Sobre las mesas de convergencia y sobre la necesidad de hacernos entender más franca y fraternalmente

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A propósito de una entrevista que Miguel Riera me hace en El Viejo Topo (que puede leerse aquí), Miguel Romero escribe un artículo en el que aprovecha mis palabras para criticar a las Mesas de Convergencia (Convergencias y sectarismos).

 

Me educaron pensando que hablar de uno mismo es una falta de educación pero no me queda más remedio que referirme a mis propias palabras en la medida en que Miguel Romero las usa para atacar a las Mesas de convergencia y porque es imprescindible para poner de manifiesto que, con ese fin, lo que hace Miguel (a quien no conozco personalmente pero a quien tenía una gran respeto por su trayectoria y por su compromiso político) es faltar a la verdad y malinterpretarlas constantemente.

 

Reconozco que en mis declaraciones puede haber habido algunas expresiones que hayan podido resultar dolorosas para ciertos grupos de izquierda cuando afirmo que entre los que se denominan anticapitalistas algunos solo lo son «de libro», es decir, de boquilla y muy inoperantes.

 

Pero francamente me resulta sorprendente que Miguel se identifique con esa caricatura que yo hago solo de cierta corriente de anticapitalistas, a los que denomino así porque nunca los he visto en el día a día de la gente ni ayudando a cogestionar sus vidas. Estoy seguro de que Miguel, que es un militante de gran experiencia, conoce bien (e incluso habrá padecido a veces) a ese tipo de personas a las que me refiero, que hablan mucho, son muy radicales y reclaman de boquilla que hay que poner patas arriba el mundo pero que a la hora de la verdad solo se les ve por donde no están nada más que ellos y sin ser capaces ni de llevar un papel de una mesa a otra.

 

Yo sinceramente creo que el enojo de Miguel por estas palabras mías está injustificado y me temo que solo puede entenderse porque solo reconoce como anticapitalistas a quienes están bajo el paraguas de su marca electoral, como si no hubiese anticapitalismo ni anticapitalistas fuera de ella.

 

Y lo lamentable es que para defender su marca falte a la verdad y tergiverse mis palabras y mi pensamiento escrito (y por tanto fácilmente contrastable) de forma tan evidente.

 

Así, entrecomilla la expresión «radical» para hacer creer que yo la utilizo para dirigirme despectivamente a los anticapitalistas en general cuando lo cierto es que la utilicé dos veces en la Asamblea de Madrid y fue para decir dos ideas que no tienen nada que ver con ello:

 

– «falta también un proyecto político de nuevo tipo que no se puede construir, como tantas veces han hecho y hacen las izquierdas a base de simples declaraciones nominales radicales que no llevan a nada»

 

– (…) La buena noticia es que el capitalismo funciona peor que nunca pero la mala es que, aún así, no va a caer, como a veces piensa cierta izquierda, como fruto de sus propias contradicciones y limitaciones. Caerá cuando la gente, la sociedad construya desde abajo otras formas de sociedad. Y eso es un proceso que no va a comenzar mientras que personas como nosotros no entendamos que ser de izquierdas no es decir frases bonitas ni hacer proclamas más radicales sino meterse en los charcos, estar al lado de las gentes y ponerse con ellas a resolver sus problemas enseñándoles que pueden salir adelante si organizan sus vidas de otra forma».

 

Y la utilicé también en la entrevista pero una sola vez y para referirme al neoliberalismo («el neoliberalismo es en realidad una contrarrevolución conservadora, muy bien pensada y orquestada por cierto, sin miedo a vencer de cualquier forma, dirigida por las clases poderosas para restaurar el capitalismo en una versión mucho más radical»).

 

Es falso, pues, que yo mencionara a ninguna persona o grupo de personas como «radicales» y, por tanto, tampoco a los “autodenominados anticapitalistas”, como maliciosamente me achaca Miguel. Califiqué de radicales a ciertas proclamas o declaraciones pero nunca a militancia o a persona alguna.

