¡Que algún generoso dios le conserve la vista a Aznar!

Escuchar

 El pasado viernes publiqué un artículo en El Plural comentando las declaraciones que había hecho el ex-presidente Aznar sobre Obama diciendo que su elección significaba un previsible desastre económico. No se fija en el que ha provocado su amigo Bush y ya sabe que el que viene va a provocarlo. Lo transcribo a continuación. 

 

 Como el viejo chiste de Jaimito quizá fuera hoy día políticamente incorrecto me ahorro mencionarlo, pero tengo la seguridad de que todos los lectores saben al que me refiero.
 Me vino a la mente cuando leí noticias de agencia que adelantaban las declaraciones de el ex presidente a la revista Vanity Fair sobre el electo presidente Obama.
 Dice Aznar que su victoria es «un previsible desastre económico» y desde luego que le deseo que si de verdad existe un dios generoso se apresure a conservarle la vista al ex presidente porque lo que es la inteligencia y la vergüenza parece que las ha perdido ya para siempre.
 ¿Cómo se puede calificar si no a quien hace ese juicio? ¿Cómo calificar a alguien que pasa por alto la crisis gigantesca que ha traído el gobierno de su amigo Bush, «un gran estadista», y que, sin embargo, aventura que otro, «un exotismo», que ni siquiera ha tomado posesión, trae consigo un «previsible desastre económico»?
 ¿Puede un observador ser honesto siendo indiferente a lo que ha hecho Bush y cuando, por el contrario, se permite hacer un juicio tan poco fundamentado sobre alguien que acaba de llegar?
 Si Aznar siente preocupación por los desastres económicos, ¿por qué no valora lo que ha hecho Bush, por qué no tiene en cuenta dónde ha llevado a una economía que venía de crecer a una media anual del 6% en los mandatos de Clinton?
 ¿Por qué no habla Aznar de la desregulación que ha llevado a cabo su administración que sí que ha provocado un verdadero destare económico planetario? ¿Por qué no menciona cómo ha permitido que las empresas financieras actúen con opacidad, sin necesidad de dar cuenta de lo que hacen, ocultando a los poderes públicos e incluso a sus propios clientes el riesgo que asumían y trasladando bajo cuerda a todo el sistema mundial auténtica basura financiera?
 ¿Por qué no se fija Aznar en la verdadera complicidad (¿o se puede llamar de otra forma? de la administración Bush con los que luego han resultado ser auténticos delincuentes, mirando a otro lado cuando se denunciaban sus tinglados financieros?
 ¿Puede haber un mayor desastre que el que ha provocado la administración de su amigo Bush con la tribillonaria e ilegal guerra de Irak, como han demostrado Joseph Stiglitz y Linda J. Bilmes en un reciente libro («The Three Trillon Dóllar War”)?
 ¿Y cómo es que alguien que tanto habla de liberalismo y competencia, como ahora Aznar, no menciona los «regalos fiscales a los plutócratas» que hizo Bush, según afirma alguien tan poco sospechoso de radicalismo como el Nobel de Economía Paul A. Samuelson? (fuente).
 ¿Y cómo es posible que alguien que recorre medio mundo defendiendo el mercado no se haya fijado en la desregulación contable que hizo su amigo George Bush para que sus «amiguetes», como dice Stiglitz, gozaran de mayor poder y privilegios? Esa desregulación que permitía, también en palabras de Samuelson, «ocultar las pérdidas y exagerar los beneficios mediante unos manejos de los balances que violaban las estrictas normas de contabilidad legisladas en los años anteriores a Bush».
 ¿Le parece a Aznar propio de un «gran estadista», que Bush y su gobierno se negaran «a hacer pública cierta información que mostraría el papel que los intereses corporativos tuvieron en la definición de la política de energía», según denunciara el Nobel Stiglitz (fuente).
 ¿Cómo Aznar puede culpar de antemano a Obama por un desastre económico supuestamente venidero y al mismo tiempo considerar como un gran estadista a alguien, sigo citando a Samuelson, cuya versión «de la democracia plutocrática logró la peculiar alquimia de convertir un ciclo normal de expansión y contracción en la vivienda en un pánico financiero mundial a la vieja usanza y difícil de controlar».
 ¿Por qué no valora Aznar las reformas presupuestarias de Bush, construidas según el más reciente Premio Nobel de Economía Paul Krugman, sobre «mentiras» como las que dijo sobre la guerra de Irak? ¿Por qué no deja de hablar en abstracto y se refiere en concreto a sus políticas, a esas que este último Nobel califica sencillamente de «deshonestas»: «No es sólo que discrepe con sus políticas, sino que he documentado que son más peligrosas que las de cualquier administración reciente. Su política económica es deshonesta e irresponsable» (fuente).
 Y si Aznar quiere valorar de verdad la gestión que lleva a desastres económicos por qué no baja a los datos y se deja de palabrerías. ¿Por qué no tiene en cuenta, por ejemplo, que Bush dijo el 27 de febrero de 2001 ante el Congreso que “para garantizar que los ahorros para las pensiones de los jubilados de Estados Unidos no se desvíen hacia ningún otro programa, mi presupuesto protege todo el superávit del Seguro social para el Seguro Social, y sólo para el Seguro Social” y que, sin embargo, desde entonces ha tomado casi 600.000 millones de dólares del superávit del fondo del Seguro Social para destinarlos a gastos generales, entre ellos los vinculados a la guerra (fuente).
 ¿Y cómo alguien que tanto ha alabado la estabilidad presupuestaria como Aznar no tiene en cuenta ahora que la deuda pública y privada generada por el mal gobierno de Bush es la mayor de toda la historia de Estados Unidos y que de esa manera ha hipotecado el futuro de su país e incluso en buena parte el de todo el planeta?.¿Acaso eso no es un desastre económico?
 ¿No le dice nada al señor Aznar que en la campaña del año 2000 los candidatos hablaran de qué hacer con los 230.000 millones de superávit que había dejado Clinton y que ahora que Bush se va lo que haya que discutir sea de dónde sacar recursos para financiar el déficit de 1,2 billones de dólares que habrá en 2009?
 ¿De verdad se puede sostener que un gran estadista es el que, como Bush, hace una reforma fiscal que hace que los que tenían ingresos por encima del millón de dólares reciban un recorte fiscal de 18.000 dólares y el estadounidense medio más de 30 veces menos? (fuente) ¿Eso es una rebaja generalizada de impuestos?
 Ya puestos, ¿tampoco le resulta sospechoso a Aznar que fuera Enron, que finalmente fue puesta al descubierto por sus fraudes, la principal empresa financiadora de la campaña electoral de Bush? O mucho peor, que fuera precisamente Bush quien indultara a los bancos de Enron que orquestaran el fraude? (fuente).
 ¿No es un desastre que cuando Bush termina su mandato haya en su país 5,5 millones de pobres más que cuando comenzó a gobernar y que el ingreso medio se haya reducido en unos mil dólares al año? (fuente).
 Y lo peor de todo es que el desastre de Bush que Aznar pasa por alto no se refiere solo a la economía. El ya citado Premio Nobel Joseph Stiglitz afirma que «cuando miremos en retrospectiva a la catástrofe que fue la Administración Bush, pensaremos en muchas cosas, la tragedia de la guerra de Iraq, la vergüenza de Guantánamo y Abu Ghraib y la erosión de las libertades civiles».
 Lo dicho, que algún buen dios se apiade de usted y le conserve la vista, señor Aznar.   

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.