Errores e irresponsabilidades ante la situación económica de España

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El pasado mes de mayo, justo después de las elecciones generales, publiqué un artículo titulado Una gran oportunidad en el que anunciaba que se nos echa encima una nueva crisis pero que ésta era diferente a la que empezó en 2007.

Decía en ese artículo que España se podía encontrar ahora en buenas condiciones para beneficiarse de la crisis que viene porque ésta iba a provocar que muchas empresas e inversores muy poderosos tengan que encontrar nuevos espacios económicos donde desarrollar los nuevos tipos de negocio y de estrategias productivas que se abren paso. Espacios con recursos endógenos adecuados para ayudarles a crear valor en las nuevas condiciones que se avecinan y dispuestos a ofrecer facilidades para que las organizaciones y empresas más rompedoras puedan ponerse contra la corriente y dar un salto hacia adelante para lograr ventajas en los nuevos marcos de competencia global.

La nueva crisis va a manifestarse -como explico con más detalle en un nuevo artículo que publicaré esta misma semana- en un desorden muy grande en la oferta de bienes y servicios, es decir, en las empresas que los producen. Y de él sólo van a poder escapar las organizaciones y economías más innovadoras y las que estén en condiciones y dispuestas para cambiar rápidamente de estrategia y de lógica productiva y financiera.

Vamos a vivir una nueva crisis global, porque se dará en economías de todo el mundo, pero que no va a dañar por igual a todas ellas. Sus peores efectos se concentrarán en las grandes empresas (que además sufrirán una crisis paralela de las bolsas de valores), en las mayores potencias económicas y en las periferias más dependientes. Pero las economías intermedias y con menos fortaleza en el marco productivo actual que entra en crisis (como la española) podrían tener más posibilidades de eludirla y de aprovechar los nuevos vientos que alentará el desorden. Aunque, eso sí, no podrán tomar vuelo limitándose a dejarse llevar por la inercia, sino que deberán ser capaces de adaptarse y de adelantarse a los acontecimientos.

Aunque no podemos confiarnos en exceso, porque una desaceleración profunda y generalizada y una crisis originada en el mundo empresarial, como la que va a producirse, es siempre algo peligroso para todos, España podría estar en unas condiciones excepcionales para hacer frente con éxito a la nueva crisis. Paradójicamente, nuestro lugar secundario, la relativa debilidad de nuestra oferta en el contexto global y la mala situación de otras economías que competirían con nosotros, como la de Italia, podrían ayudarnos en esta ocasión, si nos adaptamos con inteligencia a lo que se nos viene encima.

Pero esa oportunidad está en peligro porque se están cometiendo algunos errores de apreciación y, lo que es peor, graves irresponsabilidades.

No estoy de acuerdo con otros colegas académicos, de partidos o de organismos económicos que creen que la respuesta más adecuada ante la crisis que se aproxima es la de limitarse exclusiva o principalmente a aplicar políticas fiscales y monetarias expansivas. Yo no creo que estemos sólo ante una simple desaceleración que se resuelve aumentando el combustible y gastándolo en mayor medida. En esta ocasión creo que los problemas vienen de un desajuste productivo muy grave como consecuencia de una alteración profunda de los mercados, de tensiones comerciales estructurales, del cambio tecnológico traumático que se abre paso, de problemas energéticos, de la desigualdad extraordinaria y creciente, y de un divorcio ya insostenible entre la actividad económica y la naturaleza, la realidad física y material que precisa la economía para desenvolverse pero cuyos problemas no tienen adecuadamente en cuenta ni la Economía como conocimiento ni la política económica.

Es cierto que no podemos permitirnos que nuestra demanda siga debilitándose y que hay que sostenerla. Pero también hay que evitar alimentarla sin reajustar la oferta y, por supuesto, hacerlo sólo mediante deuda. Inyectarle más recursos sin abordar los problemas que van a afectar a la producción de los bienes y servicios no creo que ahora, en el corto plazo en el que por definición hay que aplicar terapias de choque a las crisis, vaya a ser útil ni posible sin crear problemas mayores. Entre otras razones, porque creo que esta crisis puede traer subidas de precios que provoquen alzas de los tipos de interés que harían estallar por doquier y antes de lo esperado numerosas crisis de deuda.

