Rescate: se consuma el engaño

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Publicado en publico.es el 10 de junio de 2012

Primero los gobiernos les crearon las condiciones para que financiaran una burbuja de crédito sin precedentes y con la que han ganado docenas de miles de millones de euros. Dictaron leyes de suelo para que los promotores les pidieran préstamos que financiaran construcciones en todas las esquinas de España, que irían quedándose vacías y sin vender cada vez en mayor número. Aumentaron las facilidades fiscales para promover las ventas y desincentivaron el alquiler y el consumo colectivo de servicios de ocio o residencia.

Solo de 2000 a 2007, los bancos multiplicaron el crédito total destinado a la actividad productiva por 3,1, el dirigido a la industria por 1,8, el de la construcción por 3,6 y por 9 el dirigido a la actividad inmobiliaria. Y eso que cada vez disponían de menos depósitos para generarlo: en 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo 0,76 euros.

No contentos con los beneficios que les daba el negocio inmobiliario que condenaba al monocultivo a la economía nacional, impusieron políticas de bajos ingresos y recortes salariales para que las familias y pequeños empresarios vivieran en el filo de la navaja y tuvieran que endeudarse hasta las cejas.

Pero no contentos con obtener beneficios normales, los bancos utilizaron a sus tasadores para aumentar artificialmente los activos sobre los cuales iban a dar créditos, para así generar más deuda y cobrar comisiones más suculentas y recurrieron a todo tipo de prácticas comerciales predatorias para fomentar el consumo: manejaban a su antojo los índices de referencia, incluían la abusiva cláusula que autoriza al banco a vender el piso en subasta notarial si se produce el impago de la deuda, reclamaban importes elevadísimos por cuentas que creían canceladas, cobraban comisiones leoninas (más que en cualquier otro lugar de Europa) por cualquier cosa, giraban una y otra vez un recibo inatendido por el cliente generando múltiples gastos de reclamación por una misma deuda, embargaban saldos en cuentas corrientes sin respetar lo establecido en la ley… hasta cuatro folios me ocupa el listado de malas prácticas que han recopilado las asociaciones de usuarios, es imposible consignarlas todas aquí. Y eso, por no hablar de las estafas estrella, que han podido suponer un auténtico robo de entre 12.000 y 15.000 millones de euros, si no más, mediante las participaciones preferentes, las cláusulas suelo, etc.

Mientras sucedía todo esto, las autoridades dejaron hacer, consintieron las tropelías bancarias y permitieron que se inflase la burbuja sin cesar, haciendo oídos sordos a todas las advertencias.

El actual Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, decía en 2003: «no existe una ‘burbuja inmobiliaria’ (…) el concepto de burbuja inmobiliaria es una especulación de la oposición que habla insensatamente de la economía de ladrillo y olvida que la construcción es un sector fundamental para la economía del país y en el que trabajan cerca de un millón de personas» (El Mundo 2  de octubre de 2003). Y el más tarde Ministro de Economía, Pedro Solbes, afirmaría que quienes auguraban el riesgo de recesión por esa causa “no saben nada de economía” (El País, 11 de febrero de 2008).

Los dirigentes de uno y otro partido negaban lo que hiciera falta, por muy evidente que fuese para el resto de los españoles, con tal de dejar que los banqueros y los grandes empresarios de la construcción literalmente se forraran a costa de todos los españoles.

El gobernador del Banco de España que había colocado el PP, Caruana, se pasaba por el arco del triunfo la denuncia de sus inspectores que en 2006 le señalaban formalmente que no se hacía nada frente a un endeudamiento creciente y muy peligroso de la banca española. Pero eso sí, no había declaración suya o más tarde de su sucesor, el socialista Férnandez, en la que no reclamasen moderación salarial y recortes de gasto social.

Pero gracias a todo ello, los bancos españoles se convirtieron en los más rentables del universo, justo, eso sí, en la misma medida en que situaban a nuestra economía entre las más vulnerables.

Cuando estalló la burbuja y ya no se iba a poder disimular lo que había pasado, el inmenso negocio que los bancos habían hecho a costa de la deuda, todos consintieron en disimular.

Permitieron que los bancos declarasen en balance los activos dañados a precios de adquisición siendo cómplices así de un engaño descomunal que hirió de muerte la credibilidad de nuestra economía porque, por mucho que Zapatero dijese en septiembre de 2008 -como le dictaban Botín y compañía- que el sistema financiero español era «el más sólido del mundo», los inversores y prestamistas internacionales sabían lo que de verdad había hecho la banca española.

