España, hacia el caos sin remedio (como el resto del mundo)

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Publicado en lapoliticaonline.es el 9 de noviembre de 2019

El titular de este artículo puede parecer exagerado si la palabra caos se interpreta en su sentido más coloquial. Pero yo la uso ahora como la utilizaba Immanuel Wallerstein para referirse a la situación en la que va a encontrarse dentro de poco el capitalismo de nuestra época.

El sociólogo estadounidense, fallecido por cierto el pasado mes de agosto, decía que nuestro sistema social y económico se dirige al caos porque desde la gran crisis de los años sesenta y setenta del siglo pasado se viene alejando constantemente de la «normalidad». Una deriva hacia la inestabilidad y el desorden que es consecuencia de la crisis estructural en la que se encuentra desde entonces y que se hace cada vez más visible a nuestro alrededor en conflictos de todo tipo, en el auge de los populismos, del deterioro ambiental, en crisis comerciales, de deuda y financieras, en la extensión de un auténtico imperio de la mentira, en el debilitamiento de las democracias y las libertades, en la desigualdad creciente y en el clima general de desconcierto y falta de soluciones en el que vivimos últimamente, entre otras manifestaciones.

Curiosamente, son los propios capitalistas quienes más rápidamente se han dado cuenta de ello y los que reclaman con más urgencia medidas de reforma que puedan hacer frente al caos y al desorden generalizado para evitar el colapso del sistema. La declaración que hizo el pasado verano una organización tan a favor del capitalismo como la Business Roundtable, que reúne a los ejecutivos de las 200 mayores empresas de Estados Unidos, es significativa: reconocía que el «sueño americano» se está «deshilachando» y, en lugar de seguir manteniendo la tesis tradicional de que la gestión empresarial debe tener como único beneficiario al accionista, afirmaba que las grandes empresas deben trabajar «para promover una economía que sirva a todos los estadounidenses». Puede parecer simple retórica, pero es un cambio muy significativo cuando en Estados Unidos se registra la etapa de crecimiento más larga de su historia mientras que la desigualdad, el empleo miserable, el deterioro ambiental y la pobreza crecen sin parar.

Lo que está ocurriendo en todo el planeta es una paradoja: el capitalismo neoliberal está entrando en crisis terminal como consecuencia de su propio éxito como sistema de dominación. Su problema es que ha garantizado la apropiación masiva del beneficio pero a costa de llegar a la exageración e incluso a la aberración, monopolizando las fuentes de la toma de decisiones y convirtiendo al uso del poder y de la información en la fuente de la ganancia en detrimento de la actividad productiva. Pero al concentrar en extremo el poder ha generado una correlación de fuerzas tan favorable a las grandes corporaciones que ha terminado destruyendo los equilibrios básicos e imprescindibles que precisa tener cualquier sociedad si no quiere arder en la hoguera que antes o después prenden quienes se quedan sin nada.

El capitalismo había conseguido mantener el orden social y la legitimación cuando permitía que una parte de los de abajo llegara arriba o, al menos, que se beneficiara también de buena parte de la riqueza que se creaba, y cuando permitió que existieran mecanismos de contrapoder. Pero, asustado por la gran crisis de los años setenta del siglo pasado, apostó tan fuerte y con tanto éxito por el beneficio y la concentración del poder que ha creado un mundo en el que millones personas, o incluso naciones enteras, saben que ya nada tienen que perder porque nada hay que puedan ganar. El capitalismo neoliberal es el del todo o nada, el capitalismo sin ningún tipo de bridas, y eso es lo que ha producido la «anormalidad» creciente que le lleva sin remedio al caos y al colapso.

España está inmersa en esa misma crisis, aunque sus manifestaciones sean diferentes. Y no deja de ser curioso que la única persona que en periodo electoral está hablando de los males del capitalismo y de la necesidad de reformarlo sea la presidenta del Banco de Santander, Ana Patricia Botín: «necesitamos un cambio. El capitalismo ha sobrevivido gracias a que ha sabido adaptarse a los cambios. Ahora debe volver a hacerlo. Y esta intención no debe quedarse en palabras».

Nuestro país, nuestra sociedad y nuestra vida política, también se vienen alejando progresivamente de la «normalidad» para dirigirse inevitablemente hacia el desorden y la inestabilidad permanente por una sencilla razón: las piezas que han venido sosteniendo al sistema dejaron de funcionar bien y son ya incapaces de mantenerlo en situación de equilibrio, mientras que todavía no hay otras de recambio que permitan devolverle el orden y la estabilidad.

El orden y la estabilidad del sistema político y, en general, de la sociedad española de esta etapa democrática se han basado en la existencia de dos grandes partidos, el PP y el POSE, que hace tiempo que perdieron la legitimidad y capacidad necesarias para mantener el  sistema en equilibrio, el orden de escuadra, por utilizar un término militar, que es preciso mantener para que las cosas no se desmanden y el sistema siga funcionando normalmente.

