Los de arriba mueven ficha

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Publicado en Público.es el 4 de junio de 2014

Los resultados electorales del 25M han puesto en jaque a la gran clase política que mantiene el régimen, al poder bancario y empresarial y a los medios que tratan de conformar opinión. Y a la clarísima desaprobación social que han supuesto ha seguido un verdadero terremoto político.

Quién ha sido uno de los elementos fundamentales en todos los grandes pactos de Estado en los últimos 25 años, Alfredo Pérez Rubalcaba, convocaba un congreso que lo pondrá fuera de juego para tratar de paliar la desafección electoral ya indisimulable que ha traído consigo la traición del gobierno de Zapatero y que quiebra uno de los pilares fundamentales del régimen.

La patronal no tardaba ni cuarenta y ocho horas en decir que había que pensar en subir salarios, reconociendo así que empieza a carecer de fuerza política, de legitimación y de instrumentos para seguir defendiendo la política económica que se vienen aplicando con el único objetivo de aumentar su poder y la retribución del gran capital.

Rajoy anunció rápidamente que pondría en marcha un programa de estímulo, en una línea completamente contraria a la que ha venido defendiendo, para dar a entender que responde al descontento y a las demandas sociales que las elecciones han puesto de relieve.

Los medios y la clase política se han lanzado al cuello de los dirigentes de Podemos lanzando acusaciones tan exageradas que son ridículas y mostrando un servilismo y un miedo tan patentes que al final están terminando por ayudar a que esta novedosas fuerza política se consolide como detonante del movimiento social arrollador en que puede convertirse si se hacen bien las cosas.

Y, por si todo esto fuese poco, el rey anuncia de un modo claramente improvisado la abdicación que había negado que pudiera producirse, cuando su hijo y sucesor se encuentra a miles de kilómetros y a la reina, qué casualidad, apenas si le había dado tiempo de abrir las maletas que llevara a la reunión del grupo Bilderberg, en donde se mueven los hilos del poder mundial.

Los de arriba se han asustado y han movido fichas a toda prisa. Tratan de evitar que los escándalos de la Casa Real sigan salpicando todo el sistema y quieren dar un acelerón institucional unido a la coronación del sucesor de don Juan Carlos para poner freno a la descomposición y a la deslegitimación galopante que la acción del PP, del PSOE, de la derecha nacionalistas y de sus representantes en las instituciones del Estado y en el poder económico está generando a base de robos, de corrupción generalizada, de injusticias flagrantes y de incompetencia manifiesta.

Se trata de una operación tras la que se encuentran todos los resortes del poder político, económico, financiero y mediático pero que va a fracasar estrepitosamente. Es imposible que sea de otra forma porque sin darle protagonismo al pueblo y sin dejar que éste se pronuncie sobre cómo resolver “las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando” (en palabras del rey) no se podrá disimular lo que encubre realmente lo que han puesto en marcha: un intento desesperado de salvaguardar los intereses de los mismos que han provocado los problemas que ahora dicen que van a resolver a toda prisa.

Los dos grandes partidos que van a impulsar este acelerón institucional (la coronación del nuevo rey y la posterior reforma constitucional que pretenden llevar a cabo) no obtuvieron conjuntamente más que el 21,6% de los votos de toda la población española con derecho a voto el pasado 25M (y eso sin contar que una parte importante de los votantes del PSOE muy posiblemente no comparte los planes de sus dirigentes). ¿Quién puede creer que con ese grado de apoyo social puede tener éxito una operación de recambio tan profunda como la que planean?

Se puede argumentar que en términos de representación parlamentaria cuentan, como airean todos los medios, con más del 90% de los diputados, pero lo que eso precisamente indica es que este parlamento ya no representa realmente a la sociedad española que en su día lo eligió.

Llevan razón Rajoy y otros dirigentes del PP cuando dicen que lo que debemos hacer quienes defendemos un referéndum para dilucidar quién debe ser el próximo Jefe del Estado es plantear una reforma de la Constitución. Efectivamente, ese es el verdadero desafío cuando quienes dicen defenderla no la cumplen. Por eso lo que hay que hacer es denunciar todo lo que está pasando y sumar apoyos para regenerar España y salvarla de una minoría que la ha hundido en la miseria a base de corrupción y de engaños. Hay que reclamar que se celebren nuevas elecciones generales y que se abra cuanto antes un proceso de consulta al pueblo español. Lo contrario sería otro insulto y otra agresión inaudita a la soberanía nacional que realmente está en el pueblo y no en unos representantes sobre los que ha recaído, con todo fundamento, la sospecha de que han dejado de serlo. Y esa es, no se olvide, una tarea imposible de llevar a cabo si no es con una mayoría social amplísima. No se trata de reagrupar solo a los republicanos, o solo a las gentes de izquierdas o de cualquier otra corriente. Hay que forjar un nuevo proyecto de Estado y eso requiere la colaboración y la complicidad de todos, justo al revés de cómo quieren hacer desde arriba.