Los dos grandes partidos, a los que se  suman los de los nacionalistas de derechas de Cataluña y el País Vasco, colocaron en las cajas de ahorros a sus amigos y militantes y crearon una red de oligarquías provinciales que alentó la especulación, extendió la corrupción y que comenzó a llevar al desastre a la gran  mayoría de las entidades, al convertirlas en clones de los bancos privados, sin tener capacidad real ni naturaleza legal para serlo.

Y para facilitar la recuperación de los bancos mas grandes y dejarles a ellos todo el mercado consensuaron la ley de cajas que las llevaba a su bancarización forzada, para provocar cuanto antes su caída y el reforzamiento por esa vía de los bancos más grandes.

Claro que, a cambio, esos mismos partidos han recibido cientos de millones de préstamos para ir ganando las elecciones, ahora uno luego otro, que no devuelven, y han podido colocar en sus consejos de administración, o en los de empresas participadas, a docenas de ex dirigentes o socios.

Luego, cuando el sistema saltaba por los aires porque a los alemanes les consumía el ansia de cobrar los préstamos que con la misma compulsión habían dado a los bancos españoles, todos se concitaron para negar que iban a pedir un rescate. Diez días hace que lo negaba rotundo el presidente Rajoy: «no va a haber ningún rescate de la banca española» (EFE 28 de mayo).

Y cuando lo han pedido, niegan lo que efectivamente han pedido: 100.000 millones de euros para entregar a la banca y que vamos a pagar todos los españoles. Niegan que vaya a tener efecto sobre el déficit y la prima de riesgo, cuando será el Estado quien tenga que devolverlo (¿cómo lo harían unas entidades que se capitalizan precisamente porque no tienen dinero?) y tratan de hacer creer que es algo positivo y una ayuda generosa: “Las noticias que traemos hoy son positivas”, dijo el Ministro de Guindos cuando empezaba la rueda de prensa que dio ayer para anunciar el rescate.

Nos han engañado a todos cuando dicen que van a rescatar a España cuando lo que van a hacer es hundirla para años. Nos han engañado los bancos, nos han engañado los gobiernos del PSOE y del PP. Nos han engañado los dirigentes europeos que están borrachos de ideología neoliberal y no se dan cuenta de que las medidas que toman llevan al desastre a los países que las aplican (¿o acaso es que está mejor la economía de Portugal, por no hablar de los ciudadanos portugueses, desde que fue «rescatada»?). Nos ha engañado el Fondo Monetario que se ha sacado de la manga un informe deprisa y corriendo solo para justificar la decisión ya tomada y en el que cifra las necesidades de financiación de la banca española en una horquilla que sitúa, nada más y nada menos, que entre 45.000 millones y 119.000 millones de euro. ¿En qué quedamos?

Y nos engañarán esta tarde el presidente Rajoy y el Príncipe Felipe si es que definitivamente se han ido a ver el partido de fútbol cuando griten ¡España, España!, porque lo que están demostrando es lo contrario: España, los españoles de abajo, les importamos un pepino. Ellos y el resto de los políticos que han permitido lo que acabo de señalar, junto a los banqueros y los grandes beneficiarios de la burbuja y de la crisis, que tendrían que vivir 500 años más para disfrutar de todo lo que han ganado a costa de los españoles, son los responsables de este engaño descomunal. Hay que pedirles cuentas a todos y echarlos para siempre.

Hay finanzas que matan empresas

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Publicado en Sistema Digital el 7 de junio de 2012

El último número fuera de serie de la revista francesa Alternatives Economiques  (nº 93, tercer trimestre de 2012) está dedicado a un tema que debería ser central en nuestras economías: ¿cómo salvar la industria? Sigue leyendo

LO QUE ESPAÑA NECESITA: Nuevo libro de V. Navarro, J. Torres y A. Garzón ya disponible en pdf

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En los próximos días se podrá adquirir en librerías nuestro nuevo libro, LO QUE ESPAÑA NECESITA. Una réplica con propuestas alternativas a la política de recortes del PP, que ha sido editado por Ediciones Deusto.

De momento, puede leerse en su versión digital descargándolo de aquí: Lo que España necesita.

