¿Hablamos claro?

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Hoy comienzo una colaboración semanal en El País Andalucía que aparecerá todos los domingos. En esta primera ocasión me pregunto si no deberíamos hablar claro y abrir ya un debate social amplio, transparente y participativo para abordar de otro modo los problemas de la economía y la sociedad andaluzas. Con más del 30% de paro no podemos echarle la culpa a los demás ni seguir con un modelo que a la vista está a donde nos lleva. Puede leerse en la web del diario: ¿Hablamos claro?

¿Hace falta ser grosero para reivindicar la República?

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El actor Willi Toledo ha hecho unas declaraciones diciendo que «con lo hinchado que está» espera que el Rey «dure poco» (aquí.). No es que tengan mucha importancia, pero como yo soy republicano y tengo ganas de que la Monarquía desaparezca cuanto antes quiero decir que esas declaraciones no solo me parecen una grosería, sino que además creo que no ayudan a lograr que la República llegue pronto y a que lo haga como un paso hacia la mayor concordia social. Yo deseo, ya lo he dicho, que la Monarquía sea lo más efímera posible pero también que la vida de don Juan Carlos y de su familia sea muy larga, como la de todas las personas. Lo deseo muy sinceramente porque creo que una cosa no quita la otra. Más bien todo lo contrario.

Hay que salvar a la pequeña y mediana empresa

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Publicado en Público.es el 21 de enero de 2013

Por muchas vueltas que se le de, el indicador más certero de la profundidad y del daño que está causando una crisis económica es la desaparición de empresas. No cabe duda de que el aumento del desempleo es terrible pero incluso éste puede ser temporal y si está protegido no conlleva grandes caídas subsiguientes en la demanda. Pero cuando desaparece una empresa no solo se pierde empleo en ese momento sino que además salta por los aires una fuente futura de creación de puestos de trabajo, se pierden quizá para siempre recursos físicos, financieros y humanos y se desperdicia en la mayoría de las ocasiones el esfuerzo de muchos años y de muchas vidas.

Sean de propiedad privada, social o pública (porque no hay mayor error que confundirlas con el capitalismo) las empresas son organizaciones vitales para la satisfacción de las necesidades humanas y sin las cuales es imposible resolver los asuntos más básicos de nuestra vida cotidiana.

Por eso, la desaparición en España de más de 200.000 empresas desde 2008 no puede calificarse sino como de auténtica tragedia económica a la que habría que poner freno cuanto antes si no queremos hundirnos en la depresión económica y en el empobrecimiento continuado durante muchos años.

Sin embargo, y a pesar de que todo el mundo se llena la boca de defensas a la empresa o a los puestos de trabajo, lo cierto es que no hay institución social más incomprendida ni que reciba más agresiones por todos lados. Quienes está defendiendo y aplicando las políticas de austeridad y de recorte de rentas confunden los intereses del conjunto de las empresas con los de las más grandes, y quienes desde sindicatos u organizaciones de izquierdas ponen el énfasis en la defensa del empleo no se suelen dar cuenta de que eso es hoy día imposible sin la contribución de los miles de pequeños y medianos empresarios que lo crean en su gran mayoría.

Los gobiernos y la patronal están en manos de las grandes empresas y de los bancos que están imponiendo políticas que les vienen bien a ellos pero que literalmente fulminan a las pequeñas y medianas.

A diferencia de lo que ocurre en otros lugares, como en Estados Unidos, las grandes empresas europeas o están muy desentendidas del mercado interior o bien tienen un gran poder de mercado (como es el caso de las que suministran servicios básicos). Son empresas globales que obtienen la mayor parte de sus beneficios fuera de Europa o que los tienen garantizados aquí porque disponen de clientes cautivos, que no se pueden desentender fácilmente de ellas y tienen que aguantar sin rechistar los precios que imponen. En ambos casos, sus beneficios no dependen del poder adquisitivo de los europeos y por eso prefieren políticas que aquí simplemente garanticen los costes laborales e impuestos más bajos posibles.

