¿Por qué Estados Unidos sale de la crisis y España no?

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Publicado en Sistema Digital el 14 de febrero de 2013

El servicio de estudios del banco francés Natixis ha publicado recientemente una nota con el mismo título que este artículo y cuya lectura resulta muy interesante (Pourquoi les Etats-Unis sont-ils sortis de la crise et pas l’Espagne?). Según Natixis, la economía de Estados Unidos y la española han sufrido una crisis de orígenes muy parecidos, pero la primera está saliendo de ella y España no. Las causas que señala como desencadenantes de la crisis en ambas economías son las mismas: la explosión de la burbuja inmobiliaria, el incremento de la morosidad vinculada al crédito inmobiliario, los problemas generados por la banca y los mercados financieros, la pérdida inducida de empleos, el alto endeudamiento y la caída de la demanda de los hogares.

Sin embargo, en Estados Unidos ha repuntado el crecimiento y bajado el paro, ha mejorado la solvencia de los prestatarios y la situación de los bancos, se han recuperado la industria, la demanda de los hogares y la construcción residencial y han comenzado a subir los precios inmobiliarios, es decir, se comienza a salir de la crisis. Todo lo contrario de lo que ha sucedido y está sucediendo en nuestro país.

Para explicar esta diferencia Natixis señala cinco circunstancias que se han dado de modo desigual en las dos economías.

La primera, que la economía de Estados Unidos se ha beneficiado de la política monetaria de la Reserva Federal, la cual ha mantenido los tipos de interés a largo plazo por debajo de la tasa de crecimiento, tanto para la deuda pública como la privada, mientras que en España están por encima. Esto es lo que explicaría que una parte importante de los hogares estadounidenses se hayan podido desendeudar mientras que los españoles mantienen todavía un alto nivel de endeudamiento. Y eso ha sido favorecido, según Natixis, por la política muy proactiva de compra de deuda pública por parte de la Reserva Federal, a diferencia de la tímida que ha hecho el Banco Central Europeo.

La segunda explicación tiene que ver con las diferentes estrategias seguidas para reducir el déficit público en ambos casos. Estados Unidos ha empezado a reducirlo una vez que el crecimiento se ha reanudado y España, sin embargo, ha aplicado políticas presupuestarias restrictivas demasiado pronto, lo que no ha permitido que el crecimiento se recupere.

La tercera es que diversas circunstancias combinadas (el desendeudamiento de los hogares, la subida de precios de la vivienda, la reducción de la morosidad, la disminución de créditos dudosos y la rápida y eficaz recapitalización de los bancos) han permitido que el crédito se haya ido recuperando progresivamente en Estados Unidos, mientras que nada de eso ha ocurrido en España.

La cuarta circunstancia que según Natixis diferencia la evolución reciente de la economía española y la de Estados Unidos es que la rentabilidad de las empresas españolas ha vuelto a ser «extremadamente fuerte» en nuestro país gracias a la caída de los salarios reales y la recuperación de la productividad. Así, el porcentaje de los beneficios después de impuestos, intereses y dividendos sobre el PIB es alrededor de tres puntos más alto en España. Pero esos mayores beneficios de las empresas españolas no se reinvierten en nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos.

Finalmente, Natixis destaca el diferente papel desempeñado por la evolución de la demografía y los flujos migratorios. En su opinión, el aumento de la población activa y de la inmigración apoya el crecimiento en Estados Unidos mientras que ocurre lo contrario en España.

Los hechos que presenta Natixis parecen evidentes, y proporcionan una explicación bastante aceptable de lo que está pasando en nuestra economía. La conclusión normativa que se puede obtener de ellos no lo es menos. Dar prioridad a los intereses de las grandes empresas y de la banca, como vienen haciendo los gobiernos desde que comenzó la crisis, nos está llevando por el mal camino y sale ya bastante caro. Es cada vez más necesario plantarle cara a Europa y aplicar aquí una política bien distinta. Los hechos reales nos muestran que con otras políticas y defendiendo otros intereses se podría haber salido de la crisis, al menos, en la dimensión que ésta tiene como perturbación coyuntural, pues es evidente que, por otro lado, forma parte de una inestabilidad estructural que es consustancial a las economías capitalistas de nuestro tiempo y que no tiene solución en el marco del sistema.

