Pacto Verde Europeo: La música bien, falla la letra

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Publicado en lapoliticaonline.es el 16 de diciembre de 2019

El pasado día 11 la Comisión presentó a las demás instituciones europeas un documento proponiendo la puesta en marcha de un Pacto Verde Europeo (The European Green Deal) que ha sido recibido como lo que efectivamente es: un texto muy ambicioso, a pesar de su brevedad, que cambia la música y la letra de las políticas ambientales que hasta ahora ha venido manteniendo la Unión, y que se suma al clamor mundial contra la emergencia climática que padece el planeta.

El documento representa, sin lugar a dudas, un avance muy considerable. Reconoce la gran mayoría de los problemas que los científicos y la ciudadanía vienen poniendo sobre la mesa desde hace tiempo ante la pasividad de las autoridades púbicas, de las industrias y de la gran mayoría de las instituciones que controlan el mundo. Incluso hace uso de un término (green deal) que habían propuesto las corrientes que hasta hace muy poco eran descalificadas como radicales o izquierdistas. Y plantea objetivos que, si se consiguieran, permitirían que nuestras economías y sociedades y el planeta en su conjunto entraran en una etapa de mucha mayor seguridad y prosperidad.

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España, hacia el caos sin remedio (como el resto del mundo)

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Publicado en lapoliticaonline.es el 9 de noviembre de 2019

El titular de este artículo puede parecer exagerado si la palabra caos se interpreta en su sentido más coloquial. Pero yo la uso ahora como la utilizaba Immanuel Wallerstein para referirse a la situación en la que va a encontrarse dentro de poco el capitalismo de nuestra época.

El sociólogo estadounidense, fallecido por cierto el pasado mes de agosto, decía que nuestro sistema social y económico se dirige al caos porque desde la gran crisis de los años sesenta y setenta del siglo pasado se viene alejando constantemente de la «normalidad». Una deriva hacia la inestabilidad y el desorden que es consecuencia de la crisis estructural en la que se encuentra desde entonces y que se hace cada vez más visible a nuestro alrededor en conflictos de todo tipo, en el auge de los populismos, del deterioro ambiental, en crisis comerciales, de deuda y financieras, en la extensión de un auténtico imperio de la mentira, en el debilitamiento de las democracias y las libertades, en la desigualdad creciente y en el clima general de desconcierto y falta de soluciones en el que vivimos últimamente, entre otras manifestaciones.

Curiosamente, son los propios capitalistas quienes más rápidamente se han dado cuenta de ello y los que reclaman con más urgencia medidas de reforma que puedan hacer frente al caos y al desorden generalizado para evitar el colapso del sistema. La declaración que hizo el pasado verano una organización tan a favor del capitalismo como la Business Roundtable, que reúne a los ejecutivos de las 200 mayores empresas de Estados Unidos, es significativa: reconocía que el «sueño americano» se está «deshilachando» y, en lugar de seguir manteniendo la tesis tradicional de que la gestión empresarial debe tener como único beneficiario al accionista, afirmaba que las grandes empresas deben trabajar «para promover una economía que sirva a todos los estadounidenses». Puede parecer simple retórica, pero es un cambio muy significativo cuando en Estados Unidos se registra la etapa de crecimiento más larga de su historia mientras que la desigualdad, el empleo miserable, el deterioro ambiental y la pobreza crecen sin parar.

Lo que está ocurriendo en todo el planeta es una paradoja: el capitalismo neoliberal está entrando en crisis terminal como consecuencia de su propio éxito como sistema de dominación. Su problema es que ha garantizado la apropiación masiva del beneficio pero a costa de llegar a la exageración e incluso a la aberración, monopolizando las fuentes de la toma de decisiones y convirtiendo al uso del poder y de la información en la fuente de la ganancia en detrimento de la actividad productiva. Pero al concentrar en extremo el poder ha generado una correlación de fuerzas tan favorable a las grandes corporaciones que ha terminado destruyendo los equilibrios básicos e imprescindibles que precisa tener cualquier sociedad si no quiere arder en la hoguera que antes o después prenden quienes se quedan sin nada.

