El ministro chivato

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En El País-Andalucía de hoy comento las salidas de tono constantes del Ministro de Hacienda que utiliza la información reservada de la Agencia tributaria para atacar a sus adversarios. Nos iría mejor si se dedicase de una vez a luchar contra el fraude. El artículo puede leerse aquí.

¿Dentro o fuera del euro?: Diez ideas

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Publicado en Revista de Estudios. Número 48. Fundación Primero de mayo. Febrero de 2013 

1. La pertenencia de un país a una zona monetaria común puede ser muy positiva y deseable pero solo pueden si se cumplen determinadas condiciones. En otro caso, una moneda común se convierte en un experimento que provoca más problemas de los que puede resolver (Ver Juan José R. Calaza, Teoria economica de la moneda única : El euro contra España. Ed. Pirámide, Madrid 1998. Un análisis más resumido en Juan Torres López, El euro: lo que nos quieren contar. Sevilla 1995. En www.juantorreslopez.com/wp-content/uploads/EURO.pdf).

2. La unión monetaria europea prácticamente no cumplió cuando se aprobó, y ni siquiera ahora, ninguno de esos requisitos. Pero no por un simple fallo de diseño: tanto los países con capacidad para generar grandes excedentes de capital como las grandes empresas con fuerte dominio del mercado se benefician extraordinariamente de este diseño.

3. En las condiciones a las que acabo de hacer referencia fue inevitable que las economías (llamémosle periféricas en un sentido amplio) que se iban incorporando a la unión monetaria desde posiciones más atrasadas, estuvieran condenadas a sufrir graves perjuicios:

a) Un progresivo proceso de descapitalización interna y de auténtica colonización por parte de los capitales procedentes de las economías «centrales».

b) La especialización en actividades muy dependientes del ciclo y de los vaivenes de los flujos financieros (con especial incidencia de las burbujas), lo que aumenta su inestabilidad y la debilidad estructural.

c) Una gran dependencia, no solo económica, sino política, al fortalecerse los grupos oligárquicos.

d) Carencias de capital social cada vez más grandes.

En resumidas cuentas, la opción de integrarse en una zona monetaria de esta naturaleza era sencillamente suicida para los países de la periferia europea, entre ellos España.

 

4. España no tomó prácticamente ningún tipo de defensa para hacer frente a los peligros que iba a conllevar su entrada en el euro en las condiciones en que estaba diseñado y en las que se encontraba nuestra economía.

Es verdad que la pertenencia al euro ha permitido la entrada de un gran caudal de recursos pero eso hay que ponerlo al lado de los que han salido de España para retribuir a los capitales que se han adueñado de la inmensa mayor parte de nuestro aparato productivo prácticamente en todas las actividades económicas. El cambio que ha dado nuestro país es evidente pero igualmente lo es que se han dedicado principalmente a consolidar un modelo productivo caracterizado por el gran derroche energético, por el gran coste ambiental de las grandes infraestructuras, a la larga insostenible, muy desigualitario, y solo aparentemente orientado a ganar competitividad restringiendo costes salariales porque a la postre (cuando se ha producido la mayor contención salarial de la OCDE prácticamente desde que estamos en el euro) no ha permitido mejorar nuestra balanza exterior, sino todo lo contrario.

Tampoco la consolidación de ese modelo es casual: es el que mejor responde a la política de deuda, es decir, al objetivo explícito de generar más demanda de crédito para favorecer el negocio bancario y alimentar la ganancia especulativa que, en los años del euro, se ha disparado.

5. La extraordinaria magnitud de la crisis ha golpeado como un misil a la línea de flotación de la economía española que ahora se encuentra frente a cuatro grandes problemas o desequilibrios, obviamente entrelazados:

a) Una crisis de demanda muy profunda, agravada actualmente por la política de austeridad.

b) Una crisis bancaria.

c) Una crisis de deuda soberana y de deuda privada.

d) Un crisis de modelo productivo.

