Naciones Desunidas

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Publicado en La Opinión de Málaga el 18 de septiembre de 2005

 

La Cumbre del Milenio que acaba de celebrar las Organización de Naciones Unidas es un ejemplo más de cómo cualquier cosa se puede contemplar desde cualquier punto de vista, de modo que quienquiera puede sentirse satisfecho allí donde otros no encuentra sino frustración.
Algunos dirigentes, que curiosamente suelen ser los de los países más ricos, afirman que se alcanzan logros importantes. La mayoría, por el contrario, sólo encuentra ambigüedades y proclamas muy retóricas en los documentos.
La cumbre se celebra a los sesenta años del nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas, de modo que hubiera sido un buen momento para abordar problemas importantes desde el compromiso y la determinación.
Además, tiene lugar cinco años después de haberse aprobado los Objetivos del Milenio.
Estos Objetivos fueron aprobados en septiembre de 2000 con la intención de fijar unos compromisos que permitieran ir resolviendo de modo efectivo los principales problemas de la humanidad. Con la meta puesta en 2015, en ellos se incluyen reducir a la mitad la proporción de personas que viven en la indigencia y padecen hambre, así como lograr la educación primaria universal, promover la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil en dos tercios y la mortalidad materna en tres cuartos. Y también combatir la expansión del VIH/sida, la malaria y otras enfermedades, asegurar la sustentabilidad ambiental y generar una sociedad global para el desarrollo entre el Norte y el Sur.
Objetivos ambiciosos pero absolutamente prioritarios si lo que se contempla es el bienestar humano. Merecerían desde luego mucho más que lo que han hecho hasta ahora la inmensa mayoría de las naciones.
Todos los informes que se vienen realizando muestran que, al paso que se está yendo, será prácticamente imposible que en 2015 se alcancen los objetivos señalados.
En lugar de disminuir, las desigualdades siguen creciendo y la pobreza incluso aumenta en muchas zonas del mundo incluso midiéndola por el poco riguroso criterio de tener menos de un dólar diario de ingreso.
Si en su lugar se considerase, como están haciendo los estudios más modernos y avanzados, la capacidad de satisfacción de condiciones básicas de vida resulta que la población que se puede conceptuar como en situación de pobreza extrema está aumentando en Africa, América Latina, Oriente Medio, Europa Oriental y gran parte de Asia. Un desastre.
De la auténtica involución que se está produciendo da cuenta el hecho de que sólo en Africa el número de pobres ha aumentado en 140 millones de 1995 a 2004.
Como es lógico, esta situación no es una cuestión retórica. Detrás de ello hay muertes y sufrimiento. Cada siete mujeres muere de parto una mujer en el mundo y cada tres segundos un niño por causas relativas al hambre. Casi una de cada cinco personas está hambrienta o desnutrida en el planeta.
Y mientras que todo esto sucede, mientras que uno de cada cinco niños del mundo carece de agua potable, por no hablar de la educación, de la sanidad o de cualquier otro servicio, los países ricos que podrían hacer que esto no ocurriera miran a otro lado y se conforman con testos farragosos y llenos de generalidades.
Sólo cinco naciones dedican más del 0,7% de su PIB a ayuda al desarrollo. Un compromiso que se fijó como perfectamente alcanzable hace ya treinta años, y cuya mención tanto tiempo después se quiere considerar como un éxito increible.
Esta semana se ha anunciado que Mozambique (ahora Mozambique, cualquier día, otro país cualquiera) se enfrenta a una nueva crisis alimentaria. Centenares de miles de personas, solo en ese país, van a pasar hambre y el Programa Mundial de Alimentos reclama una ayuda de 15 millones de euros para aliviar el problema. No hay manera de contar con ellos a pesar de que no es ni mucho menos una cantidad desorbitada.
¿No es una barbaridad que no se pueda disponer de 15 millones de euros para paliar el hambre en un país pobre cuando hace unos días el Real Madrid pagó 27 millones por un jugador de fútbol? Si no calculo mal, lo que se está pidiendo para Mozambique es algo así como ciento ochenta veces menos de lo que se gasta en armamentos cada día en el mundo. ¿Quién iba a notar que dejara de gastarse en los ejércitos esa cantidad? ¿Qué valor tienen las palabras de Bush y de todos los demás cuando hablan y hablan sin parar sin actuar con coherencia para hacer que acabe ya tanto sufrimiento perfectamente evitable?
He leido que el embajador de Estados Unidos en Naciones Unidas hizo más de setecientas enmiendas al documento de unas cuarenta páginas que resumiría los resultados y conclusiones de la cumbre. No debió ser trabajo baldío porque lo cierto es que los textos finales no contienen sino una vergonzante serie de generalizaciones sin compromisos efectivos. Los mismos gobiernos que son capaces de ponerse de acuerdo cuando hace falta para componer ejércitos, preparar las guerras o repartirse los mercados, no dan ni un paso que sea decisivo para combatir el hambre  y el sufrimiento.
Y hay que decir que la posición es tanto más vergonzosa cuanto más poderoso es el país. Mientras que Estados Unidos se confirma como el primer productor mundial de pobres, los demás países no hacen sino bailar a su aire. La propuesta de alianza de civilizaciones que realizó el pasado año Rodríguez Zapatero es atractiva pero uno se pregunta que operatividad puede tener mientras que no se hable claro y a la frente a quien inciviliza el planeta. ¿Dónde pueden llegar esos planteamientos mientras se deje campar a sus anchas a Estados Unidos que entienden que el resto del mundo es el patio trasero de su finca?
La humanidad tiene recursos sobrados para reducir el sufrimiento que provoca el comercio injusto y un sistema productivo sostenido en la ética del beneficio privado. Las formulaciones de los países ricos incluso están llenas de cinismo. Si de verdad creen que el libre comercio es la solución a la pobreza ¿por qué no lo practican Estados Unidos, la Unión Europea o Japón? ¿Por qué han esperado tanto? ¿Ahora que han arruinado a quienes podrían competir con ellos es cuando están dispuestos a dar trato igualitario? Primero arruinan sus sistemas productivos y ahora les dicen: “bien, seremos por fin buenos y justos, compitamos todos en pie de igualdad para quew salgásis de la pobreza”. ¿Se puede ser más cínico?
Hacen falta muchas cosas para arreglar el mundo pero me temo que habría que empezar por exigirle a los dirigentes políticos que gobiernan el mundo que tengan un poco más de vergüenza.

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