Alberto Garzón (Izquierda Unida) reclama al gobierno una comisión de investigación

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En el video de abajo podemos ver la intervención de Alberto Garzón en el Congreso proponiendo al Gobierno, en nombre de Izquierda Unida, la creación de una comisión de investigación que  establezca quiénes han sido los responsables de la crisis y quiénes se están beneficiando de ella.

Entre otras cosas, el video sirve para ver la realidad de la política y del parlamentarismo de nuestro país: un gobierno que echa dinero sin parar en bancos que han provocado la crisis, que permite que saquen el dinero de España, que no hace nada para que el crédito fluya a las empresas y consumidores… pero que se niega a investigar quién es el responsable y quién se beneficia de todo ello. Y lo que es más patético, un Ministro de Economía bien maduro, con una gran experiencia, que habla a quienes no piensan como él por encima del hombro y que dicen que nos va a sacar de la crisis, pero incapaz de contestar a un diputado de 26 años que le interpela sin leer sus papeles sin dejar de leer mecánicamente los suyos con la respuesta que le han preparado sus asesores. David contra Goliat, y ya saben quién ganó

Las mentiras del PP amenazan a España

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Publicado en publico.es el 31 de mayo de 2012

Cuando se haga historia, el Partido Popular será recordado como un partido de grandes mentiras y trampas. La pérdida de las elecciones después de su primea etapa de gobierno se debió a una gran mentira; alguno de sus dirigentes, como Esperanza Aguirre, llegó al poder después de una escandalosa compra de votos y voluntades; otros -en comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos- no disimulan a la hora de ocultar de mil modos cuanto les incomoda y por supuesto su connivencia con los corruptos a quienes solo salva la campana de la prescripción o la connivencia de jueces de su misma ideología e intereses. Y su paso por la oposición en los últimos ocho años de gobierno socialista han sido todo un culto permanente a la mentira, a la doble palabra y al juicio de intenciones.

Durante todo este ultimo tiempo se han dedicado a criticar al gobierno de Zapatero por medidas que sabían perfectamente que serían las que iban a aplicar sin lugar a dudas cuando estuvieran ellos en el poder, y así ha sido, o que ya aplicaban en las comunidades en donde gobernaban.

Decían que nunca negociarían con ETA y lo han hecho, como debe ser, en cuanto que los terroristas han dado muestras de rendición y abandono de las armas. Criticaban el uso partidista de los medios públicos, cuando nunca la oposición tuvo más presencia en ellos y cuando nunca existió en España una gestión más profesionalizada de RTVE, y han tardado semanas en entrar a saco para garantizar el control excluyente de su partido, como hacen de manera descarada en las comunidades en donde gobiernan.

Pusieron verde a Zapatero por realizar una reforma laboral mucho más suave que la que ellos mismos llevaron a cabo. Afirmaron que nunca rebajarían el coste del despido (“el problema económico de España no se soluciona con el abaratamiento del despido» afirmó Montoro en junio de 2010) y lo han rebajado más que nunca. Atacaron sin piedad al anterior presidente por subir impuestos, y casi juraron por lo más sagrado que ellos no lo harían (es un disparate quitarle recursos a los particulares y subir los impuestos” dijo Mariano Rajoy en Málaga el 11 de julio de 2009) pero los subieron en su primer consejo de ministros. Prometieron a los españoles que no recortarían gastos sociales básicos («Le voy a meter la tijera a todo, salvo a las pensiones públicas y a la sanidad y la educación, donde no quiero recortar los derechos de los ciudadanos» dijo también Rajoy pocos días antes de las elecciones de noviembre de 2011) y han llevado a cabo el mayor recorte social de la historia reciente. Criticaron la subida del recibo de la luz («La subida de la luz es una nueva vuelta de tuerca a la maltrecha economía de los españoles», decía Rajoy el 27 de diciembre de 2010) y lo subieron a poco de empezar a gobernar. Prometieron que financiarían la ley de dependencia («debe financiarse porque es una de las necesidades más importantes que tiene la sociedad española», Mariano Rajoy en enero de 2008) y han dejado de hacerlo a las primeras de cambio.

