No creo que el misionero Miguel Pajares haya muerto

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Los medios de comunicación se han hecho eco profusamente del fallecimiento del sacerdote misionero Miguel Pajares, que fue repatriado desde Liberia gravemente enfermo por ébola, pero yo no creo que realmente haya muerto. No ha muerto porque quien muere libremente por elegir salvar la vida de los demás no muere nunca. No ha muerto porque como él hay todavía miles de misioneras y misioneros en todo el mundo que seguirán haciendo cada día y cada noche exactamente lo mismo que a él le hizo enfermar, sin quejarse y sin respiro, y por eso vive siempre en su ejemplo y compromiso. No ha muerto el Padre Pajares porque no muere su generosidad ni su amor a la gente que lo rodeaba. Está vivo porque su sacrificio vive en todas esas personas que dejaron sus casas y familias, el calor de hogares que nunca dejan de echar en falta, para ir a secarle pústulas, como él, a otros enfermos, o simplemente para llorar juntos sus calamidades, para rezar de la mano a cualquier dios generoso, para enseñarles, para mirar con los pobres el cielo  por las noches o para cuidar sufriendo mucho por dentro y sonriendo siempre por fuera de sus niñas y niños.

Es tremendo. No nos conmueve diariamente la enfermedad, el dolor y la muerte de miles de misioneras y misioneros como Pajares ni en realidad nos ha conmovido ahora la suya. Ha sido el miedo a que nos pase como a él, a que nos infecte a los ricos una enfermedad de pobres que no pueden quitársela de encima, ni quizá interese que se la quiten, lo que ha hecho que los medios de comunicación dediquen tanta tinta y tantas horas a un pobre misionero, como tantas y como tantos, creyendo que ha muerto. Sin saber que las misioneras y misioneros como él, hechos de puro amor, no mueren nunca.

Argentina en el imperio de los buitres

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Publicado en Público el 4 de agosto de 2014

Lo que está oyendo y leyendo la mayoría de la gente en los medios de comunicación en los últimos días es que Argentina ha dejado de pagar a sus acreedores y que eso es consecuencia de la mala gestión de un gobierno que se ha apartado de lo que debe hacerse para gestionar bien los asuntos económicos. Una versión que, como suele ocurrir, se aparta bastante de la realidad.
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Agosto: igualdad real

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La Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) me pidió un pequeño texto para una de sus doce causas de este año. Con mucho gusto lo di y ahora puede leerse aquí.

Con una rueda no anda el carro

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En mi artículo de esta semana en El País Andalucía comento los últimos datos de empleo. A mi juicio ni son tan buenos como se dice ni indican una recuperación efectiva. Muestran que la crisis se utiliza, como ya adelantamos, para imponer un modelo laboral mucho más precario y basado en más empleos a tiempo parcial y discontinuos. Puede leerse aquí.

¿Volver a 2007?

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Interesante artículo de Lina Gálvez que termina diciendo: «Limitarse simplemente a tratar de volver a las condiciones de 2007 es algo mucho peor que insuficiente.

Hay que superar las fallas que provocaron el cataclismo de insostenibilidad y desigualdad que produjo la crisis y para eso es imprescindible generar una nueva imagen del mundo al que aspiramos. No nos vale el viejo modelo. Y hay que buscar para ello nuevas alianzas, nuevas formas de hacer política y de tejer sociedad para imponer un nuevo pacto social en el que todas las personas cuenten, donde cada una seamos un fin en nosotras mismas.»

Puede leerse aquí.

Un dios destructivo

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En mi artículo de esta semana en El País Andalucía comento nuevos datos que muestran los estragos que provoca el cambio climático que tanto tiene que ver con el endiosamiento del crecimiento de las actividades monetarias. Puede leerse aquí.

Salario mínimo y empleo juvenil. Otra farsa del FMI

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Publicado en Público.es el 17 de julio de 2014

El Fondo Monetario Internacional se acaba de sumar a las propuestas de la patronal de reducir el salario mínimo con la excusa de que así disminuiría el paro juvenil. Y para ello, como le ocurre casi siempre, oculta evidencias y recurre a prejuicios bastante alejados de la realidad.

La discusión sobre la influencia de los salarios mínimos en el empleo es antigua y hoy día tenemos evidencias indiscutibles, aunque no por ello exentas de polémica. Quienes asumen como punto de partida las hipótesis del modelo de mercados perfectos concluyen que un salario mínimo superior al de equilibrio hace que las empresas sustituyan trabajo por capital, disminuyendo, por tanto, el empleo. Quienes abordan el problema desde otras posiciones teóricas llegan a conclusiones diferentes: los salarios mínimos pueden tener efectos positivos si llevan consigo un aumento de la productividad o de la demanda global, o pueden tenerlos neutros o inciertos, según el caso. Las evidencias empíricas disponibles más bien tienen a demostrar esto último, es decir, que su efecto general puede ser inconcluso pero no negativo: positivo, nulo o sin apenas relevancia sobre el empleo (sobre este debate, se puede ver mi artículo Más engaños del Banco de España).

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Con la coleta llegó el canguelo

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El artículo de esta semana en El País Andalucía lo dedico a comentar algunas de las críticas que se hacen a Podemos. Son tan histriónicas y exageradas que terminan por darle aún más impulso a la formación de Pablo Iglesias. Puede leerse aquí.

Hay alternativas y se pueden poner en marcha

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Publicado en Público.es el 7 de julio de 2014

Las movilizaciones que se habían venido produciendo en los últimos años ponían de relieve que en España había rechazo hacia lo que estaba pasando y que millones de personas estábamos suficientemente indignadas como para reaccionar. Pero las últimas elecciones europeas han ido mucho más allá, al poner claramente de manifiesto que esa reacción no va a diluirse como los de arriba esperaban, sino que es mucho más que probable que lleve directamente a un cambio sustancial en las instituciones y el gobierno en España.

