¿Yo soy de extrema derecha por el hecho de ser español?

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Publicado en Rebelión el 17 de julio de 2006 

Hace unos días aparecía en Rebelión un artículo de Angel Rekalde con el título «La unidad de España» (www.rebelion.org/noticia.php?id=33832).

 

No me resisto a comentarlo porque hacía muchos años que no leía juicios tan carentes de fundamento, tan clara y materialmente equivocados y contrarios a la realidad y tan sectarios y malévolos.

 

La mejor y más evidente muestra de su falta de objetividad y de la mentira con que se construye el discurso nacionalista que defiende Rekalde (que no sé hasta qué punto pueda estar generalizado) es la frase con que concluye el artículo: «ser español -dice el escritor vasco- es, por definición, ser de derechas. De una derecha extrema y llena de amenazas».

 

¿Puede haber un juicio más evidentemente falso, más contrario a la realidad de las cosas?

 

¿Es posible que alguna persona en su cabales pueda llegar a creer de verdad que todos los españoles somos de extrema derecha?

 

¿Acaso no es una monumental evidencia que somos millones los españoles que no somos de extrema derecha y que no amenazamos a nadie?

 

¿Cómo puede hacerse, entonces, una afirmación tan absurda, tan extremadamente falsa?

 

Veamos. Yo soy español. Me siento español, quiero ser español y hasta, por muchísimas razones, me siento afortunado de serlo. Es evidente que esa circunstancia es solamente el fruto de una casualidad: podría haber nacido en cualquier otro sitio, haberme hecho con el tiempo ciudadano de otro Estado. Pero no: soy lo que he sido siempre, un ciudadano español.

 

No me siento orgulloso de todo lo que España ha significado y puede ahora significar ni, por supuesto, me siento identificado con la idea de España que tienen el resto de los españoles.

 

De hecho, yo soy uno de esos muchísimos españoles que pensamos en España como un espacio que debe ser de integración, de libertad, de concordia entre los pueblos que la forman.

 

Como muchos millones de españoles, yo odio la representación cutre y totalitaria de la España centralista, excluyente, forzadamente homogeneizada, de la España Nacional del fascismo.

 

A diferencia de lo que piensan otros españoles- otros muchos (creo que muchos más) creemos que España debe ser una realidad política que no se ha de imponer forzosamente sobre nadie.

 

De hecho, a mí no me parecería mal, sino más bien todo lo contrario, que un territorio de los que actualmente conforman España se independizara si la mayoría de su población lo deseara. Es decir, que soy de los miles, creo que de los millones de españoles, que defendemos el ejercicio democrático del derecho a la autodeterminación.

 

Yo no soy, como tampoco lo son millones de españoles, nacionalista. Ni lo soy ni me gusta el nacionalismo, para qué voy a negarlo. Me interesa más resolver otros problemas. Me preocupan más, por ejemplo, las diferencias entre las clases sociales y, aunque respeto la preferencias y prioridades de los nacionalistas, no creo francamente que los intereses «de las naciones» o de los territorios deban anteponerse a los de los sectores más desfavorecidos. En fin, como otros muchos millones de españoles, no soy nacionalista porque soy de izquierdas.

 

Yo soy español, me siento español y seguiré siéndolo pero no soy nacionalista español, es decir, no soy de los que creen que un Estado deba ser algo homogéneo en lo cultural, en lo lingüístico o en lo histórico. Al revés, incluso lo que quizá más me gusta de España es su diversidad, su conformación plural.

 

Y como no soy nacionalista, soy de los que creen que el poder político, el propio Estado, no debe nacer de una nación en concreto. Es decir, que puede haber (e incluso lo considero más razonable y atractivo) un Estado en donde haya varias naciones porque -como no soy nacionalista- no tengo aspiro ilusamente a que todas las naciones se conviertan en estados (aunque, como he señalado, sí creo que deben tener el derecho a autodeterminarse en ese sentido, porque para defender ese derecho no hay que ser nacionalista).

 

Y, como ya digo que no soy nacionalista, no tengo lealtad alguna hacia la «nación española», ni el más mínimo interés en imponer esa lealtad, que yo no siento, a nadie más. Pero como ciudadano y como demócrata y republicano que soy no me importaría decir que me siento leal hacia esta España que concibo como espacio capaz de integrar en libertad a quien quiera estar integrado en ella.

 

En fin, no soy nacionalista pero soy español y siendo español no nacionalista no quiero imponer España a nadie que no se sienta español.

 

Me parece que es obvio también que, como otros millones de españoles que en este aspecto piensan como yo, no soy de extrema derecha.

 

Y creo que también es evidente que quienes tenemos esta idea de España como un Estado plural y libre tampoco significamos una amenaza para nadie.

 

¿Cómo puede decir entonces Rekalde las cosas que dice, por qué nos considera a todos los españoles de extrema derecha y por qué se siente amenazado por españoles como yo?

 

La respuesta es muy fácil: porque confunde al conjunto de los españoles con los que son como él: nacionalistas.

 

Lleva razón Rekalde en que los nacionalistas españoles quieren que España sea solo para ellos. Piensan que España es suya o, mejor, que España es sólo ellos y como ellos. Por eso amenazan e impiden que los demás se sientan dentro de España de otro modo, que estén dentro de España en otras condiciones y, por supuesto, que ejerzan el derecho que tienen a decir dónde y cómo quieren estar o ser.

 

Los nacionalistas españoles piensan que solo ellos expresan realmente a la verdadera España, que sólo ellos pueden interpretar lo que quieren los españoles y que solo ellos saben sus deseos y aspiraciones profundas. Y son totalitarios porque tienden a excluir y a callar la voz de quienes no se sienten españoles del mismo tipo y con las misma idea de España que ellos.

 

Cuando tuvieron el poder mataron a los que quería una España diferente, plural y libre, los echaron de España. En nombre de España, se deshicieron de la mayor parte de los españoles.

 

Es lógico que Rekalde se sienta amenazado por esas actitudes. Pero se equivoca gravemente en algo muy importante.

 

Es verdad que hay españoles que mantienen esa actitud amenazante y de extrema derecha en especial respecto al País Vasco. Pero la mantienen no porque sean españoles sino porque son nacionalistas.

 

Esa es la cuestión. Rekalde, como otros nacionalistas vascos, se siente amenazado y confundido porque lo que está viendo en España y en los españoles es su imagen vicaria de nacionalista.

 

Los españoles que no somos nacionalistas españoles luchamos, precisamente, para que el nacionalismo español no se imponga, para que amenace ni lesione la libertad de ningún ciudadano, pueblo, nacionalidad o nación de las que hoy día forman parte de esto que llamamos España.

 

Pero lo que no deberían perder de vista nacionalistas como Rekalde es que, igual que él está amenazado por el nacionalismo español, hay miles de ciudadanos vascos que no son nacionalistas y que se sienten amenazados por el nacionalismo vasco, que es igual de excluyente (y, por tanto, de amenazante o totalitario) que cualquier otro nacionalismo.

 

El enemigo de los vascos no es España ni los españoles sino el nacionalismo español y tampoco porque sea español sino porque es nacionalismo.

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