A diferencia de lo que se precisaba en la crisis de 2008 para frenarla, ahora son imprescindibles medidas de reajuste productivo, tecnológico y energético, cambios institucionales y legales, incluso nuevas culturas de producción y consumo. La crisis que viene no se va a producir porque falte gasto, por problemas en el lado de la demanda, sino por los que se han acumulado, como acabo de decir, en el de la oferta. Y no conviene olvidar que fue precisamente una crisis de este tipo, de oferta, en los años setenta del siglo pasado la que convirtió en completamente inútiles a las políticas keynesianas de demanda que tan exitosas habían sido hasta entonces.

Es lamentable que en España no se haya abierto un debate serio y plural sobre la naturaleza de la crisis que viene y sobre las mejores respuestas que conviene darle.

Irresponsabilidades más graves todavía se derivan del comportamiento de los grandes partidos políticos y del tiempo que se ha perdido desde que se celebraron las últimas elecciones generales.

La actitud de la derecha española antes los grandes problemas cuando no gobierna es bien conocida: impedir de cualquier forma y sin escrúpulos que salgan adelante las políticas de quienes no comparten su idea de España o los intereses que defiende. A esa estrategia irresponsable responde el decir, como ha dicho uno de sus principales dirigentes -Teodoro García Egea- que «España está en recesión». Pareciera que es lo que desean con tal de poder echárselo en cara al gobierno.

Pero la izquierda no parece que le ande a la zaga en cuanto a irresponsabilidad, al ser incapaz de conformar el gobierno con estabilidad asegurada que España necesita urgentemente y que hoy día sólo puede basarse en una mayoría parlamentaria que pivote en torno al PSOE y a Unidas Podemos.

Es una irresponsabilidad actuar -como está haciendo el PSOE- creyendo que unas nuevas elecciones le darán más ventaja dentro de unos meses. Podría ser que los socialistas salieran ganando, pero sería, sin lugar a dudas, a costa del bienestar de la inmensa mayoría de los españoles.

No se puede esperar más. Hacer frente a una crisis como la que viene con un gobierno en funciones, sin proyecto, en medio de la incertidumbre política y creando un clima de creciente desconfianza y de falta de cooperación y complicidad es suicida.

Los dirigentes del PSOE y Unidas Podemos tienen la obligación de dejar a un lado lo que los separa para poner sobre la mesa sus coincidencias, siendo conscientes de que no negocian para satisfacer a sus respectivas militancias y ni siquiera a sus votantes. Cuando se trata de formar un gobierno ha de pensarse en el conjunto de la población y en los intereses generales, tal y como se han decantado en las elecciones, el mejor sistema que tenemos para vivir en paz y con eficiencia, por muy imperfecto que sea.

Tanto el PSOE como UP tienen en sus respectivos programas electorales propuestas suficientes para poder enfrentarse a los problemas económicos que se avecinan con muchos menos costes sociales que los que provocaría un gobierno de los tres partidos de la derecha. Dejar a los españoles a la intemperie ante la tormenta que se está gestando es una gravísima irresponsabilidad.

No soy tan ingenuo como para creer que un gobierno de coalición como quiere Unidas Podemos, de colaboración como desea el PSOE, «a la portuguesa» como parece ser la preferencia de algunos dirigentes de Izquierda Unida, o de cualquier tipo que fuese con el apoyo de estas fuerzas, va a poder actuar sin costes sociales y sin necesidad de imponer sacrificios notables a la mayoría de la población. Se podrían aliviar, sin duda, pero lo que está en el horizonte es una ruptura muy profunda de las bases tecnológica y productiva que sostienen actualmente a la economía capitalista. Las costuras del capitalismo que hemos conocido se están rompiendo de nuevo y es imposible que eso suceda sin traumas y sin conflictos dolorosos, porque los grandes poderes corporativos (ya lo hemos visto otras veces a lo largo de la historia) no van a ceder fácilmente a sus beneficios ni a sus posiciones de privilegio.