 

También falta a la verdad Miguel Romero cuando afirma que yo achaco a los “autodenominados anticapitalistas” y “de libro” el rechazo a “quienes piensan algo distinto de nosotros”. Es fácil comprobar que Miguel no dice la verdad porque lo que yo digo en la entrevista es otra cosa y concretamente lo siguiente:

 

«Mi tesis es más bien otra, que la izquierda aún no se ha destetado de ciertos tintes mecanicistas que propenden al totalitarismo. Todas las corrientes están convencidas de que representan la posición teórica y política correcta, no admiten que haya elementos de acierto, de verdad o de razón en las demás. Y eso lleva al cainismo (como poco). No sé si estaré equivocado o no, pero mi impresión es que la dispersión y las diferencias se dan porque las izquierdas no han, o no hemos, aprendido a convivir con la diversidad y no sabemos aceptar que a nuestro lado haya correligionarios que piensen algo distinto de nosotros. Si lo hacen, son unos vendidos, unos traidores, unos reformistas…

 

La izquierda tiene aún cuentas pendientes con dos aspectos fundamentales del buen pensar y mejor actuar: con la fraternidad y con la complejidad. Y que conste que esto que defiendo no tiene nada que ver con el relativismo diletante. Ni mucho menos. Creo que no hay por qué dejar de ser firmes en la defensa de los principios que cada persona tiene, pero eso debe conjugarse con una actitud constante de empatía hacia los demás. Eso es lo que falta, roce, amistad, emociones compartidas, compañerismo y camaradería, en dos palabras».

 

Creo que es fácil deducir que me refiero a un mal endémico de toda la izquierda y no a una parte de ella y, por tanto, de ninguna manera solo a los anticapitalistas.

 

Miguel Romero también me cita falsamente para criticar a las Mesas cuando afirma:

 

Torres “invitó” en el acto constituyente a quien tuviera “diferencias y matices” a que “saliera de la sala, las dejara en el vestíbulo, y volviera a entrar sin ellas”. Ultimátum que recuerda al “quien se mueva no sale en la foto” de Alfonso Guerra o, más recientemente, a los miembros de la dirección de los sindicatos mayoritarios que señalan a los militantes discrepantes del pacto social la puerta de la calle.

 

Es fácil comprobar  que Miguel se refiere a mí con malicia porque lo que yo de verdad dije fue exactamente lo siguiente:

 

Todo esto significa, amigas y amigos, que tenemos por delante varias tareas principales y urgentes. La primera, lograr la convergencia del mayor número posible de personas, organizaciones y movimientos. Y para ello creo que es fundamental centrase siempre en los principios y propuestas comunes, y no ir a planteamientos de máximos que no conducen a nada.

 

Quien haya venido aquí cargado de diferencias y matizaciones que salga por favor inmediatamente a dejarlas fuera de la sala y que entre de nuevo solo dispuesto a poner en marcha lo que nos une.

 

Creo que basta leer bien esas palabras y ponerlas en relación con lo que manifesté al principio de mi intervención (que transcribo más abajo y a lo que muy significativamente Miguel no presta atención alguna) para comprobar que no estaba haciendo una exigencia de silencio sino un compromiso de unidad a partir de los consensos básicos que se determinen entre todos. Aunque no me extraña, sin embargo, que esta actitud, como demuestran la palabras de Miguel Romero, sea tan costosa de entender en el seno de nuestra izquierda (y me refiero a todos nosotros y no a nadie en particular).

 

También me acusa Miguel de haber pronunciado una «ristra de expresiones despectivas» pero lo cierto es que no cita cuáles son esas. Yo le reclamo formalmente recurriendo a su honestidad de viejo militante para que diga públicamente cuáles son para que yo pueda entonces pedir perdón también públicamente por haberlas dicho puesto que nunca tuve la intención de decirlas. Y de hecho tengo la plena convicción de que no las dije, como creo que puede comprobarse simplemente viendo el video de mi intervención o el texto que leí y que está más abajo. Pero lo reitero: solicito formalmente a  Miguel Romero que me diga cuáles son concretamente para retirar todas y cada una de ellas y poder disculparme pública y sinceramente. Y si no lo hace, le ruego igualmente que retire  lo que ha dicho.

