Un mundo al revés

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En el artículo de esta semana en El País Andalucía comento las denuncias que ha hecho Edward Snowden sobre el espionaje de Estados Unidos. Está claro que no espían para protegernos sino para amedrentarnos y defender los intereses de los super ricos. Puede leerse aquí.

Un mundo aún patas arriba

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Publicado en Sistema Digital el 6 de julio de 2013

La reciente publicación el último informe sobre el desarrollo humano de las Naciones Unidas lleva en esta ocasión un título muy expresivo de lo que está sucediendo en el mundo que analiza: “El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso”. Efectivamente, en él se demuestra que los países del Sur, gracias sobre todo a los avances de China, India y Brasil, van ganando posiciones cada vez más importantes en el conjunto de la economía mundial, tanto si se toma como referencia la producción, o su participación en el comercio mundial, en la actividad que se lleva a cabo en los diferentes sectores económicos, en el consumo, las comunicaciones o en los intercambios sociales de todo tipo.

Pero el informe constata que ese avance no es fruto de la casualidad, sino el resultado de las políticas que se han llevado a cabo en los últimos años en esos países, que mejoran, muy distintas a las que se aplican en la mayoría de los países del Norte o en los del Sur que no avanzan.

Eso ha hecho que mientras que los primeros muestran una consolidación de bienestar humano, crecimiento de la actividad y una reducción significativa de la pobreza, los del Norte se encuentren inmersos en una crisis, que dificulta la situación de millones de personas a consecuencia del desempleo y de la presión que se está ejerciendo sobre los pactos sociales, que habían garantizado durante decenios una amplia gama de derechos sociales que ahora se encuentran en peligro.

Y todo ello, sin embargo, sin perjuicio de reconocer que ambos se enfrentan a problemas comunes derivados, principalmente, de la creciente desigualdad que se sigue dando en gran número de países del Norte y del Sur, y de problemas ambientales que no se resuelven, y que perjudican muy seriamente a su desarrollo y al bienestar de la población.

En la misma línea, que otros informes anteriores, este último vuelve a señalar que hay una serie de constantes que permiten consolidar los avances hacia el desarrollo y el bienestar, mientras que otros factores los dificultan o los frenan totalmente.

Entre las circunstancias, que según este informe propician mejoras sustanciales en la economía y en la vida de las personas, se encuentran algunas importantes que se deberían tener en cuenta más de lo que se tienen.

La primera de ellas es la existencia de lo que el informe llama un Estado proactivo, que lidere y promueva actividad con protagonismo y estrategias inclusivas, a diferencia de los pasos atrás en este sentido que se vienen dando en los últimos años en la mayoría de los países del Norte.

La segunda es el aprovechamiento de los mercados mundiales, renunciando a la apertura compulsiva y repentina que se promueve desde las ideas neoliberales, puesto que la experiencia muestra que la competitividad sin inversión en las personas, sin inversiones en la ciudadanía, en diferentes instituciones y en infraestructura, simplemente no funciona.

Y la tercera, la puesta en marcha de innovaciones en políticas sociales porque, dice el informe, la realidad muestra que ni los “preceptos colectivistas y centralizados” ni la “liberalización irrestricta postulada en el Consenso de Washington” han dado buenos resultados.

El análisis de las diferentes experiencias que analizan los autores del informe permite concluir, que solo es posible mantener los impulsos y avances hacia el bienestar humano garantizando mayor equidad, haciendo frente a los cambios demográficos y planteando los desafíos medioambientales con mayor decisión que hasta ahora. Al respecto, el informe es taxativo al señalar que los avances en crecimiento, eficiencia y bienestar son mayores allí donde hay menos desigualdad, y advierte al respecto que hay que ser siempre cautos para evitar espejismos. En muchos países ha disminuido la desigualdad, pero solo en educación y salud, mientras que ha aumentado en ingresos.

En definitiva, el informe presenta el lado positivo de los grandes avances que se han registrado en los países del Sur en los últimos decenios, pero también las sombras que resultan de tener en cuenta que principalmente se deben a la mejoría en grandes potencias del Sur, y no en la gran mayoría de ellos, mientras que permanecen aún los grandes problemas de la pobreza y la exclusión que afectan a millones de personas en áreas demasiado grandes del Planeta.