Y de ahí procede, a mi juicio, la irresponsabilidad de Unidas Podemos. Desaprovechar la oportunidad de que en España haya un gobierno que se enfrente a la crisis que viene con la voluntad de minimizar sus costes sobre la población más indefensa y de aprovecharla para cambiar algo el rumbo de nuestra economía es -como acabo de decir- una irresponsabilidad. Pero poner todo el empeño en la gestión del corto plazo, cuando se van a tener las manos atadas y cuando habrá que tomar medidas impopulares, renunciando al diseño de estrategias de más largo alcance y a la presión que las haría viables en el futuro, tampoco es un signo de tener mucha más responsabilidad.

Y ahí es donde está la clave. Es irresponsable que las izquierdas españolas no sepan afrontar con inteligencia la gestión de lo inmediato, pero es peor aún que no estén haciendo nada por adelantarse al futuro elaborando el proyecto político y económico de largo alcance que es imprescindible para enfrentarse a los cambios que están empezando a producirse en el capitalismo. Y esa es la verdadera causa de que les resulte tan difícil llegar a un acuerdo. Pero de este último asunto escribiré en un próximo artículo.

Los engaños del PSOE y la incompetencia de UP: una oportunidad perdida y un peligro para España

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Las últimas elecciones generales proporcionaron un resultado bastante claro: el bloque de la derecha (PP, Cs y Vox) no tenía posibilidad alguna de gobernar mientras que el PSOE ganó claramente. Sin embargo, el partido socialista no obtuvo escaños suficientes para formar gobierno sin depender de otras fuerzas. Bien de Ciudadanos, para disponer entre ambos de mayoría absoluta, o de Unidas Podemos, para recabar conjuntamente apoyos complementarios puesto que los dos juntos no sumaban mayoría suficiente.

Los problemas comenzaron con un error de planteamiento democrático esencial. Como ha escrito Javier Pérez Royo, los partidos se enfrentaron a la investidura como si fuese un punto de llegada, un objetivo en sí mismo, en lugar de lo que debe ser, un punto de partida. No basta con tener votos para ser investido, sino que hay que seguir teniéndolos después para sacar adelante día a día la política del gobierno.

Ciudadanos manifestó su negativa más rotunda, para gobernar o simplemente para apoyar con su abstención la investidura de Pedro Sánchez. Y Unidas Podemos, por su lado, exigía tener una amplia presencia en el gobierno que se constituyera después para apoyarla.

Inicialmente, el PSOE no engañó a nadie y manifestó lo que había expresado en la campaña electoral, que su deseo era formar un gobierno monocolor, si acaso contando con algunas personalidades independientes que le permitieran presentarlo como de un perfil más allá del socialista y colindante o incluso muy próximo al de Unidas Podemos.

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Adelante Andalucía debe rectificar inmediatamente si no quiere escupir en la cara de docenas de economistas andaluzas

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En el Parlamento Andalucía se está negociando estos dias la renovación de la Cámara de Cuentas y de otros órganos de extracción parlamentaria, es decir, cuyos componentes son nombrados por la presidencia de la Junta a propuesta del Parlamento. Y esto último se hace en proporción a la representación de cada grupo político.

La composición partidista de estos órganos de control es uno de los grandes defectos de nuestra democracia porque, tal y como son elegidos, resulta que los controlados son los que terminan controlando. Sus efectos perversos los hemos visto incluso en muchas sentencias del Tribunal Constitucional, o en estos últimos días, cuando el Tribunal de Cuentas ha revocado la condena a Ana Botella por la venta masiva de pisos protegidos a “fondos buitre” gracias al voto de los dos consejeros directamente vinculados con el Partido Popular.

Muchos creímos que los nuevos partidos que se han incorporado a la vida política española, y en especial Podemos que fustigó a los demás por este tipo de vicios, traerían consigo nuevas prácticas a la hora de elegir para esos órganos a quienes en virtud de su representatividad les pudiera corresponder. Pero no es así.

Adelante Andalucía acaba de dar otra muestra de que es inútil confiar en esa formación para esperar regeneración y para que luche con coherencia contra los vicios de la vieja política.

No voy a poner en duda que el elegido por Adelante Andalucía para formar parte de la Cámara de Cuentas de Andalucía, un licenciado en Economía y doctor en Sociología, sea adecuado para desempeñar las funciones que le corresponden a los consejeros de la Cámara. Imagino que se ve con capacidad para ejercer esa actividad tan especializada si ha aceptado el puesto, a pesar de que la auditoría de cuentas sea algo tan completamente ajeno a las actividades académicas y profesionales que ha desarrollado hasta ahora. Pero el asunto grave ni siquiera es ese.

