¡No te digo adiós, Marcos, mi querido amigo, mi compañero y compinche! No te lo digo porque te quedas en mi corazón

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He tardado días en reaccionar. Me escribió su hija para decirme que lo sedaban y desde ese momento comencé a sentirme en una especie de nube. Los recuerdos me venían uno detrás de otro: desde los de hace tantos años, cuando era imposible terminar la conversación al llegar a la puerta de mi casa de Plaza Bib-Rambla de Granada donde me acompañaba cada noche, hasta nuestro encuentro último en Sevilla, en la presentación de su último libro de poemas, Al-Andalus, poesía contra el olvido, de donde extraigo todos los versos que siguen:

Guardé lo que pude del camino,
poco o nada, según se mire.
Pero me entregué sin guardar nada
cuando encontré la persona amada
o una causa justa para la lucha
(Del Rosal en el Jardín. XXII. En recuerdo de Ibn Gayy t. Poeta jerezano siglo XIII)

En medio, ¿cuántas horas de conversación? ¿cuántos proyectos? ¿cuántas utopías? ¿cuántas convocatorias? ¿cuántas risas? ¿cuántos fracasos? ¿cuántos desencuentros que no duraban ni medio minuto (nunca tuve contigo ni un solo momento feo)? ¿cuántas ilusiones compartidas? ¿cuántas empujones uno al otro para seguir amando, a pesar de todo? ¿cuánto tiempo, Marcos, cuánto tiempo? ¿cuánta cercanía estando, nos daba igual, unas veces lejos y otras cerca?

Te echo de menos ahora que por fin te has dejado llevar en los naranjos, estoy seguro que, como siempre, amando hasta los tuétanos:

Me dejo llevar en los naranjos que las acequias trasladan;
voy bajando a la ciudad. Parece que deseara ver en cada mujer tu cara
(Del Rosal en el Jardín. XIV. A la poeta andalusí al-Abbadiyya. Denia/Sevilla. Siglo XI).

Te echo de menos pero no te digo adiós, mi querido Marcos, porque te llevo dentro y te quedas en mi corazón y, sobre todo, porque te he tomado la palabra. Porque sé que vas a volver como nos habíais prometido:

Volveré a Sevilla.
Sobre mis propias pisadas.
como si nada hubiese cambiado allí,
aquí y en Granada.
Como si nada hubiese cambiado.
Del Rosal en el Jardín. XXVI. A al-Mu`tamid, rey de Sevilla. Siglo XI. Poeta andalusí).

Te espero, Marcos, y espérame tú también a mí. Nos quedan todavía muchas utopías que poner en marcha, muchas risas que echarnos, muchas cañas y tapas, y muchas juventudes para volver a enamorarnos de muchas más mujeres guapas mientras convocamos revoluciones.

 

1 comentario en “¡No te digo adiós, Marcos, mi querido amigo, mi compañero y compinche! No te lo digo porque te quedas en mi corazón

  1. Cuando publicará las políticas y las medidas sobre la oferta que anuncia en este buen artículo

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