¿Marxista?

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Un amigo me dice que algunos me reprochan que no sea marxista. No me preocupa mucho, la verdad. O mejor dicho, nada de nada. Me interesa conocer y explicar la realidad, no ser fiel de ninguna parroquia. Además, me resulta paradójico e incluso gracioso que el propio Marx dijera de sí mismo que él no era marxista y que los que dicen seguir sus enseñanzas se proclaman como lo que el maestro nunca quiso ser. O también que haya tantos marxistas que apenas hayan leído la obra de Marx. Paradojas.

 

Dicho esto, yo sí creo que hay muchas opiniones y análisis de Marx que merecen ser asumidas y, si hace falta, reconocerse marxista para ponerlas en práctica. Una de ellas es el imperativo ético y el principio político que Marx asumía en nuestra civilización: «subvertir todas las relaciones sociales en las cuales el ser humano es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciable” (En Crítica a la filosofía del derecho de Hegel).

 

Si se trata de eso, aquí tienen ustedes a un marxista. 

Presentación de HAY ALTERNATIVAS en Madrid

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El jueves 23 de febrero presentamos HAY ALTERNATIVAS en Madrid. Presentará el acto nuestra compañera de ATTAC Sol Sánchez y moderará el debate el periodista David Guerrero. Participaremos Alberto Garzón y yo en directo y Vicenç Navarro en viodeconferencia desde Estados Unidos. El acto se celebrará en el Auditorio Marcelino Camacho, calle Lope de Vega 40. ¡¡Allí nos vemos!!

El acto también se podrá seguir en directo a través de internet en www.attac.tv

hayalternativas

¿Quién arruina a las pequeñas y medianas empresas que crean empleo?

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Uno de los mayores problemas que tienen las pequeñas y medianas empresas españolas (que representan más del 80%  del empleo de nuestro país) y los trabajadores autónomos es que las administraciones públicas le deben una gran cantidad de dinero: 35.000 millones de euros a las pymes y unos 15.000 millones a los autónomos

 

Esa deuda es una losa gigantesca con la que es muy difícil por no decir imposible que levanten cabeza estos empresarios. Algo que sería muy necesario puesto que crean casi el 90% del empleo nuevo que se genera en España.

 

La mayoría de los empresarios y empresarias que conozco echan la culpa de esa deuda al Estado, como si éste no les pagara por capricho, creen que su enemigo es el gasto excesivo que hacen las administraciones públicas y reclaman en compensación no pagar IVA mientras no cobren dichas cantidades. Esto último me parece justo como solución transitoria pero no creo que esa sea la mejor a medio y largo plazo ni la que más convenga a estos empresarios. Y lo que me extraña es que, estando acostumbrados a hacer números, no se hayan dado cuenta de que hay otra fórmula más justa y eficaz para que sus empresas y el conjunto de la economía salgan adelante mucho más satisfactoriamente.

 

Como he dicho, la deuda total con autónomos y pymes es de unos 50.000 millones de euros. Pues bien, según los técnicos del Ministerio de Hacienda que de esto son los que más saben, la evasión fiscal de las grandes empresas y grandes fortunas españolas fue de unos 42.711 en 2010. Es decir, que simplemente logrando que los más ricos de España pagaran como los demás podría saldarse la deuda que atenaza a estos empresarios en un solo año y evitar que volviera a repetirse en el futuro. 

 

Claro que la cosa no puede terminar aquí. El fraude de las grandes fortunas y grandes empresas es el 75% del total mientras que el de las  pymes (que constituyen el 97% del tejido empresarial español) representa el 17% y el de los trabajadores autónomos el 8,6%. Es mucho menos que el de los más ricos pero también hay que acabar con él porque no es justo que prácticamente solo los asalariados de menor renta sean los que estén libres de pecado fiscal.

 

Es una prueba más de que la solución ante la deuda que proponen los neoliberales, recortar gasto público y especialmente el de carácter social, no es la única ni la mejor. Cuanto menor sea este gasto, menos demanda tendrán las pequeñas y medianas empresas y los trabajadores autónomos y peor será su situación. Por el contrario, acabar con la evasión fiscal es mucho más expedito, más eficaz y menos oneroso para las propias empresas y para el conjunto de la sociedad.