Esa es la razón por la que están imponiendo las políticas de austeridad que se vienen aplicando. Unas políticas (que los economistas llamamos deflacionarias) que en realidad se viene aplicando en Europa desde hace muchos años y que son la causa de que aquí haya habido menos crecimiento y más desempleo que en otros lugares, pero que en los momentos de crisis actuales es cuando se muestran mucho más dañinas y contraproducentes.

Las pequeñas y medianas empresas (que en el conjunto de Europa, como en España, son las que han venido creando más o menos el 80% de nuevo empleo) no tienen a su alcance el colchón del mercado global, ni tampoco clientes tan cautivos como las que suministran telefonía, luz, energía u otros servicios básicos. En su inmensa mayoría viven, por el contrario, del mercado interno y cuando éste se viene abajo ellas van detrás enseguida. Muy pocas pueden internacionalizarse porque su negocio es el que es, atender a la demanda interna.

No quiero decir que no interese fomentar la internacionalización de las pymes españolas. Simplemente me refiero a que eso no se debe confundir, como se viene haciendo, con dos errores fatales. El primero, creer que solo serán competitivas en el exterior las pequeñas y medianas empresas que operen con trabajadores peor pagados. El segundo, pensar que a todas las empresas les conviene orientarse al mercado exterior o que todas van a poder hacerlo para salir de la crisis.

Normalmente, los pequeños y medianos empresarios viven de lo que gastan sus vecinos o empresas colindantes y si éstos tienen cada vez menos renta es cuando venden menos y cuando se ven condenadas a cerrar. Por eso, las políticas que imponen las grandes empresas y los bancos y que se están traduciendo en un descenso continuado de los ingresos de la mayoría de la población les resultan fatales.

Si queremos salir de verdad de la crisis sin destruir la economía y sin empobrecer para muchos años a la sociedad española, tenemos que salvar a las pymes (y me atrevería a decir que, muy en particular, a las que son propiedad o están dirigidas por mujeres porque tienen mayores problemas aún), y no a los bancos, a Telefónica, a Repsol y al resto de las grandes corporaciones que dominan el discurso, las instituciones políticas y las organizaciones patronales.

No hay nada más perjudicial para los pequeños y medianos empresarios (además, naturalmente, de para los propios trabajadores) y para el conjunto de la economía española que propuestas como las que acaba de hacer la patronal de Ikea, El Corte Inglés, Cortefiel, C&A, Alcampo, Leroy Merlin y otras grandes empresas de rebajar aún más los salarios. Responden a un razonamiento económico ciego y troglodita que aumentará sus beneficios a corto plazo pero que a la postre solo llevará consigo la desaparición de otros miles más de empresas y la pérdida de muchos más empleos.

Las pequeñas y medianas empresas que han cerrado en España lo han hecho por carecer de dos cosas fundamentales: crédito y clientes. No disponen de financiación porque los bancos que podrían dárselo están quebrados y utilizan la liquidez y ayudas sin límite que le dan el Banco Central Europeo y el gobierno para salvar sus muebles y sus beneficios. Y pierden la clientela porque los trabajadores, y la mayoría de la sociedad que gasta casi todos sus ingresos en consumo, disponen cada vez de menos rentas por los recortes que hace el gobierno.

Por eso, para salvar a las empresas que pueden crear empleo (y no destruirlo como viene haciendo las grandes que imponen las políticas de austeridad) lo que hay que hacer es lo contrario de lo que se viene haciendo. Si la banca privada no puede proporcionar crédito porque está quebrada o usando sus recursos para desendeudarse, el Estado tendría que garantizarlo como un auténtico servicio público esencial. ¿Se imaginan lo que hubieran podido hacer los miles de empresarios que han cerrado con la liquidez y ayudas que se le ha dado a los bancos para que la desperdicien?

