigantesco plan de gasto público casi equivalente a la mitad de del PIB español. Ahora deberán fortalecerlas o adoptar otras nuevas para evitar que la situación continúe deteriorándose en mayor medida en los próximos tiempos.

 

 

La reducción del comercio exterior está ligada lógicamente a la crisis mundial, lo que revela claramente que el gigante asiático está creciendo enormemente en estos últimos años pero sin que eso le haga completamente inmune a los problemas que se generan más allá de sus fronteras. Más bien puede ser que esté ocurriendo lo contrario, y por ello que las autoridades chinas quizá tengan que replantearse su estrategia de crecimiento futuro si quieren evitar un exceso de dependencia y una permeabilidad excesiva ante la inestabilidad exterior. Sobre todo porque no parece que la economía china esté siendo capaz de ir generando suficiente resortes endógenos que les sirvan de salvaguarda frente a las perturbaciones importadas y eso le está dando lugar a serios problemas en los mercados laborales que pueden producir, para colmo, inestabilidad interna y un deterioro aún mayor de las condiciones en que se está basando la expansión económica de los últimos tiempos.

Si efectivamente el deterioro se está produciendo se trataría de un asunto que no sólo tendría relevancia en la medida en que afecta a un país inmenso sino que, como es bien sabido, está actuando en los últimos tiempos como sostén y en cierta medida como fuente de tracción de la propia economía estadounidense, en la medida en que, junto a otros países, soporta su gran endeudamiento exterior. Por esa última razón no es aventurado pensar que las estrategias a corto plazo de Estados Unidos pasen por considerar la respuesta de China ante la crisis y sus posibilidades de hacerle frente sin un deterioro notable de su capacidad de absorción de deuda.

Es difícil, por no decir casi imposible predecir la respuesta a la situación de la economía mundial de China, un país cuyos dirigentes se jactan de estar pensando en horizontes de cincuenta o incluso de cien años. Como lo es también por la extraordinaria magnitud de su economía, por la singularidad del estadio en el que se encuentra e incluso por las diferentes formas de transmitir las necesidades, los problemas y sus respuestas en la cultura de su pueblo y de sus dirigentes. Unas dificultades que suelen dar lugar a que siendo China un factor fundamental para entender la evolución de las relaciones económicas internacional de nuestro tiempo, no se le considere sin embargo con la relevancia que en realidad tiene.

Yo creo, por el contrario, que para tratar de descubrir el panorama que se abre a la economía mundial y sus vías de salida más o menos inmediatas, en concreto frente a la crisis, hay que tener en cuenta lo que está ocurriendo en aquel gran país, entre otras cosas porque es muy importante conocer en qué dirección se va a producir la mayor afectación. Es decir, si lo relevante va a ser el deterioro que la crisis va a generar en el país asiático, o, por el contrario, el efecto que tenga en el resto del mundo la inestabilidad y la pérdida de dinamismo y fortaleza de su economía. Una disyuntiva que aún no podemos resolver.

Hasta el momento, y aunque sea esto a grandes rasgos, la economía mundial se ha venido basando en una especie de equilibrio de intereses entre China y Estados Unidos. En otra ocasión escribí que nunca como ahora un partido comunista había tenido tan a su mano acabar con el capitalismo: claro que si acabara con él, ahogando a Estados Unidos y aborreciendo su deuda, acababa al mismo tiempo con su propio país. Seguramente, lo que está ocurriendo es que los dos se encuentran ahora en la misma encrucijada: tratar de salir adelante sin el otro porque el otro sufre problemas que le hacen ser un socio problemático.

Como escribí aquí hace dos semanas, me parece lo más probable que Obama esté preparando su respuesta imperial a la crisis (no puede ser otra), una respuesta que se basará en tratar de descargar aún más sobre los demás el peso de su fardo de problemas financieros y de endeudamiento, mediante reformas hechas a su medida en los sistemas bancarios y de financiación internacional, en los mecanismos de pagos, en las normas y los espacios de comercio y tratando de aprovechar su ventaja en tecnología básica. Pero en este viaje no es seguro que pueda seguir contando con el mismo tipo de equilibrio que ha venido manteniendo con China, sobre todo, si la economía de ésta última sigue debilitándose como parece que pueda estar sucediendo. Estados Unidos va necesitar un colchón diferente y China tendrá que determinar su nuevo papel si deja de serlo, al menos, en la medida en que hasta ahora ha venido haciéndolo.

La economía mundial se debate en las tesituras que afectan a dos colosos debilitados y cuya debilidad se transmite mutuamente y al conjunto de las economías. Como decía antes es difícil aventurar lo que sucederá pero no es arriesgado decir que, sea lo que sea, vendrá con un estado de cosas diferente, con nueva correlación de fuerzas y con un tipo de relaciones económicas, sociales y políticas muy distinto al actual. Otra cosa es adivinar si será mejores o peores para todos nosotros.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.