El estado de la situación: hay que salir adelante

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Publicado en Claves: Reflexiones sociolaborales de UGT Andalucía ¿y despúes de la crisis qué?, UGT Andalucía 2011

 

La economía andaluza ha sufrido la actual crisis económica con más daño que otros territorios por diversas razones que conviene tener en cuenta a la hora de darle respuesta y entre las que podemos señalar las siguientes.

 

a) La economía andaluza dispone de un mercado interno limitado, de un tejido y capital productivo aún escasos, desvertebrados y generadores de insuficiente valor añadido, su clase empresarial es en demasiada medida limitada, rentista y poco emprendedora y la mayoría de las actividades económicas que se desarrollan en su seno son muy dependientes del entorno.

 

b) Andalucía apenas dispone de capacidad de maniobra propia para luchar contra el ciclo, principalmente debido a su que genera insuficiente ingreso endógeno y a que las políticas redistributivas tienen cada vez menor vigor como resultado de las restricciones que impone nuestra pertenencia a una unión monetaria dominada por políticas neoliberales.

 

c) Las instituciones del sistema financiero andaluz han desempeñado un papel francamente negativo en los últimos años, coadyuvando a la formación de la burbuja inmobiliaria y consolidando un modelo de crecimiento insostenible.

 

d) A pesar de que se han registrado avances muy notables y meritorios, la población andaluza disfruta todavía de menos formación y conocimiento acumulado que la de su entorno.

 

e) La desigualdad es muy alta en Andalucía, lo que resulta un factor muy problemático porque ahí se ha encontrado no solo una de las causas de la crisis, sino una de las circunstancias que ha hecho que sus efectos sean más graves en las distintas economías.

 

Estas circunstancias producen la debilidad estructural que explica la peor situación de la economía andaluza frente a la crisis y que ha dado lugar a la mayor caída de actividad y a la pérdida tan grande de empleo y tejido productivo que ha sufrido. De hecho, al desencadenarse la crisis, la demanda interna se desplomó y solo el crecimiento del gasto en consumo final de las administraciones públicas pudo evitar que provocase una debacle económica sin precedentes.

 

Parece claro, por tanto, que para hacer frente con éxito a la situación crítica en la que nos encontramos es fundamental no detenerse simplemente en los factores coyunturales que hayan podido incidir en su desencadenamiento sino tener en cuenta, por el contrario, aquellos que vienen impidiendo que la actividad productiva y la generación de ingresos se sostengan más allá de periodos de expansión siempre volátiles.

 

No podemos olvidar que Andalucía pasó a tener una posición dependiente y subordinada respecto de su entorno como consecuencia de su especialización desafortunada en la oferta de materias primas y mano de obra de bajo coste al resto del estado y, más tarde, a partir de los años sesenta del siglo pasado, en la construcción residencial y en la oferta de servicios vinculados al sector turístico que impulsaron un notable crecimiento pero muy inestable e insostenibles y que no le permitió superar dicha dependencia ni su carácter relativamente más atrasado que el entorno. Esa situación comenzó a ser especialmente desventajosa en la última etapa de globalización neoliberal que vivimos porque ésta impone la apertura desprotegida de los mercados que, cuando no se dispone de actividad de alto valor añadido suficiente como en el caso de Andalucía, obliga a abaratar la oferta provocando así una escasez estructural de ingreso que dificulta extraordinariamente la ruptura con las inercias productivas y distributivas dominantes. Lo cual resulta muy negativo en estos momentos en que las economías han de decidir cómo salen de la crisis si se considera, como creo que es necesario considerar, que el modelo en el que se había basado la creación de actividad y el empleo en Andalucía están muy cerca de llegar a su completo y definitivo agotamiento, si es que no ha llegado ya.

 

En mi opinión, para salir con éxito de la crisis es imprescindible romper con la inercia dominante para disponer de la autonomía que permita poner en marcha un proyecto productivo propio y eso implica diseñar una estrategia orientada principalmente a superar la carencia estructural de recursos y resortes endógenos para la acumulación. Para lo cual creo que hay que abordar algunos retos principales a los que se hace mención con más detalle en los artículos que siguen:

 

a) Pasar de ser una economía de enclaves a otra de redes y sinergias productivas, vertebrada en torno a sí misma y menos dependiente de centros de decisión y de definición de estrategias exógenos.

 

b) Reconsiderar los motores de la actividad económica para depender en menor medida del capital público, aunque esto tampoco puede implicar renunciar a éste último porque su presencia es todavía vital para generar el capital social imprescindible para poder cambiar el modelo productivo y las lógicas sociales dominantes.