Y para que recuperen sus ventas y el empleo, lo que debe hacerse es elevar la renta de la población que en lugar de ahorrar y dedicar la mayor parte de sus ingresos a la especulación financiera los dedica al consumo. Eso se puede conseguir, por ejemplo, con moratorias en el pago de hipotecas, con ayudas directas a las familias de menor renta y, en general, llegando a un pacto de rentas que impida la concentración tan grande de ingresos que se está dando en los niveles de mayor riqueza. Entender que la desigualdad creciente es el principal enemigo de los pequeños y medianos empresarios y de sus negocios no es algo de derechas o de izquierdas sino de sentido común a la vista de lo que está pasando.

Quizá no baste solo con eso. Es imprescindible también que la sociedad entera entienda  que los pequeños y medianos empresarios no son los malos de la película, lo que posiblemente requiera que estos también comprendan que sus intereses no tienen nada que ver con los de los grandes oligopolistas que dicen representarlos. La creación de riqueza orientada a satisfacer nuestras auténticas necesidades y que no destroce a la naturaleza que necesitamos para vivir es algo bastante más complejo que lo que refleja la dialéctica maniquea de buenos y malos al uso. Solo si superamos esta limitación y diseñamos un proyecto social, económico y político que ponga en primer plano los intereses reales de la inmensa mayoría de la sociedad y no solo los de quienes están en la cima podremos alumbrar un camino menos frustrante y más enriquecedor para todos.

Las desigualdades sociales en España

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La revista Temas para el Debate acaba de publicar el número de enero-febrero en el que se incluye un amplio abanico de artículos relativos a las desigualdades en España, contempladas desde casi todos los puntos de vista.

Como muestra del interés de este debate, cuya lectura recomiendo vivamente para conocer bien la realidad social de nuestro país, transcribo a continuación su contenido:

  • Editorial:  LAS DESIGUALDADES SOCIALES EN ESPAÑA
  • José Félix Tezanos, LA DINÁMICA DE LAS DESIGUALDADES SOCIALES EN ESPAÑA
  • CARLOS BERZOSA, DESIGUALDAD Y CONFLICTO SOCIAL
  • Julián Ariza Rico, SOBRE LOS EFECTOS POLÍTICOS DE LA DESIGUALDAD
  • Rafael Muñoz de Bustillo, LA GRAN BRECHA: DESIGUALDAD PERSONAL DE LA RENTA EN ESPAÑA
  • Antonio González, LA DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA ENTRE CAPITAL Y TRABAJO. UN REPARTO CADA VEZ MÁS DESIGUAL
  • Juan Torres López y Mauricio Matus López, DESIGUALDADES EN EL MERCADO DE TRABAJO
  • Eduardo Bandrés, LAS DESIGUALDADES TERRITORIALES Y PERSONALES EN EL BIENESTAR SOCIAL EN ESPAÑA
  • Zenón Jiménez-Ridruejo, TERRITORIO Y DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA EN ESPAÑA
  • Lina Gálvez Muñoz, EL RECRUDECIMIENTO DE LAS DESIGUALDADES DE GÉNERO EN LA ESPAÑA DE LA GRAN RECESIÓN
  • Verónica Díaz Moreno, LAS DESIGUALDADES INTERGENERACIONALES
  • Carlos Martín Urriza, PARO Y DESIGUALDAD: LA DESIGUALDAD CONSTRUIDA
  • Mª Rosario Sánchez Morales, NUEVA POBREZA Y PERSONAS «SIN HOGAR» EN ESPAÑA
  • Francisco Lorenzo Gilsanz y Víctor Renes Ayala, POBREZA Y EXCLUSIÓN SOCIAL EN ESPAÑA: ¿CONTINUIDAD EN LAS TENDENCAS O CAMBIO CUALITATIVO EN LA ESTRUCTURA DE LA SOCIEDAD?
  • Jesús Pérez Mayo, LA DIMENSIÓN TERRITORIAL DE LA POBREZA
  • Marcos Peña, EDUCACIÓN E IGUALDAD
  • Antonio Escolar Pujolar, LAS DESIGUALDADES SOCIALES Y LA SALUD EN ESPAÑA

El artículo que he escrito junto con Mauricio Matus puede leerse aquí y se puede encontrar más información del número en la web de la Fundación Sistema pinchando aquí.