Hemos vivido ocho años en los que el PP ha hecho un arte de la mentira y de la demagogia política, dedicándose sencillamente a debilitar al contrario solo a base de proclamar, sabiendo lo falso que eso era, que si ganase las elecciones nunca haría lo que hacían los socialistas.

Se podría justificar esa mentira constante por el ansia enfermiza de gobernar y disponer del poder, que las derechas han considerado siempre que por definición es suyo y que no tienen por qué compartir con quienes en realidad consideran que son la antiEspaña. Aunque, en todo caso, fueron mentiras que dañaron mucho a España. Primero, porque un país siempre se resiente cuando una fuerza política tan importante y representativa se empeña en crear y fomentar el clima guerracivilista, como hizo de mil formas el PP. Y segundo porque se hizo en momentos de crisis internacional en los que la confianza en España y en sus instituciones era más importante que nunca.

Pero si la mentira política es lamentable y costosa cuando se practica en la oposición, cuando se produce en el ejercicio del gobierno refleja una carencia total de patriotismo que la hace extremadamente peligrosa.

Y el problema es que el PP, como si ya no supiera sacar réditos políticos de algo distinto al engaño, no ha parado de mentir a los españoles también desde que llegó al Gobierno. Mintió, como he dicho, al inicio, desde el primer momento, cuando se sacó de la manga su programa oculto, las medidas que siempre prometió que nunca tomaría pero que puso en marcha inmediatamente.

Solo por eso, creo que habría que reclamar ya la dimisión de este gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones. El Partido Popular disfruta de una mayoría absoluta como resultado de una oferta electoral falseada, de un colosal fraude electoral cometido al presentar a los españoles una propuesta de acción de gobierno que sabía perfectamente que no iba a cumplir.

Pero es que ha seguido mintiendo. Ha presentado reformas como parte de un plan de acción meditado cuando a las pocas semanas ha vuelto a presentar otras que la corregían, como ha sucedido con la financiera. Ha presentado medidas en la rueda de prensa posteriores a los consejos de ministros, o incluso en sus notas informativas, que luego no aparecían en los decretos, o han aparecido en los decretos temas que se habían disimulado o que se habían anunciado antes de otro modo para engañar a la gente (como pasó con asuntos sensibles como las retribuciones de los directivos o con varios aspectos de la amnistía fiscal). Y está mintiendo el gobierno ya de manera descarada en relación con su escandalosa gestión de Bankia. Afirman un día que prestarán el dinero para poder recuperarlo, y al día siguiente resulta que es aportación irrecuperable de capital. Dicen que la intervención no influirá sobre la prima de riesgo, y resulta que la hacen a base de inyectar deuda soberana. Hablan de que impondrán plena transparencia y se niegan a que haya declaraciones en el Congreso o comisiones de investigación. Un día dicen que hay un agujero de una cantidad y al día siguiente resulta que se triplica. Mienten cuando dicen que intervendrán a las comunidades que incumplan objetivos de estabilidad y luego se limitan a presionar a aquellas en las que no gobiernan ellos, mirando sin embargo a otro lado cuando el PP es el responsable de los mayores desfases presupuestarios de autonomía o ayuntamientos. Y mienten sobre Europa, dejando caer que España cuenta con un apoyo que en realidad no existe, como mienten sobre el riesgo en el que se encuentra la economía española, tratando de ocultar los estragos que están produciendo sus contradicciones, imprevisiones y mentiras.

Siempre está mal, pero no es igual mentir cuando se está en la oposición que cuando se gobierna. Mentir como hábito cuando se tiene la responsabilidad de dirigir los destinos de una nación es muy poco útil (como ya pudo comprobar el PP cuando gestionó mintiendo la matanza del 11-M) porque se está en un altar hacia donde todos dirigen las miradas y antes o después se descubren los engaños. Pero, sobre todo, es muy peligroso porque se pone en riesgo la estabilidad social y la integridad del Estado.