Rogamos su lectura y difusión. No es posible salir de la situación en la que estamos sin hacer que la población tome conciencia de lo que verdaderamente sucede y de que hay alternativas a las medidas que se están adoptando solo para satisfacer a los de arriba.

Hay que salvar a España, pero de quién y cómo

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Publicado en publico.es el 6 de junio de 2012

Desde que empezó la crisis, sus verdaderos causantes han conseguido evadir sus responsabilidades y hacer que quienes la sufren incluso se sientan como los culpables y que paguen sin rechistar los platos que otros han roto.

Los bancos españoles fueron los primeros responsables de lo que ha ocurrido en nuestra economía al haber financiado una burbuja inmobiliaria irracional y a una clase empresarial (si es que se la puede llamar así) que no ha hecho más que dar un pelotazo detrás de otro a base de endeudamiento, de favores administrativos, de  empleo precario y de fraude fiscal.

Los bancos han sido el mecanismo utilizado para evadir impuestos y para sacar hacia paraísos fiscales miles de millones de euros, y han obtenido los beneficios más altos del planeta a base de engaños y mil modos de estafas que han arruinado a miles de familias, que ahora se desgañitan para tratar de paliar su quebranto en los juzgados sin que los gobiernos hagan nada por apoyarles.

Los bancos españoles endeudaron artificialmente a familias y empresas para hacer negocio fácil y se endeudaron ellos al mismo tiempo, dando lugar así al auténtico problema de deuda privada que tiene España en estos momentos.

Los bancos españoles utilizaron su dominio sobre los medios de comunicación para hacer creer que su situación era saludable y que no tenían problemas patrimoniales. Y gracias al poder político que vienen acumulando desde el franquismo, y que ahora se traduce en partidos políticos esclavos de los préstamos multimillonarios que les conceden sin obligarles a devolverles, consiguieron que se aprobaran las medidas necesarias para salir del hoyo en el que han dejado al sistema financiero por la vía de quedarse con el mercado que ocupaban las cajas de ahorros. Pero a costa de seguir sin financiar a empresas y consumidores y de sumir a la economía española en una verdadera depresión.

Los bancos han obtenido los beneficios más elevados de toda nuestra economía pero los han obtenido arruinando a miles de empresas, destruyendo millones de empleos y facilitando el fraude fiscal y la corrupción política. Ahora, su situación se hace insostenible y tratan de que la paguemos los demás.

Los dirigentes del Banco de España han sido cómplices de ese desastre. Dedicados a pontificar sobre la necesidad de bajar salarios y de echar abajo las ya de por sí débiles estructuras de bienestar, han hecho la vista gorda ante el aumento del endeudamiento y de la pérdida progresiva de solvencia de la banca, y no solo de las cajas de ahorros. No oyeron ni a sus propios inspectores cuando éstos denunciaban lo que estaba pasando antes de que la crisis estallara, cuando ya habían empezado a detectar lo que se venía encima.

Los dirigentes de los partidos políticos mayoritarios son también corresponsables de lo que ha sucedido, aunque haya sido en medida diferente, pues incluso hasta algunos más radicales han mantenido hasta el último momento en Bankia y en otras cajas a sus representantes aliados con quienes han provocado el desastre, o han tenido dirigentes imputados. Todos ellos han alimentado un modelo de crecimiento y de gestión, sobre todo en los ayuntamientos y comunidades autónomas, vinculado a la obtención de plusvalías inmobiliarias, o tienen deudas millonarias con los bancos que nunca terminan de pagar, sin que el Tribunal de Cuentas u otros órganos jurisdiccionales hagan nada definitivo por evitar la corrupción que les rodea.

Es verdad que hay políticos honestos y que los partidos son necesarios siempre, pero eso no impide denunciar que sus dirigentes han generalizado una política de despilfarro en la administración pública, y de corrupción muy extendida, al mismo tiempo que reducían los ingresos que precisan los servicios públicos esenciales sin los cuales ni hay bienestar mínimo ni incluso democracia posible.

Y a estas responsabilidades habría que añadir las de algunos grandes empresarios, y las de otras autoridades, magistrados o incluso las del propio Jefe del Estado, que no han sabido estar a la altura de las circunstancias ni actuar con probidad cuando se le piden sacrificios enormes a la población.