Los cambios que se avecinan en el Planeta a la luz de las tendencias que analiza el informe son, en todo caso, de extraordinaria envergadura. Téngase en cuenta, por ejemplo, que la producción combinada de las tres grandes economías del Sur, Brasil, China e India, es prácticamente igual al PIB combinado de las seis grandes potencias industriales del Norte: Canadá, Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos. O que la totalidad de los países del Sur ha pasado de producir un tercio de la producción mundial en 1990 a la mitad en la actualidad. Solo los tres grandes mencionados, China, India y Brasil, producirán el 40% del PIB mundial en 2050, una proporción cuatro veces mayor que la que tenían en 1950, cuando les correspondía el 10%.

Vivimos, pues, un cambio de polaridad en el Planeta que se produce en medio de turbulencias, cuando persisten todavía grandes problemas para la inmensa mayoría de la población mundial que sigue padeciendo las mismas tragedias de siempre, el hambre, que afecta prácticamente a una de cada ocho personas en el Plantea, o la falta de agua limpia y otros servicios básicos que afecta a uno de cada tres. No puede ser de otro modo cuando el 1% de las personas más ricas del Planeta han incrementado sus ingresos en un 60% en los últimos 20 años y cuando solo con los ingresos de las 100 personas más ricas del Planeta se podría acabar cuatro veces con la pobreza mundial, que si acaso disminuye lo hace de forma casi insignificante en la mayoría de los países.

Economía y ética

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Publicado en jovenesvedruna.org , web para jóvenes de las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna, el 2 de julio de 2013

Es cada vez más frecuente que los problemas económicos se presenten como cuestiones técnicas cuya solución solo requiere la decisión de expertos, de “tecnócratas” o personas muy especializadas. Se evita que sea la gente normal y corriente la que decida sobre ellos porque se considera que no está preparada y que, por tanto, si decidiera podría ocasionar perturbaciones graves, un mal funcionamiento de la maquinaria económica, más o menos como sucedería si cualquiera de nosotros que no tuviese los conocimientos adecuados se empeñase en arreglar su reloj o cualquier aparato más o menos complicado.

Eso es lo que sucede, sobre todo, cuando se habla de cuestiones monetarias. De hecho, los bancos centrales (como en Europa el Banco Central Europeo) que son las máximas autoridades en esa materia y que disfrutan de un poder casi omnímodo, son desde hace tiempo independientes de los gobiernos o parlamentos y sus directivos se nombran haciendo creer a la gente que se trata de técnicos que no toman decisiones “políticas”. Equiparando, además, lo “político” a lo caprichoso de la gente o los gobiernos.

Pues bien, esta es una de las mentiras más grandes que acompaña al discurso y a la política económica de nuestro tiempo.

Ningún problema económico tiene solución “técnica”. Todos tienen soluciones políticas, entendiendo por política toda aquella decisión que no depende de un criterio objetivo sino de una preferencia del tipo que sea.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que hay dinero para hacer un puente entre dos ciudades pero que se puede construir en puntos diferentes de ambas por el mismo precio y con igual recorrido o dificultad. La decisión acerca de qué dos puntos concretos va a unir es política porque depende de las preferencias de la gente. Quienes vivan en un sitio o en otro preferirán seguramente que esté cerca de ellos, o lejos da igual, pero por criterios puramente subjetivos. Y la decisión que se tome será siempre política, es decir, resultado de una prefrencia concreta y no de un criterio técnico. Puede ser que esa decisión política la tome un dictador, o que se eche a suerte o que se haga una votación, pero sea cual sea el procedimiento concreto, será el resultado de una preferencia social.

Otra cosa es que, una vez tomada esa decisión, los ingenieros se tengan que poner manos a la obra y determinar las cuestiones técnicas necesarias para construir el puente, a partir de los puntos que se hayan fijado.

Y lo mismo que consideraríamos una barbaridad que la gente quisiera decidir por votación qué tipo de tornillos o sujecciones deben utilizarse, o dónde poner los puntos de fuerza del puente (porque eso sí son decisiones técnicas y no políticas), también lo sería que los ingenieros quisieran decidir por ellos mismos dónde es mejor que vaya el puente y usurparan a la gente el derecho a hacer valer sus respectivas preferencias (porque esa es una cuestión política y no técnica).

En economía ocurre igual…

Cualquier decisión económica comporta un reparto determinado de la renta. Sea cual sea lo que se decida, siempre implicará que unos u otros se beneficien más o menos. Y la decisión acerca de quiénes deben beneficiarse o salir perjudicados es evidente que no es técnica, sino política.

¿Subir o bajar los tipo de interés es una cuestión técnica?

Si yo tengo un millón de euros en el banco querré que suban, porque así me beneficio. Si debo un préstamo, preferiré que bajen.

¿Es mejor que el euro cueste más o menos dólares?