Las mentiras del PP, la falta de patriotismo que reflejan, son la principal amenaza que se cierne hoy sobre España. Para hacer frente a la situación tan extraordinariamente difícil en la que estamos es imprescindible transparencia, sinceridad, hablarle claro a los españoles y no hacer de trileros frente a ellos, que es lo que están haciendo sus dirigentes. Es complicidad de los de abajo y no el rédito político que pueda sacar un partido lo que puede hacer que España se enfrente con éxito a la situación a la que nos han llevado nuestras propias torpezas y la sumisión a los poderes financieros y de la gran patronal. El PP ya ha fracaso y estamos en tiempo de descuento. Cuanto más se alargue, más dramática será la agonía.

La jerarquía de la Iglesia católica no hace lo que le exige a los demás

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No soy experto, ni mucho menos, en doctrina de la Iglesia pero no es difícil conseguir testimonio de las declaraciones de muchos papas, autoridades eclesiásticas y teólogos católicos defendiendo la obligación de pagar impuestos.

He encontrado algunas como las siguientes:

– Pío XII: «No existe duda alguna sobre el deber de cada ciudadano de soportar una parte de los gastos públicos Pío XII, Alocución a los Congresistas de la Asociación Internacional de Derecho financiero y fiscal (2 de octubre de 1856)

– Juan XXIII: «Todos los hombre y todas las entidades intermedias tienen obligación de aportar su contribución específica a la prosecución del bien común. Esto comporta el que persigan sus propios intereses en armonía con las exigencias de aquél y contribuyan al mismo objeto con las prestaciones -en bienes y servicios- que las legítimas autoridades establecen». Juan XXIII, Pacem in terris.

-Concilio Vaticano II: «Entre estos últimos (deberes cívicos) es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común». GS, 75.

-Juan Pablo II: ‘Los ciudadanos, que deben ser defendidos en sus derechos, deben ser al mismo tiempo educados para participar justamente en las cargas públicas, bajo forma de tasas o impuestos, porque es también una forma de justicia, cuando se obtienen beneficios de los servicios públicos y de las múltiples condiciones de una vida apacible en común…». Juan Pablo II, Discurso a la Confederazione Fiscale Europea (7 de noviembre de 1980), L’Osservatore Romano, 12 de abril de 1981, p. 18.

-Catecismo de la Iglesia Católica: ‘La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos…». Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2240.

A la vista de estas declaraciones no puedo entender que la jerarquía de la iglesia católica se niegue a pagar los impuestos que le corresponden. Sobre todo, cuando al mismo tiempo reclama y obtiene ayudas y privilegios con recursos que aportan todos los ciudadanos (sean o no católicos), en cantidades que yo creo que son más elevadas que las que pueda recibir en cualquier otro país del mundo.

Hay que predicar con el ejemplo.

Los datos aquí: La Iglesia recibe casi la misma cantidad que el tijeretazo en Educación y Sanidad

¿Quién quiere que haya mucha deuda?

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Publicado en Madrid 15m, nº 3, mayo 2012

Una de las muchas mentiras que se repiten continuamente es que las izquierdas defienden los déficit y la deuda mientras que las derechas son partidarias de la austeridad y de los superávits.

La cuestión no tiene fundamento así planteada, ni histórica ni doctrinalmente.

Baste recordar que fueron regímenes de extrema derecha los que endeudaron hasta las cejas a los países latinoamericanos en los años setenta y ochenta o que los déficits más grandes de la historia los han generado paladines de la austeridad como los derechistas Reagan o Bush.

Para entender lo que hay detrás de esa mentira conviene saber de dónde viene la deuda y cómo se financia.

Cuando alguien, bien sea un sujeto privado o el sector público, gasta más de lo que ingresa, tiene deuda y, por tanto, tiene que financiarla: alguien le tiene que prestar para que pueda realizar ese gasto mayor que el ingreso.