La gente acaba de comprobar que se puede cambiar y ahora es el momento de subrayar una vez más que decir que se puede no puede significar sino mostrarle al resto de la sociedad que hay alternativas reales, próximas, eficaces y mejores que las de los partidos hasta ahora gobernantes para abordar los problemas que tiene nuestra sociedad.

Ahora hace tres años que Vicenç Navarro y yo, con la colaboración de Alberto Garzón, dábamos a la imprenta un libro que primero no se quiso publicar y que luego se convirtió en un auténtico fenómeno viral en la red: Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España (puede descargarse pinchando aquí).

En él tratamos de explicar de la manera más clara posible por qué había ocurrido lo que nos estaba ocurriendo y qué se podía hacer para salir de la situación en la que estábamos, y en la que realmente seguimos estando.

En el prólogo, Noam Chomsky señalaba que se está produciendo una concentración cada vez mayor del poder y la riqueza pero que eso no se debía «a leyes de la naturaleza o a leyes económicas o a otras fuerzas impersonales, sino al resultado de decisiones específicas dentro de estructuras institucionales que los favorecen» y que eso seguiría ocurriendo mientras que esas decisiones y planes no se reviertan «mediante acción y movilizaciones populares con compromisos dedicados a programas que abarquen desde remedios factibles a corto plazo hasta otras propuestas a más largo plazo que cuestionen la autoridad ilegítima y las instituciones opresivas entre las que reside el poder».

Escribimos ese libro porque teníamos la convicción de que era ya imprescindible ofrecer ese tipo de propuestas, pero en la situación en que estamos ahora lo es incluso mucho más. Y por eso creo que es importante recordar algunas de nuestras conclusiones, cuando los movimientos sociales y las fuerzas políticas se plantean (o se deben plantear) elaborar programas concretos de actuación y de gobierno.

En primer lugar decíamos que lo más importante es poner la economía al servicio de las personas, lo que, entre otras, cosas obliga a evaluar antes de tomar una medida económica a quién va a beneficiar y en qué medida, y dar la posibilidad a la gente para que se pronuncie sobre si, a la vista de ello, quiere que se adopte o no. También a impedir que un grupo social concreto tenga la posibilidad de imponer sus intereses a los demás sin que medie un método democrático de deliberación y decisión. Y, sobre todo, a rechazar cualquier asignación de los recursos que implique la desprotección de seres humanos, su empobrecimiento y su exclusión, así como toda decisión económica que quite a los que tienen menos para dar a quienes tienen más y de sobra.

También concluíamos señalando algo fundamental: la crisis que vivimos es el resultado de un fenómeno viejo pero que se ha exagerado en los últimos tiempos de las economías capitalistas, el desarrollo de la producción y el consumo como si dispusieran para sí de recursos inagotables. Por tanto, decíamos que sería imposible salir de la crisis si no aprendemos a medir y a dar valor de otro modo a las cosas que necesitamos, utilizando otros indicadores y variables para gobernar la vida económica y tomar decisiones. Y, sobre todo si no avanzamos hacia otra economía basada en la producción de los bienes que necesitemos ajustándonos no sólo, como ahora, a la escasez de recursos valorables monetariamente sino también a la de todos aquellos que nos proporciona la naturaleza o que no se valoran en dinero. Y escribíamos que las alternativas a la crisis pasan por romper también este cascarón de fantasía consumista y de individualidad en el que están encerrados millones de personas para generar nuevos valores que nos permitan avanzar desde la actual centralidad del dinero, el comercio, la ganancia, la competición y el cálculo hacia la cooperación y el afecto, hacia la justicia y el amor o hacia el placer de sentirse satisfecho con mucho menos pero en realidad con mucho más de lo que ahora tenemos.

En el libro proponíamos multitud de medidas concretas, «remedios factibles a corto plazo», como pedía Chomsky en el Prólogo, pero advirtiendo que ninguno de ellos puede entenderse como un fin en sí mismo sino como una forma de resolver lo inmediato pero también y al mismo tiempo de construir a medio y largo plazo una sociedad diferente. Y terminábamos señalando que todas ellas serían posibles si iban de la mano de una nueva sociedad de contrapoderes en las plazas, como estaba ocurriendo cuando escribíamos el libro, pero también en los centros de trabajo, en los barrios y también en la vida personal y diaria, en donde tan a menudo esta sociedad reproduce la esclavitud y la discriminación, por ejemplo, en el caso de las mujeres.

Hemos avanzado bastante desde que el libro salió a la calle e inundó la red pero ahora todavía queda por delante una tarea gigantesca: convertir los buenos deseos en programas de acción concretos, claros y realistas pero al mismo tiempo capaces también de abrir brechas y rupturas profundas en el sistema que produce y reproduce constantemente los males que se quieren combatir.

Con inteligencia y sin sectarismo intelectual, abriendo los debates en la mayor medida posible y con generosidad y autocrítica constantes, tengo la seguridad de que podrá elaborarse el necesario programa de actuaciones concretas que regeneren nuestra economía abriendo paso a un horizonte realmente transformador, democrático y humanamente satisfactorio.

La dictadura del decreto-ley

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En mi artículo de esta semana en El País Andalucía comento los efectos que tiene la generalizada utilización del decreto-ley por el gobierno del Partido Popular, una prueba más de lo imperfecta que es nuestra democracia. Puede leerse aquí.