6. Para salir de una crisis de, al menos, las cuatro dimensiones que acabo de señalar, la economía española necesitaría disponer a muy corto plazo, al menos, de:

a) Un plan de estímulo que recupere la generación de ingreso y la demanda interna.

b) Una reconversión radical del sistema financiero para disponer de la financiación que evite la continuada destrucción de actividad.

c) La puesta en marcha de nuevas formas de generación de riqueza y empleo

d) Una reestructuración de la deuda.

e) Un banco central auténtico que aliviara el peso creciente de la deuda que generan los intereses vinculados a su financiación privada sin que sea suficiente con que intervenga puntualmente en los mercados secundarios.

f) Una reforma fiscal muy profunda y apoyada desde fuera para evitar salidas de capitales y una exacerbación de la evasión fiscal.

g) Y todo ello requiere, por encima de todo, capacidad de maniobra.

Es evidente que este tipo de medidas básicas requerirían la comprensión y complicidad en unos casos o el apoyo y la colaboración explícitos en otros de la Unión Europea. Pero es realmente impensable o incluso imposible que eso se de en el muy corto plazo de tiempo en que sería necesario aplicarlas (y posiblemente ni siquiera a medio plazo).

Por tanto, creo que los problemas de nuestra economía no tiene solución completa posible en el seno de la Unión Monetaria Europea si nos limitamos a aceptar las condiciones en que ésta está diseñada y las políticas que viene imponiendo en los últimos tiempos.

7. Ahora bien, la pertenencia a la unión monetaria (incluso en las condiciones imperfectas y dañinas actuales que he comentado) no impide que en cada país, y en concreto en España, se tomen medidas que permitirían dar un giro distinto a la evolución de la crisis.

– Se podrían obtener fondos que reactivaran la demanda interna revirtiendo las reformas laborales y financieras que han provocado una caída continuada de ingresos.

– Se podría disponer a corto plazo de financiación para la actividad económica a partir de fórmulas que incluso son variadas: nacionalizando bancos o creando una central de depósitos en la línea de propuestas de reforma bancaria que incluso el propio Fondo Monetario Internacional está aireando.

– Se podrían poner en marcha nuevas experiencias de actividad productiva, de canales de distribución o de impulso de nuevos sectores (Hay propuestas interesante al respecto en Antonio Quero, Bases para un Acuerdo Nacional para la salida de la crisis y la defensa de la soberanía económica. En http://www.basesenred.org/images/Bases_Acuerdo_Nacional_8-10-2012_II.pdf).

– España también tiene a su alcance la posibilidad de llevar a cabo reformas fiscales y de poner en marcha una batalla contundente contra el fraude fiscal que permitiría incrementar en una gran medida los ingresos fiscales.

– Aunque contraería mayores dificultades, ni siquiera es aventurado pensar que España podría diversificar las fuentes internacionales de financiación con el fin de romper a corto y medio plazo las servidumbres que viene imponiendo el capital europeo.

– E incluso se puede plantear la creación de una moneda paralela al euro y cerrada al mercado y a las operaciones de pago internas, tal y como ha propuesto Juan J. Calaza. Una propuesta muy importante porque, siendo compatible con la pertenencia al euro, permitiría un reflotamiento de la financiación y de la actividad en el mercado interno que es la condición previa y sine qua non para salir de la crisis (Juan J. R. Calaza, Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas), en: http://bit.ly/vurblgy Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es, en: http://bit.ly/YFrfkl).

8. Un tercer escenario para hacer frente a la situación en la que se encuentra la economía española es el de la salida del euro que obliga a poner sobre la mesa dos consideraciones previas: la posibilidad intrínseca de llevarla a cabo, y las ventajas e inconvenientes que supondría.

La salida del euro ni siquiera se encuentra contemplada formalmente como tal en los Tratados Europeos, de modo que cabe pensar que solo se podría producir mediante una ruptura institucional radical con la Unión Europea. Lo que no quiere decir que no sea viable, como se propone en un reciente trabajo de Rober Bootle (Leaving the euro: A practical guide. En http://bit.ly/HM09dX. Vid. también Jacques Sapir, Si hay que salir del euro…. En Miguel Riera, ¿Salir del €uro? El Viejo Topo, Barcelona 2012).

Sobre sus ventajas e inconvenientes hay que considerar, por un lado, el impacto a corto plazo, muy traumático y costoso. Y, por otro, el que podría tener a medio y largo plazo, que solo podría ser positivo si se consigue no solo superar el efecto depresivo y desestabilizador inmediato de la devaluación interna y externa que supondría y de la descapitalización acelerada que produciría, sino se logra cambiar de dirección en no demasiado tiempo, poniendo en marcha actividad económica y proyectos empresariales en nuevos ámbitos y con incentivos y formas de propiedad, gestión y financiación muy distintas a las hoy día predominantes.