Ahora bien. Si todas estas responsabilidades se han dado no ha sido solo como consecuencia de que se hayan multiplicado las conductas personales condenables. No. Estas ha ocurrido en un grado ya tan desastroso porque lo que ha fallado es nuestra armadura institucional, nuestro sistema político y, concretamente, nuestra propia Constitución, que no está sirviendo para que los ciudadanos disfrutemos de los derechos que nos reconoce ni para impedir las tropelías que a la inmensa mayoría nos avergüenzan.

Tenemos efectivamente derechos que no nos dejan ejercer, obligaciones que no cumplimos, tribunales que no investigan ni juzgan, delincuentes que no son perseguidos, o incluso culpables que no tienen que cumplir las condenas.

España lleva meses sacudida por especuladores, y bajo la amenaza más grave que ha sufrido en los últimos decenios, pero el empeño del gobierno es salvar a los bancos, se niega a investigar quién ha provocado el roto que hemos de pagar los españoles y se dedica a dividir y desprestigiar a los propios españoles y a sus propias instituciones.  Millones de españoles contemplan con estupor que haya dinero sin límite para los bancos y no para los servicios públicos que necesitan, y el Rey se va a hacer las américas con los responsables de las empresas que más dinero han defraudado a las arcas nacionales, que más empleo han destruido y que más responsabilidad tienen en el desencadenamiento de la crisis tan singularmente aguda que vivimos en el contexto del descalabro financiero internacional. Y mientras todo esto sucede, los medios de comunicación de mayor impacto de dedican a difundir programación basura, silencian a las voces y los debates más críticos, se criminaliza la indignación y se permite que los partidos políticos hagan en el gobierno lo contrario de lo que dicen a los ciudadanos que van a hacer cuando se presentan a las elecciones.

¡Claro que España necesita un rescate! Pero no en forma de préstamo que vaya directamente a los bancos y que paguemos los ciudadanos, como están negociando. No. Lo que España necesita es rescatarse a sí misma de quienes la han llevado al desastre: creando una Comisión de la Verdad que depure responsabilidades, impulsando una nueva mayoría social y política capaz de conseguir en las elecciones que salgan del Parlamento los culiparlantes y los políticos comprometidos con quienes han provocado la situación en la que estamos, y que desde allí abra un debate realmente democrático sobre nuestra institucionalidad, sobre cómo es mejor organizar nuestro Estado, nuestra economía y nuestra sociedad para que no vuelvan a producirse los desmanes y las barbaridades que nos han situado al borde del abismo y que con tanta razón están llenando de rabia e indignación a las personas decentes, con independencia de su ideología o de sus creencias.

«Yo muero hoy: Las revueltas en el mundo árabe», nuevo libro de Olga Rodríguez

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La escritora y periodista Olga Rodríguez acaba de publicar un nuevo e interesante libro, cuya lectura creo que gustará a los lectores y lectoras de esta web. Se trata del titulado Yo muero hoy: Las revueltas en el mundo árabe, en el que desvela (quizá nunca mejor utilizado este verbo) las historias que hay detrás de unas revueltas sorprendentes solo hasta el momento, precisamente, en que se conoce la lucha previa de miles de mujeres y hombres, y su decisión firme de acabar con lo que había. Solo alguien que conoce tan bien como esta periodista el mundo que describe podía hacer un libro tan vivo, lúcido e interesante. Recomiendo su lectura.

Por cierto, el día 7, a las 19,00, se presenta en Málaga, en la Librería Proteo.

Presentación del libro La Economía del Bien Común en Sevilla

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El miércoles 6 de junio se presenta el libro LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN de Christian Felber en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Sevilla. Una nueva forma de entender las relaciones económicas frente a la crisis terrible en la que estamos.

Más información del libro y del acto, que es abierto todo el público, aquí.

Presentación en Málaga del libro Por una Asamblea Constituyente. Una solución democrática a la crisis.

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La Fundación CEPS y las Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción, con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, invitan a la presentación del libro Por una Asamblea Constituyente. Una solución democrática a la crisis.

El acto se llevará a cabo en el Salón de actos del Centro Andaluz de las Letras (C/ Álamos nº 24) de Málaga a las 19,00 horas y en él intervendrán Roberto Viciano Pastor. Catedrático de Derecho Constitucional en la Universitat de València y autor del libro y Juan Torres López. Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, presentados por Sebastián Bruque, Delegado de la Fundación CEPS en Málaga.