Hasta hace unos años (y todavía ahora en la mayoría de los países) cuando eso le ocurría al sector público podía recurrir el banco central. Este era un «banco de los bancos» y además el banco del gobierno, a quien le proporcionaba el dinero que necesitaba. Si se trataba de cantidades razonables, podía financiarlo sin problemas pero si se limitaba a imprimir dinero alegremente, con independencia de la situación de la economía, antes o después tendría ante sí un grave problema porque el dinero cada vez valdría menos. Solo Estados Unidos puede permitirse ese privilegio porque tiene la «suerte» de que su moneda se use en más del 60% de los intercambios mundiales (gracias a su poder económico, político y militar). Gracias a ello puede imprimir dólares con independencia de cómo esté su propia economía porque siempre habrá alguien fuera que los desee. Lógicamente, disfrutando de este privilegio, a Estados Unidos no solo no le importa que haya mucha deuda sino que la aumentará constantemente para poder financiarse sin cesar, mientras haya otros que estén dispuestos a adquirir su moneda.

Por otro lado, cuando los particulares nos endeudamos hemos de acudir a los bancos privados. Y estos, cuando necesitan más dinero del que tienen, también se endeudan, recurriendo para ello o bien a otros bancos o al banco central.

Esta situación cambió en Europa cuando se constituyó el Banco Central Europeo. Sus estatutos establecieron que no podría financiar a los gobiernos. Algo raro porque era como ser un banco central…¡que no era un banco central! La razón de esa decisión es fácilmente deducible: si los gobiernos necesitaban financiación deberían pedírsela a los bancos privados.

Y aquí está la madre del cordero porque, aunque mucha gente no lo sabe o no se da cuenta, el negocio de los bancos es prestar, es decir, crear deuda. Cuando lo hacen crean dinero y entonces obtienen beneficio y poder.

Veamos un sencillo ejemplo. Supongamos que yo tengo los únicos 100 euros que hay en la economía y que se los presto a mi amiga Y. En ese momento sigue habiendo 100 euros, solo que 80 en mi bolsillo y 20 en el de Y. Pero si el banquero Sr. Botines me convence y deposito los 100 euros en su banco, éste pensará que yo no los voy a retirar enseguida. Entonces, buscará un cliente a quien prestar con una parte de mi dinero. Supongamos que mi amiga Y va al banco y el Sr. Botines le concede un crédito de 20. En ese momento el dinero que hay en la economía ha pasado a ser… ¡¡¡120 euros!!! Parece magia pero no lo es. En dinero legal (monedas o billetes) sigue habiendo la misma cantidad (100 euros) pero el banco ha creado medios de pago: con mi cheques o con mi tarjeta puedo gastar 100 euros y mi amiga Y puede gastar sus 20 euros, luego el dinero que ahora hay en total en la economía es 120 euros. El Sr. Botines ha creado «dinero bancario». Y al hacerlo gana dinero, porque a mí me dará quizá un 5% por depositar mi dinero y a mi amiga Y le cobrará un 8%, por ejemplo pero siempre más del 5%, por el préstamo.

Pero además de ganar dinero, al crear dinero el banquero Botines aumenta su poder porque todos sabemos que el dinero da poder, poder de satisfacción y también poder de decisión.

Resulta entonces que hay un grupo social (los banqueros) que cuando crean deuda, crean dinero, y cuando crean dinero aumentan sus beneficios y su poder. ¿A qué se van a dedicar entonces? Pues lógicamente a tratar por todos los medios de que aumente la deuda: obligando a que, como en Europa, los bancos centrales no den gratis el dinero a los gobiernos para dárselo ellos, influyendo en los gobiernos para que apliquen políticas de moderación salarial y así los trabajadores tengan que endeudarse, haciendo que bajen los ingresos de las empresas y tengan que pedirles créditos, haciendo que la gente compre viviendas en lugar de alquilarlas, etc, etc.