Cuando los dos grandes partidos entraron en crisis, transmitiéndola desde las más altas instituciones del Estado hasta la arquitectura territorial en la que se basa la cohesión básica de una nación, la propia sociedad creó los antídotos en forma de nuevos movimientos y partidos, pero ninguno de ellos ha sido capaz de constituirse en el cemento de un nuevo estado de cosas. Y así es como, casi desde 2011 y sobre todo desde 2015, nos venimos encontrando en un va y viene continuo que no tiene solución posible porque se está intentando dar solución a los problemas con las mismas piezas, relatos y lógicas que los han provocado.

Y es por ello por lo que ninguno de los escenarios posibles que puedan darse tras las elecciones va a poder proporcionar estabilidad.

Los enfrentamientos entre las fuerzas de izquierda han creado un clima que hace extremadamente difícil, por no decir imposible, que se de la armonía necesaria para gobernar bien y para poner en marcha con suficiente estabilidad y garantías un programa de transformaciones progresistas para España. Y, como la sociedad está rota y no cohesionada, si finalmente hubiera un gobierno de ese perfil, la derecha constituiría un frente de oposición brutal, dispuesto a incendiar lo que haga falta -incluido el conflicto civil como el que han avivado irresponsablemente en Cataluña en los últimos años- para acabar con las políticas de izquierdas, por moderadas que sean. Y el posible triunfo del bloque de derechas (no se olvide que Andalucía siempre ha marcado la senda estratégica de la política española) no haría sino reforzar los procesos y problemas que he mencionado y que han provocado la crisis estructural en la que nos encontramos en España y en todo el mundo.

Las fuerzas que nacieron para regenerar la situación política (Ciudadanos y Podemos) han mostrado su total inutilidad. Las novísimas, o son puros embriones como Más País, o peligrosas variantes del fascismo neoliberal que ya proliferan en otros países, como Vox. Y una entente entre el Partido Popular y el PSOE no sólo podría llevar a este último partido a la irrelevancia en la que se encuentran los que hicieron lo mismo en otros países, sino que daría lugar a que el sistema se quedara sin reservas a la primera de cambio, siendo, al final, sólo un paso más y más rápido hacia el caos.

España no tiene arreglo con los actuales sujetos políticos ni con el discurso de espectáculo que se utiliza para plantear los problemas sociales, ni con la lógica de enfrentamiento cainita que se ha generado como subproducto de la democracia de baja intensidad en la que vivimos, ni con una economía y unos medios de comunicación sometidos sin disimulo al dictado de los grupos oligárquicos. Y eso es grave porque los problemas que tenemos delante de nuestras narices no admiten soluciones de compromiso ni cogidas con hilo. Me refiero, entre otros, a desastres como la corrupción, la mentira generalizada, la ausencia de rendición de cuentas, la constante descalificación del adversario y la consideración como enemigo de quien simplemente no piensa como nosotros, la venta de España a los grandes intereses económicos, el poder desnudo de las grandes empresas y de los bancos, la desindustrialización, el desmantelamiento de nuestro sistema de servicios públicos y de ciencia y tecnología, la manipulación mediática o, sobre todo, nuestra incapacidad para entender que tenemos algo en común que se llama España y que no puede ser sólo de una parte de los españoles sino de todos por igual.

Es ingenuo creer que las elecciones del 10N puedan proporcionar algún tipo de solución estable. Los problemas sistémicos, estructurales, como los que estamos viviendo no generan pequeñas heridas sin importancia sino el colapso de los sistemas, y eso es lo que está comenzando a suceder en España y en el mundo. Las viejas orquestas dedicadas a difundir música de siempre no podrán evitarlo. Se necesitan otros proyectos. Las reformas que anhelan Ana Botín y los grandes dirigentes capitalistas pueden darle de nuevo un aire diferente al capitalismo pero nada ni nadie puede ser contrario a sí mismo, así que están condenadas a dar el mismo tipo de problemas a medio y largo plazo. Hay que hacer frente al gran expolio, de riqueza y de derechos, que han llevado a cabo, al mundo digital que se abre paso, a una naturaleza destrozadada y a una sociedad fragmentada, ensimismada y engañada. Y para eso hacen falta otros sujetos y un nuevo tipo de liderazgo, de lenguaje y de discurso político, nuevos mecanismos de representación y de control más genuinos y democráticos, nuevas formas de propiedad, de instituciones de gobierno y de relaciones sociales sociales, liberarnos de la dictadura de la mercancía, una nueva cultura política y un nuevo ejercicio de la ciudadanía, un proyecto socialista, o llámese como se quiera llamar, que quiera y sepa ir más allá del capitalismo. Y además, la capacidad de saber resolver con justicia y sostenibilidad los problemas del día, cada vez más difíciles de abordar en medio de tantas turbulencias.