En resumidas cuentas, nadie puede decir que lo que se está haciendo conviene para salir de ella, porque no salimos de ella, ni nadie puede afirmar que no hay alternativas, porque otros países actúan de modo diferente. Hay otras vías y a la vista está que son más eficaces.

¿Esto es lo que debe hacer una televisión pública?

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Desde hace unos meses se viene emitiendo el programa Pido la Palabra en RTVA (@plapalabra), al que han tenido la gentileza de invitarme en diversas ocasiones. Creo que abrir la televisión pública a los temas económicos es fundamental, y se agradece que por fin lo haga Canal Sur TV. Pero creo que una televisión pública no puede permitirse la difusión de una sola perspectiva ideológica, de un solo tipo de análisis, sobre todo, cuando se abordan temas tan polémicos como las pensiones o la reforma laboral, que incluso han dado lugar a huelgas generales. Solo después de que varios economistas protestásemos por el enfoque unilateral en un programa dedicado al primero de esos temas me invitaron a acudir para hablar también de pensiones, aunque con preguntas muy, muy diferentes a las que se plantearon en el primero, al que acudió un economista, brillante y de gran talla académica por cierto, pero de conocido enfoque neoliberal, como es fácil comprobar en sus respuestas. Hace una semana volvieron a hacer lo mismo. Se invita a un economista neoliberal para que responda preguntas sobre la reforma laboral mientras que a los que contemplamos los problemas económicos desde otro punto de vista se nos llama, si acaso, para otros temas menos «espinosos» (a mí me habían invitado, después del tema de la reforma laboral, para hablar de financiación de los partidos. He dicho que no voy).
Dejo aquí el video de la explicación que se da en una televisión pública de algo tan controvertido como la última reforma laboral. ¿Se puede considerar que se proporciona un auténtico servicio público cuando no se muestra la pluralidad de opiniones y enfoques que hay en la sociedad sobre temas tan fundamentales? Yo creo que no.

Contra el paro

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Publicado en Madrid 15m. Periódico de asambleas del 15M, nº 11, febrero de 2013

La lucha contra el paro no es técnica sino política.

Es así porque el paro no constituye un problema para todo el mundo. Lo es para quienes no encuentran trabajo remunerado en los mercados. Pero, curiosamente, lo que supone un grave problema para los grandes empresarios no es el paro sino el pleno empleo.

Es así porque, cuando se alcanza, los trabajadores son fuertes y están en condiciones de negociar con éxito las condiciones laborales, es decir de hacer frente al poder del que depende el bienestar y el beneficio de unos y otros. Aunque cueste creerlo, es por ello que a los capitalistas les interesa que haya niveles de paro elevados, pues así (aunque en conjunto ganen menos) tendrán en su mano el poder que necesitan para controlar a la fuerza de trabajo y su retribución.

Eso es especialmente necesario cuando los empresarios no están dispuestos a competir a través de la calidad o la innovación, como desgraciadamente ocurre con la mayor parte de la clase empresarial española. Entonces tienen que recurrir necesariamente a reducir salarios aunque es evidente que esa estrategia, empobrecedora, deben revestirla de algún modo para que sea fácilmente aceptable por la población trabajadora y por la sociedad en general.

El discurso que les permite eso es muy antiguo y consiste en afirmar que los salarios son uno de los costes principales de las empresas y que si éstos son elevados no podrán crear empleos. Así que si se quiere que los haya, habrá que aceptar que los salarios sean más bajos.

Por añadidura, se afirma que si los salarios son elevados, las empresas no tendrán más remedio que subir los precios, de modo que se producirá un peligroso proceso inflacionario que siempre hay que evitar. Y la conclusión será que deben establecerse normas que garanticen, por un lado, que los empresarios puedan reducir costes laborales constantemente, y, por otro, que todas las políticas del estado (y la fiscal y la monetaria, principalmente) deben dirigirse a combatir la inflación. Lo cual, dicen, se consigue reduciendo gastos, elaborando normas que flexibilicen los mercados y no permitiendo que los tipos de interés sean bajos.

Repetidas hasta la saciedad, estas ideas convencen pero la realidad es que son falsas porque se sostienen en un principio que carece de fundamento.