Si yo vendo sillas a Estados Unidos, querré que esté bajo, porque así venderé más, dado que serán más baratas para los estadounidenses. Pero si tengo una fábrica que compra componentes allí, preferiré que esté alto porque me saldrán más baratos a mí.

Por tanto, cuando el Banco Central Europeo sube los tipos de interés o hace que baje la cotización del euro, o al revés, aparentando que toma una decisión técnica lo que hace es decidir que miles de millones de euros pasen o a un bolsillo o a otro. Es decir, tomar una decisión política puesto que se deriva de una preferencia sobre quién se quiere que se beneficie o no de ella.

Así son todas las decisiones económicas.

Muchas veces, cuando la gente pide mejor distribución de la riqueza oímos decir: sí, pero hay que esperar, porque primero hay que producir más y luego podremos repartir, primero hay que hacer la tarta y luego repatirla.

¡Suena tan lógico que parece indiscutible, pero eso no es verdad!

Eso funciona así en repostería: para poder repartir una tarta hay que crearla antes. Pero en economía, no es así, porque a medida que vamos produciendo ya estamos repartiendo. Si producir un lápiz cuesta un euro es porque hemos retribuido por esa cantidad a todos los que han ido contribuyendo a producirlo (al que sacó la madera, al dueño de la serradora, al que lo cortó, al que lo empaquetó, etc.).

Por tanto, si eso es así, si siempre que se toma una decisión económica se toma en función de una preferencia y no de un criterio técnico, resulta que las decisiones económicas dependen siempre de nuestros principios morales, de nuestros criterios éticos: ¿somos indiferentes al crecimiento de la desigualdad? ¿nos da igual que al consumir destrocemos el medio ambiente? ¿creemos que se debe producir solo lo que pueda pagar la gente que tenga dinero o debemos conseguir que todos los seres humanos tengan acceso a los bienes imprescindibles para vivir, como la alimentación, la sanidad o la educación? ¿es justo que quienes más tienen no paguen impuestos?

Es evidente que las decisiones económicas dependerán siempre de esos principios, de la respuesta que cada uno de nosotros le demos a preguntas de esa naturaleza.

Y por todo ello es por lo que podemos decir que la economía va de la mano de la ética. Plantear las cuestiones económicas, qué política realizar, qué medidas adoptar, etc., sin plantear al mismo tiempo la cuestión moral que comportan es hacer trampa, porque significa que se decide en función de la preferencia particular de quien toma la decisión siendo ajeno a las preferencias de los demás.

La economía sin una explícita reflexión ética sobre los objetivos, sobre las consecuencias y los modos de decidir y aplicar lo decidido es una dictadura, normalmente, de los que tienen más sobre los que tienen menos o no tienen nada. Por eso hemos de reclamar siempre que, antes de tomar cualquier decisión económica, la población pueda pronunciarse sobre ella y que la que se tome sea la preferida por la mayoría. Y que, para que eso se pueda decidir con fundamento, que se pongan antes en claro sus efectos sobre las cuestiones básicas que afectan a la vida y el bienestar de las personas.

Pedid tierra y libertad

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En el artículo de hoy domingo en El País Andalucía comento que recuperar la tierra, poner en marcha el consumo de proximidad y la agricultura ambientalmente sostenible es una precondición para que nuestra economía funcione. Y que en Andalucía eso pasa por sacar adelante los proyectos del banco de tierras que defienden Izquierda Unida y el Sindicato Andaluz de Trabajadores. Puede leerse aquí.

España da vergüenza

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Publicado en Público.es el 29 de junio de 2013

Da vergüenza un país en donde justo cuando el gobierno se embarca en vender la que llama Marca España, como si fuera una simple mercancía (no puede ser casualidad), los medios de comunicación desvelan una escandalosa trama de corrupción en la que están envueltos la mayoría de sus dirigentes, personajes corruptos que han hecho del servicio público la fuente de su lucro personal a base de concederse sobresueldos con el dinero de todos los españoles o con el de las empresas a las que han hecho favores allí donde gobiernan.

Da vergüenza un país en donde nada más y nada menos que el responsable durante años de las finanzas del Partido Popular que nos gobierna acaba de entrar en la cárcel porque sus fechorías son ya indisumulables y que los dirigentes de su partido, justo a los que ha estado financiando generosamente durante años, no tengan nada que decir y se hagan los locos.