Datos para ser conscientes del daño que ha provocado la banca mundial

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Pinchando en la siguiente imagen se entrará en una web donde se puede comprobar el daño extraordinario que ha provocado la banca internacional y la magnitud terrible de la actual crisis. Está en inglés pero creo que se puede entender perfectamente. Hay que ser muy iluso para creer que se va a salir de ella sin cambios muy radicales o manteniendo el sistema tal y como estaba.

Nota: las cifras que aparecen son billones de Estados Unidos, es decir, miles de millones y no billones de los nuestros.

¿Dentro o fuera del euro?: Diez ideas

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Texto para uno de los debates sobre la actualidad económica que se llevan acabo en la Fundación Primero de Mayo. 

1. La pertenencia de un país a una zona monetaria común puede ser muy positiva y deseable pero solo pueden si se cumplen determinadas condiciones. En otro caso, una moneda común se convierte en un experimento que provoca más problemas de los que puede resolver (Ver Juan José R. Calaza, Teoría económica de la moneda única: El euro contra España. Ed. Pirámide, Madrid 1998. Un análisis más resumido en Juan Torres López, El euro: lo que nos quieren contar. Sevilla 1995. En www.juantorreslopez.com/wp-content/uploads/EURO.pdf).

2. La Unión Monetaria Europea prácticamente no cumplió cuando se aprobó, y ni siquiera ahora, ninguno de esos requisitos. Pero no por un simple fallo de diseño: tanto los países con capacidad para generar grandes excedentes de capital como las grandes empresas con fuerte dominio del mercado se benefician extraordinariamente de este diseño.

3. En las condiciones a las que acabo de hacer referencia fue inevitable que las economías (llamémosle periféricas en un sentido amplio) que se iban incorporando a la Unión Monetaria desde posiciones más atrasadas, estuvieran condenadas a sufrir graves perjuicios:

a) Un progresivo proceso de descapitalización interna y de auténtica colonización por parte de los capitales procedentes de las economías «centrales».

b) La especialización en actividades muy dependientes del ciclo y de los vaivenes de los flujos financieros (con especial incidencia de las burbujas), lo que aumenta su inestabilidad y la debilidad estructural.

c) Una gran dependencia, no solo económica, sino política, al fortalecerse los grupos oligárquicos.

d) Carencias de capital social cada vez más grandes.

En resumidas cuentas, la opción de integrarse en una zona monetaria de esta naturaleza era sencillamente suicida para los países de la periferia europea, entre ellos España.

4. España no tomó prácticamente ningún tipo de defensa para hacer frente a los peligros que iba a conllevar su entrada en el euro en las condiciones en que estaba diseñado y en las que se encontraba nuestra economía.

Es verdad que la pertenencia al euro ha permitido la entrada de un gran caudal de recursos pero eso hay que ponerlo al lado de los que han salido de España para retribuir a los capitales que se han adueñado de la inmensa mayor parte de nuestro aparato productivo prácticamente en todas las actividades económicas. El cambio que ha dado nuestro país es evidente pero igualmente lo es que se han dedicado principalmente a consolidar un modelo productivo caracterizado por el gran derroche energético, por el gran coste ambiental de las grandes infraestructuras, a la larga insostenible, muy desigualitario, y solo aparentemente orientado a ganar competitividad restringiendo costes salariales porque a la postre (cuando se ha producido la mayor contención salarial de la OCDE prácticamente desde que estamos en el euro) no ha permitido mejorar nuestra balanza exterior, sino todo lo contrario.

Tampoco la consolidación de ese modelo es casual: es el que mejor responde a la política de deuda, es decir, al objetivo explícito de generar más demanda de crédito para favorecer el negocio bancario y alimentar la ganancia especulativa que, en los años del euro, se ha disparado.