Parten, efectivamente, de una idea liberal del siglo diecinueve que afirma que el nivel de empleo solo depende de lo que ocurra en el mercado de trabajo. Si hay paro, dirán, es porque hay exceso de oferta de trabajo. Pero si los salarios bajan, entonces los empresarios contratarán a más trabajadores y desaparecerá el paro. Si éste existe será entonces «paro voluntario», es decir, producido solo porque los trabajadores no quieren aceptar salarios más bajos.

Desde hace muchos años sabemos que esas ideas son falsas (incluso matemáticamente insostenibles) y que en realidad solo producen incrementos del beneficio empresarial. Podría ser que fuesen aceptables para una empresa en particular pero, a nivel de toda la economía, el nivel de empleo depende no solo de lo que ocurra en el mercado laboral sino, sobre todo, en el mercado de bienes y servicios. Por muy bajos que sean los salarios, si las  empresas no tienen clientes (demanda) no contratarán a nadie. Y la mayor parte de la demanda la componen los salarios.

Aplicando estas ideas a la situación española deduciríamos que para combatir el paro son imprescindibles dos cosas. La primera, limitar el poder político de las grandes empresas que imponen su voluntad (su preferencia distributiva) al resto de la sociedad. Es decir, las que, para ganar más, en realidad están empeñadas en crear escasez artificialmente, escasez de actividad productiva que realmente satisfaga necesidades reales y escasez de empleo estable y de calidad. La segunda, garantizar demanda suficiente a las empresas que de verdad pueden crear empleo, que hoy día son las pequeñas y medianas que fundamentalmente viven del ingreso de los trabajadores nacionales.

Por tanto, lo mejor que se puede hacer para crear empleo en España es elevar los salarios, cambiando la pauta de distribución de la renta para hacerla no solo más justa sino más eficiente económicamente.

Ahora bien, esto no se podrá hacer si no se abordan otras dos cuestiones (para lo cual también se necesita anular el poder político de los grandes grupos oligárquicos). La primera, sustituir las actividades productivas que vienen actuando como motores insostenibles de la economía por  otras que utilicen los recursos de otro modo y permitan consumir de forma más satisfactoria, equilibrada y humana. La segunda, controlar el dinero y las fuentes de financiación para ponerlas al servicio de la sociedad.

Marear la perdiz

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En mi artículo de ayer domingo en El País-Andalucía comento que la lucha para crear empleo no se puede considerar aisladamente de lo que ocurre en el conjunto de la economía. Como vengo diciendo desde hace tiempo, para crearlo es necesario cambiar las condiciones generales en las que se desenvuelve, y más concretamente generar más ingreso y financiación. Lo demás, de ahí el título del artículo, es «marear la perdiz». Puede leerse aquí.

Importante llamamiento de Equo

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El Partido Equo (en Twitter @ProyectoEquo) acaba de hacer un llamamiento que me parece importante. Se orienta, como otros más, a formar una nueva mayoría social que nos saque de la parálisis y la corrupción a la que nos ha llevado la democracia incompleta en la que nos encontramos.  Ahora hace falta ponerse en marcha de una vez. Puede leerse completo aquí.

¿Qué está pasando en España?

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Publicado en Público.es el 5 de febrero de 2013

Cada vez más gente, dentro y fuera de nuestro país, se pregunta sorprendida qué está sucediendo aquí, y es natural. Hemos pasado de crear más empleo que nadie en Europa a tener casi seis millones de parados, de nadar en la abundancia a una recesión aguda, de tener superávit presupuestario a una deuda galopante, y de alardear de sistema financiero a tener que rescatarlo por la puerta de atrás. Y, además de todo ello, de una alternancia política más o menos ordenada entre dos partidos a una desafección creciente que amenaza con poner a ambos a los pies de los caballos en las próximas elecciones, por culpa de su traición al electorado y por su constante vinculación con casos vergonzosos de corrupción.

Es muy ingenuo creer que todo ello es solo el efecto de una crisis financiera importada. Es mucho más: los partidos que gobiernan se pasan por el arco del triunfo las promesas electorales, los principios que consagra la Constitución son papel mojado, la Jefatura de Estado se ve envuelta en escándalos más propios de rufianes que de monarcas, la gente no confía en los jueces, la policía apalea a los que protestan por la corrupción y protege a quienes defienden a los corruptos, los banqueros se forran con el dinero de las familias humildes que pierden sus viviendas y se llenan los bolsillos del dinero público que sus voceros niegan a quienes ellos han arruinado. Se encarcela a ladrones de tres al cuarto y se indulta a los financieros y delincuentes de cuello blanco.