Puede que esta persona esté preparada para ser consejero del órgano encargado de fiscalizar la gestión financiera, contable y económica de los fondos públicos en Andalucía pero lo que me parece escandaloso es que haya que traer a un hombre de fuera de Andalucía para ese cometido.  Aquí hay docenas de mujeres economistas y auditoras de todas las sensibilidades políticas y por supuesto también progresistas, de izquierdas e incluso simpatizantes o afiliadas a Podemos e Izquierda Unida, que con toda seguridad se puede afirmar que están mejor preparadas que la persona de fuera de Andalucía que ha sido propuesta por Adelante Andalucía para formar parte de nuestra Cámara de Cuentas.

Decía Adelante Andalucía en su programa electoral:

– “Necesitamos la voluntad política y el poder propio suficientes para construir una nueva estructura económica sobre una base (…) feminista….”,

– “Es preciso revisar el mecanismo de selección de sus integrantes (de la Cámara de Cuentas), reforzando su independencia”.

– “El carácter andalucista de Adelante Andalucía es un elemento vertebrador de nuestros objetivos de gobierno” y “queremos abrir una senda alternativa y ambiciosa basada en (…) el empoderamiento de Andalucía”.

Si es cierto que Adelante Andalucía está por la transparencia y por impulsar un nuevo tipo de hacer política y si quiere ser consecuente con su programa electoral está obligada a renunciar a la propuesta que ha hecho para la Cámara de Cuentas, que sólo puede explicarse por razones de amiguismo político, y proponer en su lugar a una mujer andaluza economista o auditora para ese puesto.

Que un partido consulte a las bases no es más democrático si simplifica lo que es complejo y pone en blanco y negro lo que está lleno de matices

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Yo soy partidario de que las decisiones que afectan a mucha gente se tomen con la mayor participación posible, con amplios debates, con deliberaciones profundas en las que se disponga de información abundante, contrastada y sistemática.

Defiendo y he defendido siempre que se hagan consultas a la gente cuantas veces haga falta. Pero combato la idea de que una decisión tomada como resultado de una consulta realizada de cualquier forma, en cualquier momento o sobre cualquier tipo de asunto sea por sí misma más democrática que la decisión adoptada a través de un mecanismo representativo. A mi juicio, la democracia no se amplía ni se fortalece sino que más bien se prostituye si la consulta simplifica los términos del debate, si hace que desaparezcan los matices o, si ante los problemas complejos planteados, sólo ofrece alternativas bipolares y de brocha gorda. Y eso es lo que creo que ocurre con la que está proponiendo la dirección de Podemos a sus afiliados en relación con la formación del próximo gobierno de Pedro Sánchez.

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Lo secundario no puede ser lo primero: que discutan qué hacer y luego con qué ministros hacerlo

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Cuando en diciembre de 2015 se celebraron elecciones generales en nuestro país, los dos grandes partidos sobre los que había descansado la gobernabilidad del Estado desde los años 80, PP y PSOE, estaban mucho más que tocados del ala. Hicieron frent a la crisis con decisiones claramente impopulares sin apenas tomarse la molestia de justificarlas seriamente ante la población y ambos, aunque sobre todo el PP, aparecían claramente como los responsables de la corrupción generalizada y vergonzosa que se extendía por todos los rincones de España. Gritando «no hay pan para tanto chorizo» o «no nos representan», quizá la expresión más penosa y clara de la degeneración de una democracia, millones de españoles proclamaban su indignación y su firme deseo de que las cosas cambiaran.

Como se esperaba, en aquellas elecciones se produjo una debacle de esos dos grandes partidos y emergieron con fuerza otros dos (Podemos que ya había tenido una exitosa irrupción en las europeas de 2014 y Ciudadanos), implícitamente llamados por el electorado para liderar la regeneración de nuestra vida política.