Sea cual fuere el saldo final de este proceso, no cabe la menor duda de que comportaría igualmente grandes dificultades, desórdenes y sacrificios, sobre todo, en los dos o tres primeros años.

9. En conclusión, me parece que hay un peligro más grande y un riesgo cierto en el futuro.

El peligro es el que comporta continuar en el euro bajo las políticas de recorte de derechos, de restricción del gasto y de descapitalización que se vienen llevando a cabo. Si no se frenan cuanto antes pueden dejar a España frente a una o dos décadas perdidas en el futuro inmediato y sumida no solo en una depresión económica sino ante continuas convulsiones sociales, algo muy peligroso en una sociedad donde el poder oligárquico procedente de la dictadura no solo no se ha desarticulado sino que ha salido reforzado en la democracia.

El riesgo es el que conllevaría romper con la inercia y enfrentarse a los poderes dominantes en Europa, aparte, naturalmente, del que significaría no poner en marcha adecuadamente alternativas llamémosle reformistas mientras se sigue perteneciendo al euro. Y, por supuesto, el de enfrentarse a los mercados y a los grandes grupos empresariales y financieros que están definiendo el camino que recorre Europa. Pero si España no lo asume cuanto antes, pagará un precio muy elevado.

Si hubiera que ordenar las alternativas por deseabilidad, creo que la más atractiva sería pertenecer a otra Europa sin los déficits sociales y democráticos actuales y a una zona monetaria única concebida cooperativamente para desarrollar a las naciones y no para que los centros de poder se aprovechen de las más frágiles. Pero es evidente que el deseo no es suficiente para hacer realidad los proyectos sociales. Lo ideal actualmente sería la estrategia intermedia, que proporcionaría ingresos,  financiación y, sobre todo, capacidad de maniobra, reduciendo los abismos que hoy día conllevan permanecer en el euro con una actitud pasiva ante las políticas dictadas por los países europeos generadores de excedentes de capital o salir de él. Y de ser ésta inviable, muy posiblemente la única solución que quedaría sería la salida del euro, en cualquiera que fuesen las circunstancias en que se diera.

10. En cualquier caso, lo que me parece más relevante y la conclusión principal a la que deseo llegar es que ninguna de esas alternativas es viable en las condiciones políticas en las que estamos. Mientras predomine en España la fragmentación política y bajo el esquema de partidos y el equilibrio resultantes de los pactos de la transición ni se podrá tratar de modificar la situación en la que estamos dentro de Europa, ni se podrán poner en marcha reformas internas dentro del euro, ni, por supuesto, será viable salir de éste. Se requiere una previa modificación de nuestro marco político y el nacimiento de una nueva mayoría social en torno a un proyecto que en otro lugar se llamaría «nacional» pero que, como prueba de las dificultades que hay para ponerlo en marcha en España, aquí ni siquiera sabríamos qué calificativo deberíamos ponerle para definirlo como deseado por esa inmensa mayoría de personas y clases, colectivos sociales, sin herir un buen número de sensibilidades.

Dictadura en Europa

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Publicado en Sistema Digital el 28 de febrero de 2013

No habían pasado ni veinticuatro horas del cierre de las urnas en Italia cuando Angela Merkel dictó lo que hay que seguir haciendo allí. El portavoz de su partido afirmó que sea cual sea el gobierno que se forme sólo admitirá un camino a seguir, el de las reformas de Monti. Y su ministro de Economía ha reiterado que no hay más alternativas que las medidas que llevaba a cabo el presidente-banquero que ahora acaba de perder estrepitosamente las elecciones.

No hay forma más clara de señalar que lo que hayan dicho los ciudadanos a través del voto le importa un rábano a quienes hoy día han convertido Europa en una dictadura de facto.

En Europa se está desmantelando la democracia y es lógico que esto esté ocurriendo. Es la única manera que tienen las autoridades de garantizar que se puedan seguir aplicando políticas cuyo fracaso  es indisimulable si no es para beneficiar a una minoría muy poderosa que vive de un modelo social muy desigual e injusto.