5. La extraordinaria magnitud de la crisis ha golpeado como un misil a la línea de flotación de la economía española que ahora se encuentra frente a cuatro grandes problemas o desequilibrios, obviamente entrelazados:

a) Una crisis de demanda muy profunda, agravada actualmente por la política de austeridad.

b) Una crisis bancaria.

c) Una crisis de deuda soberana y de deuda privada.

d) Una crisis de modelo productivo.

6. Para salir de una crisis de, al menos, las cuatro dimensiones que acabo de señalar, la economía española necesitaría disponer a muy corto plazo, al menos, de:

a) Un plan de estímulo que recupere la generación de ingreso y la demanda interna.

b) Una reconversión radical del sistema financiero para disponer de la financiación que evite la continuada destrucción de actividad.

c) La puesta en marcha de nuevas formas de generación de riqueza y empleo

d) Una reestructuración de la deuda.

e) Un Banco Central auténtico que aliviara el peso creciente de la deuda que generan los intereses vinculados a su financiación privada sin que sea suficiente con que intervenga puntualmente en los mercados secundarios.

f) Una reforma fiscal muy profunda y apoyada desde fuera para evitar salidas de capitales y una exacerbación de la evasión fiscal.

g) Y todo ello requiere, por encima de todo, capacidad de maniobra.

Es evidente que este tipo de medidas básicas requerirían la comprensión y complicidad en unos casos o el apoyo y la colaboración explícitos en otros de la Unión Europea. Pero es realmente impensable o incluso imposible que eso se de en el muy corto plazo de tiempo en que sería necesario aplicarlas (y posiblemente ni siquiera a medio plazo).

Por tanto, creo que los problemas de nuestra economía no tiene solución completa posible en el seno de la Unión Monetaria Europea si nos limitamos a aceptar las condiciones en que ésta está diseñada y las políticas que viene imponiendo en los últimos tiempos.

7. Ahora bien, la pertenencia a la Unión Monetaria (incluso en las condiciones imperfectas y dañinas actuales que he comentado) no impide que en cada país, y en concreto en España, se tomen medidas que permitirían dar un giro distinto a la evolución de la crisis.

– Se podrían obtener fondos que reactivaran la demanda interna revirtiendo las reformas laborales y financieras que han provocado una caída continuada de ingresos.

– Se podría disponer a corto plazo de financiación para la actividad económica a partir de fórmulas que incluso son variadas: nacionalizando bancos o creando una central de depósitos en la línea de propuestas de reforma bancaria que incluso el propio Fondo Monetario Internacional está aireando.

– Se podrían poner en marcha nuevas experiencias de actividad productiva, de canales de distribución o de impulso de nuevos sectores (Hay propuestas interesante al respecto en Antonio Quero, Bases para un Acuerdo Nacional para la salida de la crisis y la defensa de la soberanía económica. En http://www.basesenred.org/images/Bases_Acuerdo_Nacional_8-10-2012_II.pdf).

– España también tiene a su alcance la posibilidad de llevar a cabo reformas fiscales y de poner en marcha una batalla contundente contra el fraude fiscal que permitiría incrementar en una gran medida los ingresos fiscales.

– Aunque contraería mayores dificultades, ni siquiera es aventurado pensar que España podría diversificar las fuentes internacionales de financiación con el fin de romper a corto y medio plazo las servidumbres que viene imponiendo el capital europeo.

– E incluso se puede plantear la creación de una moneda paralela al euro y cerrada al mercado y a las operaciones de pago internas, tal y como ha propuesto Juan J. Calaza. Una propuesta muy importante porque, siendo compatible con la pertenencia al euro, permitiría un reflotamiento de la financiación y de la actividad en el mercado interno que es la condición previa y sine qua non para salir de la crisis (Juan J. R. Calaza, Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas), en: http://bit.ly/vurblgy Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es, en: http://bit.ly/YFrfkl).