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La locura de las finanzas internacionales

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Publicado en Lapoliticaonline.es el 22 de octubre de 2019

Hace justo un mes, el Baco Internacional de Pagos publicó la Encuesta que desde 1986 viene realizando cada tres años sobre la magnitud del comercio de divisas, de sus productos derivados y de los llamados derivados de tipos de interés extrabursátiles (aquí). Sus resultados son una muestra más de la locura gigantesca en que se han convertido los mercados financieros y del daño que hacen al bienestar humano en nuestro planeta.

Para entenderlos hace falta conocer mínimamente algunos conceptos.

Las divisas son las diferentes monedas nacionales que sirven para realizar los pagos internacionales y se supone que su volumen en circulación debería ser más o menos proporcional al del comercio internacional para el que se utilizan.

Los derivados son productos financieros cuyo valor depende de otro previo. Por ejemplo, un seguro sobre la evolución de la cotización del dólar sería un derivado de esa divisa. Y los derivados de tipos de interés a los que se refiere la Encuesta son productos financieros cuyo precio depende del tipo de interés que tenga otro activo previo que se intercambia en los mercados monetarios. Pueden ser de diferente tipo, pero los principales son los que se contratan como permutas o swap (60% del total) o como forward o acuerdos sobre tipos de interés futuros (30% del total)

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Tercera reimpresión de Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero

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Acaba de salir la tercera reimpresión de la edición de bolsillo de Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa, Barcelona 2019). Por sólo 6,95 euros se puede comprar (o pedir si no lo tienen) en todas las librerías para  conocer cómo funcionan las finanzas convertidas en un auténtico casino, qué instrumentos se utilizan para hundir a las empresas y a los Estados, por qué se puede hablar de terrorismo financiero y qué alternativas hay para hacer frente a toda esa locura.

¡No te digo adiós, Marcos, mi querido amigo, mi compañero y compinche! No te lo digo porque te quedas en mi corazón

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He tardado días en reaccionar. Me escribió su hija para decirme que lo sedaban y desde ese momento comencé a sentirme en una especie de nube. Los recuerdos me venían uno detrás de otro: desde los de hace tantos años, cuando era imposible terminar la conversación al llegar a la puerta de mi casa de Plaza Bib-Rambla de Granada donde me acompañaba cada noche, hasta nuestro encuentro último en Sevilla, en la presentación de su último libro de poemas, Al-Andalus, poesía contra el olvido, de donde extraigo todos los versos que siguen:

Guardé lo que pude del camino,
poco o nada, según se mire.
Pero me entregué sin guardar nada
cuando encontré la persona amada
o una causa justa para la lucha
(Del Rosal en el Jardín. XXII. En recuerdo de Ibn Gayy t. Poeta jerezano siglo XIII)

En medio, ¿cuántas horas de conversación? ¿cuántos proyectos? ¿cuántas utopías? ¿cuántas convocatorias? ¿cuántas risas? ¿cuántos fracasos? ¿cuántos desencuentros que no duraban ni medio minuto (nunca tuve contigo ni un solo momento feo)? ¿cuántas ilusiones compartidas? ¿cuántas empujones uno al otro para seguir amando, a pesar de todo? ¿cuánto tiempo, Marcos, cuánto tiempo? ¿cuánta cercanía estando, nos daba igual, unas veces lejos y otras cerca?

Te echo de menos ahora que por fin te has dejado llevar en los naranjos, estoy seguro que, como siempre, amando hasta los tuétanos:

Me dejo llevar en los naranjos que las acequias trasladan;
voy bajando a la ciudad. Parece que deseara ver en cada mujer tu cara
(Del Rosal en el Jardín. XIV. A la poeta andalusí al-Abbadiyya. Denia/Sevilla. Siglo XI).

Te echo de menos pero no te digo adiós, mi querido Marcos, porque te llevo dentro y te quedas en mi corazón y, sobre todo, porque te he tomado la palabra. Porque sé que vas a volver como nos habíais prometido:

Volveré a Sevilla.
Sobre mis propias pisadas.
como si nada hubiese cambiado allí,
aquí y en Granada.
Como si nada hubiese cambiado.
Del Rosal en el Jardín. XXVI. A al-Mu`tamid, rey de Sevilla. Siglo XI. Poeta andalusí).

