¡Tila!, ¡traed tila, traed tila!

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Me levanto, leo la prensa nacional y estas son algunas de las noticias que me encuentro, ¡en un mismo día! Sólo me queda gritar como Groucho pero para pedir tila en cantidades industriales. ¡Qué pena de país!

Catalá inauguró como ministro de Justicia la sede del bufete que le ha fichado

La Audiencia Nacional imputa al dirigente del PP elegido por Casado para combatir la corrupción

Casado, sobre violencia de género: «¿Qué hacemos: las escoltamos por la calle?»

Vox pide que «los españoles de bien» puedan llevar armas

Iglesias ya defendió antes que Abascal el «derecho democrático» a portar armas

El nuevo fichaje de Vox: «El bombardeo de Gernika se lo inventaron los ingleses”

El primer mapa que muestra cómo los humanos destruyen la biodiversidad

El Ejército expulsa por trastorno psíquico a una cabo víctima de violencia de género y acoso laboral

La justicia condenó al fichaje estrella de Ciudadanos Marcos de Quinto por intentar saltarse un contrato de compra de un chalé

Aznar: «Algunos quieren ganar 80 años después guerras que los españoles ya no libran»

España lidera la contrarreforma ultraconservadora en el sexto aniversario del papado de Francisco

Las becas de los ERE a políticos son ilegales

Pablo Casado y el Partido Popular también mienten a los españoles en materia económica

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Decir que Pablo Casado miente habitualmente no es un insulto sino la expresión de un hecho cierto y objetivo que ha quedado demostrado en muchas ocasiones. Se pueden encontrar pruebas fehacientes de ello aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí o aquí, entre otros sitios.

En estas líneas voy a mostrar que Pablo Casado y el Partido Popular no sólo mienten cuando se refieren a cuestiones de política general sino también cuando le hacen a los españoles propuestas de política económica.

En concreto, voy señalar rápidamente que es falsa una de las ideas que están vendiendo últimamente: que eliminar o bajar impuestos aumenta automáticamente los ingresos fiscales, que crea puestos de trabajo y que hacerlo es indiscutiblemente bueno para la economía en general y para todas las empresas y personas en general.

No es verdad que bajar impuestos aumente necesariamente los ingresos fiscales.

Esta idea que ahora defiende el Partido Popular es muy antigua pero se popularizó en los años ochenta cuando Ronal Reagan y otros políticos neoliberales utilizaron el razonamiento de un economista llamado Arthur Laffer.

Su planteamiento es el siguiente: si los impuestos suben por encima de un determinado nivel, un contribuyente racional  rechazará seguir trabajando y eso reducirá los ingresos fiscales provenientes de sus rentas o, en el caso de una empresa, soportará costes tan elevados que no obtendrán beneficios y dejarán de producir, reduciéndose también así los ingresos que antes pagaban al fisco. A la inversa, si los impuestos bajan en lugar de subir, podría haber más oferta de trabajo y más producción que aumentarán los ingresos fiscales.

De entrada es obvio, por tanto, que la idea de Laffer sólo se cumpliría a partir de un determina nivel de tasa impositiva y no siempre (por eso se habla, precisamente, de «la curva» de Laffer, porque él mismo supone que los ingresos suben al principio y comienzan a bajar a partir de un determinado nivel). Por tanto, no es verdad que bajar impuestos suponga SIEMPRE Y CON SEGURIDAD un aumento de ingresos fiscales.

Diversos estudios han demostrado las inconsistencias, errores estadísticos y contradicciones de los estudios que pretenden demostrar que bajar o eliminar impuestos sobre la renta, el patrimonio o las herencias ayuda al crecimiento o mejora el estado general de la economía, bien porque no tienen en cuenta factores relevantes, porque realiza mal las regresiones o porque simplifica excesivamente las hipótesis. Por ejemplo, aquí, aquí o aquí.

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¡Bendita luz!

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¡Qué gozada despertar en Málaga y darse un baño de luz mirando el mar! Y cómo no recordar a Vicente Aleixandre.