No vivimos una crisis puntual o de alternancia. Lo que a mi juicio está ocurriendo es que se viene abajo sin remedio el edificio de la transición postfranquista.

En contra de lo que se quiere hacer creer, la dictadura no fue solo un gobierno de un militar algo autoritario sino un régimen de terror en el que los grupos oligárquicos que dominaban las finanzas y los grandes capitales usaban el poder político para obtener beneficios extraordinarios. Un sistema que permitió hacerse ricos, muy ricos, a quienes lograban estar cerca del poder, afianzando lo que más tarde se ha llamado el capitalismo de amiguetes. Lógicamente, todos esos grupos procuraron que la muerte del dictador solo fuese, en todo caso, el fin de un régimen político y no el del entramado económico y financiero constituido en los años de dictadura.

Por eso no fue fácil el equilibrio entre las clases dominantes y las que luchaban por la democracia y la libertad. Ni los grupos oligárquicos procedentes del franquismo estaban en condiciones de imponer sus condiciones (aunque lo intentaron tratando de dejar fuera de la nueva institucionalidad al PCE y a otros grupos a la izquierda del PSOE) ni las clases trabajadoras tenían poder suficiente como para lograr una democratización efectiva de los aparatos del Estado y, por tanto, la auténtica ruptura con el fascismo. Pero la influencia alemana y estadounidense, la actitud acomodaticia del PSOE, el temor reverencial de la clase política procedente del franquismo a los nuevos tiempos que llegaban y el papel casi arbitral concedido a los nacionalismos de derechas periféricos para anular el contrapeso de la izquierda más transformadora que hubiera podido ser decisivo, lograron cuadrar el círculo.

El sistema ha funcionado así durante años, sin perjuicio de sufrir las tensiones lógicas y los vaivenes derivados no solo de la tensión entre los principales partidos sino también de la que igualmente existe entre las diferentes corrientes internas de cada uno de ellos.

Pero la aparente estabilidad política institucional no ha podido evitar que poco a poco hayan ido apareciendo innumerables vías de agua que iban demoliendo sigilosamente el edificio. El incremento de la desigualdad, la pérdida de peso del gasto social, el debilitamiento de la ya de por sí frágil estructura democrática de las instituciones de representación, de gobierno y de control, una serie ininterrumpida de escándalos derivados del reparto del botín en que en tantas veces se ha convertido la acción de gobierno, el bienestar insuficiente y la democracia incompleta, en expresión del profesor Vicenç Navarro, han terminado por minar el afecto de la ciudadanía a los dos grandes partidos.

La traición del anterior gobierno socialista a sus principios, al deseo de sus electores y militantes y su incapacidad no ya para resolver la crisis sino para mostrar la mínima credibilidad que requiere la acción de gobierno comenzaron a colmar el vaso. Y más tarde, casi las mismas razones, aunque quizá ahora de modo aún más acelerado, llevan al Partido Popular a una situación de desafección igualmente generalizada en medio de un escándalo político casi sin precedentes.

Lo que está pasando en España es simplemente que ese edificio se viene abajo. No puede mantenerse ya sin dejar al descubierto los intereses que realmente hay detrás de él y la servidumbre y putrefacción tan gigantesca que afecta a gran parte de los dirigentes que nos gobiernan, alternándose cada cierto tiempo y mostrando uno detrás de otro, ante una población cada vez más asqueada, su continua vinculación con casos de corrupción.

Lo singular es que al caerse el edificio hipoteca  también a otros partidos, que es verdad que han sido en gran medida ajenos al negocio que han tenido entre manos los dos grandes y los nacionalistas gobernantes en Cataluña y País Vasco, pero que, quieran o no, transitan por la misma vía que ellos. Por eso ni UPyD ni incluso Izquierda Unida registran un incremento en la estimación de voto que pueda considerarse decisivo a la hora de generar, en el marco institucional actual, una nueva gobernabilidad.