8. Un tercer escenario para hacer frente a la situación en la que se encuentra la economía española es el de la salida del euro que obliga a poner sobre la mesa dos consideraciones previas: la posibilidad intrínseca de llevarla a cabo, y las ventajas e inconvenientes que supondría.

La salida del euro ni siquiera se encuentra contemplada formalmente como tal en los Tratados Europeos, de modo que cabe pensar que solo se podría producir mediante una ruptura institucional radical con la Unión Europea. Lo que no quiere decir que no sea viable, como se propone en un reciente trabajo de Rober Bootle (Leaving the euro: A practical guide. En http://bit.ly/HM09dX. Vid. también Jacques Sapir, Si hay que salir del euro…. En Miguel Riera, ¿Salir del €uro? El Viejo Topo, Barcelona 2012).

Sobre sus ventajas e inconvenientes hay que considerar, por un lado, el impacto a corto plazo, muy traumático y costoso. Y, por otro, el que podría tener a medio y largo plazo, que solo podría ser positivo si se consigue no solo superar el efecto depresivo y desestabilizador inmediato de la devaluación interna y externa que supondría y de la descapitalización acelerada que produciría, sino se logra cambiar de dirección en no demasiado tiempo, poniendo en marcha actividad económica y proyectos empresariales en nuevos ámbitos y con incentivos y formas de propiedad, gestión y financiación muy distintas a las hoy día predominantes.

Sea cual fuere el saldo final de este proceso, no cabe la menor duda de que comportaría igualmente grandes dificultades, desórdenes y sacrificios, sobre todo, en los dos o tres primeros años.

9. En conclusión, me parece que hay un peligro más grande y un riesgo cierto en el futuro.

El peligro es el que comporta continuar en el euro bajo las políticas de recorte de derechos, de restricción del gasto y de descapitalización que se vienen llevando a cabo. Si no se frenan cuanto antes pueden dejar a España frente a una o dos décadas perdidas en el futuro inmediato y sumida no solo en una depresión económica sino ante continuas convulsiones sociales, algo muy peligroso en una sociedad donde el poder oligárquico procedente de la dictadura no solo no se ha desarticulado sino que ha salido reforzado en la democracia.

El riesgo es el que conllevaría romper con la inercia y enfrentarse a los poderes dominantes en Europa, aparte, naturalmente, del que significaría no poner en marcha adecuadamente alternativas llamémosle reformistas mientras se sigue perteneciendo al euro. Y, por supuesto, el de enfrentarse a los mercados y a los grandes grupos empresariales y financieros que están definiendo el camino que recorre Europa. Pero si España no lo asume cuanto antes, pagará un precio muy elevado.

Si hubiera que ordenarlas alternativas por deseabilidad, creo que la más atractiva sería pertenecer a otra Europa sin los déficits sociales y democráticos actuales y a una zona monetaria única concebida cooperativamente para desarrollar a las naciones y no para que los centros de poder se aprovechen de las más frágiles. Pero es evidente que el deseo no es suficiente para hacer realidad los proyectos sociales. Lo ideal actualmente sería la estrategia intermedia, que proporcionaría ingresos,  financiación y, sobre todo, capacidad de maniobra, reduciendo los abismos que hoy día conllevan permanecer en el euro con una actitud pasiva ante las políticas dictadas por los países europeos generadores de excedentes de capital o salir de él. Y de ser ésta inviable, muy posiblemente la única solución que quedaría sería la salida del euro, en cualquiera que fuesen las circunstancias en que se diera.

