Otro mundo es posible

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Publicado en La Opinión de Málaga el 5-12-2004  

A pesar de que disponemos de más medios de información que nunca y de que convocan a millones de ciudadanos en todo el mundo, los Foros Sociales como el que se celebra estos días en Málaga son bastante desconocidos. Los grandes poderes han tratado de mostrarlos con una imagen que no le es propia e incluso muchas policías, como en Barcelona, han tratado de vincularlos a ideas violentas, cuando la inmensa mayoría de las personas que participamos en ellos estamos completamente alejados de cualquier veleidad de ese tipo.

 

La primera idea equivocada sobre los foros sociales es que quienes van allí están contra la globalización en cualquiera de sus dimensiones. De hecho, la expresión antiglobalización se ha extendido como la espuma para calificar a cualquier persona, movimiento u organización que defiende ideas alternativas. Si se me permite la anécdota personal, recordaré que en plena campaña rectoral de nuestra universidad fui a visitar al entonces rector, una persona culta y leída a quien aprecio, quien me dijo que yo le parecía buena persona aunque no estaba de acuerdo con mi ideología antiglobalización. No le discutí entonces pero me pareció curioso y significativo que me tildara con ese sambenito. Tengo escritas cientos de páginas, quizá ya miles, y en ninguna de ellas ni oralmente me he manifestado nunca contra la globalización. Al revés, me parece que oponerse a ella es como oponerse a la ley de gravedad: algo que nadie en su sano juicio haría. Pero es significativo que enseguida se asocie mi punto de vista contrario a una forma específica de gobernar el mundo con una postura contraria a la globalización o mundialización, como dicen los franceses, de los asuntos sociales. Naturalmente, lo sorprendente no es que eso pase conmigo sino con miles de personas o movimientos que han escrito libros o que manifiestan abiertamente su pensamiento cada vez que se expresan.

 

Estrictamente hablando, los foros sociales no son el espacio de la antiglobalización en sentido genérico sino el de la globalización alternativa. Lo que precisamente proponen esos movimientos que con rigor deberían ser denominados con el más difícil calificativo de alterglobalizadores, es que la humanidad globalice efectivamente los problemas que le aquejan y que no se limite a globalizar aquellos que interesan solamente a los poderosos, como ocurre en nuestros días.
Actualmente disponemos de medios tecnológicos más que sobrados para que el plantea funcione globalmente, en intercomunicación permanente y haciendo frente a escala planetaria a cualquier problema humano cuya solución requiera ese tipo de planteamiento.

 

Pero lo que se está dando en realidad es una globalización muy sesgada y asimétrica. Las políticas neoliberales que la guían están haciendo que esos nuevos instrumentos, en lugar de acercar a las personas y a los grupos sociales, aumenten las desigualdades, mucho más grandes ahora que hace unas décadas. Los nuevos medios tecnológicos no están globalizando la comunicación y el acceso a la información de todos los seres humanos sino que se desarrollan abriendo una inmensa brecha digital entre ellos. Las Naciones Unidas recuerdan un dato que siempre que se señala en nuestro contexto cultural privilegiado parece mentira o exagerado: un 65% de la humanidad nunca ha hecho una llamada telefónica.

 

Ni siquiera es cierto que se hayan globalizado las relaciones económicas. Es verdad que eso sí ocurre con el dinero y las finanzas, que como dice Eduardo Galeano gozan de más libertad en nuestro mundo que las personas, pero el hecho de que a poco más del 10% de la población mundial le corresponda el 70% del producto planetario y el 80% del comercio muestra claramente que la inmensa mayoría del planeta está literalmente excluida de lo que algunos falsamente llaman el progreso globalizado. No hay mejor muestra de lo que es la globalización neoliberal que el funcionamiento del comercio internacional: los países ricos defienden retóricamente el libre comercio pero no dejan de protegerse con barreras de todo tipo mientras que obligan a los pobres a desarmarse por completo y a sufrir estoicamente todas las trabas que les son impuestas.

 

Es una evidencia que el neoliberalismo `globaliza´ a unos mucho más que a otros.

 

Los foros sociales ponen en cuestión también que esta globalización gobernada por las políticas neoliberales haya traído consigo las ventajas políticas que algunos quieren ver en ella. La realidad es que el poder tan desigual que implica ha debilitado a las democracias y que las instituciones multilaterales, como la propia Organización de Naciones Unidas, tienen ahora menos fuerza que nunca porque esta globalización ha favorecido que el mundo se encuentre hoy día sometido a un poder imperial que casa muy mal con lo que debiera ser un planeta verdadera y justamente globalizado.

 

También es bastante desconocido el carácter positivo de los foros sociales. Suelen ser contemplados principalmente como ámbitos de protesta cuando en realidad se destacan principalmente porque se dedican a formular alternativas y a crear un pensamiento nuevo y constructivo que ha dado ya muchos frutos en términos de propuestas concretas y de experiencias reales en muchos países.

 

Vivimos en un planeta en el que las grandes decisiones siguen estando en manos de muy pocos que procuran actuar con disimulo y secreto. Chomsky recordaba en el Foro Social de la India que el viejo liberal Adam Smith hablaba en su tiempo de los `amos de la humanidad´ como los `arquitectos principales de las decisiones político económicas´ que siempre actuaban con `atención exclusiva a sus intereses´. Hoy día siguen existiendo esos amos (aunque menos liberales destacados tan sinceros) y es natural que traten de descalificar, ridiculizar o incluso hacer desaparecer a quienes ponen de evidencia su egoísmo y su poder antidemocrático.

 

Quienes participamos en los foros sociales defendemos un mundo plural, una economía más justa y una sociedad más libre y democrática. Comprobamos día a día que el predominio de la especulación financiera y del capitalismo sin controles crea un infierno en la Tierra para la inmensa mayoría de la población. Estamos convencidos de que las políticas neoliberales falsean la globalización y, muy al contrario de lo que señalan quienes tratan de ridiculizarnos, promovemos democrática y pacíficamente un mundo en el que haya una auténtica globalización. Es decir, aquella que implica que la justicia, el buen gobierno, la democracia, la paz y el diálogo, los instrumentos de comunicación y el progreso económico estén al alcance efectivo de todos los seres humanos.

 

En lo que llevan razón es en que estas cuestiones son de otro mundo pero es que sabemos que ese otro mundo es posible.

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