La conclusión es obvia. No hay solución posible dentro del espacio político que marcaron los pactos de la transición. Ya no es posible disimular por más tiempo que no fue un diseño modélico, como tantas veces se ha querido hacer ver, sino un reparto de poder e influencia que a la postre dejaba las manos libres a los grandes grupos empresariales y financieros y cuyo gran poder político ha hecho estallar, ¡oh paradoja!, el propio sistema que los privilegiaba. La avaricia de los mismos banqueros que para salvar sus privilegios monitorizaron el diseño del régimen de la transición lo han hecho saltar por los aires al generar, en su beneficio, una burbuja insostenible y una deuda desbocada.

La estrategia ahora teledirigida contra Mariano Rajoy y su equipo es la toma de posiciones de una buena parte de estos últimos grupos que ya no se sienten convenientemente representados por ellos. Si el PSOE tuvo que oír que “no nos representan” de la boca del 15-M, Rajoy escucha ahora lo mismo, aunque no solo desde las calles sino también desde grupos que posiblemente nunca pensó que iban a defenestrarle.

Cualquier intento de darle solución a los problemas de España manteniendo la actual institucionalidad, creyendo de nuevo que el PP y el PSOE se lo van a guisar y comer todo, es infructuoso -como empiezan a mostrar las encuestas-, y solo puede conseguir retardar la salida a la crisis multipolar en la que estamos.

Cualesquiera que sean las medidas que hubiera que tomar para resolver de verdad los problemas que en este momento tiene España hay una cosa fuera de duda: necesitan el apoyo de una gran mayoría social, del 60 o 70 por ciento de la sociedad para ponerlas en marcha. Y para ello no basta con que un partido tenga mayoría absoluta. Una y otra cosa, como está demostrando el PP, son muy distintas.

Y si el apoyo que se necesita para tomar esas medidas y para que éstas sean efectivas es tan grande, en estos momentos es imposible que las adopten exclusivamente el PP y el PSOE. O incluso éstos dos con el apoyo de otros grupos minoritarios o de los nacionalismos periféricos.

Para que cualquier tipo de medida pueda tener semejante apoyo, debe responder a principios éticos y políticos transversales, comunes a personas de un espectro social muy amplio, que respondan a intereses de muchos grupos sociales. No pueden ser definidas, por tanto, en términos de derechas e izquierdas, porque ninguno de éstos es capaz de unir en torno a sí a una mayoría social tan grande como la que se precisa. Y si ese tipo de mayoría social no se puede conformar mirando a derecha o a izquierda, solo se puede constituir contemplando el arriba y el abajo. Solo esto es lo que permite unir hoy día a la inmensa mayoría de la sociedad en torno a una serie de valores, de principios y medidas que me atrevo a decir que se asumen de forma generalizada, que han pisoteado, sobre todo en sus últimos años de hegemonía, el PP y el PSOE, y que ya ni siquiera los garantiza la actual Constitución: la lucha transparente contra la corrupción, la democracia real, el ejercicio efectivo de la libertad y de los derechos sociales que no solo no se conquistan sino que comienzan a perderse uno tras otro.

La única salida que tiene España es articular una nueva mayoría social y moral. Es la hora de poner sobre la mesa propuestas concretas para una nueva gobernabilidad y para afrontar con decisión los problemas económicos porque éstos van a empezar a pasar pronto una factura quizá impagable.

La brecha salarial entre mujeres y hombres

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Traigo aquí unos datos interesantes sobre las diferencias de ingresos entre mujeres y hombres. Se refieren a Estados Unidos pero creo que la discriminación que reflejan es perfectamente extrapolable a otros países, aunque lógicamente no coincidan exactamente en las cifras.

– Las mujeres ganan, de media, el 77% de lo que gana un hombre. Eso significa que deben trabajar 15,5 meses para ganar lo que los hombres ganan en 12. La diferencia es mayor si son negras o latinas: ganan el 58,7% y el 69,1%, respectivamente, de lo que gana, de media, un hombre blanco.

– Las mujeres suelen trabajar en sectores de salarios más bajos: el 68% de los empleos en educación y el 78% en salud y cuidados los ocupan mujeres. Pero incluso en esos sectores su salario es mucho menor que el de los hombres.

– Mayores estudios no mejoran la brecha salarial entre mujeres y hombres. La que se acumula a lo largo de la vida de las mujeres y los hombres que no han terminado secundaria es de 300,000 $, mientras que la de las mujeres que han terminado, al menos, bachiller, es de 723,000 $. Las mujeres con grado de doctora ganan 350.000 $ menos que los hombres con igual titulación a lo largo de sus carreras. Las directoras ejecutivas de empresas ganan el 69% que lo que ganan los hombres y las abogadas un 74%.