 

Si no se hace asi, porque siga predominando la estrategia de reducir la inversión pública y el gasto social (para que los ricos tengan que pagar menos impuestos y no haya dinero suficiente para financiar los servicios públicos y se privaticen más fácilmente) las consecuencias serán nefastas para todos: las pequeñas y medianas empresas y los autónomos que viven de este gasto perderán actividad y terminarán cerrando y destruyendo empleo.

 

Así que estos empresarios que se quejan con mucha razón de esta deuda no deben llevarse a engaño. Su enemigo no es la actividad pública (que es la que les proporciona el capital y las infraestructuras que necesitan y que ellos no podrían fiananciar por sí mismos) sino las grandes empresas y grandes fortunas que evaden sus obligaciones con el fisco.

De Guindos, o la ignorancia y la mala educación

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El diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón ha intervenido hoy en el Congreso de los Diputados para interpelar al Ministro de Economía Sr. de Guindos.

 

Mientras Alberto Garzón intervenía, el Ministro hablaba con otras personas sin prestarle atención y hasta el presidente del Congreso tuvo que llamar al orden a «sus señorías» (de verdad que no comprendo como todavía se mantiene esta denominación para referirse a los zorrocotrocos que carecen del más elemental sentido de la cortesía y la educación) por el zipizape que estaban organizando. Por cierto, una respuesta muy expresiva de la catadura política de quien la lleva a cabo esta de tratar de poner nervioso a un diputado joven cuando interviene en el Pleno (Puede verse la retransmisión de la sesión aquí).

 

Cuando Alberto Garzón terminó de hablar, el Ministro, a diferencia de lo que había hecho hasta ahora, no tuvo a bien responderle. Y se quedó tan fresco. Digo yo, que precisamente por eso, porque es un fresco.

 

No puede ser otra cosa una persona que le habla ahora a la sociedad española como si fuera un sabio de lo que debe hacerse para salir de la crisis cuando él ni se enteró en su día de lo que se estaba viniendo encima. No exagero. Así mostraba hace unos días su ignorancia el diario Público:

 

El 10 de julio de 2008, en su intervención anual en la Escuela de Verano de FAES, el think tank del PP, De Guindos explicó que el principal problema que afrontaba la economía mundial era la «tensión inflacionista» y advirtió del riesgo de una «suave recesión».

 

Apenas dos meses después, Lehman Brothers, el banco de inversión estadounidense del que De Guindos era ejecutivo presidente para España y Portugal y miembro de su consejo en Europa quedaba reducido a escombros y su quiebra arrastraba la economía mundial a una crisis de la que aún no ha salido.

 

O era un perfecto ignorante sin idea de lo que entonces ocurría a su alrededor o quizá algo peor, un sinvergüenza que sabía perfectamente lo que estaba pasando y lo que iba a pasar pero que engañaba a quien lo oía para disimular los choriceos del banco que él y otros ejecutivos de su misma talla moral dirigían por aquel entonces. El sabrá lo que era.

 

Pero, por si eso fuera poco para hacer curriculum, ahora de Guindos nos muestra que, por mucho que haya sido el dinero que su familia se gastara en llevarlo a buenos colegios, es también un perfecto maleducado y tan demócrata como el palo de la escoba.

 

¿Qué menos que acusar recibo cuando alguien nos habla? ¿qué menos que replicar en un parlamento a quien en nombre del pueblo se dirige respetuosamente a uno? Alberto deseó suerte al Ministro la primera vez que debatió con él en una comisión. Lo trató, como hoy, con educación y respeto, con cortesía y buenas maneras por muchas que fueran las diferencias que le mostrase en su discurso.

 

Pero de Guindos no es como Alberto. Ni tiene su formación humana ni su educación. Y, por lo que da a entender, tampoco tiene los conocimientos que le permitan contradecir política y técnicamente lo que le argumenta un economista estudioso de 26 años. Solo tiene el poder que le da el ser un empleado aventajado de los banqueros y grandes especuladores que mueven el mundo. Y ese es el único y supremo argumento que parece que está dispuesto a utilizar cuando, con toda cortesía y educación, le ponen sobre la mesa ideas distintas a las suyas.

 

Ya sabemos, pues, que además de ser representante directo de las grandes empresas y bancos o de los grandes grupos de presión, para ser ministro del Partido Popular se necesita también mucha ignorancia o cinismo y bastante mala educación.

 

¡Y luego dice Rajoy que ellos son gente como Dios manda!