¿Cospedal sí y Susana Díaz no?

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Justo el día que se anunciaba la abdicación del rey publicaba en El País Andalucía mi artículo semanal, en esta ocasión dedicado al debate provocado por la posibilidad de que la presidenta andaluza sea la nueva secretaria general del PSOE. No tengo claro, como digo ahí, que eso le reporte muchas ventajas a ella o a Andalucía pero me parece que los argumentos que se están utilizando -sobre todo por el PP- para criticarla por esa posibilidad son francamente demagógicos. El artículo puede leerse aquí.

República… y algo más

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Ahora que veo a mucha gente en las calles reclamando la república se me ocurre pensar si lo importante es la forma de gobierno y no el espíritu y la emoción con que se gobierna.

De hecho, a nuestro alrededor hay repúblicas odiosas en las que no se respetan los derechos humanos y en donde las personas viven esclavizadas mientras que hay monarquías en donde se está más cerca de la libertad, de la igualdad y la fraternidad.

¿Qué república, por ejemplo, podríamos tener de la mano de esos republicanos que ayer sacaban a la calle guillotinas cuando la reivindicaban?

Quienes ahora reclamamos la república no deberíamos olvidar que no toda república es capaz de traer consigo el «orden político de la dignidad», en expresión también de esos dos filósofos, que es el que hace que «los individuos sean iguales, libres y fraternos. Es decir, ciudadanos independientes civilmente, que no tengan que pedir permiso a nadie para existir con dignidad».

Para ello no son precisamente guillotinas lo que se hace más necesario sino empatía y comprensión y un gran esfuerzo para que la ciudadanía en su conjunto y no solo una minoría asuma como una cuestión vital que la justicia, la paz y el respeto a la vida, a las personas y a la naturaleza, son la base de la convivencia entre los seres humanos.

Yo abogo también porque haya un referendum y el pueblo pueda elegir entre monarquía y república. Pero no soy tan ingenuo como para pensar que con la república basta si no cambiamos nosotros y si no cambia el modo en que contemplamos a cualquier «otro» y nos relacionamos con él, es decir si no nos hacemos antes republicanos incluso estando en una monarquía. O si no desaparece el «pecado estructural», del que también hablan Carlo Fernández y Luis Alegre, en el que estamos inmersos.

¿Abdica o han abdicado al rey?

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Con su hijo y sucesor a miles de kilómetros volando procedente de América, sin anunciarlo él personalmente como parece lo lógico y justo después del gran batacazo electoral de los partidos que sostienen a la monarquía, la abdicación del rey parece más bien forzada. A mí me parece que en realidad «lo han abdicado». Nos iremos enterando con el tiempo.

¿Podrá Podemos?

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Publicado en Público.es el 26 de mayo de 2014

Gran parte de los resultados de ayer domingo eran esperados: la abstención alta, el fracaso del PP y PSOE, la subida de Esquerra Republicana y de Izquierda Unida, el mayor número de votos a fuerzas políticas minoritarias… e incluso la entrada en el Parlamento Europeo de Podemos. Pero muy pocos soñaban con que ésta fuerza se iba a constituir en la cuarta del Estado e incluso a ponerse por delante de Izquierda Unida en comunidades tan significativos como Asturias, Madrid y en muchas ciudades importantes.

Podemos es la gran triunfadora de las elecciones aunque ese triunfo, como señaló Pablo Iglesias al saber los resultados, no sea ni mucho menos el que se va buscando, que no es otro que acabar con una casta política y con unos recortes de derechos y libertades que están hundiendo a España en la miseria.

Ese horizonte es el que Podemos ha abierto de pronto ante millones de personas que quizá por primera vez en los últimos años han empezado a soñar que de verdad hay posibilidades de empezar a contabilizar victorias y no derrota tras derrota.

Podemos ha incorporado a la vida política española, con éxito, algo que ya empezó a desarrollarse en torno al 15M: la convocatoria a personas hecha por personas y no por aparatos más o menos contaminados por los lastres de una transición tan poco ejemplar como la que hubo en España. Su propuesta de primarias para elegir a sus candidatas y candidatos (que, por cierto, recibió sus mayores críticas desde Izquierda Unida y sorprendentemente de personas como Alberto Garzón que muchos creíamos alejado de ese tipo de tentaciones) significa ya un Rubicón que inevitablemente deberán traspasar quienes deseen defender proyectos creíbles y realmente alternativos de transformación social. Y su éxito electoral compensa con mucho las críticas que incluso algunos que apoyamos desde el inicio a Podemos le hicimos más adelante por la forma en que se desarrollaban las cosas en el seno de muchos de sus círculos, en donde no siempre domina precisamente el mismo discurso antisectario y más inteligente y atractivo que defiende Pablo Iglesias y otros de sus dirigentes.

Por todo eso, es Podemos quien representa ahora la mejor referencia y quien está en condiciones más creíbles para marcar el paso en los próximos meses y de cara a las movilizaciones y elecciones que quedan por delante. Sigue leyendo