En definitiva. No es verdad que haya tanta deuda porque hayamos vivido por encima de nuestras posibilidades sino porque la economía, la sociedad y hasta el poder político están dominados por un grupo social que tiene el privilegio de ganar dinero y de aumentar su poder aumentando la deuda y porque hay un país imperial, Estados Unidos, que tienen también el privilegio de endeudarse continuamente dándole sin fin a su máquina de imprimir dólares.

La conclusión es clara: si de verdad queremos que disminuya la deuda, acabemos con el privilegio de crear dinero que tiene la banca privada y con el imperialismo económico y monetario de Estados Unidos.

 

La crisis en Europa, o Europa como el problema

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Publicado en OBJETIVO EL TRABAJO. Anuario de Relaciones Laborales 2012. UGT

Como en otros lugares del mundo, la crisis de 2007-2008 estalló en Europa con extraordinaria fuerza. El sistema financiero saltaba por los aires, docenas de bancos hasta entonces tenidos como baluartes de las finanzas más solventes quebraban dejando mostrar la fragilidad de unas estructuras patrimoniales forjadas en los últimos años a base de inversiones especulativas y operaciones arriesgadas, y con ellos cayeron como naipes las economías de sus diferentes países. Y como en tantos otros sitios, enseguida dejó ver también en Europa que no se trataba de una simple perturbación financiera sino que tras de ella se encontraban fracturas estructurales muy profundas: medioambientales, productivas, sociales, institucionales, ideológicas, políticas… De manera que era todo el sistema lo que en realidad estaba haciendo agua por distintas partes, aunque nadie hubiera querido darse por enterado.

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¿Democracia?

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La decisión de no participar en el gobierno del Principado de Asturias la apoyó el 16,6% de la militancia de Izquierda Unida. El 16,2% votó a favor. ¿Al 67,7 % le daba igual? ¿Qué pulsión democrática hay en los partidos? Si hay una participación tan baja en una decisión tan decisiva (como estamos viendo en Andalucía, donde IU está a pique de un repique si no cambia de actitud y principios políticos) ¿cuándo participa entonces la militancia? O mejor, ¿qué tipo de militancia es esa?
Si esto ocurre en una organización más abierta y participativa que las demás me parece claro que hacen falta otro tipo de organizaciones políticas si queremos vivir en una democracia auténtica..
He tomado los datos de la noticia que dio Publico aquí.

«Todo el dinero que haga falta»

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Publicado en Sistema Digital el 25 de mayo de 2012

Entiendo que puede resultar algo repetitivo este comentario, pero ¿cómo permanecer en silencio cuando una vez más las autoridades públicas manifiestan que no hay problema ninguno para salvar a los banqueros mientras que recortan los recursos que salvan a las personas?

El ministro de Guindos ha dicho de nuevo que habrá todo el dinero que haga falta para capitalizar Bankia, esto es, para dejarlo limpio y en buenas condiciones para privatizarlo cuando llegue el momento, que es lo que harán sin ningún tipo de duda, porque si desearan mantener un banco público ya lo habrían creado y no precisamente a base de material de derribo.

Es normal que la gente se indigne cuando se entera de estas cosas. ¿Cómo se puede explicar que no haya límites impuestos por el déficit y la deuda a la hora de destinar dinero público a los bancos y que al mismo tiempo no haya ni un euro para los servicios públicos?

¿Cómo es posible que el gobierno se disponga a inyectar miles de millones de euros a Bankia sin depurar primero responsabilidades, sin poner sobre la mesa la gestión que han llevado a cabo sus directivos, el daño que ha hecho al erario público la injerencia constante de los gobernantes «liberales» de la Comunidad de Madrid que tan contrarios al intervencionismo se proclaman constantemente? ¿Cómo se puede aceptar que el Gobierno de Rajoy esté todos los días con el sambenito del cafelito de los funcionarios y del coste que suponen para el Estado y no se pare a plantear cuánto nos va a costar a los españoles la gestión de Rato y de sus estrategas?