El informe de invierno que hace unos días presentó el comisario de Economía, Olli Rehn, demuestra claramente que los resultados de las políticas que se vienen imponiendo son totalmente distintos a los que dijeron que se iban a conseguir cuando las anunciaban como nuestra salvación. Todo es al revés de como habían previsto: el crecimiento es menor, el paro ha aumentado, los bancos no financian, las empresas siguen cerrando, el déficit y la deuda crecen y en lugar de recuperarse, la economía europea entra en recesión.

Los daños sociales que esto ocasiona aumentan en todos los países sin excepción. Los indicadores que Eurostat, la oficina de estadística europea, ha presentado esta semana muestran que ya casi uno de cada cuatro europeos (24,2%) y un 27% de los jóvenes menores de 18 años está en riesgo de pobreza o exclusión social. Porcentajes que son terriblemente más altos en algunos países de la Unión, como Bulgaria (49,1 y 51,8%), donde la gente en la calle acaba de derribar al gobierno. Y que alcanzan proporciones siderales cuando se dan en familias de bajos niveles de estudios. En este caso, el porcentaje de menores de 18 años en riesgo de pobreza monetaria en el conjunto de la Unión es del 49,2%, y del 76.2% en Chequia o del 78.3% en Rumanía. Incluso en países que siempre habíamos considerado la vanguardia del progreso está empezando a ser desorbitada la pobreza infantil y juvenil en familias con bajo nivel de estudios: 54.4% en Suecia, 52.5% en Francia o 55.1% en Alemania . Lo único que avanza en Europa es la concentración de la renta y el peso de las rentas del capital en el conjunto de los ingresos.

Y el problema mayor que todo esto está produciendo es que el deterioro económico está dejando de ser coyuntural. Estamos a punto de cruzar una frontera a partir de la cual los daños, en forma de destrucción de tejido empresarial, de empleo, de innovación y de capital físico, social, investigador y humano para la inversión futura, serán irreversibles. Por eso es dramático que los líderes europeos se cierren en banda ante cualquier atisbo de reforma que no sean las que ellos pregonan como representantes de los grandes capitales, cuyos negocios ayudan a gestionar ya sea en el ámbito público o en el privado a través de las puertas giratorias que tan bien funcionan bajo su mandato.

Alemania está cometiendo con Europa el mismo error que cometieron con ella los países europeos que la vencieron en la Primera guerra mundial. Entonces, se le impuso una política de reparaciones que creó el demonio que años más tarde incendió a todo el continente y ahora los alemanes se empeñan en imponer una política de austeridad que no solo es injusta y torpe sino que es imposible que pueda ser exitosa. De nuevo prenden fuego a Europa.

Los reclamos alemanes para que los demás países sigan reduciendo salarios y exporten cada vez más son sencillamente estúpidos. Es materialmente inviable que todos los países se especialicen de la misma forma y que todos puedan tener ventajas si se dedican a desarrollar la misma estrategia. Es un engaño porque oculta que así solo se benefician las grandes corporaciones exportadoras a costa de empobrecer a todo el mercado interno europeo. Y el empeño en reducir gastos públicos es paranoico porque lo que de verdad genera cada día más deuda son los intereses por culpa de un banco central europeo que no lo es.

Lo impresionante, sin embargo, es que no haya reacción potente de los gobiernos europeos de países que contemplan cómo esta estrategia hunde sus economías y destroza a sus sociedades. Incluso el de una gran potencia como Francia la asume sin apenas rechistar. España tiene peso suficiente en Europa como para forzar cambios, pero ni siquiera se intenta. Y así uno detrás de otro, pues no parece que al nuevo gobierno italiano se le vaya a dar mucha capacidad de maniobra.

Las imposiciones de Merkel y del capital alemán son ya mucho más que un empeño ideológico. No vale con recurrir otra vez al santo temor alemán a la inflación o a su concepto pecaminoso de deuda. Son sus políticas las que alientan un poder de mercado que arrasa con el poder adquisitivo de la inmensa mayoría de las familias europeas o quienes imponen un banco central que es la fuente real del incremento de los déficit y la deuda.

Lo que hay detrás de todo esto es la decisión de salvaguardar el poder financiero por encima de cualquier otra voluntad y la voluntad firme de saltarse a la torera las preferencias de los pueblos, y de obviar lo que dicen en las urnas. Pero vamos a dejarnos de disimulos. Eso lo hemos conocido en Europa y se llama dictadura.