Te espero, Marcos, y espérame tú también a mí. Nos quedan todavía muchas utopías que poner en marcha, muchas risas que echarnos, muchas cañas y tapas, y muchas juventudes para volver a enamorarnos de muchas más mujeres guapas mientras convocamos revoluciones.

 

Renta básica: las piezas de un debate ineludible

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Publicado en El Pais el 15 de octubre de 2019

Si se entiende en su sentido más amplio (como un ingreso mínimo destinado a quienes carecen de él o reciben algún otro insuficiente para sobrevivir), puede decirse que todas las corrientes ideológicas defienden la renta básica. El economista Milton Friedman, el mayor referente del liberalismo en la segunda mitad del siglo XX, fue el promotor del impuesto negativo sobre la renta, una figura cercanísima a la renta básica universal que defienden quienes están en sus antípodas. Y en España todos los grandes partidos defienden en sus programas electorales algún tipo de ingreso mínimo, renta básica o complemento salarial.

Es cierto que a partir de ahí surgen las diferencias. Desde quienes piensan que una renta mínima sólo se debe percibir si se está en situación de extrema necesidad y a cambio de algún tipo de contraprestación, hasta quienes la defienden como un derecho universal de ciudadanía, incondicionado y sin contrapartida alguna.

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Europa vuelve a equivocarse

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Publicado en lapoliticaonline.es el 26 de septiembre de 2019

Las autoridades europeas se equivocaron antes, durante y después de la crisis de 2008 y se vuelven a equivocar ahora.

Antes de que estallara no fueron capaces de prever lo que se estaba gestando. En gran medida, porque para ello tendrían que haber reconocido las fatales consecuencias de sus propios errores previos. Entre otros:

– Dejar que países como Alemania que acumulaban grandes superávit los dedicaran a financiar burbujas especulativas en la periferia europea.

– No regular convenientemente la actividad bancaria y permitir las prácticas fraudulentas y peligrosas de la banca.

– Establecer reglas de estabilidad presupuestaria equivocadas que en lugar de evitar los latigazos del ciclo económico los agudizan.

– No corregir un diseño del euro concebido para beneficiar a los países centrales de Europa y a Alemania en particular y que, precisamente por ello, incrementa la divergencia y produce continua inestabilidad y rechazo social.

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Lección de saludo y bienvenida a los nuevos alumnos de mi Facultad

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El decano de mi Facultad me pidió que diese una primera lección de saludo y bienvenida a los nuevos alumnos que se incorporan este año al centro. Ha sido un gran honor para mí y transcribo a continuación mi intervención.

Querido decano, querido equipo decanal, queridas compañeras y compañeros que veo que se encuentran ente nosotros y, sobre todo, señoras y señores alumnos: buenos días a todos.

Me ha pedido el decano que dirija unas palabras de saludo, como una especie de primera lección que sirva de recepción a los nuevos alumnos y alumnas que hoy se incorporan a nuestro centro, y lo hago con muchísimo gusto, aún sabiendo que seguramente yo no soy la persona apropiada porque hay otros muchos profesores que lo harían mucho mejor.

Lo que haré en los próximos minutos será transmitirles alguna de las experiencias que voy acumulando, ya más por viejo que por sabio, sobre la vida universitaria y, para que vayan entrando en materia, ponerles algunas tareas. Así que tomen nota desde el principio.

En primer lugar, me gustaría dedicar unas palabras al lugar a donde han llegado, la universidad.

Deben ser muy conscientes de que entrar en estas aulas es un privilegio. Quienes de todos ustedes lleguen a terminar la carrera formarán parte de un grupo selecto: de esos cuatro de cada diez jóvenes que tienen título universitario. No crean, por tanto, que aquí ha entrado todo el mundo y que todos los jóvenes españoles tendrán la misma oportunidad que tienen ustedes.

Y les diré más: acaban ustedes de recibir un regalo de la sociedad.

Incluso personas con menos renta y riqueza que sus familias han pagado impuestos para que ahora ustedes puedan estar sentados ahí.