10. En cualquier caso, lo que me parece más relevante y la conclusión principal a la que deseo llegar es que ninguna de esas alternativas es viable en las condiciones políticas en las que estamos. Mientras predomine en España la fragmentación política y bajo el esquema de partidos y el equilibrio resultantes de los pactos de la transición ni se podrá tratar de modificar la situación en la que estamos dentro de Europa, ni se podrán poner en marcha reformas internas dentro del euro, ni, por supuesto, será viable salir de éste. Se requiere una previa modificación de nuestro marco político y el nacimiento de una nueva mayoría social en torno a un proyecto que en otro lugar se llamaría «nacional» pero que, como prueba de las dificultades que hay para ponerlo en marcha en España, aquí ni siquiera sabríamos qué calificativo deberíamos ponerle para definirlo como deseado por esa inmensa mayoría de personas y clases, colectivos sociales, sin herir un buen número de sensibilidades.

Los bancos centrales como problema

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Publicado en Sistema Digital el 17 de enero de 2013

Un obstáculo posiblemente insuperable para poder salir de la crisis es el actual estatuto y el modo de actuar de la inmensa mayoría de los Bancos centrales. Desde los años ochenta del pasado siglo se fue modificando la naturaleza de casi todos ellos para declararlos independientes del Gobierno (y, en general, de los poderes representativos) y para obligarles a centrar su actividad en la lucha por la estabilidad de los precios. El fundamento de ese «encargo» era puramente ideológico, puesto que no había evidencia solvente alguna (como comentaré enseguida) que permitiera afirmar que eso sería bueno para las economías. Su propósito real no era otro que favorecer aún más a los grandes propietarios de capital. Para justificarlo se decía que los Gobiernos buscan el voto y que para ello aumentan irresponsablemente el gasto público, provocando deuda e inflación, mientras que unos Bancos centrales independientes de esa veleidad política podrían evitar que los precios se disparasen, manteniendo una severa disciplina monetaria que solo así se podría imponer.

Además, se aseguraba que un Banco central independiente tendría mucha más credibilidad y que eso, entre otras cosas, evitaría que los sujetos económicos elaborasen expectativas erradas que al final podrían anular la eficacia de las políticas económicas. Y los defensores más monetaristas de la independencia y la estabilidad de los precios declaraban que si se conseguía esta última se aseguraría también la deseada estabilidad financiera, la que tiene que ver con los flujos de crédito que satisfacen las necesidades de financiación de empresas y consumidores.

Sin embargo, la realidad de los hechos ha sido otra completamente distinta a la prevista por los defensores de los Bancos centrales independientes.

La estabilidad de los precios se ha conseguido en gran medida pero antes de que los Bancos fueran independientes y actuaran como tales, y los estudios empíricos muestran que si bien puede detectarse una cierta relación negativa entre independencia y nivel de inflación, no se puede asegurar que la primera sea la causa que la segunda, ni tampoco que la independencia produzca automáticamente una disminución de los índices de precios.

Además, no se puede olvidar que si bien la etapa de independencia de los Bancos centrales ha estado asociada a baja inflación (aunque no necesariamente por su causa, como acabo de señalar), ésta última se ha manifestado en algunos índices de precios pero no en los relativos a bienes que son determinantes de lo que ocurre en la economía, como la vivienda.

Tampoco ha resultado cierto que la estabilidad en los precios haya llevado consigo la estabilidad financiera, como habían pronosticado los defensores de establecer este objetivo como esencial o único de los Bancos centrales. Todo lo contrario. La etapa de Bancos centrales independientes está igualmente asociada al mayor número de crisis y perturbaciones financieras de toda la historia. Y eso ha sido así porque la estabilidad de los precios mediante las políticas monetarias restrictivas de los Bancos centrales resultaron ser, primero, una bicoca para los propietarios de capital financiero (cuanto más altos son los tipos de interés con la excusa de controlar los precios, mayor rentabilidad reciben). La alta remuneración al capital financiero absorbió una ingente cantidad de recursos que dejó de ir a la actividad productiva. Y más tarde, cuando la estabilidad se consiguió y los tipos se relajaron, la política monetaria relajada de los Bancos centrales favoreció un ingente incremento del crédito, que se unió a esa enorme masa capital financiero provocando burbujas en diferentes ámbitos hasta que estalló en la crisis que estamos viviendo.

