El espectro del progreso

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Con las palabras del título de este artículo termina el panfleto que sirve de banderín de enganche al llamado Foro por el Progreso de Málaga. No han sido muy hábiles sus redactores, pues el primer significado de espectro es imagen, fantasma, por lo común horrible, que se representa a los ojos o la fantasía.

 

Bajo la aparente pretensión de constituir un lugar de encuentro plural, bien pronto quedó de evidencia que los convocantes trataban sencillamente de llevar a cabo una operación política poco disimulada para dejar fuera de juego a la corriente principal de Izquierda Unida, en favor de la coincidencia entre el PSOE y el recién nacido partido de Nueva Izquierda. Y todo ello con el apoyo de los secretarios provinciales de UGT y Comisiones Obreras que, a pesar de su gran experiencia política, no parece que se dieran cuenta de que estaban legitimando una estrategia política demasiado concreta.

 

Como les hice ver en su día a los convocantes, cualquiera está en su derecho de realizar semejantes proyectos pero, sin embargo, quien lo hace no puede luego hablar de unidad o de falta de sectarismo. Ha sido ya una lamentable evidencia, que ni siquiera ha podido escapar al comentario periodístico, que con esta convocatoria, en lugar de abrir puertas al progreso, se ha reproducido el esquema de actuación de la izquierda más vieja y manipuladora, de la que a partir de ahora son epígonos de excepción los promotores del Foro. Quienes, a pesar de no militar en ningún partido nos sentimos comprometidos de veras con los valores de la izquierda, sentimos vergüenza con estas prácticas y debemos decirlo.

 

Mención especial reclama el contenido del documento hecho público. Dejaré a un lado se pobrísima redacción (poco congruente, por cierto, con las ideas de progreso que se reclaman), los errores de principiante que se cometen (como decir que la «pobreza crece en relación con el PIB»), o las frases sencillamente sin sentido («la falta de exigencias de inversiones que se planificaran antes de la toma de poder por la derecha y que ahora han decaído y no son ya motivo de exigencia por cuenta de la rentabilidad electoral»).

 

Lo que resulta especialmente lamentable es que los progresistas malagueños no tengan otra cosa que hacer que criticar al actual gobierno municipal y reivindicar el Plan Estratégico para definir un proyecto alternativo y que, sorprendentemente, nada propongan aprender sobre la experiencia pasada ni aporten ideas políticas ni de gestión novedosas.

 

El ataque al actual gobierno se realiza además de manera tan compulsiva que se pierde la razón, o incluso se llega al paroxismo, como, por ejemplo, cuando se le acusa del «mantenimiento de una estructuración burocrática y anquilosada», sin caer en la cuenta de que, entonces, debe denunciarse también y antes a quien la anquilosó.

 

Ya ha puesto de relieve Vicente Granados en estas mismas páginas hasta qué punto es incongruente reivindicar el Plan estratégico vinculándolo a una opción política específica. Por mi parte añadiré que, en lugar de limitarse a llorar por su olvido, la reflexión oportuna quizá sería la que llevara a preguntarse precisamente por qué no logró hacerse inevitable para todos los proyectos políticos y, además, qué pudo haber producido que justamente quienes fueran sus inspiradores sufrieran más tarde un revuelco electoral tan grande.

 

Pero los redactores del panfleto no hacen ni un sólo recuento de experiencias pasadas. Parece que nos quieren convencer de que los progresistas debemos encontrar ahora que todo lo que haga el gobierno municipal está mal; y que, por el contrario, la experiencia pasada sólo estuvo rodeada de aciertos.

 

Al menos quien esto escribe se niega con todas sus fuerzas a que el progresismo tenga que ser equivalente al maniqueismo, a la falta de autocrítica y al simplismo.

 

La consecuencia de todo ello es que el nuevo Foro nace sin ideas, sin riqueza intelectual y sin apenas propuesta alguna de relevancia. Sin más cultura que la del lamento, se limita a hacer alusiones simplemente surrealistas como la de que se pretende dar lugar «a una nueva teoría de la ciudad abierta»; completamente vacías, como alentar «la transformación de Málaga hacia el siglo que viene» o francamente risibles, como que «proponemos un salto hacia el siglo XXI».

 Quienes deseen de verdad fortalecer proyectos encaminados con coherencia hacia la transforación social deben partir de ejercer un sentido muy claro del debate sin exclusiones, abierto sobre todo a quienes no piensan como uno mismo, pues sólo de ahí puede surgir un convencimiento social más amplio. Y, además, no pueden sustentar sus proyectos en las palabras vanas, sino en el análisis riguroso de la realidad, en una teoría de la sociedad que de sentido y fortaleza a la práctica política, para no ser luego rehén de los burócratas que terminan siempre sustituyendo las ideas (que no tienen) por las órdenes. 

Aquí han pasado muchas cosas en los últimos años que los progresistas de verdad no pueden olvidar, es más, que tienen que analizar específicamente para empezar a hablar del futuro. ¿Vamos a pasar por alto el boato y los aires de grandeza?, ¿No tenemos nada que decir de la corrupción, el amigismo y el tráfico de influencias alrededor de las instituciones gobernadas por «la izquierda»?, ¿nada tenemos que decir de la seducción simplista hacia proyectos vacíos, que respondían tan sólo a un sentido quimérico del modernismo?.

 

Precisamente, han sido los autoproclamados progresistas de los últimos tiempos quienes han gobernado despreciando la Utopía como referencia de la transformación social, quienes han hecho suyo, con la furia típica de los conversos, el credo neoliberal y el pensamiento único, con cuyas formulaciones simplistas azotaban a quienes (incluso dentro de sus propias filas) reclamaban más ética y mayor compromiso social, y que ahora denostan no porque hayan dejado de creer en ellas, sino porque las oyen lógicamente en boca de la derecha.

 Hacen un flaco servicio a la sociedad, y a Málaga en particular, quienes enarbolan el progreso como un concepto vacío sólo para encabezar maniobras de corto alcance o, en el caso más exitoso, para favorecer estrategias de recuperación del poder. Sin ideas, tal y como ha nacido el Foro para el Progreso, quizá se gane de nuevo el gobierno pero no se podrá avanzar con éxito hacia una sociedad más rica, más justa y más igualitaria.

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