¿Cuánto creen que costará cada año de sus estudios? Seguro que muchos responderían diciendo que lo que les ha costado la matrícula. Pero no. Por término medio, cada curso universitario cuesta en España unos 8.000 euros. Hagan la diferencia con lo que han pagado y obtendrán lo que les regala la sociedad. O, mejor dicho, no lo que les regala, sino lo que les ha prestado. Porque lo justo es que, con el paso del tiempo, ustedes le devuelvan lo que ahora les ha dado. Lo que ha hecho la sociedad es invertir en ustedes.

Y de esa inversión nace la obligación de devolver lo recibido. Se lo voy a decir muy claro: ustedes no tienen derecho a dilapidar el esfuerzo de los demás. Quien no esté dispuesto a esforzarse, que se levante y se vaya ya.

En segundo lugar, me gustaría hablarle de ustedes mismos.

Miren, la vida de cada ser humano es un misterio y cada trayecto vital es diferente al otro. Es verdad que nada está escrito, pero también lo es que sabemos algo muy importante: que los seres humanos podemos labrarnos nuestro futuro y que recogemos lo que sembramos.

Decía Albert Einstein que «hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad».

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La crisis que viene

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Publico en un nuevo digital publicado en España, LaPolíticaOnLine.

Desde hace unos meses hay una convicción generalizada entre los expertos sobre la proximidad de otra crisis (un cambio en la senda actual de crecimiento económico seguido de inestabilidad) y quizá de una nueva fase de recesión económica (crecimiento negativo durante más de dos trimestres consecutivos) que conduzca a otra etapa posterior de nuevas dificultades.

Las diferencias de opinión tienen que ver sobre la fecha en que comenzará a producirse -en 2020 o 2021- pero se da por hecho que vamos a sufrirla, de modo que es muy conveniente estar al tanto y tratar de adelantarse a lo que ya parece inevitable.

A mi juicio, hay algunas señales que indican claramente que la crisis está muy cerca y algunas razones de peso que llevan a pensar que va a ser inevitable y de relevancia, aunque de naturaleza diferente a la que vivimos a partir de 2007-2008. Las comento brevemente a continuación.

Las señales

La economía de China crece al ritmo más bajo de los últimos 30 años. Alemania sólo se ha salvado de entrar formalmente en recesión por unas décimas. La de Estados Unidos lleva el periodo más largo de crecimiento positivo de toda su historia pero, precisamente por ello, cabe esperar que se encuentra a las puertas de un frenazo inmediato. Algo que ya anticipan muchos indicadores. El de actividad de la industria química, por ejemplo, está empeorando y eso significa que lo hace toda la economía estadounidense, puesto que los productos químicos se utilizan en todos los sectores. Por otro lado, la rentabilidad de los bonos a un año ha comenzado a superar a la del bono a 10 años, y sabemos que cada vez que eso ha ocurrido se ha producido una recesión en Estados Unidos entre 9 y 25 meses después.

Si tenemos en cuenta que esas tres economías representan alrededor el 55% del PIB mundial y que también están en una situación muy parecida otras de las más grandes, como la de Japón o Italia, las de países de menor peso económico pero relevantes (como Argentina, Irán, Venezuela, Singapur, Brasil, México…) o, por otras razones, la de Gran Bretaña… parece claro que la desaceleración de la actividad económica en todo el mundo es un hecho indiscutible.

Las causas de la crisis

Constatar que la economía mundial se desacelera es importante pero lo que realmente puede darnos una idea precisa de lo que se nos viene encima son las causas que han provocado la situación en la que estamos y las que hacen que la llegada de una nueva crisis sea ya inevitable a estas alturas.

En mi opinión, los más importantes son las siguientes.

En primer lugar, que no se resolvió adecuadamente la anterior, provocada por los bancos y los grandes fondos de inversión al corromper el sistema financiero de todo el planeta. La mala costura dejó a la economía mundial «tocada» y registrando una recuperación que en realidad ha sido más aparente que real. En particular, el incremento de la desigualdad y la deuda ha debilitado la demanda de consumo y la de inversión y eso hace que la inmensa mayoría de las empresas, las que no tienen poder de mercado, tengan más difícil obtener beneficios generando la producción y el empleo que son la base de la estabilidad económica.