Da vergüenza un país en donde su primera autoridad, Don Juan Carlos de Borbón, es también el primero en dar mal ejemplo a sus conciudadanos. Da vergüenza un país en donde no hay manera de conocer de dónde viene la fortuna que el Monarca ha amasado mientras representaba al Estado. Y da vergüenza contemplar cómo mueve Roma con Santigo para evitar que su hija haga frente a responsabilidades por las actividades en las que es materialmente impensable que no haya estado implicada o incluso que él no supiera que se llevaban a cabo.

Da vergüenza un país en donde tantos jueces y fiscales se ponen en marcha, no para administrar justicia, sino para evitar que su peso caiga sobre los delincuentes de almidón, empezando como digo por los miembros de la Casa Real y terminando por banqueros, dirigentes políticos u otros magistrados que entre ellos se protegen abiertamente.

Da vergüenza un país en donde los partidos mayoritarios se ponen de acuerdo para tapar a quienes han robado y destruido el patrimonio de millones de españoles. Da vergüenza que impidan que se investiga lo que ha pasado y que no haya banqueros juzgados y en la cárcel por las estafas que han orquestado en los últimos años y con las que han ganado miles de millones de euros, o políticos por las privatizaciones a favor de amigos que llevaron a cabo.

Da vergüenza un país en donde los partidos mayoritarios engañan sistemáticamente a sus votantes cuando llegan al gobierno, olvidándose de sus programas electorales, sin que pase nada.

Da vergüenza un país en el que los gobernantes y líderes políticos mayoritarios pueden traicionar al pueblo y a la Nación entregándola a intereses extranjeros o a los de grupos minoritarios, sin someter sus decisiones a la voluntad popular. Da vergüenza un país gobernado por mentirosos y traidores que cambien la Constitución sin consultar al pueblo al que llaman soberano o que promulgan leyes electorales para impedir que todos los intereses sociales estén fielmente representados en las instituciones.

Da vergüenza un país en donde hay cientos de diputados que aceptan y votan cualquier cosa que les digan sus jefes de filas, que mantienen silencio y su culo pegado al sillón sin rechistar sea cual sea la decisión que les impongan.

Da vergüenza un país que consiente que los parlamentarios roben a los ciudadanos cobrando dietas por desplazarse o vivir en Madrid cuando residen siempre allí y allí es donde tienen sus viviendas habituales.

Da vergüenza un país donde los líderes de los partidos han pedido a los bancos créditos millonarios que no devuelven, haciendo que los paguen todos los españoles.

Da vergüenza un país en donde tantos munícipes que deben velar por el interés público y que cobran por ello jugosos sueldos han puesto en bandeja a los promotores los negocios millonarios de los últimos años, haciéndose ricos o financiando a sus partidos a base de cobrarles comisiones.

Da vergüenza un país en donde los políticos manipulan tan descaradamente los medios de comunicación o que reparten las licencias con arbitrariedad y sectarismo para favorecer a sus afines.

Da vergüenza un país en donde la mayoría de los periodistas calla para obedecer a sus amos, o que se limita a reproducir la letanía de mentiras con las que justifican todo lo que está pasando. Y da vergüenza que la gente no proteste día a día cuando comprueba que las voces disidentes apenas si tienen presencia en los medios de comunicación para explicar lo que nos pasa de otro modo.

Da vergüenza un país en donde las más altas instituciones o tribunales del Estado, que se supone que deberían ser neutrales y controlar a los demás poderes, se componen por cuotas de partido, de modo que sus decisiones se toman con disciplina casi militar y en función exclusiva de los intereses de quienes nombran a sus miembros. Da vergüenza un Tribunal Constitucional en donde el voto de sus magistrados se sabe de antemano porque son conmilitones que votan las sentencias como por encargo. Y da vergüenza que el gobierno, con la excusa de la crisis, desmantele poco a poco los órganos de vigilancia y control de su actuación administrativa.

Da vergüenza un país en donde solo se sabe recurrir a mentiras, que se difunden gracias al enorme poder mediático de los grupos financieros y a la democracia tan imperfecta que tenemos, para justificar los recortes en las pensiones, la educación o la sanidad públicas.

Da vergüenza un país en donde su universidad no estalla para denunciar lo que pasa y las mentiras y estafas que se vienen produciendo, y en donde la mayoría de sus intelectuales se acobardan o acomodan y se achantan.

Da vergüenza un país en donde el gobierno que está obligado a ser neutral frente a las confesiones religiosas se alía con la jerarquía de extrema derecha de una de ellas, imponiendo a la ciudadanía su adoctrinamiento y dándole financiación privilegiada. Y da vergüenza que sean tan escasos los fieles que rechazan ese trato, tan contrario a los valores que su Iglesia dice transmitir a la sociedad.