 

De  hecho, la mejor prueba de que mis palabras no pueden dirigirse contra los anticapitalistas en general, como afirma maliciosamente Miguel, es que yo mismo me considero uno de ellos. Quien se tome la molestia de leer mis dos últimos libros sobre la crisis, o cualquiera de los demás que he escrito creo que puede comprobar fácilmente que siempre he analizado los problemas sociales como un producto del capitalismo y, por tanto, afirmando que es preciso acabar con este sistema para poder resolverlos definitivamente. Yo soy anticapitalista y puedo serlo aunque no milite bajo la marca electoral que promueve, con todo su derecho, Miguel Romero. Y, naturalmente, eso no quiere decir que lo sea más que él ni menos que cualquier otro porque, como también he escrito en multitud de ocasiones, entiendo que las formas de entender la lucha contra el capitalismo no son ni tienen por qué ser únicas.

 

El problema de Miguel, ya lo he señalado antes, es que quiere hacer creer que el Martini es el vermouth, es decir, que la Izquierda Anticapitalista que es el grupo en el que milita es toda la izquierda que está contra el capitalismo. Y que, por tanto, todos los demás somos traidores, socialdemócratas vergonzantes, placebos de la política revolucionaria que solo ellos practican y, en fin, algo así como meros subproductos o material de derribo del capital.

 

Pero ni Miguel ni sus correligionarios tienen la llave del anticapitalismo ni ellos representan la única manera de luchar contra el sistema. Creo que es a él a quien la falta una buena dosis de modestia. Quien vea el video de mi intervención, que más o menos refleja el espíritu de quienes hemos promovido la creación de mesas, puede comprobar que no es un proyecto cerrado. Si es algo, es una llamada a la deliberación. Falta de nuevo a la verdad Miguel cuando afirma que las Mesas imponen un programa como intangible por un período indefinido. Es sencillamente falso. El llamamiento original fue discutido en asamblea y modificado en su momento, de modo que ya ha sido cambiado y puede ser vuelto a discutir y a cambiar en cualquier momento porque para eso precisamente se han promovido las Mesas. Otra cosa es que no todas las sensibilidades de las izquierdas que allí están hayan visto suficientemente subrayados su particular énfasis en el análisis de la situación o sus propuestas singulares. Pero también eso es, según creemos, su gran virtud.

 

En lugar de dedicarse a despotricar contra mí inventando frases que no he dicho e ideas que no responden a las que defienden quienes queremos que las Mesas sean un espacio plural, combativo y deliberante de convergencia, Miguel Romero podría dedicarse a señalar cuáles de las propuestas que hacemos no le parecen adecuadas para debilitar hoy día al capital y para avanzar hacia la transformación social. Estoy seguro de que todos los que trabajamos por consolidar las Mesas lo tendríamos en cuenta y aumentaríamos así nuestra capacidad de ofensiva contra el capitalismo. Que yo creo que es de lo que se trata.

 

En la entrevista señalo que ha habido ausencias en las Mesas que no hemos deseado. Y las de Miguel y las personas que están en su posición es una de ellas. Y doy cuatro razones para explicarlas. En primer lugar, nuestras propias deficiencias. Estoy seguro que si quizá hubiésemos hablado más antes las cosas hubieran ido de otra manera pero creo que Miguel sabe perfectamente cuál fue la respuesta de algunas personas de su entorno a nuestra invitación. Además, de ello, señalo que no entiendo que anticapitalistas, precisamente como Miguel Romero y muchas otras personas a las que aprecio y con las que lucho día a día, no se hayan sumado porque creo que lo que hacen las Mesas es combatir las expresiones más sangrantes del capitalismo de nuestros días. Quizá no a todas, eso es evidente, pero sí creo que a sus expresiones más directas. Pero simplemente digo que no entiendo por qué no se han sumado. No descalifico, ni desprecio, simplemente digo que no lo entiendo. Quizá eso sea lo que podría explicar Miguel Romero pero más francamente y sin necesidad de falsificar mis palabras.