En segundo lugar, que las políticas de estímulo que hasta ahora han venido aplicando los gobiernos o los bancos centrales, según los casos, han sido insuficientes y ahora, además, están empezando a ser insostenibles. Por un lado, porque la deuda, tanto pública como corporativa, está alcanzando niveles cada día más alarmantes. Y, por otro, porque con los tipos de interés prácticamente a cero o incluso negativos, es muy difícil poder utilizarlos con bajadas significativas para impulsar la actividad. En cuanto el gasto y la financiación se han ido desinflado un poco, las economías se han desacelerado y si desaparecieran la situación se pondría todavía más fea.

En tercer lugar, los conflictos comerciales (China-Estados Unidos o Europa-Mercosur, entre otros) y el proteccionismo reaccionario de Trump que está produciendo efectos muy negativos, no sólo sobre las importaciones y exportaciones entre las superpotencias sino también sobre las de otros muchos países. Como no parece que la tensión se vaya a resolver a corto plazo, el daño irá a más. Sobre todo, si Trump intensifica el conflicto para usarlo como arma electoralista dando pie a que se extienda a los mercados de divisas. En ese caso, sus efectos serían mucho más potentes, generalizados y dañinos.

En cuarto lugar, hay que tener en cuenta que los sistemas financieros de todo el mundo apenas si se han reformado después de la crisis de 2008 y que siguen en situación de gran fragilidad. Eso hace que su contribución para mejorar las cosas, proporcionando la financiación y apoyo necesarios, esté siendo más escasa justamente a medida que la situación se va complicando.

En quinto lugar, estamos viviendo tensiones geopolíticas que producen gran riesgo e incertidumbre porque pueden derivar inmediatamente en gravísimos problemas económicos y energéticos, algunos globales, si estallan: Brexit, Irán, Venezuela, Turquía…

Finalmente, pero no por ser la última menos importante sino quizá todo lo contrario, resulta que las bolsas de todo el mundo están al borde de un colapso cuyos efectos serían demoledores para muchas grandes empresas y para el sector financiero. Y todas las señales apuntan a que eso es lo que se va a producir sin remedio como consecuencia, entre otros factores, de la sobrecapitalización de las más grandes empresas del mundo (que vienen utilizando sus beneficios para realizar compras multimillonarias de sus propias acciones); de la especulación a gran escala y a toda velocidad que domina los mercados; y de la gran inestabilidad que lleva consigo la incertidumbre y el riesgo que provocan la coincidencia de todos los factores anteriores que acabo de señalar.

Una crisis distinta a la de 2008

Cuando se oye decir que se aproxima ahora una nueva crisis es lógico que todo el mundo mire hacia atrás y recuerde la de 2007-2008 para preguntarse si será lo mismo. Pero será diferente.

Como se sabe, la anterior tuvo su origen en el sistema financiero que es quien proporciona la financiación al resto de la economía. Y la financiación es como la sangre de un animal o la savia de una planta, lo que significa que si se bloquea, si se contamina o se corrompe, destruye a todo lo que vive de ellas. Cuando eso ocurre, como ocurrió cuando los bancos de todo el mundo se dedicaron a producir productos e inversiones financieros que eran pura basura, se da lugar a una crisis que, precisamente por esa razón, se dice que es sistémica: porque casi nadie se puede salvar de ella y porque afecta a todas las economías prácticamente sin excepción.

La crisis que viene ahora no será de este tipo. El estado del sistema financiero mundial sigue siendo muy frágil, como acabo de señalar y por razones que no tengo espacio para comentar aquí, y eso puede dar lugar a que explosione en cualquier momento. Pero no parece que eso sea lo que vaya a ocurrir en los próximos meses. O, mejor dicho, me parece mucho más probable que las explosiones se produzcan primero en otros ámbitos del sistema económico.

La nueva crisis no tiene su origen en el sistema financiero sino en el mercado de bienes y servicios. Pero tampoco vendrá producida sólo por la escasez de demanda que viene dándose desde hace años como consecuencia de la caída de los salarios en todo el mundo (y que en condiciones normales se puede resolver inyectando gasto desde el Estado o medios de pago desde el banco central). En esta ocasión, la crisis es principalmente de oferta real y tiene que ver con dos factores que ya se han destapado y con uno que aparecerá a posteriori.

