Carta abierta a Manuel Chaves

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Señor Chaves:

 En estos días será investido Presidente de la Junta de Andalucía. Su figura ha estado ligada a una polémica sobre si quería o no quería venir a Andalucía. Me parece que ya es algo que nada importa a la mayoría de los andaluces. ¡Sepa Dios las cosas que de verdad hayan pasado y cuántas veces no haya tenido Vd. que reprimir sonrisas desde su vieja complicidad con los protagonistas de nuestra historia reciente!. 

Más bien nos importa lo que vaya sucediendo en los próximos años y me permito humildemente, con estas letras, expresarle algunos deseos muy particulares que me gustaría ver cumplidos en su etapa de gobierno.

 

Me gustaría que en los próximos años, de verdad, su sensibilidad principal fuese para los más desposeídos de nuestra tierra. Que tuvieran menos acceso a los despachos de su gobierno los especuladores, los comerciantes interesados de rentables recados y los que no tienen más ambición que enriquecerse a costa de otros.

 

Me gustaría que su gobierno fuese capaz de gestionar los intereses públicos sin el intermedio del enriquecimiento personal. No me gustaría que sus consejeros o directores generales, al dejar sus puestos, entren como por derecho propio en los consejos de administración, o se hagan con capitales de empresas con las que tuvieron relación por sus cargos. Incluso preferiría, si me permite decírselo, que fuesen personas sin suerte, que no les tocara varias veces la lotería.

 Me gustaría que su gobierno hiciera frente con valentía a la destrucción de nuestro medio ambiente. Que tuviese valor para parar los pies y las carteras a quienes no valoran más paisajes que el del dibujo de sus billetes. Me gustaría que el asunto de Doñana no fuese sino un mal sueño, que fuese un Gobierno que respetase más los bosques que el cemento a granel de los promotores sin escrúpulos. 

Me gustaría también que su gobierno ordenara las inversiones contemplando el panorama y el futuro de toda nuestra Andalucía. Que fuese Vd. menos sevillano -¿será posible?- y contribuyera a paliar la desarticulación que ha padecido siempre Andalucía.

 Me gustaría que hiciese lo imposible para impedir que las viviendas sociales sean las peor construídas y que sus promotores, lejos de ser responsables de ello, se beneficien de las subvenciones del estado y de las confidencias de quienes son sus servidores. Me gustaría que no siguiera Vd. la carrera desenfrenada para crear universiades o facultades sin medios que más parecen academias desparramadas ofrecidas a quien más alto levanta la voz o chiringuitos para profesar la frustración de los políticos. Que fuese firme en la defensa de nuestro patrimonio cultural expoliado a veces con la complicidad o con la ignorancia de otros gobernantes y que los medios públicos de comunicación no fueran instrumento sino de todos y para entretelar una sociedad más culta y solidaria. 

Me gustaría que abordara con valentía, con eficacia, con dignidad y con sentido del progreso el problema de la tierra, que no tuviéramos que ver más jornaleros pidiendo simplemente la
supervivencia por caminos distintos al empleo comunitario.

 

Me gustaría también que su gobierno considerase a la política económica que debe ejecutar como un i strumento de transformación social y no como un mecanismo de mantenimiento del estado de cosas cuando éste es injusto. Que pensara más en el bienestar colectivo y que frenase de vez en cuando a los poderosos pero minoritarios intereses de los grandes grupos económicos. Que los instrumentos financieros no sean utilizados para el regalismo, ni de los ricos ni de militantes más o menos avispados para enriquecerse.

 

Me gustaría que sus discursos no reparasen tan sólo en el crecimiento económico, sino que dieran cuenta de la distribución de la riqueza, que se soliviantara Vd. al conocer la injusticia y la pobreza, que de su boca oyéramos la mayor condena de la especulación y que su mano no temblara para erradicar a los traficantes de influencias, a los aprovechados y a los que no saben sino apropiarse del dinero de los demás sin generar riqueza alguna.

 

Me gustaría que no estuvieran a su lado este tipo de gentes ni quienes, en otros cargos, se han rodeado de ellas, las han amparado o simplemente se regalan los oídos con las coplas falsas de
su ilegítimo agradecimiento.

 

Y, sobre todo, me gustaría Señor Presidente que Vd., con el ejemplo de su Gobierno, inyectara en nuestra sociedad otros alores distintos al individualismo y al consumismo sin freno que no todos pueden disfrutar. Que fomentara la cooperación y la solidaridad, que quienes van a estar a su órdenes no sean los propagadores de la banalidad y del dinero como expresión del éxito social ni sean quienes le abran las puertas a quienes viven y se aprovechan de ello.

 

Quizá todo esto le supusiera el desprecio de quienes saben regalar el oído y el bolsillo de los gobernantes, pero creo que haría de Vd. un Presidente reconocido por quienes tienen como mayor y quizá único patrimonio la esperanza necesaria en un futuro más justo y más solidario.

 

Con mis mejores augurios.

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