 

 

 

TEXTO LEIDO EN MI INTERVENCIÓN EN LA ASAMBLEA DE CONSTITUCIÓN DE LAS MESAS DE CONVERGENCIA

 

(es posible que haya alguna divergencia con su expresión oral que puede verse en el video del acto aquí)

 

Queridas amigas y amigos

 

Me ha encargado al grupo que ha convocado este acto que intervenga para exponer lo que nos ha llevado a hacer esta convocatoria y para proponeros algunas ideas generales que permitan acometer con fuerza y con éxito la lucha cada vez más necesaria contra la injusticia.

 

Os hemos convocado porque creemos que no podemos permanecer en silencio o separados cuando están ocurriendo hechos que van a marcar la historia de la humanidad en los próximos decenios, y quizá para siempre.

 

Vivimos momentos en que banqueros criminales que hundieron la economía, que provocan hambrunas, que dan coberturas todo tipo de delincuentes en paraísos fiscales y que tienen más poder que los gobiernos, se empeñan en llevar al mundo de nuevo hacia el desastre.

 

Unos momentos en que con la excusa de la crisis se están dando pasos atrás quizá ya irrecuperables en los de por sí tímidos avances en la protección del medio ambiente o de las políticas de igualdad.

 

En unos momentos en los que se incrementa la desigualdad y se extiende la precariedad laboral, la exclusión y la miseria.

 

En los que las democracias no son sino una pura pantomima porque los gobiernos no pueden gobernar esclavizados como están por los mercados.

 

Os convocamos cuando avanza la derecha y solo los ciegos o muy torpes pueden creer que cuando gobierne después de lo que ha pasado lo hará igual que la socialdemocracia. Una corriente de la izquierda que en otros tiempos fue capaz de poner en marcha reformas sociales progresistas pero que ahora naufraga sometida al dictado de los poderosos porque ha renunciado a utilizar contra ellos el poder de la ciudadanía a la que representa.

 

Pues bien, en estos momentos difíciles os hemos convocado porque creemos que sois mujeres y hombres de izquierdas que en los momentos difíciles sois capaces de decir lo que escribió nuestro recordado Mario benedetti en sus versos

 

No quiero salvarme,

 

no quiero quedarme inmóvil al borde del camino,

 

no quiero con desgana,

 

No reservo del mundo un rincón tranquilo…

 

Y porque creemos que sois de ese tipo de personas os convocamos a los que estáis aquí y a los miles que como vosotros y vosotras hay en toda España para proponeros que PARA SIEMPRE nos olvidemos de lo que nos pueda separar y que antepongamos lo que nos une:

 

la preocupación por la agresión continuada que se viene realizando a los derechos humanos,

 

el rechazo a un modo de vida que antepone el lucro a la satisfacción de las necesidades humanas básicas

 

y, sobre todo, la convicción de que hay otras formas de organizar la economía y la sociedad.

 

Y os convocamos para proponeros

 

Que olvidemos lo que nos separa y nos juntemos para compartir

 

La rabia frente a la muerte diaria de casi 40.000 personas por falta de alimentos o de agua limpia cuando hay dinero de sobra para evitarlo pero se dedica a  salvar a los bancos y los especuladores;

 

La lucha contra el deterioro irreversible del medio natural y frente a la proliferación de productos transgénicos que destrozan nuestra riqueza en aras del beneficio comercial.

 

Os convocamos para compartir la rabia por la extensión del paro o de la exclusión de miles de personas, nacidas en nuestro propio país o inmigrantes que vienen aquí huyendo del empobrecimiento que el capital y nuestro modo de vida han provocado en sus naciones.

 

Y, por supuesto, para que juntos convirtamos esa rabia en fuerza liberadora de los seres humanos.