El libro puede leerse en pdf aquí.

Alberto Garzón (Izquierda Unida) reclama al gobierno una comisión de investigación

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En el video de abajo podemos ver la intervención de Alberto Garzón en el Congreso proponiendo al Gobierno, en nombre de Izquierda Unida, la creación de una comisión de investigación que  establezca quiénes han sido los responsables de la crisis y quiénes se están beneficiando de ella.

Entre otras cosas, el video sirve para ver la realidad de la política y del parlamentarismo de nuestro país: un gobierno que echa dinero sin parar en bancos que han provocado la crisis, que permite que saquen el dinero de España, que no hace nada para que el crédito fluya a las empresas y consumidores… pero que se niega a investigar quién es el responsable y quién se beneficia de todo ello. Y lo que es más patético, un Ministro de Economía bien maduro, con una gran experiencia, que habla a quienes no piensan como él por encima del hombro y que dicen que nos va a sacar de la crisis, pero incapaz de contestar a un diputado de 26 años que le interpela sin leer sus papeles sin dejar de leer mecánicamente los suyos con la respuesta que le han preparado sus asesores. David contra Goliat, y ya saben quién ganó

Las mentiras del PP amenazan a España

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Publicado en publico.es el 31 de mayo de 2012

Cuando se haga historia, el Partido Popular será recordado como un partido de grandes mentiras y trampas. La pérdida de las elecciones después de su primea etapa de gobierno se debió a una gran mentira; alguno de sus dirigentes, como Esperanza Aguirre, llegó al poder después de una escandalosa compra de votos y voluntades; otros -en comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos- no disimulan a la hora de ocultar de mil modos cuanto les incomoda y por supuesto su connivencia con los corruptos a quienes solo salva la campana de la prescripción o la connivencia de jueces de su misma ideología e intereses. Y su paso por la oposición en los últimos ocho años de gobierno socialista han sido todo un culto permanente a la mentira, a la doble palabra y al juicio de intenciones.

Durante todo este ultimo tiempo se han dedicado a criticar al gobierno de Zapatero por medidas que sabían perfectamente que serían las que iban a aplicar sin lugar a dudas cuando estuvieran ellos en el poder, y así ha sido, o que ya aplicaban en las comunidades en donde gobernaban.

Decían que nunca negociarían con ETA y lo han hecho, como debe ser, en cuanto que los terroristas han dado muestras de rendición y abandono de las armas. Criticaban el uso partidista de los medios públicos, cuando nunca la oposición tuvo más presencia en ellos y cuando nunca existió en España una gestión más profesionalizada de RTVE, y han tardado semanas en entrar a saco para garantizar el control excluyente de su partido, como hacen de manera descarada en las comunidades en donde gobiernan.

Pusieron verde a Zapatero por realizar una reforma laboral mucho más suave que la que ellos mismos llevaron a cabo. Afirmaron que nunca rebajarían el coste del despido (“el problema económico de España no se soluciona con el abaratamiento del despido» afirmó Montoro en junio de 2010) y lo han rebajado más que nunca. Atacaron sin piedad al anterior presidente por subir impuestos, y casi juraron por lo más sagrado que ellos no lo harían (es un disparate quitarle recursos a los particulares y subir los impuestos” dijo Mariano Rajoy en Málaga el 11 de julio de 2009) pero los subieron en su primer consejo de ministros. Prometieron a los españoles que no recortarían gastos sociales básicos («Le voy a meter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas y a la sanidad y la educación, donde no quiero recortar los derechos de los ciudadanos» dijo también Rajoy pocos días antes de las elecciones de noviembre de 2011) y han llevado a cabo el mayor recorte social de la historia reciente. Criticaron la subida del recibo de la luz («La subida de la luz es una nueva vuelta de tuerca a la maltrecha economía de los españoles», decía Rajoy el 27 de diciembre de 2010) y lo subieron a poco de empezar a gobernar. Prometieron que financiarían la ley de dependencia («debe financiarse porque es una de las necesidades más importantes que tiene la sociedad española», Mariano Rajoy en enero de 2008) y han dejado de hacerlo a las primeras de cambio.

Hemos vivido ocho años en los que el PP ha hecho un arte de la mentira y de la demagogia política, dedicándose sencillamente a debilitar al contrario solo a base de proclamar, sabiendo lo falso que eso era, que si ganase las elecciones nunca haría lo que hacían los socialistas.