– Las mujeres con educación superior ganan, como media, el 80% que los hombres en el primer año de trabajo después de graduarse en las mismas carreras. Diez años después, ganan el 69%.

– El dinero que, como media, gana de menos una mujer respecto a un hombre a lo largo de su vida permitiría alimentar a una familia de cuatro miembros durante 37 años.

– Las mujeres solteras sufren una mayor discriminación: ganan el 78,8% de los que ganan las mujeres casadas y el 57% del ingreso de los hombres casados.

– El ingreso de las mujeres trabajadoras deja de crecer, como media, a los 39 años. En el caso de los hombres, a los 48.

– Para las mujeres de edades comprendidas entre 25 y 29 la diferencia anual media con el ingreso de hombres de esa misma edad es de 1.702 $. En los últimos cinco años de su vida activa, la diferencia ha subido a 14.352 $.

– En 1967, las mujeres ganaban, de media, un 58% de lo que ganaban entonces los hombres. De seguir con este ritmo, serán necesarios 45 años para lograr terminar con la actual diferenciación salarial.

En resumen, la brecha salarial entre mujeres y hombres y la discriminación que refleja es cuantiosa e innegable en Estados Unidos, como en casi todos los países. A  pesar de ello, hay quien piensa que hablar de diferencias o desigualdad «de género», es decir, la que se produce entre mujeres y hombres por causas que no tienen nada que ver con sus posibles diferencias biológicas, es algo gratuito y sin fundamento.

Fuentes:

Sarah Jane Glynn y Audrey Powers , The Top 10 Facts About the Wage Gap Women Are Still Earning Less than Men Across the Board.

Judy Goldberg, Dey and Catherine Hill, Behind the Pay Gap By.

Catherine Rampell, Mapping the Glass Ceiling.

Annie-Rose Strasser, Despite Growing Number Of Female Doctors And Lawyers, Women’s Pay Still Lags Behind.

Institute for Women’s Policy Research (IWPR), On 100th Anniversary of International Women’s Day, 45 More Years Needed to Close Gender Wage Gap in the U.S

La Troika destroza a Europa

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Publicado en Público.es el 1 de febrero de 2013

Una reciente investigación del Center for Economic and Policy Research de Estados Unidos (Mark Weisbrot y Helene Jorgensen Macroeconomic Policy Advice and the Article IV Consultations: A European Union Case Study), vuelve a demostrar que las políticas que viene imponiendo el Fondo Monetario Internacional a los países europeos se basan en juicios y análisis erróneos y que resultan muy perjudiciales no solo para la inmensa mayoría de la población sino también para la economía en su conjunto, puesto que provocan efectos contrarios a los que dicen perseguir.

Este tipo de conclusiones no son nuevas pero es muy importante tenerlas una vez más en cuenta para denunciar continuamente a los miembros de la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el propio FMI) como responsables directos de la nueva fase recesiva en la que han hecho entrar a Europa y, por tanto, de los sufrimientos de una gran parte de su población.

La investigación señala que hay dos grandes patrones de actuación en estas políticas. Uno, la reducción del gasto y el tamaño del sector público, en muchos casos con independencia de que eso sea apropiado, necesario o de si puede provocar una mayor caída de la actividad. El otro, disminuir la protección social a amplios sectores de la población y reducir la participación del trabajo en la renta nacional. El resultado de ambas cosas es la menor capacidad de los gobiernos para promover la actividad y el empleo y, por tanto, el incremento de la pobreza, de la exclusión social y de la desigualdad.

En relación con las propuestas de ese tipo que recomienda el FMI, la investigación subraya que no hay evidencias empíricas que demuestren su conveniencia y eficacia y que, en la mayoría de los casos, se hacen sin tomar en consideración factores que podrían producir otros resultados distintos a los previstos por los informes del Fondo. Así, indica que éste suele proponer en todos los países la subida de la edad de jubilación sin considerar la diferente esperanza de vida en cada uno de ellos. O que hace previsiones alarmistas sobre la evolución de la población jubilada para justificar recortes en las pensiones sin tener en cuenta el incremento en la productividad, que puede permitir (como ha pasado hasta ahora) que menos empleados puedan sostener a mayor población inactiva. Y también muestra lo poco razonable que resulta la constante predilección del FMI por hacer que incremente la oferta de trabajo con independencia de cuál sea la tasa de desempleo o de participación de la población en el mercado laboral que haya en cada país.