 

Os conovocamos para que nunca más nos dediquemos a subrayar simplemente lo que nos separa

 

sino para que a partir de ahora

 

Nos una el deseo de desvelar a nuestros conciudadanos y conciudadanas la naturaleza perversa del capitalismo de nuestros días,

 

que se muestra cada vez más incapaz de resolver los problemas básicos de la humanidad pero que, a pesar de ello, se fortalece diariamente gracias a la pasividad y la sumisión que es capaz de generar entre quienes sufren en mayor medida sus propios defectos.

 

También os convocamos para proponemos que nos juntemos

 

para hacer frente fraternalmente a la insatisfacción, ¿por qué no decirlo?, que a veces nos produce la respuesta que ante todo este tipo de situaciones están dando las organizaciones sociales, sindicales o políticas que consideramos hermanas y nuestras, que son nuestras y que queremos que sigan siéndolo siempre superando con compañerismo e inteligencia colectiva todas las diferencias.

 

Y os llamamos

 

para hacer todo lo que esté en nuestra manos para articular respuestas políticas y organizativas que fuercen un cambio en la correlación de fuerzas que hoy favorece a la derecha y a quienes, intencionadamente o no, están terminando por aplicar exactamente sus mismas políticas.

 

Y, sobre todo, amigas y amigos, os hemos convocado para proponeros que nos miremos a la cara a pesar de nuestras distintas sensibilidades, que descubramos en quien está a nuestro luedo a un compañero o compañera y nunca a un enemigo o adversaria

 

y para que unamos nuestras manos para hacer nuestra, de todos nosotros y nosotras

 

la convicción de que para tener la fuerza necesaria que frene el recorte de derechos sociales y del bienestar

 

es imprescindible

 

que se actúe unitariamente,

 

que se disponga de análisis acertados de la realidad

 

y que se delibere constante y fraternalmente, sin descalificaciones, ni simplismos y sin insultos sobre propuestas y alternativas al neoliberalismo.

 

Amigos y amigas,

 

Os proponemos asumir desde hoy el compromiso firme de contribuir a esa unidad sin sectarismos, anteponiendo lo que nos une a lo que nos separa y con la fraternidad que junto a la igualdad y la libertad conforman el original ideario republicano que sabemos que todos compartimos.

 

Dicho esto

 

Quisiera referirme también a la naturaleza de la situación en la que nos encontramos.

 

Estamos inmersos en una crisis que no es sino el resultado de una larga etapa de capitalismo neoliberal. No es un accidente ni fruto de un mal día de las finanzas. Es la consecuencia de treinta años de desigualdad creciente y de dejar que los capitales hagan lo que les de la gana. O, como dice Eduardo Galeano, de que en este planeta el dinero tenga más libertad de movimientos que el ser humano.

 

Como sabéis perfectamente, el neoliberalismo de nuestra época se basa fundamentalmente en la desregulación continuada de los mercados para dar completa libertad de movimiento a los capitales, en medidas monetarias y fiscales (como las que ahora se quieren reforzar con la excusa de reducir los déficit) que restringen conscientemente la actividad económica dando lugar así a mayores tasas de desempleo y a una degeneración y precarización continua de las relaciones laborales que reducen la capacidad de respuesta de las clases trabajadoras, y, por último, en el debilitamiento de la capacidad de intervención de los gobiernos.

 

Pero a veces actuamos olvidando que el neoliberalismo no es solamente una política económica concebida para facilitar la concentración de la riqueza y privilegiar a quienes dominan los mercados. Además de ello, el neoliberalismo es una auténtica estrategia civilizatoria que implica un determinado tipo de relaciones sociales, de valores e incluso de ser humano.

 

El neoliberalismo ha logrado segmentar a la población y a los movimientos sociales, universalizar los valores del individualismo y la sumisión y, gracias al entrelazamiento del capital productivo y financiero con la industrias culturales, ha conseguido imponer una visión del mundo que ciega a los individuos y manipula sus conciencias.