20 comentarios en “España, hacia el caos sin remedio (como el resto del mundo)

  1. Da por descontado que los nuevos partidos, que parecían influir y cambiar paradigmas, no son de utilidad. Es decir «Tacita a tacita», no se soluciona nada y nos vamos al caos.
    ¿Qué nos queda, una dictadura aristocrática?

  2. No son los propios capitalistas quienes se han dado cuenta de ello,son las revueltas de los desposeídos que ahora son millones.
    El capitalismo neoliberal ya no da respuesta ni soluciones a tantos años de mentiras,engaños, explotación y crímenes contra la sociedad y la natualeza.
    La caída de las torres gemelas fue el principio del fin del imperio de las mentiras del capitalismo americano «todo vale».
    ¡CHINA HA DESPERTADO! OTRO NUEVO ORDEN DEBE IMPERAR.
    Ana Patricia Botin,no habla de los males del capitalismo, ella es el capitalismo, la cara mas amable, y las garras mas abominable, brutal y despiadado.
    Sr. Torres, no se por donde camina, ya que sigue dando bandazos del centro a la derecha, que al igual que el PSOE, ud nunca ha sido de izquierda.
    PP, PSOE nunca fueron legitimados, ya que no existe en este país la DEMOCRACIA, ya que esta DEMOS GRACIA, fue una imposición del anterior régimen y hasta el día de hoy llegan los coletazos.
    No ha habido un enfrentamiento entre las izquierdas, ya que sólo Upodemos es hoy la IZQUIERDA, y desde el aparato represivo del gobierno se ha venido intentando destruir sistemáticamente a través de la policía de las cloacas, la fiscalía, la judicatura y los títeres de la Sra. Botín a la que ud. tanto admira ultimamente

  3. Hace años cuando te conocí, como economista que asesorastes a Podemos, vi en ti un economista, comprometido co la gente, y aportando tus conocimientos y tu ideología al servicio de los pueblos. Hoy, desgraciadamente, no te veo así. Gracias de todas formas.

  4. Y de dónde salen esos nuevos líderes? Los q están arriba se han convertido en un fin en sí mismos y no dejan hueco para otros posibles dirigentes, quienes, de existir, solo repetirían esquemas aprendidos. Un panorama desolador!

  5. Estimado señor Torres. Le sigo hace tiempo y le tengo gran respeto porque me parece usted una persona honesta, humilde y que sabe de lo que habla. Creo que lo dice en este artículo es muy acertado y, sinceramente, no sé si seremos capaces de salir de esta lamentable y muy triste situación.

  6. El pamorama descrito se veia venir. En cuanto a la necesidad de un nuevo proyecto socialista creo que ya no valen medias tintas. Hay que crear foros donde se hable alto y claro sobre lo que está ocurriendo. Un saludo.

  7. Falta cuestionar, Juan, algo ineludible, y es plantear cuáles son las causas de la carencia de líderes políticos en nuestro ámbito español, pues en el europeo esta carencia no es tan visible o tan grave. ¿No los hay entre los jóvenes o si los hubiere, cómo y por qué se está sofocando que despunten y se hagan visibles?

  8. Muchas gracias. El problema que me preocupa es cómo se puede construir una práctica adecuada que sea coherente con la objetividad que se describe en su artículo.

    Una suerte contar con sus trabajos.

  9. «Fascismo neolibera»… Me gusta la definición. Sí, veo que lo ha escrito conscientemente, muy conscientemente.

  10. Es la segunda Ley de la Termodinámica que está tomando posesión de sus escaños.
    No hay quien la pare. Quien quera saber en qué consiste que estudie pues no está al alcance de espíritus tuiteros.

  11. Me sería de gran utilidad saber en qué he cambiado, a quién diferente aporto ahora mis conocimientos, con quién estoy ahora comprometido, qué conducta de ahora no está al servicio de los pueblos. Me ayudaría a corregir lo que haga mal. Muchas gracias en todo caso

  12. En mi caso, el cambio, se debe al cansancio, al marginalismo, al ver como una y otra vez caemos en la misma «trampa», generada por anteponer, en el mejor de los casos nuestros intereses personales al colectivo, y en el peor de los casos,notar como desde medios externos ejercen un inmenso poder, con una capacidad increible de influenciarnos.

    Yo, personalmente me encuentro cansado, como estudiante de Económicas, en la UNED, y con casi 53 años, veo la deriva radical y egoista de mucha de esta nueva generación de economistas que tiene que venir, no ponen nada en tela de juicio, no precisan de retóricas, ni de críticas al sistema, solo buscan su beneficio personal, cosa que demandan con gran egoismo, argumentando que igual que los anteriores disfrutaron de una vida opulenta, ellos están en derecho a lo mismo.
    El individualismo metodológico, generación a generación va haciendo su efecto,la perdida de valores, y la capacidad de crear pensamiento crítico, está acabando con El raciocinio humano, nos movemos por impulsos, la mayoría interpuestos desde las redes sociales, nunca el determinismo y la manipulación tuvo tanto poder.