La corrupción y sus remedios

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En el artículo de esta semana en El País Andalucía comento que para hacer frente a la corrupción no sirven los prejuicios ideológicos. Sobre todo, es necesario acabar con todo aquello que facilita la tarea de los corruptos. Puede leerse aquí.

La violencia

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Quienes hayan leído desde hace tiempo mi web saben que siempre pongo especial énfasis en subrayar que no hay avance posible en el progreso humano si nuestra actividad no va de la mano de la paz. Hoy leo un texto en el blog de Pedro Olalla, un amigo que vive en Grecia el sufrimiento impuesto criminalmente a todo un pueblo, y me gustaría recomendar su lectura. Empieza diciendo «Hoy día, mientras en las calles arden contenedores y en los parlamentos arden conquistas democráticas, lo políticamente correcto es condenar la violencia», y termina con estos dos párrafos:

«La Violencia, en su sentido original y etimológico, es una fuerza vital, un ímpetu: la fuerza que sustenta una idea, un argumento, un acto, un cuerpo, un estado, incluso una virtud. Violencia (Βία) era en la antigua Grecia una divinidad primigenia, que en las laderas del Acrocorinto compartía santuario con Ananke, la Necesidad; «conciliando violencia y justicia» («βίαν τε και δίκην συναρμόσας») forjó Solón las leyes de la Democracia; y no olvidemos nunca que, en el fondo, la Justicia no es sino una violencia que trata de imponerse sobre el abuso y la desigualdad, una violencia que hay que hacerse a uno mismo para obrar conforme a la verdad y dando a cada cual lo que merece.
Es el uso de la fuerza, y no la fuerza misma, lo que la ética debe juzgar. Condenar la violencia siempre parecerá «políticamente correcto», pero mucho cuidado con la demagogia».

El texto completo se encuentra aquí.

El gran engaño

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En mi artículo de hoy en El País me refiero al engaño que supone achacar la crisis de la deuda pública a los gastos corrientes del Estado y, en particular, al exceso de gasto social. Puede leerse aquí.

¿Por qué Estados Unidos sale de la crisis y España no?

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Publicado en Sistema Digital el 14 de febrero de 2013

El servicio de estudios del banco francés Natixis ha publicado recientemente una nota con el mismo título que este artículo y cuya lectura resulta muy interesante (Pourquoi les Etats-Unis sont-ils sortis de la crise et pas l’Espagne?). Según Natixis, la economía de Estados Unidos y la española han sufrido una crisis de orígenes muy parecidos, pero la primera está saliendo de ella y España no. Las causas que señala como desencadenantes de la crisis en ambas economías son las mismas: la explosión de la burbuja inmobiliaria, el incremento de la morosidad vinculada al crédito inmobiliario, los problemas generados por la banca y los mercados financieros, la pérdida inducida de empleos, el alto endeudamiento y la caída de la demanda de los hogares.

Sin embargo, en Estados Unidos ha repuntado el crecimiento y bajado el paro, ha mejorado la solvencia de los prestatarios y la situación de los bancos, se han recuperado la industria, la demanda de los hogares y la construcción residencial y han comenzado a subir los precios inmobiliarios, es decir, se comienza a salir de la crisis. Todo lo contrario de lo que ha sucedido y está sucediendo en nuestro país.

Para explicar esta diferencia Natixis señala cinco circunstancias que se han dado de modo desigual en las dos economías.

La primera, que la economía de Estados Unidos se ha beneficiado de la política monetaria de la Reserva Federal, la cual ha mantenido los tipos de interés a largo plazo por debajo de la tasa de crecimiento, tanto para la deuda pública como la privada, mientras que en España están por encima. Esto es lo que explicaría que una parte importante de los hogares estadounidenses se hayan podido desendeudar mientras que los españoles mantienen todavía un alto nivel de endeudamiento. Y eso ha sido favorecido, según Natixis, por la política muy proactiva de compra de deuda pública por parte de la Reserva Federal, a diferencia de la tímida que ha hecho el Banco Central Europeo.

La segunda explicación tiene que ver con las diferentes estrategias seguidas para reducir el déficit público en ambos casos. Estados Unidos ha empezado a reducirlo una vez que el crecimiento se ha reanudado y España, sin embargo, ha aplicado políticas presupuestarias restrictivas demasiado pronto, lo que no ha permitido que el crecimiento se recupere.