 

Es por eso que resulta inútil y cándido tratar de combatirlo como a menudo hace una gran parte de las izquierdas, tratándolo simplemente como un modelo productivo o solo como un tipo de políticas económicas y sociales. No. Al neoliberalismo hemos de combatirlo también y quizá principalmente una forma de crear civilización y sumisión, como un modo de entender y de vivir en sociedad, como una manera de ser y de crear a los propios seres humanos.

 

El neoliberalismo es una economía y una política pero también es una moral y por eso luchar contra el neoliberalismo requiere también hacerlo en este último plano.

 

El neoliberalismo ha sido capaz de vencer y convencer. Ha conseguido presentarse como la única forma realista y posible de entender y enfrentarse al mundo: consigue que la gente crea que vivimos el fin de la historia, que solo hay una política posible, que hay que dar preeminencia al mercado, que el individualismo es la mejor estrategia para resolver nuestros problemas, que todo lo que tenga que ver con la política es perverso y corrupto e innecesario, que ya no hay clases sociales…

 

Y ante eso, gran parte de las izquierdas políticas, sindicales y sociales no parecen darse cuenta de que mientras predomine ese tipo de pensamiento dominante y su capacidad de convicción social será MATERIALMENTE IMPOSIBLE articular alternativas de progreso y transformación social.

 

Por eso es tan importante lo que tan a menudo despreciamos: reforzar el análisis alternativo que permite mostrar la realidad de lo que ocurre. Desgraciadamente, no es difícil comprobar que con demasiada frecuencia nos limitamos a repetir simples eslóganes, a despreciar la divulgación del pensamiento crítico o, lo que es peor, incluso a reproducir el de nuestros adversarios, bien sea por ignorancia o por pura comodidad mental.

 

El neoliberalismo también ha logrado ubicar las fuentes del poder y la decisión al margen de los poderes representativos, podríamos decir que está volatilizando la ya de por sí escasa democracia hasta ahora existente. El poder no lo tienen los gobiernos sino los poderes financieros y económicos desde fuera del ámbito público. Los llamados «mercados» han logrado imponerse a ellos y esclavizarlos, con lo que a estos no les queda más remedio que ser sus cómplices por activa o por pasiva.

 

Por tanto, y a diferencia de lo que creen nuestros compañeros socialdemócratas, no basta con llegar a los gobiernos sino que además es imprescindible crear un contrapoder social basado en la libre decisión de la ciudadanía frente al que ahora está en manos de los poderosos.

 

Eso es algo que no se podrá conseguir si la gente no descubre claramente lo que está ocurriendo y el origen real de los problemas que sufre, para lo cual es preciso emprender ya una auténtica cruzada directamente contra la banca y las grandes empresas que roban y matan, que destruyen a las demás empresas y que destrozan el tejido productivo y que hoy día conforman la línea de flotación del capitalismo.

 

Además, el neoliberalismo ha cambiado también la política y la relación de las personas con todo lo colectivo.

 

Por eso hace falta también un proyecto político de nuevo tipo que no se puede construir, como tantas veces han hecho y hacen las izquierdas, a base de simples declaraciones nominales y muy radicales pero que no llevan nada más que al reino de las grandes palabras

 

Por el contrario, hay que mostrar a la gente y en términos muy concretos que son las propias personas quienes tienen la capacidad de resolver de mejor forma los problemas que les afectan.

 

El neoliberalismo ha sabido entrar en los domicilios, en las vidas y en las mentes de las personas y nosotros nos estamos conformando con decirles desde fuera y lejos que nos sigan porque nosotros tenemos la solución de sus problemas.

 

Pero ¿quién puede creer que esa estrategia va a resultar exitosa sin el contacto con la gente, sin pegar nuestra epidermis a la suya, sin sufrir y vivir a su lado, sin ser sus cómplices y sin que nos sientan parte de su vida y de sus preocupaciones del día a día?

 

Cuando la izquierda ha sido fría y distante ha fracasado. Por eso no debemos tener miedo a hablarle a la gente de sus emociones y de sus sentimientos. Todo lo contrario, solo mostrándonos más humanos y siendo más cálidos y cercanos podremos lograr que nuestro mensaje cale en la sociedad y la gente confíe en nosotros.