El estudio del CEPR subraya que las políticas que el FMI impone a Europa en materia laboral están abrumadoramente orientadas a reducir los salarios, bien directamente, bien por la vía de disminuir el poder de negociación de los trabajadores. Y demuestra que esa estrategia, unida a la consolidación fiscal por la vía de disminuir el gasto público, produce una caída de la actividad y del empleo que tiende a ser tanto mayor cuanto más debilitada esté la demanda, como ahora sucede en la Europa donde se está llevando cabo. Y este efecto procíclico (que básicamente consiste en empeorar las cosas cuando estas ya van mal) se agudiza con el debilitamiento de la protección al desempleo o con el aumento en la edad de jubilación.

El estudio de las propuestas del FMI en diversos países europeos (como la experiencia de otros en años anteriores) permite comprobar que se equivoca continuamente. Para poder justificarlas, recurre a infravalorar los efectos recesivos que tienen las medidas que propone ofreciendo perspectivas de crecimiento muy optimistas, pero que, cuando llega el momento, resultan siempre exageradas y nada acertadas.

En particular, el estudio señala también que es muy significativo que el FMI realice habitualmente propuestas semejantes en diversos países o momentos sin considerar las circunstancias concretas de cada uno de ellos, con un típico planteamiento de pensamiento único, uniforme a pesar de las obvias diferencias que se dan en cada caso.

Tal y como han demostrado otros informes, este del CEPR subraya que las autoridades europeas han adoptado estas políticas a sabiendas de que iban a producir una recaída de la actividad y del desempleo y la pobreza, pero que lo han hecho pensando que solo manteniendo esa presión sobre los gobiernos podrían lograr que éstos realizaran las reformas institucionales que en realidad son las que van buscando: privatizaciones que pongan en manos de los grandes grupos privados el patrimonio público, y reformas laborales que aumenten el poder empresarial, principalmente. Concretamente, señala que el Banco Central Europeo tenía en su mano haber frenado el daño que los mercados estaban produciendo a países como España e Italia, pero que se prefirió no hacerlo para mantener la presión sobre sus gobiernos y así garantizar que siguieran aplicando reformas privatizadoras y nuevos recortes, y aunque eso empeorase la situación de sus economías o aumentara su deuda.

Finalmente, la investigación señala que las medidas que promueve el Fondo en Europa son claramente contradictorias con otros objetivos que habían propuesto alcanzar las propias autoridades europeas. Así, hace ver lo difícil que será alcanzar los resultados previstos en investigación y desarrollo tecnológico o en erradicación de la pobreza e igualdad para 2020 mientras se sigan desarrollando estrategias fiscales tan restrictivas como las impuestas hasta ahora.

En definitiva, tenemos una prueba más de que las políticas que se están aplicando en Europa con la excusa de acabar con la crisis y hacer frente a la deuda son un fraude gigantesco. El informe de Mark Weisbrot y Helene Jorgensen vuelve a demostrar que los análisis del Fondo parten de una visión deformada de la realidad y que sus conclusiones y propuestas carecen de suficiente soporte empírico. Ratifica lo que ya puso de evidencia incluso una evaluación independiente de su conducta a la hora de analizar la llegada de la crisis y sus respuestas (IMF performance in the run-up to the financial and economic crisis: IMF surveillance in 2004–07): los analistas del Fondo sobrevaloran sus prejuicios y se refuerzan unos a otros las ideas preconcebidas, no tienen en cuenta lo que contradice sus puntos de vista y se refugian en un pensamiento de grupo que les impide ver la realidad cuando esta no es la que desean reflejar en sus documentos. Son un caso claro de “captura intelectual” (intellectual capture, dice esta evaluación que acabo de mencionar). Algo que sería impensable que pudiera suceder una vez detrás de otra si no fuera porque se hace al servicio de los poderosos, porque todo ese trabajo falseado es lo que permite justificar como si fueran científicas y favorables para todos las políticas que solo benefician a la minoría privilegiada de nuestras sociedades.