La tercera es que diversas circunstancias combinadas (el desendeudamiento de los hogares, la subida de precios de la vivienda, la reducción de la morosidad, la disminución de créditos dudosos y la rápida y eficaz recapitalización de los bancos) han permitido que el crédito se haya ido recuperando progresivamente en Estados Unidos, mientras que nada de eso ha ocurrido en España.

La cuarta circunstancia que según Natixis diferencia la evolución reciente de la economía española y la de Estados Unidos es que la rentabilidad de las empresas españolas ha vuelto a ser «extremadamente fuerte» en nuestro país gracias a la caída de los salarios reales y la recuperación de la productividad. Así, el porcentaje de los beneficios después de impuestos, intereses y dividendos sobre el PIB es alrededor de tres puntos más alto en España. Pero esos mayores beneficios de las empresas españolas no se reinvierten en nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos.

Finalmente, Natixis destaca el diferente papel desempeñado por la evolución de la demografía y los flujos migratorios. En su opinión, el aumento de la población activa y de la inmigración apoya el crecimiento en Estados Unidos mientras que ocurre lo contrario en España.

Los hechos que presenta Natixis parecen evidentes, y proporcionan una explicación bastante aceptable de lo que está pasando en nuestra economía. La conclusión normativa que se puede obtener de ellos no lo es menos. Dar prioridad a los intereses de las grandes empresas y de la banca, como vienen haciendo los gobiernos desde que comenzó la crisis, nos está llevando por el mal camino y sale ya bastante caro. Es cada vez más necesario plantarle cara a Europa y aplicar aquí una política bien distinta. Los hechos reales nos muestran que con otras políticas y defendiendo otros intereses se podría haber salido de la crisis, al menos, en la dimensión que ésta tiene como perturbación coyuntural, pues es evidente que, por otro lado, forma parte de una inestabilidad estructural que es consustancial a las economías capitalistas de nuestro tiempo y que no tiene solución en el marco del sistema.

En resumidas cuentas, nadie puede decir que lo que se está haciendo conviene para salir de ella, porque no salimos de ella, ni nadie puede afirmar que no hay alternativas, porque otros países actúan de modo diferente. Hay otras vías y a la vista está que son más eficaces.

¿Esto es lo que debe hacer una televisión pública?

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Desde hace unos meses se viene emitiendo el programa Pido la Palabra en RTVA (@plapalabra), al que han tenido la gentileza de invitarme en diversas ocasiones. Creo que abrir la televisión pública a los temas económicos es fundamental, y se agradece que por fin lo haga Canal Sur TV. Pero creo que una televisión pública no puede permitirse la difusión de una sola perspectiva ideológica, de un solo tipo de análisis, sobre todo, cuando se abordan temas tan polémicos como las pensiones o la reforma laboral, que incluso han dado lugar a huelgas generales. Solo después de que varios economistas protestásemos por el enfoque unilateral en un programa dedicado al primero de esos temas me invitaron a acudir para hablar también de pensiones, aunque con preguntas muy, muy diferentes a las que se plantearon en el primero, al que acudió un economista, brillante y de gran talla académica por cierto, pero de conocido enfoque neoliberal, como es fácil comprobar en sus respuestas. Hace una semana volvieron a hacer lo mismo. Se invita a un economista neoliberal para que responda preguntas sobre la reforma laboral mientras que a los que contemplamos los problemas económicos desde otro punto de vista se nos llama, si acaso, para otros temas menos «espinosos» (a mí me habían invitado, después del tema de la reforma laboral, para hablar de financiación de los partidos. He dicho que no voy).
Dejo aquí el video de la explicación que se da en una televisión pública de algo tan controvertido como la última reforma laboral. ¿Se puede considerar que se proporciona un auténtico servicio público cuando no se muestra la pluralidad de opiniones y enfoques que hay en la sociedad sobre temas tan fundamentales? Yo creo que no.

Contra el paro

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Publicado en Madrid 15m. Periódico de asambleas del 15M, nº 11, febrero de 2013

La lucha contra el paro no es técnica sino política.