Se podría justificar esa mentira constante por el ansia enfermiza de gobernar y disponer del poder, que las derechas han considerado siempre que por definición es suyo y que no tienen por qué compartir con quienes en realidad consideran que son la antiEspaña. Aunque, en todo caso, fueron mentiras que dañaron mucho a España. Primero, porque un país siempre se resiente cuando una fuerza política tan importante y representativa se empeña en crear y fomentar el clima guerracivilista, como hizo de mil formas el PP. Y segundo porque se hizo en momentos de crisis internacional en los que la confianza en España y en sus instituciones era más importante que nunca.

Pero si la mentira política es lamentable y costosa cuando se practica en la oposición, cuando se produce en el ejercicio del gobierno refleja una carencia total de patriotismo que la hace extremadamente peligrosa.

Y el problema es que el PP, como si ya no supiera sacar réditos políticos de algo distinto al engaño, no ha parado de mentir a los españoles también desde que llegó al Gobierno. Mintió, como he dicho, al inicio, desde el primer momento, cuando se sacó de la manga su programa oculto, las medidas que siempre prometió que nunca tomaría pero que puso en marcha inmediatamente.

Solo por eso, creo que habría que reclamar ya la dimisión de este gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. El Partido Popular disfruta de una mayoría absoluta como resultado de una oferta electoral falseada, de un colosal fraude electoral cometido al presentar a los españoles una propuesta de acción de gobierno que sabía perfectamente que no iba a cumplir.

Pero es que ha seguido mintiendo. Ha presentado reformas como parte de un plan de acción meditado cuando a las pocas semanas ha vuelto a presentar otras que la corregían, como ha sucedido con la financiera. Ha presentado medidas en la rueda de prensa posteriores a los consejos de ministros, o incluso en sus notas informativas, que luego no aparecían en los decretos, o han aparecido en los decretos temas que se habían disimulado o que se habían anunciado antes de otro modo para engañar a la gente (como pasó con asuntos sensibles como las retribuciones de los directivos o con varios aspectos de la amnistía fiscal). Y está mintiendo el gobierno ya de manera descarada en relación con su escandalosa gestión de Bankia. Afirman un día que prestarán el dinero para poder recuperarlo, y al día siguiente resulta que es aportación irrecuperable de capital. Dicen que la intervención no influirá sobre la prima de riesgo, y resulta que la hacen a base de inyectar deuda soberana. Hablan de que impondrán plena transparencia y se niegan a que haya declaraciones en el Congreso o comisiones de investigación. Un día dicen que hay un agujero de una cantidad y al día siguiente resulta que se triplica. Mienten cuando dicen que intervendrán a las comunidades que incumplan objetivos de estabilidad y luego se limitan a presionar a aquellas en las que no gobiernan ellos, mirando sin embargo a otro lado cuando el PP es el responsable de los mayores desfases presupuestarios de autonomía o ayuntamientos. Y mienten sobre Europa, dejando caer que España cuenta con un apoyo que en realidad no existe, como mienten sobre el riesgo en el que se encuentra la economía española, tratando de ocultar los estragos que están produciendo sus contradicciones, imprevisiones y mentiras.

Siempre está mal, pero no es igual mentir cuando se está en la oposición que cuando se gobierna. Mentir como hábito cuando se tiene la responsabilidad de dirigir los destinos de una nación es muy poco útil (como ya pudo comprobar el PP cuando gestionó mintiendo la matanza del 11-M) porque se está en un altar hacia donde todos dirigen las miradas y antes o después se descubren los engaños. Pero, sobre todo, es muy peligroso porque se pone en riesgo la estabilidad social y la integridad del Estado.

Las mentiras del PP, la falta de patriotismo que reflejan, son la principal amenaza que se cierne hoy sobre España. Para hacer frente a la situación tan extraordinariamente difícil en la que estamos es imprescindible transparencia, sinceridad, hablarle claro a los españoles y no hacer de trileros frente a ellos, que es lo que están haciendo sus dirigentes. Es complicidad de los de abajo y no el rédito político que pueda sacar un partido lo que puede hacer que España se enfrente con éxito a la situación a la que nos han llevado nuestras propias torpezas y la sumisión a los poderes financieros y de la gran patronal. El PP ya ha fracaso y estamos en tiempo de descuento. Cuanto más se alargue, más dramática será la agonía.