    Ahora es más necesario que nunca la pedagogía, la paciencia y la generosidad.
    Muerto el minotauro global, ¡¡¡VIVA LA QUIEBROCRACIA!!!, «un saludo al Sr. Varoufakis».

    Que pase usted un buen día, Juan.

  13. Genial Juan Torres. No se puede retratar mejor la situación en la que nos encontramos ni señalar más claramente el único rumbo posible para evitar el colapso.

  14. Yo soy optimista y creo que nunca como ahora hemos tenido tantas puertas abiertas y tanta libertad. Es verdad, que la libertad, implica responsabilidad. Y este cóctel da cierto miedo a muchas personas (El miedo a la libertad, Erich Fromm).
    Nunca la humanidad tuvo tanta gente pensante con tantos estudios, nunca tuvo tantas herramientas, nunca estuvo tan conectada. Nunca tanta gente, incluida la señora Botín,está convencida de que esto debe cambiar…
    El capitalismo tiene muchas salidas. Siempre emergió cual ave fénix de sus propias cenizas. Sustentado por nuevos inventos y nuevas fuentes de energía. Cambiando e interactuando entre las relaciones humanas. En este sentido es perfectamente posible un resurgir del capitalismo basado en tres pilares: Energía barata y por el momento en tan gran cantidad, que parece inconmensurable, basada en los reactores de fusión de hidrógeno, reciclaje de casi todo con el uso en parte de esa energía y uso masivo y generalizado de la nanotecnología en todos los campos.
    Para mi las crisis cíclicas de la economía capitalista, bien definidas y estudiadas por los analistas, se deben a la estructura de base del sistema financiero, dependiente de una lógica y unas matemática que desde el principio no puede cuadrar, por estar mal diseñado el sistema financiero intrínsecamente.
    En cuanto a la política local, se dan condiciones para que nuestros políticos maduren en introduzcan la inclusividad del opuesto, y no pierdan de vista que la pluralidad, es siempre una ventaja enriquecedora…

  15. Juan, no Le veo expresarse claramente, con la corrupción de la policía de las cloacas. Que la Sra Botín a comprado un banco por un euro, un lenguaje más claro para el pueblo llano, y emplea en este escrito paños calientes con la Sra Botín, me gustaría enviarle una foto de un cuadro que pinté hace 4 años y lo analizara

  16. Buenos días a todos.
    Coincido plenamente con el análisis que apunta las causas que nos han traído hasta aquí, y con la solución. LO MALO, es que hay decenas de trabas objetivas que ´la harán imposible.
    En los años 70 estuvimos a punto de tocar con los dedos esa posibilidad. Era el gobierno de la social-democracia. La idea del beneficio razonable en las empresas…en fin…cayó el muro, y con su caída la percepción clara por parte de los buitres neoliberales de que el abuso era posible. El tren se puso en marcha, y ha venido funcionando a toda máquina hacia un muro. El tren, ha funcionado como el de los Hermanos Marx: corría mientras se autodestruía. Corre mientras se autodestruye, imagen gloriosa en la película, pero patética en éste momento de la historia. Sin «vagones» que protejan a los pasajeros (porque se necesita su «madera» para alimentar a éste tren loco) éstos van «cayendo a las vías» y quedando allí.
    El sistema no puede volver atrás. Ni siquiera valdrá la solución del Gatopardo «cambiar algo para que todo siga igual»…o refundar el capitalismo que dijo «le petit Napoleón»…el sistema acabará como todas las crisis de capitalismo: en guerra. El sistema es como una estrella. Brilla mientras arde y se consume y los «subproductos de la combustión» no la harán brillar de nuevo…esa segunda ley de la termodinámica que alguno ha apuntado por ahí antes….¡una pena!….

  17. Compartir el escrito de Torres López y la respuesta que da Alfonso Casas.
    Solo decir, y ahora qué??
    Más de lo mismo o peor, con una Deguda imparable y gastar, y gastar …sin límites.
    Tenemos un PIB superior a la CE, però con la recesión que se avecina, más personas al paro, cierre de pequeñas empresa, etc.

  18. Yo no siempre contesto, però aprecio y compartir tus escritos. Quanta verdad, conoces el tema. Ojalá, té escucharan, quienes tendrían que escucharte.
    Siguiéndote, me gustant tus escritos por considerarlos muy afectades y con conocimiento de causa.
    Un seguidor

  19. Mi respuesta anterior.
    Creo que se entiende suficientemente.
    El corrector me canvia y escribe lo que no deseo.

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