 

En fin, la buena noticia es que el capitalismo funciona peor que nunca pero la mala es que, aún así, no va a caer, como a veces piensa cierta izquierda, solo como fruto de sus propias contradicciones y limitaciones.

 

Caerá cuando la gente, la sociedad construya desde abajo otras formas de sociedad.

 

Y eso es un proceso que no va a comenzar mientras que personas como nosotros no entendamos que ser de izquierdas no es decir frases bonitas ni hacer proclamas más radicales sino meterse en los charcos, estar al lado de las gentes y ponerse con ellas a resolver sus problemas enseñándoles que pueden salir adelante sin organizan sus vidas de otra forma.

 

Todo esto significa, amigas y amigos, que tenemos por delante varias tareas principales y urgentes.

 

La primera, lograr la convergencia del mayor número posible de personas, organizaciones y movimientos.

 

Y para ello creo que es fundamental:

 

centrase siempre en los principios y propuestas comunes, y no ir a planteamientos de máximos que no conducen a nada.

 

Quien haya venido aquí cargado de diferencias y matizaciones que salga inmediatamente a dejarlas fuera de la sala y que entre de nuevo solo dispuesto a poner en marcha lo que nos une.

 

La segunda, crear nuevas fórmulas organizativas que garanticen la coordinación pero que no necesariamente impliquen la fusión sino la concentración de esfuerzos y el trabajo descentralizado y en red.

 

La tercera, dejar de actuar para nosotros mismos y empezar a hacerlo, sobre todo, para los demás. y especialmente para quienes no están de acuerdo con nosotros. Dejemos ya de hablar solo para quienes piensan como nosotros, para los convencidos. Empecemos sin demora a confundirnos con la gente, no pedir que la gente se sume a nuestras iniciativas sino a formular las nuestras de acuerdo a su expectativas y deseos. Sirvamos a sus intereses y no tratemos inútilmente de que se sumen a los nuestros.

 

La cuarta es romper el silencio con mucha más fuerza.

 

Hay que hacerse notar mucho más, hay que hacer ver a la sociedad lo que está pasando. Pero para ello hay que evitar que eso se haga de modo que nuestro mensaje solo sea entendible para quienes disponen de nuestros propios códigos y, por el contrario, concentrarnos en las ideas centrales que hoy día están afectando en mayor medida a la gente como está pasando, por ejemplo, con la actividad de la banca, cada vez más ruin e inmoral y, en general, con las cuestiones que apuntamos en el llamamiento que hemos realizado.

 

La quinta es tratar de romper y hacer saltar sin miedo el orden infame e inhumano que nos quieren imponer los poderes financieros, económicos y mediáticos.

 

Hemos de conseguir que la gente se indigne, que se enrabie y que se rebele hasta poner en marcha el sabotaje pacífico y democrático de todas las injusticias que están pasando: los abusos bancarios, los recibos por las nubes de las grandes empresas, la injusticia fiscal y el fraude… Las mesas de convergencia que proponemos crear deben utilizarse para organizar este sabotaje y para desarrollar denuncias acompañadas de propuestas positivas, por ejemplo, en torno a la promoción de la banca ética, las huelgas de medios de comunicación basura o manipuladores, el boicot a las empresas que roban a los consumidores o dewtroAn el medio ambiente, etc.

 

En fin, esto es casi todo de lo que creo que me habían pedido que os trasladata para empezar a poner en marcha la reflexión para la práctica y la movilización.

 

Pero ya que empecé recordando palabras de Benedetti, permitidme que ahora acabe con unos versos suyos

 

ya no somos inocentes

 

ni en la mala ni en la buena

 

cada cual en su faena

 

porque en esto no hay suplentes

 

con tu puedo y con mi quiero

 

vamos juntos compañero

 

Muchas gracias y un fuerte abrazo a todos vosotros y vosotras

 

 

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