 

c) Recuperar los activos y el tejido productivo perdidos como consecuencia de la venta masiva al capital extranjero, sin los cuales es imposible reestructurar la economía y fortalecerla como se necesita.

 

d) Combatir mucho más decisiva y eficazmente las desigualdades y asimetrías entre territorios, actividades y personas que, además de debilitar la economía en el sentido señalado, vienen produciendo una sociedad desmovilizada y sumisa, sin fuerza civil y muy dependiente de la intervención protectora del sector público.

 

e) Disponer de un auténtico sector financiero andaluz que, a diferencia de lo que ha venido sucediendo, permita hacer efectivo el artículo 162 de nuestro Estatuto, participando “en los planes estratégicos de la economía” y actuando para estar “al servicio del bienestar general y del desarrollo económico y empresarial”.

 

f) Combatir la gran dependencia y los condicionamiento indeseables que imponen las políticas de sesgo neoliberal dominantes en la Unión Europea, que vienen provocando el aumento de la desigualdad entre regiones y personas, un continuada destrucción de tejido productivo y la pérdida de capital y empresas.

 

Y a la hora de abordar estos retos creo que es igualmente fundamental actuar teniendo en cuenta que la crisis que vivimos no es un mero incidente pasajero o temporal, ni tampoco simplemente financiera o incluso económica sino un fenómeno sistémico que constituye el primero paso de un proceso que será de cambio muy profundo de las bases estructurales de la economía y la sociedad en todo el planeta, que modificará el terreno de juego de la competencia, de la financiación y los mercados en los próximos años pero también los equilibrios políticos y las relaciones sociales, lo que seguramente va a generar condiciones aún más difíciles para los espacios periféricos, como es el andaluz.

 

Por eso, es hay que partir de la idea de que nada va a poder seguir siendo igual que antes y mucho menos las bases que en los últimos años han permitido que la economía andaluza disimulara sus fallas estructurales gracias, sobre todo, a la hipertrofia del sector inmobiliario y a las políticas redistributivas que la Junta de Andalucía ha aplicado aquí con mayor sensibilidad social que otros gobiernos.

 

Confiar en salir de la crisis con éxito volviendo a reforzar el modelo anterior es algo mucho peor que ingenuo. Hoy día es ya inaplazable que Andalucía redefina su proyecto y su posición en el entorno tratando de encontrar una posición propia en la economía y en la política española, europea y mundial. No olvidemos que Andalucía viene perdiendo sin cesar su capacidad de generar de bienes y servicios realmente productivos y que incluso una actividad central en Andalucía como el turismo se desenvuelve actualmente en función de estrategias globales que establecen sus pautas de producción, de servicios y precios en función de intereses ajenos a lo que pueda ocurrir en nuestra economía o a lo que sea más o menos favorable a los andaluces. Y los mismo ocurre con otros sectores que son determinantes para garantizar que la renta y la riqueza que se crea en Andalucía revierta principalmente en el capital y el trabajo andaluz: la agricultura, la distribución, la ya escasa estructura industrial, o los servicios más avanzados y precisos, y entre ellos el financiero.

 

Como se pone de relieve más detalladamente en los diversos artículos que contiene este anuario Andalucía no tiene futuro si se conforma con ello, si renuncia a la agricultura y a no tener industria o si asume sin más que su principal función económica es la provisión de servicios de baja productividad, poco coste laboral y menos valor añadido.

 

Andalucía, por el contrario, debería luchar por adueñarse de sus propios recursos, de su economía y de los centros de decisión de los que depende la creación de la riqueza para poder fomentar nuevas actividades y crear las redes productivas y los nuevos espacios de sinergia que rompan con nuestro desorden productivo secular y que definitivamente vertebren a nuestra economía y sociedad.

 

Andalucía necesita salir hacia delante pero eso no puede significar sino que  sus ciudadanos y ciudadanas, sus organizaciones sociales y políticas, sus administraciones públicas, su empresariado y sus sindicatos, están dispuestas a repensarse rechazando la desigualdad y la discriminación, el victimismo, el fracaso escolar, la economía sumergida, al subvencionismo, el tópico y el culto a lo caduco, y a renunciar a creer que es inevitable que Andalucía tenga que ser más pobre y atrasada que los espacios de su entorno o que necesariamente tenga que hacer lo que le dictan los grandes centros de poder ajenos a sus intereses.

 

Se trata de un reto tan atractivo como necesario y para el que es imprescindible contar con un amplio acuerdo social que no se limite a repartir privilegios y cuotas de poder sino a establecer un nuevo pacto de rentas que lleve a un equilibrio social diferente y a compromisos de acción efectivos para generar más riqueza con bienestar, equidad y con mucho mayor respeto a la naturaleza.

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