Es así porque el paro no constituye un problema para todo el mundo. Lo es para quienes no encuentran trabajo remunerado en los mercados. Pero, curiosamente, lo que supone un grave problema para los grandes empresarios no es el paro sino el pleno empleo.

Es así porque, cuando se alcanza, los trabajadores son fuertes y están en condiciones de negociar con éxito las condiciones laborales, es decir de hacer frente al poder del que depende el bienestar y el beneficio de unos y otros. Aunque cueste creerlo, es por ello que a los capitalistas les interesa que haya niveles de paro elevados, pues así (aunque en conjunto ganen menos) tendrán en su mano el poder que necesitan para controlar a la fuerza de trabajo y su retribución.

Eso es especialmente necesario cuando los empresarios no están dispuestos a competir a través de la calidad o la innovación, como desgraciadamente ocurre con la mayor parte de la clase empresarial española. Entonces tienen que recurrir necesariamente a reducir salarios aunque es evidente que esa estrategia, empobrecedora, deben revestirla de algún modo para que sea fácilmente aceptable por la población trabajadora y por la sociedad en general.

El discurso que les permite eso es muy antiguo y consiste en afirmar que los salarios son uno de los costes principales de las empresas y que si éstos son elevados no podrán crear empleos. Así que si se quiere que los haya, habrá que aceptar que los salarios sean más bajos.

Por añadidura, se afirma que si los salarios son elevados, las empresas no tendrán más remedio que subir los precios, de modo que se producirá un peligroso proceso inflacionario que siempre hay que evitar. Y la conclusión será que deben establecerse normas que garanticen, por un lado, que los empresarios puedan reducir costes laborales constantemente, y, por otro, que todas las políticas del estado (y la fiscal y la monetaria, principalmente) deben dirigirse a combatir la inflación. Lo cual, dicen, se consigue reduciendo gastos, elaborando normas que flexibilicen los mercados y no permitiendo que los tipos de interés sean bajos.

Repetidas hasta la saciedad, estas ideas convencen pero la realidad es que son falsas porque se sostienen en un principio que carece de fundamento.

Parten, efectivamente, de una idea liberal del siglo diecinueve que afirma que el nivel de empleo solo depende de lo que ocurra en el mercado de trabajo. Si hay paro, dirán, es porque hay exceso de oferta de trabajo. Pero si los salarios bajan, entonces los empresarios contratarán a más trabajadores y desaparecerá el paro. Si éste existe será entonces «paro voluntario», es decir, producido solo porque los trabajadores no quieren aceptar salarios más bajos.

Desde hace muchos años sabemos que esas ideas son falsas (incluso matemáticamente insostenibles) y que en realidad solo producen incrementos del beneficio empresarial. Podría ser que fuesen aceptables para una empresa en particular pero, a nivel de toda la economía, el nivel de empleo depende no solo de lo que ocurra en el mercado laboral sino, sobre todo, en el mercado de bienes y servicios. Por muy bajos que sean los salarios, si las  empresas no tienen clientes (demanda) no contratarán a nadie. Y la mayor parte de la demanda la componen los salarios.

Aplicando estas ideas a la situación española deduciríamos que para combatir el paro son imprescindibles dos cosas. La primera, limitar el poder político de las grandes empresas que imponen su voluntad (su preferencia distributiva) al resto de la sociedad. Es decir, las que, para ganar más, en realidad están empeñadas en crear escasez artificialmente, escasez de actividad productiva que realmente satisfaga necesidades reales y escasez de empleo estable y de calidad. La segunda, garantizar demanda suficiente a las empresas que de verdad pueden crear empleo, que hoy día son las pequeñas y medianas que fundamentalmente viven del ingreso de los trabajadores nacionales.

Por tanto, lo mejor que se puede hacer para crear empleo en España es elevar los salarios, cambiando la pauta de distribución de la renta para hacerla no solo más justa sino más eficiente económicamente.

Ahora bien, esto no se podrá hacer si no se abordan otras dos cuestiones (para lo cual también se necesita anular el poder político de los grandes grupos oligárquicos). La primera, sustituir las actividades productivas que vienen actuando como motores insostenibles de la economía por  otras que utilicen los recursos de otro modo y permitan consumir de forma más satisfactoria, equilibrada y humana. La segunda, controlar el dinero y las fuentes de financiación para ponerlas al servicio de la sociedad.

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