¿Por qué dar por hecho que hay que poner dinero público en Bankia cuando se sabe que lo que ha ocurrido allí es el resultado de una serie de pasos estratégicamente dados para llegar a la situación en la que estamos?

¿Y cómo se puede aceptar la desfachatez de que el gobierno recurra a los auditores más tramposos del planeta para que pongan en claro las cuentas de Bankia y de su matriz, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA)? ¿A quién quiere engañar el Gobierno contratando a los embusteros más grandes del sistema financiero mundial para que proporcionen ¡¡transparencia!!? ¿Cómo se puede consentir que el Ministro de Economía contrate a Goldman Sachs para aclarar la situación de la banca española cuando es el banco que más ha faltado a la verdad y que más estafas ha cometido en los últimos años cuando? ¿Quién ha impuesto que la auditoría la haga alguien que se sabe que va a mentir, que no ha dado nunca punta con hilo, que ha falseado las anteriores que ha hecho para justificar, en cada momento, lo que le interesaba a él mismo o a sus patrones y socios? ¿Cómo es que se hacen cuenta permanentemente sobre lo que vale una operación de nuestros hospitales, las clases que dan nuestros maestros o la atención de nuestros mayores y el Gobierno no cae en lo que nos va a costar que nos haga los números un par de auditores delincuentes?

El Gobierno de Rajoy sigue sin tomar ni una sola medida que garantice de verdad lo que es fundamental conseguir: la financiación de las empresas y de la economía en su conjunto. Simplemente se dedica a administrar los intereses de los dos o quizá tres grupos bancarios que van a terminar siendo los amos en solitario del sistema financiero español.

A quien hay que darle todo el dinero que haga falta no es a entidades financieras quebradas y a los banqueros que han provocado la situación en la que nos encontramos porque lo van a utilizar para volatilizarlo sobre la marcha en sus balances. Quien necesita ese dinero son las pequeñas y medianas empresas que han de pagar el escasísimo crédito que ahora reciben al 12 o 15%, o incluso al 30% si se da en circunstancias más extraordinarias o urgentes.

Los propios errores del gobierno (del actual y del anterior, todo hay que decirlo) o su complicidad y dependencia con el gran capital financiero, le restringe cada vez más el margen de maniobra. Cada día que pasa pierde posibilidades de actuación y se ve más obligado a discurrir por un camino que se estrecha continuamente, que ya casi es como el de una cuerda floja. Pero está a tiempo, a pesar de todo. Aunque no puede actuar de cualquier forma.

No basta con afirmar ahora que Bankia actuará como un buen banco público (y no solo nacionalizado) porque eso es insuficiente. A estas alturas se requiere algo más que un banco. Es necesario un sistema de financiación a la economía y, por ello, también un protocolo de actuación financiera que obligara no solo a otros más que se nacionalizaran, sino a todo el conjunto del sistema. La economía española está al borde del colapso por falta de aire financiero, de crédito. Si no se le proporciona pronto, se viene abajo.

El Estado está aún en condiciones de poner en marcha un motor financiero que la pusiera de nuevo en movimiento y en otro vía distinta a la insostenible que ha seguido años atrás.

No queda mucho tiempo pero quizá no sea la premura de tiempo lo más preocupante sino la anestesia que domina a la población en general, a los empresarios, que se encaminan a miles hacia el cierre y la ruina nublados por una visión ideologizada de la realidad impuesta desde la banca y la gran empresa que los ahoga; a los trabajadores, que han caído en la falacia de creer que lo que mejor les conviene es tratar de salvarse ellos mismos; a la mayoría de los jóvenes, que nada parece poder despertarles del sueño que ni siquiera es de Morfeo en el que los mantenemos.

¿Reaccionaremos o nos seguirá pareciendo lógico, natural y aceptable que se disponga de todo el dinero necesario para los banqueros mientras que nos quitan a los demás hasta el aire?