Lo que ha ocurrido ha sido algo que la ceguera ideológica y la servidumbre hacia los intereses privados con la que actúan los Bancos centrales les impidió lo evidente: de nada sirve que los Bancos centrales sometan a una severa disciplina la circulación del dinero que ellos crean (que es una mínima parte del total del dinero que circula) si incentivan el crecimiento del dinero que crea la Banca privada.

Como hemos explicado Vicenç Navarro y yo en ‘Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero’, la Banca privada crea mediante la deuda el 95% del dinero circulante, y lo que ha sucedido es que con la excusa de controlar el crecimiento del 5%, los Bancos centrales han permitido que explote el que ha llegado a ser el 95%. Algo que, lógicamente no ha sucedido por casualidad puesto que ha supuesto un enriquecimiento extraordinario de la Banca privada.

Ahora bien. La paradoja es que permitiendo que se genere tanta deuda privada y añadiendo a eso que el salvamento que han realizado de los Bancos privados ha sido a costa de aumentar sus balances en unos nueve billones de dólares, lo que puede ocurrir es que la propia política estabilizadora de los Bancos centrales haya creado la bomba de una hiperinflación futura (y, desde luego, de la nueva crisis financiera que veremos más pronto que tarde).

Y además de eso, la obsesión estabilizadora de los Bancos centrales ha supuesto un obstáculo constante para que los gobiernos pudieran poner en marcha políticas de creación de empleo, algo que, por cierto, también venía muy bien a los grandes capitales, porque con niveles de paro elevados se pueden conseguir más fácilmente condiciones laborales favorables frente a los trabajadores.

Adicionalmente, en algunos Bancos centrales independientes (como el europeo) se impuso también el criterio de que no podrían financiar a los gobiernos, obligándoles a financiarse por la Banca privada a intereses, lógicamente mucho más elevados.

Y, para colmo, los Bancos centrales independientes, que se suponía que iban a ser un ejemplo de credibilidad y de buen hacer, han resultado ser unos vigilantes desastrosos, cuando no corruptos, que han mirado a otro lado cuando se han estado produciendo los desmanes en el sistema financiero. Los inspectores del Banco de España han denunciado en diversas ocasiones la pasividad de los directivos y en otros países se ha podido comprobar igualmente que hicieron oídos sordos a las denuncias de las irregularidades que han provocado la crisis.

Los resultados de todo esto están siendo fatales: la estabilidad de precios, que se estaba consiguiendo o se había conseguido sin necesidad de la independencia, ha pasado a ser utilizada como coartada para imponer políticas monetarias contra el empleo, muy rentables para el capital financiero más improductivo pero generadoras de burbujas, de inestabilidad financiera y de una expansión terrible de la deuda privada, y allí donde los Bancos centrales dejaron de financiar a los gobiernos, también de una gran deuda pública. Además de permitir la comisión de docenas de fraudes bancarios y engaños de todo tipo.

Y todo ello por no hablar del déficit peligroso que supone que algo de tanto interés público como el dinero y la financiación de la economía se gobierne justamente al margen de las preferencias del público.

Es muy difícil, por no decir imposible, que se pueda salir de la crisis con un instrumento tan esencial como los Bancos centrales viciados y desnaturalizados tan solo para favorecer al capital bancario y financiero y que frena constantemente las políticas
Algunos gobiernos empiezan a ser conscientes de ello y toman medidas que deberían servir de ejemplo. El último ha sido el de Japón, que se dispone a intervenir modificando el estatuto y la naturaleza del Banco central para que abandone el objetivo exclusivo de la inflación, para que financie inmediatamente al Gobierno comprando títulos y para que aporte más liquidez a una economía que se encuentra, en gran parte por culpa de la política del Banco central, en situación deflacionaria.

Si hay un lugar en donde eso sería incluso aún más necesario es la Unión Europea. Si no se interviene y se modifican pronto las funciones y el modo de actuar del Banco Central Europeo es seguro que nos quedan por delante muchos años de zozobra y padecimientos.

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