La luz

(…)
¿De dónde llegas, de dónde vienes, amorosa forma que siento respirar,
que siento como un pecho que encerrara una música,
que siento como el rumor de unas arpas angélicas,
ya casi cristalinas como el rumor de los mundos?
¿De dónde vienes, celeste túnica que con forma de rayo luminoso
acaricias una frente que vive y sufre, que ama como lo vivo?;
¿de dónde tú, que tan pronto pareces el recuerdo de un fuego ardiente como el hierro que señala,
como te aplacas sobre la cansada existencia de una cabeza que te comprende?
Tu roce sin gemido tu sonriente llegada como unos labios de arriba,
el murmurar de tu secreto en el oído que espera,
lastima o hace soñar como la pronunciación de un nombre
que sólo pueden decir unos labios que brillan.
(…)

 

El Obús, poema de Cecilia Domínguez, paseando por La Orotava

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Una pasada jornada de trabajo me ha traído unos días a Tenerife. Ayer paseé bajo la mirada del Teide mientras Antonio M. me hablaba de complejidad y me daba claves con las que armar mi próximo libro, que espero esté en librerías a la vuelta del verano. Hoy he andado durante horas por la playa y por las calles, entre piedras, entre cuestas y entre gentes. Me he sentado ausente al sol, he mirado el horizonte, me han cobijado las nubes mientras pensaba sobre el pasado y me he dejado llevar. Tal y como me gusta hacer allí donde voy solo, siempre que puedo, también he bebido vino de la tierra (muy bueno) y he leído a poetas nacidos cerca. A última hora, retomo esta web como hacía unos años atrás, como la percha donde dejo descansar experiencias, lecturas y pensamientos. Y lo hago ahora para compartir un poema que he leído de Cecilia Domínguez Luis (nacida en la Orotova) y que me ha gustado especialmente

(El obús)

Despiertas en mí la añoranza de días azules
y no deberías.
Sabes que abomino de las escenas tristes
y de las que protagoniza la ternura,
como aquella en la que una mujer
reposa su cabeza en la mano del hijo.
Déjame en este caos feliz en el que existo
libre del aburrido horror cotidiano.
O si no, juguemos a ser otros
y tomemos por asalto el tiempo que nos queda,
para olvidar que somos
como una espiga
que alguien
ha desgranado al borde de un estero.

El cóctel que va a darle a Vox un resultado apoteósico en las próximas elecciones

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La irrupción de Vox en el parlamento andaluz el pasado mes de diciembre fue el primer paso para que este partido de clara ideología fascista pase a tener una relevante influencia en la política española. A mí, francamente hablando (y nunca mejor dicho lo de francamente), no me ha extrañado que un partido así irrumpa tan exitosamente en España, tal y como también ha ocurrido ya en otros países, no sólo europeos. Desde hace tiempo vengo diciendo que vivimos una etapa histórica que en gran medida reproduce lo que ocurrió en la Europa anterior a la segunda guerra mundial, cuando el fascismo se consolidó y expandió tras la aplicación de políticas de austeridad -a partir de 1930- que aumentaron la desigualdad y provocaron una gran precariedad laboral.

Lo que me sorprende más bien es que haya tanta gente que se sorprenda de su irrupción en la política española. A mí me ha parecido inevitable por varias razones.

En primer lugar, porque la evolución reciente del Partido Popular ha dejado huérfana a la extrema derecha española que se había venido cobijando en su seno. Por un lado, porque la implicación de sus dirigentes en casos de corrupción es ya indisimulable y avergüenza incluso a los propios votantes del PP. Y, por otro, porque gran parte de la derecha se ha dado cuenta (con razón) de que el ascenso del independentismo se ha debido en una gran medida a los errores y a la inacción del gobierno de Rajoy. Aunque Casado ha querido evitar esa huída del voto más extremista desplazando el discurso del PP a la extrema derecha, ha llegado tarde porque el mal estaba ya hecho y porque Vox ya había aparecido con una oferta más coherente y sin necesidad de disimular su extremismo para aparentar que es un partido centrista como siempre le ha pasado al PP.

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