Los dos primeros son, por un lado, la guerra comercial que he mencionado y sus casi seguras consecuencias sobre los mercados de divisas; y, por otro, la lucha para lograr mejores posiciones en la próxima revolución tecnológica ligada a la robótica, la inteligencia artificial o los nuevos tipos de comunicaciones. El tercero tiene que ver con los problemas que una crisis así termina siempre generando sobre las fuentes de energía y que ahora se verán agravados al encontrarnos en medio de un cambio climático de excepcional envergadura.

Los peligros que trae la crisis

La ventaja de una crisis de este tipo respecto a una financiera es que no suele ser sistémica y que, por tanto, es posible que algunas economías, sectores o empresas escapen de ella. Pero tiene otros peligros tanto o más letales.

El primero, que afecta en primer lugar y de lleno a la vida de las empresas, es decir, a las organizaciones que crean los bienes y servicios que necesitamos, las que generan los ingresos salariales con los que vive la mayoría de la gente y las que en teoría deben invertir para mejorar nuestra calidad de vida y la marcha de la economía.

El segundo peligro es que una crisis como la que viene no se puede resolver simplemente haciendo «transfusiones» de dinero desde los bancos centrales (como hizo, por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos cuando en sólo seis meses de 2008 creó más dinero para inyectar a los bancos comerciales del que había creado desde 1945). Ni tampoco aumentado el gasto público, porque la deuda ya es muy elevada en la inmensa mayoría de las economías, además de que los problemas de la oferta empresarial -como acabo de señalar- no consisten sólo en que no tengan demanda suficiente.

El tercer peligro que conlleva una crisis como la que viene es que producirá caída de la producción y el empleo y, al mismo tiempo, aumento de precios, de modo que serán necesarias políticas de control justamente contrarias a las que habría que adoptar para reactivar la vida empresarial y la demanda.

El cuarto peligro es que, si la crisis que viene va acompañada, como yo creo que va a ocurrir, de un desorden grave en los mercados de capitales y en las bolsas, lo que sucederá es que un buen número de las mayores empresas del planeta tendrán dificultades que les van a obligar a modificar sus estrategias de todo tipo, produciendo  así un incremento generalizado del desorden y de la inestabilidad y, como resultado, nuevos problemas financieros como consecuencia de la falta de liquidez en todos los mercados.

El quinto peligro que a mi juicio acompaña a la crisis que se aproxima es que no se le va a poder hacer frente recurriendo solamente a los instrumentos convencionales de la política económica. Es de nueva ola. Ni la política monetaria ni la fiscal tradicionales nos van a servir; mantener las actuales pautas de distribución que aumentan la desigualdad dificultará cada vez más que se recupere la oferta de las empresas; seguir dando completa libertad a los grandes operadores que acaban con la competencia en los mercados y los controlan a su antojo para primar la especulación y el despilfarro de recursos producirá ineficiencia e inestabilidad crecientes; no actuar radicalmente sobre el cambio climático y sobre el deterioro ambiental traerá subidas de precios y escasez; y aceptar que la economía de nuestra planeta no tenga más gobierno que el de los intereses minoritarios de los más poderosos en un contexto político de democracias cada vez más debilitadas y vacías de contenido, nos puede sumir en un auténtico caos.

Nos encontramos, en resumen, a las puertas de una crisis que no va a ser sistémica y quizá ni siquiera global, sino que va a manifestarse en detonaciones sucesivas, en diferentes lugares y con magnitud muy diversa, de oferta en el mercado de servicios y que no responderá a las terapias convencionales. Recurrir a los envejecidos paradigmas de conocimiento dominantes para diagnosticarla y aplicarle las medidas políticas de siempre mitigará alguno de sus efectos, pero seguirá dejando abiertas de par en par las ventanas por donde se colarán las siguientes y más peligrosas crisis del siglo XXI, la financiera, la de la deuda, la ambiental y la social. Sobre cómo desarrollar y aplicar un nuevo tipo de análisis y respuestas hablaremos otro día, aunque lo que acabo de señalar creo que da pistas sobre ello