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Huawei y las bolsas de valores: Trump juega con fuego

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En el capitalismo de nuestros días germinan crisis de muy diferente naturaleza que aparecen de forma recurrente. Unas son sistémicas porque cuando aparecen “contaminan” inevitablemente a todo el sistema. Así son las financieras porque afectan al dinero o crédito, sin el cual no puede funcionar la economía. Otras son estructurales, porque provienen de la naturaleza intrínseca del sistema capitalista. Por ejemplo, las que producen la desigualdad derivada de la mercantilización del trabajo (que periódicamente produce crisis de demanda por la caída de la masa salarial), o la ambiental, como consecuencia de mercantilizar también el uso de los recursos naturales, sometiendo la naturaleza al afán de lucro. Otras son de escala y características diferentes, producidas por una sola causa o por una conjunción de ellas, y pueden alcanzar una envergadura mayor o menor según que afecten a variables más o menos determinantes del funcionamiento o del equilibrio del sistema en su conjunto. Eso ocurrió con la de los años 70 del siglo pasado.

Como traté de demostrar en mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas, estos últimos, cuando se basan en el saber convencional, en la ortodoxia dominante, no suelen ser capaces de anticipar las crisis y de darles solución adecuada. Es así porque parten de premisas falsas y porque no utilizan métodos de análisis adecuados para poder entender lo que en realidad es la economía: un sistema complejo cuyo funcionamiento no se puede explicar con las herramientas simplistas de la teoría económica dominante .

En mi opinión, esta falta de acierto se está produciendo de nuevo en estos momentos: los economistas convencionales y las autoridades que se basan en sus opiniones intuyen que se aproxima una crisis importante pero están apuntando, otra vez, al lado equivocado. Creen que vendrá por la desaceleración de la actividad que se viene produciendo en los últimos meses o como resultado de otro zarpazo de volatilidad financiera, como el que provocó la de 2007-2008. Pero se equivocan.

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Todo el crecimiento de la deuda pública en la UE desde 1995 corresponde a intereses

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La oficina estadística europea, Eurostat, publicó el mes pasado los últimos datos oficiales sobre la deuda pública en la Unión Europea.

A finales de 2018, la deuda total acumulada por los gobiernos de los 28 país miembros sumaba 12,7 billones de euros y el de los países de la UE(19) 9,86 billones. En el primer caso, fueron 136.000 millones más que en 2017 y en el segundo 99.000 millones, es decir, que creció más o menos un 1% anual (datos aquí).

Por otro lado, la cantidad pagada por los gobiernos en concepto de intereses en 2018 fue de 293.983,2 millones de euros en la UE(28) y de 213.177,5 millones en la UE(19). datos aquí.

Pero lo más interesante es comparar el aumento de la deuda pública europea con la suma pagada por intereses a lo largo del tiempo.

Según los datos históricos de Eurostat, desde 1995 -año en que comienzan a proporcionarse datos para la UE(19)- hasta 2018, la deuda total aumentó en 5,79 billones de euros y durante esos años se pagaron 6,4 billones de euros en intereses. Es decir, el 110,6%. Lo que significa que no sólo la totalidad del crecimiento que ha tenido la deuda pública europea en los últimos 18 años, sino incluso un poco más, corresponde al pago de intereses. Sigue leyendo

Una gran oportunidad

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La coyuntura internacional y la situación interna podrían proporcionar en los próximos cuatro años condiciones bastante favorables para que el nuevo gobierno de España pusiera las bases de un cambio histórico del modelo económico, social y político que nos ha convertido en un país destructor de empleo productivo y cada día más desigual, en lo económico, y sometido en lo político por el poder de los grupos oligárquicos que llevan decenios gobernando realmente en nuestro país.

No es fácil en nuestro tiempo que los gobiernos nacionales dispongan de suficiente capacidad de maniobra como para avanzar contra corriente, pero la coyuntura en la que nos encontramos quizá pueda ofrecernos una inusitada oportunidad para cambiar, siempre que no se hagan tonterías sino que se actúe con inteligencia, pensando en los intereses y prioridades de la inmensa mayoría de población y con un buen manejo de las formas y los tiempos, sin alardes ni palabras vacías.

En el exterior, me parece que hay dos circunstancias que abren una ventana de oportunidad quizá sin precedentes en los últimos 20 o 30 años.

Es cierto que se avecina una desaceleración económica muy fuerte y que lo más probable es que en poco tiempo se produzca una nueva crisis pero en esta ocasión, aunque pudiera ser de considerable envergadura o incluso espectacular por sus manifestaciones, no tendrá el carácter sistémico de la que estalló en 2007. Sigue leyendo