Da vergüenza un país en donde los políticos pueden mentir, incumplir sus promesas o decir hoy una cosa y mañana la contraria sin que tengan que dar cuenta alguna por ello.

Da vergüenza un país en donde un partido llamado socialista es pieza fundamental del dominio de los grandes poderes financieros, a los que tan directamente sirve cuando gobierna. Y dan vergüenza sus militantes honrados que, a pesar de serlo, callan y no se levantan contra sus dirigentes vendidos.

Da vergüenza un país en donde la afiliaciòn a los sindicatos es tan baja, haciendo que éstos tengan que luchar muy solos, pero da vergüenza también que tantas veces sucumban a intereses corporativos y de que sean esclavos de la financiación que reciben, o incapaces de combatir a sus dirigentes corruptos. Y da vergüenza también la patronal ideologizada, en donde han llegado a apoltronarse auténticos delincuentes, que defiende políticas que son una máquina de destruir empresas y empleos.

Da vergüenza un país en donde las fuerzas opuestas a la agresión política y a los recortes sociales que se están viviendo no logran ponerse de acuerdo porque se dedican a atacarse a veces sin piedad entre ellas, incapaces de entenderse y reconocerse diversas pero aliadas. Da vergüenza que los dirigentes de Iquierda Unida, como partido principal a la izquierda del PSOE, no hayan comparecido todavía con los demás movimientos y organizaciones para anunciar que se unen y que promueven candidaturas unitarias y abiertas a todos los sectores y sensibilidades sociales, y da vergüenza que, en lugar de eso, la mayoría de ellos se limiten a pedir que los demás se sumen a sus filas.

Da vergüenza un país en donde en medio de una agresión tan impresionante contra los derechos ciudadanos, la izquierda que se dice más transformadora y solidaria de algunas nacionalidades promueva como horizonte el independentismo, desentendiéndose de los trabajadores y pueblos del resto del Estado y prefiriendo unir sus destinos a las oligarquías locales que agreden al suyo.

Da vergüenza un país en donde la mayoría de la gente no ve a su patria más que en la camisa de una selección de fútbol y que solo la ve en peligro cuando pierde en los campos de juego, y no cuando se atacan su democracia o los derechos sociales de sus ciudadanos; que grita y se enrabia solo cuando se cuelan goles o cuando se falla un penalti pero que calla cuando le quitan servicios públicos esenciales, y que no sale en masa a la calle para denunciar y pedir que se enjuicie a los ladrones de dinero público que ocupan las instituciones.

Da vergüenza esta España corrupta y rota, de oligarcas y mercenarios que todavía huele demasiado a dictadura, y da vergüenza que la mayoría de la gente honrada no sea capaz todavía de levantarse y unirse, de reaccionar con inteligencia y valentía ante lo que está pasando para darle la vuelta y un buen limpiado.

Esto sí es verdadera austeridad

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El Presidente de Uruguay, José Mújica, que ha pasado 15 años de su vida en la cárcel por luchar por la libertad, explica en dos minutos qué es de veras la austeridad y para qué sirve.

Presentación en Sevilla del libro de Lo que debes saber para que no te roben la pensión

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El próximo Jueves 27 de junio a las 19,30 tendrá lugar en Sevilla un Debate sobre pobreza y pensiones en España como presentación del libro LO QUE TIENES QUE SABER PARA QUE NO TE ROBEN LA PENSIÓN.

El acto será presentado por la vicepresidenta de ATTAC-Sevilla, Nale Ontiveros, y en él intervendrán José Chamizo, ex Defensor del Pueblo Andaluz, y sus autores, Vicenç Navarro y Juan Torres.

Tendrá lugar en Salón de Actos de la facultades de Derecho y Ciencias del Trabajo de la Universidad de Sevilla (Campus Ramón y Cajal, C/ Enramadilla, 18-20).

Os esperamos allí a todos los que podáis asistir.

La caída de los salarios en España

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Jean Paul Fitoussi, uno de los economistas más reconocidos de Francia, afirma en un trabajo reciente escrito junto a Xavier Timbeau, director del departamento de análisis y previsión del OFCE, que la caída que se ha producido en los salarios españoles no se ha visto nunca en los tiempos modernos en un país desarrollado (What Does A Social Europe Look Like Today?).

Creo que es un dato a tener en cuenta, pues pone de relieve la magnitud brutal del ajuste que están realizando sobre nuestra economía y, sobre todo, que lo está sufriendo los de siempre, los trabajadores.