Regeneración democrática

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Publicado en La Opinión de Málaga. 21-03-2004 

Las elecciones han dado un vuelco no del todo imprevisto al mapa político. Días antes todas las encuestas daban la mayoría absoluta del partido socialista en Andalucía y algunas indicaban que a nivel nacional se estaba casi en empate técnico. Los resultados, sin embargo, fueron más allá de cualquier expectativa.

 

Lo que ha ocurrido es que el gobierno de José María Aznar ha culminado un lamentable proceso de torpezas y agresiones antidemocráticas que ha confirmado lo que decía Jorge Luis Borges: que en la exageración es como se conoce la verdadera naturaleza de los fenómenos. La última legislatura de Aznar ha estado demasiado llena de arrogancia, de mentiras, de desprecio y de prepotencia y en las últimas semanas se ha llegado al paroxismo. Eso es lo que ha movilizado voluntades que el Partido Popular, precisamente porque las había despreciado, creía que no contaban para nada. Pero cuentan.

 

El Partido Popular está ahora en la condición de prestar un servicio definitivo a la democracia española. Puede atrincherarse en torno a las corrientes de extrema derecha que se albergan en su seno con más poder del que parece, o, como cabe esperar, puede conformarse definitivamente como un partido verdaderamente democrático que asume y respeta la alternancia y la pluralidad ideológica.

 

Sin embargo, quien tiene más responsabilidad en la nueva etapa en la que entramos es el Partido Socialista.

 

José Luis Rodríguez Zapatero tendrá que hacer frente con dignidad, con firmeza y, al mismo tiempo, sin poner en peligro la seguridad nacional e internacional, a la promesa de retirada de las tropas en Irak.

 

El prestigioso economista norteamericano Paul Krugman escribía esta semana que la obsesión de Bush por atacar Irak ha desprotegido el flanco de Al Qaeda, de manera que su ofuscación es la que ha provocado que los Estados Unidos y otros países aliados estén ahora más expuestos que antes a ataques terroristas. Textualmente decía que «al centrar su objetivo en Irak, Bush le hizo a Al Qaeda un enorme favor» que «obstaculizó seriamente la lucha contra el terrorismo». Dice también Krugman que la reputación de ser muy duro contra el terrorismo de Bush «se basa en la imagen, no en la realidad».

 

Esto muestra que es preciso que España asuma una posición firme en el terreno internacional pero que no responda sólo a la retórica vacía impuesta por la extrema derecha norteamericana, sino a principios mucho más efectivos y legítimos. En la medida en que eso habrá de venir unido de una vuelta a la posición y a las alianzas internacionales tradicionales de España, cabe esperar que Zapatero tendrá el apoyo y la comprensión suficientes para cumplir sus promesas.

 

En nuevo gobierno tendrá que recuperar igualmente la concordia institucional, el diálogo y el respeto como ejes de la vida pública propiciando así un nuevo y mucho más rico ejercicio de la ciudadanía, y no sólo de la política profesional.

 

Tendrá que cumplir también sus promesas de amplia revisión legislativa en materia constitucional, de educación y de derechos sociales, lo que seguramente concitará desde el principio un efecto contradictorio: amplio apoyo de la mayoría de los sectores sociales y ataques, de hecho anunciados ya con sospechosa antelación, de los más privilegiados.

 

No lo tendrá fácil Zapatero en el área de economía. Primero, porque la actividad no mejorará sustancialmente en 2004 e incluso estaba previsto que empeorase. Además, porque todo apunta a que vuelva a estar en manos de los sectores más liberales y fundamentalistas, lo que podría dificultar la puesta en marcha de las reformas sociales esperadas.

 

En todo caso, tendrá que hacer frente a una nueva reforma fiscal. Quien se apunta como nuevo responsable de economía o de hacienda, Miguel Sebastián calificó en su día la reforma fiscal del PP como «estafa, mentira y trampa» para las rentas más bajas. Ahora tiene la oportunidad de hacer una mejor.

 

En suma, Rodríguez Zapatero se enfrenta a retos de gran envergadura. Debe contar con un gobierno preparado y fuerte pero también con un partido que lo arrope y le preste inteligencia y compromiso, en lugar de ser como ha ocurrido tantas veces su principal fuerza de oposición. Y, por supuesto debe buscar el mayor apoyo social. No sólo el de sus incondicionales, sino también el de quienes no lo votaron o el de quienes le dieron su voto prestado.

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